reencarne como un ajolote (leaving my world behind) - Capítulo 83
- Inicio
- Todas las novelas
- reencarne como un ajolote (leaving my world behind)
- Capítulo 83 - Capítulo 83: necesitas un poco de ayuda? ( cap 83 )
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 83: necesitas un poco de ayuda? ( cap 83 )
Luzbel permaneció de rodillas bajo la lluvia.
La cabeza baja.
Los ojos perdidos.
El agua caía con fuerza, resbalando por su rostro, por su cuello, por su espalda… pero ella no reaccionaba. Era como si el frío ya no existiera para ella, como si su cuerpo hubiera decidido apagarse. Su mente estaba lejos. Muy lejos.
Vacía.
Durante un largo rato no se movió.
No tembló.
No respiró con prisa.
Simplemente estaba ahí… rota.
Finalmente, se puso de pie.
No hubo rabia.
No hubo lágrimas visibles.
Solo una expresión muerta.
Se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia la sala de prácticas. Sus pasos eran lentos, pesados, como si cada uno arrastrara algo invisible. El sonido de la lluvia golpeando el suelo era lo único que acompañaba su avance.
Entonces levantó la mirada.
El cabello empapado caía sobre sus ojos, cubriéndole parte del rostro. A través de ese velo oscuro observó el cielo gris, espeso, enfermo… un cielo que parecía tan vacío como ella.
No pensaba en nada.
Solo miraba.
Miraba… a la nada.
-¿Qué voy a hacer…?
Su voz fue apenas un susurro ahogado entre la lluvia.
Cuando finalmente regresó a la sala de prácticas, los vio desde lejos.
Todos hablaban entre ellos. Sus voces estaban cargadas de tensión, de miedo, de incredulidad. Gestos tensos. Miradas agitadas.
El ambiente estaba lleno de incertidumbre.
Luzbel se quedó quieta en la entrada, en silencio, observándolos.
Uno por uno.
Los rostros preocupados.
Los rostros asustados.
Los rostros confundidos.
Pero entonces… sus ojos se detuvieron en uno.
Morgan.
Y algo dentro de ella se contrajo.
Cada vez que miraba ese rostro… no veía solo a Morgan.
Veía a alguien más.
Un rostro enterrado en su memoria.
Un recuerdo que todavía sangraba.
Era demasiado parecido.
Los mismos rasgos.
La misma mirada.
Tan parecido… que le arrancaba el aire del pecho.
Era como si el pasado regresara solo para abrir la herida otra vez.
Pero también… había algo más.
Una chispa.
Una esperanza frágil y dolorosa.
La sensación de que la voluntad de aquella persona… sus ideales… su forma de ver el mundo…
no habían muerto del todo.
Luzbel bajó lentamente la mirada.
Se apartó del grupo sin decir una palabra y caminó hasta uno de los rincones más oscuros de la sala.
Allí se agachó.
Abrazó sus propias piernas con fuerza, como si intentara sostenerse a sí mismo para no desmoronarse.
Su cuerpo comenzó a temblar.
Las lágrimas salieron en silencio.
No eran un llanto desesperado…
eran algo peor.
Un llanto cansado.
Vacío.
-¿Qué voy a hacer…?
( Dijo luzbel sollozando )
Morgan estaba de espaldas.
No hablaba.
No escuchaba.
Su mente estaba atrapada en un bucle oscuro, repitiendo una y otra vez las palabras de Helios. Aquellas palabras no habían sido solo una advertencia… habían sido una revelación. Algo en su voz, en su mirada, en la forma en que lo había observado… como si hubiera visto algo dentro de él.
Algo que ni él mismo comprendía del todo.
Algo que daba miedo.
Morgan apretó los dientes, intentando ordenar sus pensamientos… intentando convencerse de que todo aquello no significaba nada.
Pero entonces ocurrió.
Como si algo invisible lo hubiera empujado.
Un escalofrío recorrió su espalda.
Un instinto.
Algo parecido a un sexto sentido.
Morgan se giró.
Y sus ojos encontraron algo en el rincón más lejano de la entrada.
Oscuro.
Silencioso.
Allí estaba Luzbel.
Encogida sobre sí misma, abrazando sus piernas con fuerza, como si intentara mantener su cuerpo unido para que no se desmoronara. Sus hombros temblaban. Su rostro estaba oculto entre sus rodillas.
Estaba llorando.
Y lo hacía como alguien que ya no tiene fuerzas ni siquiera para romperse.
Morgan no dudó.
Comenzó a caminar hacia ella.
Rápido.
Zarachi lo notó de inmediato. Frunció el ceño y lo llamó, preocupada.
-¿A dónde vas?
Morgan se detuvo apenas un segundo.
Giró la cabeza.
Le dedicó una sonrisa suave… tranquila… como si nada estuviera mal.
Pero no respondió.
Volvió a mirar hacia el rincón.
Hacia Luzbel.
Zarachi siguió su mirada… y entonces la vio.
Su pecho se tensó.
Nunca la había visto así.
Nunca.
Ella había escuchado de todo dentro de la academia.
Insultos.
Burlas.
Desprecio.
Palabras escupidas con odio, con miedo, con una crueldad casi instintiva. Algunos la llamaban monstruo. Otros la miraban como si su sola existencia fuera una mancha que ensuciaba el lugar.
La humillaban.
La insultaban.
Pero nada de eso parecía tocarla.
Nunca respondió.
Nunca se defendió.
Nunca bajó la cabeza frente a ellos.
Se mantenía firme.
Fría.
Imperturbable.
Como una muralla levantada con piedra y silencio.
Por fuera parecía que nada la afectaba. Como si las palabras simplemente rebotaran contra su piel y cayeran muertas al suelo.
Pero ahora esa misma persona estaba ahí, en un rincón oscuro, encogida sobre sí misma. Apretaba sus piernas con fuerza, escondiendo el rostro entre ellas, mientras su cuerpo temblaba en silencio.
Estaba llorando.
Estaba sufriendo.
Aquella imagen le apretó el corazón con una fuerza incómoda.
Por un momento pensó en ir también.
En acercarse.
En ayudarla.
Pero algo dentro de ella se lo impidió.
Una sensación extraña.
Como si aquel momento… no le perteneciera.
Como si solo hubiera una persona que debía estar ahí.
Y no era ella.
Así que se quedó en silencio.
Observando.
Mientras Morgan continuaba caminando.
En el rincón, Luzbel seguía con la cabeza enterrada entre sus piernas. Su respiración era irregular, pesada… como si cada inhalación doliera.
Entonces lo notó.
Un sonido.
Pasos.
Y de pronto… dos pies se detuvieron frente a ella.
Luzbel no reaccionó al principio.
Luego, lentamente… levantó un poco la cabeza.
Sus ojos cansados, húmedos, rojos… encontraron un rostro.
La misma sonrisa cálida.
La misma mirada tranquila.
Morgan estaba frente a ella.
Extendía su mano hacia ella sin prisa, sin presión… como si no quisiera invadir su espacio, pero tampoco permitir que se hundiera sola.
Y con esa voz suya.
Esa voz extrañamente amable.
Suave.
Llena de una gentileza que parecía fuera de lugar en un mundo tan cruel.
Le habló.
-¿Necesitas un poco de ayuda…?
Fin del capítulo.
Próximo capítulo:está bien llorar.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com