reencarne como un ajolote (leaving my world behind) - Capítulo 89
- Inicio
- reencarne como un ajolote (leaving my world behind)
- Capítulo 89 - Capítulo 89: Quien fuí ( cap 89 )
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 89: Quien fuí ( cap 89 )
Luzbel estaba impactada.
Ella ya había visto algo de él… sabía quién era, o al menos eso creía. Conocía su naturaleza, la había sentido de cerca, casi como un susurro constante que no terminaba de revelarse por completo. Pero había algo más… algo que no encajaba, que no pertenecía a ningún lugar, ni a este mundo ni a ninguno que ella pudiera nombrar.
Era como intentar recordar un sueño que nunca fue suyo.
Más de una vez estuvo a punto de adentrarse en él, de mirar más profundo… de descubrir sus vivencias, su historia, su verdadera identidad. Pero siempre ocurría lo mismo.
Esos ojos.
Esos ojos azules… espectrales, imposibles, como si escondieran un abismo que no debía ser tocado.
La detenían.
No por miedo… sino por algo más complejo. Algo que no podía explicar.
Y entonces, sin darse cuenta, se había resignado. Se dijo a sí misma que eso era suficiente. Que no necesitaba saber más. Que mientras pudiera ver lo que realmente importaba… estaba bien.
Porque al final, lo único que quería entender… no era su origen, ni su poder, ni su misterio.
Era su corazón.
Quería saber si, detrás de todo eso… él era bueno.
Si esa calidez que a veces asomaba era real… o solo otra ilusión más.
Y ahora…
Ahora todas esas dudas, todas esas preguntas que había guardado en silencio, estaban a punto de romperse.
A punto de convertirse en respuestas.
Luzbel se lanzó hacia él sin pensarlo, como si el miedo la hubiera empujado desde dentro. Sus manos temblorosas encontraron su rostro, lo sostuvo con una urgencia casi desesperada.
Sus ojos… estaban llenos de algo más que duda. Había miedo, sí, pero también una fragilidad que dolía mirar.
-¿Estás seguro…?
su voz se quebró apenas, como si cada palabra le costara respirar
-Yo… yo sé que hay algo en ti… algo que no pertenece a este lugar… algo distinto a todo lo que existe aquí…
Sus dedos se aferraron un poco más, aunque su mirada comenzó a vacilar, a huir.
-Pero… ¿de verdad estás seguro de querer decírmelo a mí…?
(Negó suavemente, retrocediendo apenas, con culpa )
-No… no… yo no soy digna de escuchar algo así… ni de saber algo tan importante…
Sus manos, que antes lo sostenían con desesperación, empezaron a temblar con más fuerza, como si ahora fueran incapaces de soportar el peso de aquello que él era.
Morgan no se apartó.
Al contrario… levantó lentamente sus manos y cubrió las de ella. Estaban frías. Inquietas. Asustadas.
Cerró los ojos por un instante, inclinándose apenas hacia ese contacto, como si en medio del caos encontrara un pequeño refugio en el temblor de Luzbel. Luego, con una suavidad casi dolorosa, deslizó sus manos, guiándolas con cuidado, pero sin soltarlas. Sus dedos permanecieron entrelazados con los de ella.
Y entonces… sonrió.
No era una sonrisa alegre.
Era cálida… frágil… como si se estuviera rompiendo por dentro.
-Está bien…
(murmuró Morgan, con ternura)
-Usted confió en mí… me habló de su pasado, de lo que ha hecho… Se arriesgó a cargar con todo eso frente a mí…
Sus dedos acariciaron con delicadeza los de Luzbel, como si quisiera calmarla… o quizá despedirse de algo.
-¿Qué clase de persona sería yo… si no le ofreciera la misma confianza que usted me regaló?
(La voz de Morgan se quebró levemente)
Y entonces, bajó la mirada.
Había tristeza ahí… una tristeza profunda, antigua… de esas que no se explican con palabras.
-Por favor…
susurró Morgan suavemente, casi como una súplica.
-Permítame contarle quién fui… quién es Morgan en realidad.
Luzbel lo sintió.
Esa tristeza.
Ese peso.
Sus manos dejaron de temblar solo para aferrarse con más fuerza a las de él, como si temiera que, si lo soltaba… desaparecería. Su corazón latía con violencia, y aunque el miedo seguía ahí, creciendo en su pecho… no se apartó.
Porque sabía.
Sabía que lo que estaba a punto de escuchar… no era algo pequeño.
Era algo capaz de romperlo todo.
Morgan levantó la mirada y la encontró observándolo, llena de nervios, de expectativa… intentando prepararse para algo que, en el fondo, sabía que no se puede preparar.
Él respiró hondo.
Una vez.
Dos.
Como si cada palabra que estaba a punto de decir pesara más que su propia vida.
-Bien…
dijo finalmente, con una calma extraña.
-Comencemos desde el principio.
El silencio se volvió denso.
Pesado.
Inevitable.
-Mi nombre es Aiden Morgan Fernández Olsen…
su voz salió más baja, más lejana.
-Y yo… provengo de otro mundo.
Fin del capítulo.
Próximo capítulo:Morgan
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com