reencarne como un ajolote (leaving my world behind) - Capítulo 90
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Capítulo 90: Morgan (cap 90)
Luzbel se quedó inmóvil.
No fue solo sorpresa…
Sí, le había impactado escuchar su nombre completo había algo en él, en cómo sonaba, que ya de por sí la inquietaba, pero eso… eso no fue lo que la paralizó.
Fue esa frase.
-Yo vengo de otro mundo.
No la escuchó… la sintió.
Le atravesó la mente como un eco imposible de ignorar.
Sus pensamientos comenzaron a chocar entre sí, desordenados, violentos.
-¿Lo dice porque es diferente…?
¿O lo dice… de verdad?
Quiso aferrarse a lo racional, a lo seguro. A lo que no rompe la realidad en pedazos.
Una metáfora.
Tenía que ser una metáfora.
Porque la otra opción… no solo era absurda… era aterradora.
Si era verdad… entonces todo lo que conocía estaba incompleto.
Todo lo que creía entender del mundo… era una mentira.
Eso significaba que su mundo no era el único.
Que allá afuera… en la oscuridad que nunca había cuestionado… había otros.
Otros mundos.
Otra vida.
Otras cosas… Las cuáles desconocía por completo.
El aire le faltó.
Se levantó sin darse cuenta de cuándo lo había hecho. Comenzó a caminar de un lado a otro, errática, como si moverse pudiera ordenar el caos en su cabeza.
Pero no lo hacía.
Sus manos temblaban. Su respiración se volvía irregular. Sus ojos no encontraban dónde fijarse… porque todo, absolutamente todo, se sentía distinto.
No sabía qué decir.
No sabía qué hacer.
No sabía cómo reaccionar ante algo que simplemente… no debería ser posible.
Finalmente, se detuvo.
Lo miró.
Y en ese instante, algo dentro de ella cedió.
Se acercó lentamente… y cayó de rodillas frente a él.
Sus manos buscaron las de Morgan con desesperación.
Pero incluso eso… ahora dudaba.
-So… so… solo para confirmar…
su voz se quebró, fragmentándose entre La incertidumbre y la incredulidad
-No… no lo dices de una forma metafórica… ¿verdad…?
El silencio que siguió fue insoportable.
Morgan la miró… y en sus ojos apareció algo nuevo.
Duda.
No por lo que había dicho… sino por lo que había provocado.
Vio el temblor en sus manos.
La fragilidad en su voz.
El miedo… crudo, expuesto, imposible de ocultar.
Por un instante, consideró retroceder.
Decir que sí.
Que era una metáfora.
Que todo había sido un malentendido.
Podía hacerlo.
Podía devolverle su mundo intacto.
Podía evitarle ese abismo.
Pero no.
No después de lo que ella le había dado.
No después de su confianza.
No después de su verdad.
Morgan inhaló profundamente.
Cerró los ojos… como si al hacerlo pudiera reunir el valor que le faltaba.
Y entonces… negó con la cabeza.
Sin palabras.
Luzbel se levantó de golpe.
No fue un movimiento natural… fue una reacción. Una desesperada.
Comenzó a caminar sin rumbo fijo nuevamente, de un lado a otro, una y otra vez, como si el suelo ya no fuera suficiente para contener todo lo que pasaba por su mente. Sus pasos eran erráticos, descompasados… cada giro más brusco que el anterior.
Pensaba.
O lo intentaba.
Pero no encontraba orden, solo ruido.
-Esto no puede ser cierto…
(murmuró apenas)
Porque ahora lo entendía.
El peligro ya no era una posibilidad… era una certeza.
Y no era cualquier peligro.
Si alguien descubría lo que Morgan era… lo que realmente era… no habría escapatoria. No habría compasión. No habría segundas oportunidades.
Tenían que protegerlo.
A cualquier costo.
Morgan se levantó con cautela, observándola con preocupación, dando un paso hacia ella.
-Señorita… ¿está todo bie…?
No terminó.
La mano de Luzbel se alzó en seco.
Un gesto pequeño… pero absoluto.
Silencio.
Morgan se quedó quieto al instante.
Y entonces…
Silencio.
Un silencio denso. Incómodo. Sofocante.
Luzbel dejó de moverse.
Su respiración era irregular… sus pensamientos, un caos.
Y de pronto.
Se giró.
Caminó directamente hacia él.
Rápido.
Demasiado rápido.
Sus manos se aferraron a los hombros de Morgan con fuerza, casi temblando.
Sus ojos… no eran de calma.
Eran de urgencia.
De miedo.
-Escucha…
(su voz se quebró ligeramente)
– esto es demasiado importante… demasiado…
Tragó saliva, intentando recomponerse, pero era inútil.
-Gracias por confiar en mí… de verdad… pero esto… esto no puede quedarse solo entre nosotros.
Apretó un poco más.
-Ellas tienen que saberlo.
Sin darle tiempo a responder, soltó sus hombros y salió de la habitación casi corriendo.
-¡Señorita Luzbel, espere!
Morgan dio un paso tras ella.
Pero fué Inútil.
-¡Espérame aquí!.
(ordenó luzbel sin voltear)
-No salgas. Por ningún motivo.
Y se fue, luzbel finalmente salió de la habitación.
La puerta se cerró.
El silencio volvió… pero esta vez era distinto.
Pesado.
Morgan se quedó de pie unos segundos… inmóvil.
Luego… cedió.
Se dejó caer sobre la cama, apoyando la espalda contra la pared. Su mano cubrió su rostro, como si intentara ocultarse de sí mismo.
-¿Qué… rayos acabo de hacer…?
No había enojo real en su voz.
Solo… frustración.
Y miedo.
De sí mismo.
El tiempo pasó lento.
Demasiado lento.
Y entonces.
¡La puerta se abrió de golpe!
El impacto resonó en toda la habitación.
Zarathoz, Satana y Galahad prácticamente fueron empujadas hacia adentro, perdiendo el equilibrio por la fuerza con la que entraron.
-¡¿Qué demonios te pasa, Luzbel?!.
(estalló Zarathoz, claramente irritada)
-¡¿Qué diablos es esto?!
Luzbel entró detrás de ellas, agitada, con la respiración entrecortada.
Cerró la puerta con rapidez.
Seguro.
Revisó.
Escuchó.
Se cercioró de que no hubiera Nadie.
Zarathoz frunció el ceño, confundida… molesta.
Satana y Galahad intercambiaron miradas, sin entender nada.
La tensión era palpable.
-¿Y bien?.
(insistió Zarathoz irritada)
-¿Vas a decirnos qué demonios te puso así? Porque, sinceramente… pareces haber perdido la cabeza.
Luzbel bajó la mirada.
Sus manos temblaban.
Su pecho subía y bajaba con dificultad.
-E-esto…
(su voz falló)
– esto tienen que escucharlo todas…
-¿Escuchar qué, miss Luzbel?
preguntó Satana, más confundida que alarmada… aún.
Entonces…
Luzbel levantó la mirada.
Lentamente.
Y la clavó en Morgan.
-Morgan… por favor… cuéntales lo mismo que me dijiste a mí.
El aire en la habitación se congeló.
Las tres voltearon al mismo tiempo.
Sus miradas se clavaron en él.
Expectantes.
Incrédulas.
Desconfiadas.
Morgan sostuvo sus miradas.
Una por una.
Pero no habló.
El silencio creció.
Se estiró.
Se volvió insoportable.
Como si el tiempo mismo dudara en avanzar.
Morgan cerró los ojos por un instante.
Respiró hondo.
Cuando los abrió de nuevo… ya no había vuelta atrás.
-Está bien…
Su voz era baja.
Cansada.
Pero firme.
-Se los contaré también.
Fin del capítulo.
Próximo capítulo: carajo.
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