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reencarne como un ajolote (leaving my world behind) - Capítulo 77

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Capítulo 77: Es un monstruo ( cap 77 )

Helios estaba temblando.

No era un temblor superficial, no era miedo ordinario. Cada fibra de su cuerpo gritaba lo mismo: huye. Sus músculos se contraían con espasmos involuntarios, sus manos se abrían y cerraban como si intentaran aferrarse a algo que ya no existía. Jamás en toda su existencia había presenciado algo semejante.

Mirara donde mirara… estaban ahí.

Sombras.

No simples siluetas. No oscuridad común. Eran formas vivas, retorcidas, palpitantes, que se arrastraban unas sobre otras como si compartieran una sola conciencia. La rodeaban. La observaban. La cercaban con una paciencia cruel.

Y todo eso… habitaba dentro de ese niño.

La comprensión le cayó encima como una losa.

Eso excedía por completo su propio ser. Aquella presencia no era solo poder; era algo primitivo, vasto, insondable. Un abismo con pulso. Una fuerza tan descomunal que su sola percepción desgarraba la razón.

Era demasiado.

Demasiado vasto.

Demasiado imposible.

Demasiado… incorrecto.

El límite de aquello era incierto. Incalculable. Ni siquiera su mente acostumbrada a analizar, a medir, a comprender podía trazar un borde. Intentó racionalizarlo. Falló. Intentó cuantificarlo. Imposible.

Por primera vez… dudó.

-¿Podría alguien hacerle frente a esa monstruosidad?

La sola pregunta la hizo sentir pequeña.

Entonces ocurrió.

El monstruo colosal, imposible, formado por aquella marea de sombras que se entrelazaban como carne negra bajó la cabeza lentamente. No con brusquedad. No con furia.

Con intención.

Descendió hasta quedar a la altura de la suya.

Helios dejó de respirar.

La cosa la observó.

Todas esas sombras la observaron.

Y lo peor no era su tamaño. No era su forma grotesca, ni la presión insoportable que deformaba el espacio alrededor.

Lo peor era que eran conscientes.

Sabían que ella estaba allí.

Helios retrocedió un paso. Luego otro. El aire era espeso, denso, como si cada partícula se resistiera a permitirle moverse. Sentía que su propia existencia estaba siendo examinada, diseccionada, medida… y descartada.

El monstruo volvió a erguir la cabeza.

Durante un segundo hubo silencio absoluto.

Y entonces rugió.

No fue un sonido. Fue una embestida. Un desgarramiento. Un estallido tan brutal que no solo sacudió el espacio: sacudió su mente. Fue un rugido rígido, bestial, imponente y poderoso; un alarido que parecía provenir del origen mismo del miedo.

La realidad vibró.

Helios sintió que su identidad se fracturaba. Que algo intentaba arrancarla de sí misma. Su propia existencia clamaba, suplicaba, gritaba que la sacaran de ahí.

No podía permanecer.

No debía permanecer.

Y de golpe.

Todo se rompió.

El espacio colapsó como vidrio hecho añicos.

Helios volvió.

El aire regresó a sus pulmones con violencia. Sus piernas cedieron apenas un instante. El mundo real la recibió con una crudeza insoportable… pero incluso allí, incluso de vuelta.

El eco del rugido seguía retumbando en su cabeza.

Y ahora lo sabía.

Eso no era solo poder.

Era algo que estaba esperando.

Algo que podría despertar en cualquier momento.

Helios volvió.

El mundo real la recibió de golpe, como una bofetada húmeda y fría. El aire entró a sus pulmones con violencia, raspándole la garganta. La luz… la luz era demasiado brillante después de aquello.

Se apartó de Morgan como si hubiera tocado fuego.

Retrocedió torpemente, con un pavor indescriptible, casi animal. Sus piernas tropezaron entre sí; perdió el equilibrio, estuvo a punto de caer, pero logró sostenerse con una mano en el suelo. No le importó la dignidad, no le importó nada. Solo quería distancia.

Solo quería estar lejos.

Lo más lejos posible de él.

-o oiga ¿está bien?…

( Preguntó Morgan, preocupado, confundido )

Él dio unos pasos hacia ella, instintivamente, y estiró la mano para ayudarla a levantarse. Fue un gesto sincero, suave…

Helios reaccionó como si aquella mano fuera a hacerle daño.

Comenzó a lanzar manotazos al aire, golpeando el vacío, intentando apartarlo. Su respiración se volvió errática, entrecortada; cada inhalación era un jadeo roto, cada exhalación un temblor. Sus ojos estaban abiertos de más, inyectados en terror.

-¡aléjate de mí, aléjate de mí!…

( Gritó desesperada Helios )

Morgan se quedó inmóvil.

Confundido. Herido. Sin entender.

El silencio alrededor comenzó a volverse pesado.

Luzbel fue la primera en reaccionar. Se acercó de inmediato, se agachó frente a Helios e intentó sujetarle los hombros.

-¿qué sucede?, ¿qué te pasa?…

( Dijo Luzbel, preocupada )

Helios intentaba hablar.

Sus labios se movían. Su garganta vibraba. Pero la voz no salía. Era como si algo se la estuviera estrangulando desde dentro. Como si pronunciarlo fuera hacerlo real.

-¿qué sucede?, ¿qué te puso así?, ¿qué fue lo que viste?…

( Dijo Luzbel, confundida, sin saber qué hacer )

Helios levantó lentamente la mirada.

Sus pupilas temblaban.

Se encontró con el rostro de Luzbel, lleno de inquietud… y durante unos segundos se quedó mirándola fijamente, como si intentara asegurarse de que aún estaba allí, de que aún existía algo estable en el mundo.

Algunos de sus propios alumnos se acercaron apresurados.

-¿qué le sucede, maestra?, ¿qué le pasa?…

( Preguntaron preocupados )

Pero Helios no los oía.

Estaba en shock.

Giró la cabeza lentamente, como si el movimiento pesara toneladas, hasta volver a mirar a Morgan.

Y cuando finalmente enfocó su rostro…

Su expresión cambió.

El desconcierto desapareció. La confusión se quebró.

Y en su lugar quedó un terror absoluto.

Un chillido agudo escapó de su garganta, involuntario, desgarrado. No fue un grito racional; fue el sonido puro del miedo.

Luzbel levantó la vista hacia Morgan, intentando entender qué era lo que estaba provocando semejante reacción.

Pero no había nada.

Solo él.

De pie. Quieto. Con la mano aún a medio extender. Con el ceño fruncido por la incomprensión.

Nada más.

Nada… que los demás pudieran ver.

Pero Helios sí lo veía.

Detrás de él.

Rodeándolo.

Casi abrazándolo.

Aquellas figuras.

Sombras retorcidas, densas, superpuestas unas sobre otras, como cuerpos fundidos en una sola masa viva. Se movían sin moverse. Respiraban sin tener pulmones. Y todas todas la estaban mirando.

Conscientes.

Esperando.

Helios levantó una mano temblorosa y lo señaló. Su dedo no dejaba de vibrar. Le costaba articular palabras; cada sílaba era una batalla contra el pánico que le oprimía el pecho.

Intentó tragar saliva. No pudo.

Y con un hilo de voz quebrado, finalmente logró decir algo.

Solo una cosa.

-es un monstruo.

El silencio cayó como una lápida.

Morgan no entendió.

Luzbel tampoco.

Pero Helios… Helios sabía que lo que había visto no era una ilusión.

Porque aquellas sombras no se habían quedado en esa dimensión.

Seguían ahí.

Mirándola.

Fin del capítulo.

Próximo capítulo: el tiene que saber.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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