reencarne como un ajolote (leaving my world behind) - Capítulo 88
- Inicio
- reencarne como un ajolote (leaving my world behind)
- Capítulo 88 - Capítulo 88: levántate ( cap 88 )
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 88: levántate ( cap 88 )
Luzbel se derrumbó.
El llanto no llegó poco a poco… la arrancó desde lo más profundo, como si algo dentro de ella se hubiera desgarrado sin remedio. Sus manos temblaban, y su respiración se quebraba entre sollozos que apenas le permitían mantenerse en pie.
No pudo sostenerle la mirada a Morgan.
No podía.
Porque al verlo… no veía solo a él.
Veía a su hermana.
Veía lo que fue.
Veía todo lo que sentía haber destruido.
La vergüenza le quemaba por dentro.
El arrepentimiento la ahogaba.
Era demasiado.
Y entonces… se rompió por completo.
Lloró sin control, de forma desesperada, como si cada lágrima arrastrara consigo fragmentos de todo aquello que había guardado durante tanto tiempo. Todo salió de golpe: el dolor, la culpa, el miedo… esa carga insoportable que había estado consumiéndola en silencio.
Su llanto era crudo.
Doloroso.
Profundamente doloroso.
Pero incluso en medio de ese colapso… había algo que le dolía más que todo lo demás.
Morgan.
La idea de que, después de escucharla… la rechazara.
Que la mirara con desprecio.
Que la odiara.
Que se alejara.
Que dejara de regalarle esa sonrisa cálida… esa que, sin saberlo, había sido lo único que mantenía en pie lo poco que quedaba de ella.
Sus labios temblaron, y entre sollozos apenas logró hablar:
-Lo arruiné… lo arruiné todo… ¿cómo pensaba protegerte… si ni siquiera puedo hacer que me respeten…?
Su voz se quebró aún más, ahogada en llanto.
-Esto es demasiado para mí… ya no puedo… no puedo…
Sus manos se aferraron a sí misma, como si intentara sostener lo poco que aún no se desmoronaba.
-No… no estoy calificada para esto…
Y ahí quedó.
Rota.
Expuesta.
Temblando…por fin, dejó de fingir que podía soportarlo todo.
-Señorita…
Morgan se acercó un poco, con cautela, como si acercarse demasiado pudiera romper algo que ya estaba al borde del colapso.
Pero no llegó.
-¡Ya basta! gritó Luzbel, su voz desgarrada, temblando entre lágrimas que no dejaban de caer. ¡Te dije que no… no puedo!
Sus palabras salían atropelladas, rotas.
-¡Yo no soy mi hermana!… Si ella estuviera aquí… ella sabría qué hacer… ella podría protegerte sin problema…su voz se quebró. Pero yo no soy ella… y ella… no está aquí… por mi culpa.
El silencio que siguió fue asfixiante.
Luzbel se encogió sobre sí misma, como si quisiera desaparecer. Hundió el rostro entre sus piernas y comenzó a rasguñar sus propios brazos, una y otra vez, con desesperación, hasta que la piel cedió y la sangre comenzó a brotar en finas líneas carmesí.
-Yo no debería estar aquí… Ella sí.
(susurró, rota)
Y entonces.
Morgan se lanzó hacia ella.
La rodeó con fuerza, sin dudar, como si temiera que, si no lo hacía, ella se desmoronaría por completo.
-Por favor… no diga eso.
(Dijo con voz dolida ).
-Jamás diga algo así.
Había algo distinto en él.
Dolor, sí… pero también firmeza. Una severidad que no nacía del juicio, sino de algo más profundo.
-Tiene razón… continuó, apretándola un poco más. Puede que haya hecho algo malo… puede que se arrepienta cada segundo de ello… y sé que, si pudiera, lo cambiaría todo.
La voz de Morgan tembló.
-Pero que se desprecie así… que desee no estar aquí… respiró hondo, como si esas palabras le costaran más que cualquier otra cosa. Que quiera desaparecer… estando aquí conmigo…
(Negó suavemente con la cabeza)
-Eso… eso no se lo perdonaría jamás.
Luzbel se quedó inmóvil.
En shock.
Nunca lo había escuchado así.
Esa voz… no la estaba castigando por su pasado… no la estaba juzgando por sus errores.
La estaba enfrentando… por querer dejar de existir.
-Sé que usted es una buena persona… continuó Morgan, ahora más suave, pero igual de firme. No importa lo que haya hecho… lo que importa es que aún está aquí.
(Bajó un poco la voz, suavemente)
-Y si aún está aquí… entonces aún podemos hacer algo.
La abrazó con más cuidado, como si ahora temiera hacerle daño.
-Por favor… no hable así de usted. No lo haga… señorita Luzbel.
El llanto de ella no cesaba.
Se aferraba a él, aunque una parte de su mente no dejaba de susurrarle que no lo merecía. Que esa calidez… esa compasión… no eran para alguien como ella.
Pero aun así… no lo soltaba.
Morgan, en cambio, la observó con tristeza.
Con una melancolía serena… como alguien que entendía demasiado bien ese tipo de dolor.
Con delicadeza, se separó apenas lo suficiente para ponerse frente a ella. Tomó sus manos con cuidado, evitando las heridas, como si incluso el roce pudiera dolerle.
-Usted ya me habló de su pasado… murmuró.
Sus ojos, suaves pero decididos, no se apartaron de los de ella.
-Así que… por favor… permítame hablarle del mío.
Hubo un breve silencio.
-Permítame contarle quién soy… en realidad.
El llanto de Luzbel se detuvo por un instante.
Alzó la mirada, con los ojos abiertos, húmedos… confundidos… incrédulos.
Morgan sostuvo su mirada.
-Permítame contarle… quién es Morgan.
Fin del capítulo.
Próximo capítulo: Quién fui.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com