reencarne como un ajolote (leaving my world behind) - Capítulo 86
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Capítulo 86: La estrella de la mañana ( cap 86 )
Luzbel se aferró a ese instante como si fuera lo único que quedaba del mundo.
A ese momento.
A ese abrazo.
A ese sueño.
Lloraba sin control, hundida entre los brazos de aquella mujer, como si temiera que, si soltaba un poco la fuerza con la que se aferraba, todo desaparecería.
Podía olerla.
Sentirla.
Sentir el calor de su cuerpo rodeándola.
No era un recuerdo distante.
Era demasiado real.
Demasiado vivo.
-Ya… ya… ya…
(susurró la voz con una ternura indescriptible)
-Estoy aquí, Luzi. No importa cuánto tiempo pase… siempre serás mi hermanita pequeña, ¿verdad?
( Dijo Samael suave,dulce)
Al escucharla, Luzbel dejó de repetir “perdón”.
Las palabras murieron en su garganta.
Pero sus manos se aferraron con más fuerza al cuerpo de Samael, como si su alma entera estuviera tratando de esconderse dentro de ese abrazo.
Entonces volvió a romperse.
El llanto salió de ella en un sollozo profundo, desgarrado, infantil.
-Tranquila, Luzi…
( murmuró Samael acariciándole la cabeza)
-Estoy aquí. Siempre estaré aquí para ti.
Siempre.
Pero poco a poco…
la voz empezó a volverse distante.
Lejana.
Como si el mundo mismo estuviera arrastrándola lejos.
-señorita…Señorita Luzbel…Luzbel…
Otra voz comenzó a abrirse paso entre la oscuridad.
Más insistente.
Más cercana.
Repitiendo su nombre una y otra vez.
Hasta que…
Luzbel abrió los ojos de golpe.
El aire entró a sus pulmones con violencia.
Su cuerpo se incorporó bruscamente mientras miraba alrededor, agitada, desorientada, buscando algo… o a alguien.
Su mirada finalmente se detuvo.
Morgan estaba a su lado.
La observaba con una mezcla evidente de preocupación… y un leve miedo.
-Señorita Luzbel… ¿usted está bien?
Luzbel llevó una mano a su cabeza.
Un dolor sordo latía detrás de sus ojos.
-Ah… sí…
( murmuró con voz cansada )
-Solo… me duele un poco la cabeza.
( Dijo Luzbel, adolorida )
Sus ojos comenzaron a recorrer el lugar con más claridad.
Las paredes.
Los muebles.
La cama.
Entonces lo comprendió.
Estaba en la habitación de Morgan.
-Vaya…
( dijo con una pequeña sonrisa cansada )
-Entonces… tú me trajiste hasta aquí.
Miró al suelo un momento antes de soltar una risa breve, amarga.
-Qué patética soy, ¿no crees? Tuve un colapso… y mi propio alumno tuvo que cargar conmigo.
Morgan no sonrió.
La preocupación seguía clavada en su rostro.
-Señorita Luzbel… ¿segura que se encuentra bien?
Luzbel suspiró, agotada.
-Sí, ya te dije que solo me dolía un poco la cabeza, ¿por qué pregun—?
Pero Morgan la interrumpió.
-Usted estaba llorando.
El silencio cayó de golpe sobre la habitación.
-¿…Ah?
( Escapó de los labios de Luzbel, incrédula )
Lentamente llevó los dedos a sus mejillas.
Estaban húmedas.
Cuando miró su mano… sus dedos brillaban ligeramente.
Lágrimas.
Morgan habló con suavidad, casi con miedo de lastimarla.
-Mientras estaba inconsciente… comenzó a llorar.
Hizo una pausa breve.
-Y también… le pedía perdón a alguien.
Los ojos de Luzbel se tensaron.
-A alguien llamado… Samael.
El mundo pareció detenerse.
Luzbel quedó completamente inmóvil.
Luego, lentamente, recogió las piernas contra su pecho y escondió el rostro entre ellas.
Su cuerpo se hizo pequeño.
Demasiado pequeño.
Como si quisiera desaparecer.
Morgan guardó silencio unos segundos antes de hablar de nuevo, con una voz extremadamente cuidadosa.
-Si quiere…
( dijo con delicadeza podemos hablar sobre eso).
-Solo… si usted quiere.
Morgan habló mucha gentileza y calidez, como si cada palabra fuera un intento de alcanzar algo frágil dentro de ella.
-Puede decírmelo…
( murmuró con suavidad )
– Sea lo que sea lo que la esté atormentando No tiene por qué cargarlo sola.
Lo dijo con una amabilidad sincera, esperando que, de alguna forma, aquellas palabras lograran abrir una grieta en el silencio que devoraba a Luzbel… que ella pudiera dejar salir aquello oscuro que la estaba atormentando por dentro.
Pero Luzbel no respondió.
Ni una palabra.
Solo inclinó la cabeza lentamente y la escondió entre sus piernas, cerrándose sobre sí misma como una criatura herida que intenta desaparecer del mundo. Sus alas, empapadas por la lluvia, colgaban pesadas a su espalda, temblando apenas.
El silencio que siguió fue denso… casi asfixiante.
Sin embargo, Morgan no se desanimó.
La observó un momento en silencio… y entonces sonrió con una ternura tranquila, una de esas sonrisas suaves que no exigen nada, que solo existen para acompañar.
Se levantó de la cama con calma.
Buscó una toalla.
Y cuando regresó, volvió a sentarse junto a ella, despacio.
Sin decir nada, extendió la toalla y comenzó a secar sus alas mojadas.
Sus movimientos eran lentos… cuidadosos… casi reverentes.
Con una calidez silenciosa, con una gentileza que parecía resistirse a la oscuridad que envolvía la habitación, Morgan continuó secándolas… mientras Luzbel permanecía encogida sobre sí misma, atrapada en ese abismo interior del que todavía no podía salir.
-¿Sabes?… mi padre solía decir que las personas que más intentan ayudar a los demás… casi siempre son las que más necesitan ayuda.
( Pauso Morgan )
-Así que no tiene que contarme nada ahora.
Su voz era amable delicada, casi un susurro que parecía querer envolver el aire frío de la habitación.
-Pero quiero que sepa algo…Siempre que usted necesite ayuda… yo estaré ahí para dársela. Así como usted me la dio a mí.
Morgan inclinó apenas la cabeza, con esa calma extraña que parecía nacer de un corazón demasiado bondadoso para un mundo tan cruel.
-Así que… tómese su tiempo. Yo estaré aquí… cuando lo necesite.
( Dijo Morgan con dulzura )
Durante unos segundos solo hubo silencio.
Un silencio pesado. Denso. Como si algo invisible estuviera respirando entre ellos.
Luzbel permanecía encogida sobre sí misma, con la frente hundida entre las rodillas… como si intentara esconderse dentro de su propio cuerpo.
Pero lentamente…
muy lentamente…
levantó un poco la cabeza.
Lo suficiente para mirar a Morgan de reojo.
Y entonces…
los recuerdos regresaron.
No como pensamientos.
No.
Como cuchillas.
Imágenes que se clavaban una tras otra en su mente.
Aquello que había hecho.
Aquello imperdonable.
Aquello que ninguna palabra podía limpiar.
Su pecho tembló.
Sus dedos se aferraron con fuerza a la tela de su ropa.
Por un instante pareció que iba a romperse.
-Pu… puedo contarte una historia…
( Dijo Luzbel con la voz temblorosa )
Era la voz de alguien caminando sobre los restos de sí misma.
Morgan volvió a sonreír.
No con lástima.
No con curiosidad.
Sino con una dulzura tranquila… casi dolorosa de ver.
Como si escucharlo todo… no fuera una carga.
Sino un privilegio.
-Sí… claro.
( Dijo Morgan sonriendo )
Luzbel tragó saliva.
Sus ojos se perdieron en algún punto del suelo.
Muy lejos de ahí.
Muy lejos en el tiempo.
-Bueno…
Su voz era frágil.
Como un cristal a punto de quebrarse.
-Esta historia trata sobre alguien… maravillosa.
(Pausa)
-La mejor de las mejores…
Sus labios temblaron.
-Mi… mi hermana mayor.
El nombre tardó en salir.
Como si pesara demasiado.
Como si pronunciarlo fuera abrir una herida que nunca cicatrizó.
-Samael…
Un silencio oscuro se extendió entre las palabras.
-O también… como solían llamarla…
Luzbel cerró los ojos.
Y por un instante, en su rostro apareció algo que no era dolor.
Era nostalgia.
Una nostalgia tan profunda… que dolía más que cualquier culpa.
-La estrella de la mañana.
Fin del capítulo.
Próximo capítulo: La más perfecta de todas
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