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Reencarné como un elfo....... y me casé con la villana yandere. - Capítulo 128

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Capítulo 128: 128: BJ (+18)

Atheline no dudó, asintió casi enérgicamente.

Lilith se rio entre dientes ante su excitación.

—Como desees —dijo ella, y primero le quitó la camisa antes de bajarle los pantalones.

Atheline no dejó de sonreír durante todo el proceso. Ahí estaba, el mismo miembro que había llegado a adorar. Lo había echado de menos más de lo que quería admitir.

Las venas del miembro eran de lo más seductoras y su tamaño nunca decepcionaba.

—Incluso ahí abajo, siempre eres guapo —dijo ella, entrecerrando los ojos con seducción—. Parece que no se hizo daño.

Atheline no pudo evitar reírse entre dientes.

—Por supuesto… Me aseguré de protegerlo —dijo, haciendo que ella rompiera a reír.

—Recompensémoslo por el esfuerzo, entonces —dijo Lilith y empezó a descender sobre el miembro expectante de él.

Mentalmente, Atheline celebraba y daba gracias al cielo.

«Por fin, una mamada».

Aunque solían tener sexo, ella nunca había hecho eso; como mucho, una masturbación con la mano.

Su mirada se clavó en ella mientras esperaba, expectante, a que tomara su miembro. Su excitación y vigor se transfirieron a su hombría, que se crispó un par de veces, a la espera de lo que Lilith estaba a punto de hacer.

Y fue mejor de lo esperado.

Los húmedos labios de Lilith tocaron la punta de su miembro, humedeciéndola. La cabeza de Atheline se echó hacia atrás por el placer.

Sus cálidos labios se cerraron alrededor del miembro. En ese instante, sintió que ya iba a explotar. Sus sentidos se dispararon más allá de lo que podría haber imaginado.

No pudo contenerse; perdió toda moderación.

—¡Joder! ¡Joder! ¡Joder! —maldijo varias veces mientras ella descendía más.

Su gran miembro quedaba encerrado en la boca de ella; la estrechez y el calor eran sencillamente abrumadores.

—Lily… joder —maldijo mientras hundía la mano en el pelo de ella.

Meciendo la cabeza de arriba abajo, Lilith empezó a darle placer a Atheline.

Atheline soltó tantas maldiciones que sintió como si todo su cuerpo se hubiera sumergido en una piscina de placer llamada Lilith.

Estaba recibiendo un placer inmenso en ese momento.

Los eróticos y húmedos sonidos de su saliva cubriendo el miembro eran solo un aperitivo.

La erótica imagen de ella practicándole sexo oral.

Todo, incluso el modo en que se encontraba con su mirada con la boca llena, lo volvía loco.

Parecía disfrutar de la sensación de volverlo tan indefenso ante el placer.

Lilith lamió su miembro mientras descendía más y más, hasta que tocó el fondo de su garganta.

Atheline abrió los ojos de par en par cuando su miembro se hundió en aquel espacio estrecho, y sintió que estaba a punto de correrse en cualquier momento.

Lilith sintió el palpitar del miembro de Atheline y quiso continuar hasta que él se corriera, pero parecía que Atheline tenía otros planes.

Apartó los labios de ella de su palpitante miembro, tiró de ella hacia sí y estampó sus labios contra los de ella.

Los hizo girar, se colocó entre las piernas de ella y la embistió antes de que pudiera reaccionar.

Ella gimió, su cuerpo arqueándose mientras sus piernas se enroscaban en la cintura de él.

—No quiero ser el único que quede satisfecho —dijo mientras alzaba las caderas y se dejaba caer con fuerza.

Ella se contrajo alrededor de su miembro, arrancándole un gemido. Le rodeó el cuello con las manos y apoyó la cabeza en su hombro mientras él embestía.

Lilith lo mordió con fuerza suficiente para hacerle sangre. Un castigo por haberla desobedecido.

—Ahora me encargo yo, Lily… De verdad que me ha encantado —le susurró al oído, y ella asintió.

La habitación se llenó de respiraciones agitadas mientras los gemidos de Lilith se mezclaban con los de él.

Cada vez más rápido, hasta que ambos alcanzaron el clímax.

—Lily… —empezó a decir él.

Las piernas de ella se apretaron más en su cintura, impidiéndole salir.

—Hagámoslo otra vez —dijo ella.

Una sonrisa de suficiencia se dibujó en los labios de él. Lilith puso los ojos en blanco al verlo.

—Supongo que mi miembro cura la somnolencia —bromeó él.

—Como digas una sola cosa más… —dejó la frase en el aire.

—A su servicio, mi reina —respondió él, divertido.

Durante toda la mañana se escucharon sonidos húmedos y obscenos mientras disfrutaban del placer y liberaban la tensión que se había acumulado entre ellos por todo lo que había estado ocurriendo.

Atheline no dejó de susurrarle cosas dulces al oído a Lilith durante todo el acto.

—Eres demasiado activo para ser un hombre que acaba de despertarse —gimió Lilith, mientras las sustancias pegajosas cubrían el lugar donde se unían sus cuerpos y goteaban sobre las sábanas.

Claro que no quería más de la semilla de él en su interior. Estaba demasiado llena y se sentía incómoda, sobre todo con la insaciable energía de él.

Le dio unos golpecitos en el pecho, indicándole que se apartara, pero Atheline tenía otros planes.

Tiró de ella para levantarla consigo y salió de la cama, con su miembro todavía dentro de ella.

—O…ye —lo llamó ella mientras él empezaba a caminar, sujetándole el trasero y apretándoselo discretamente.

—Te llevaré en brazos al baño —dijo y caminó hacia allí, más enérgico que nunca.

Incluso así, su miembro se movía dentro de ella, arrancándole uno o dos gemidos. De vez en cuando, Atheline le robaba un beso mientras se dirigían al baño.

«¿Por qué no se cansa?»

Como si le leyera la mente, la zarandeó, haciendo que su miembro se hundiera más profundo mientras abría la puerta del baño.

El lujoso interior quedó al descubierto, pero los dos estaban demasiado ocupados besándose para darse cuenta. Atheline la depositó en un sofá, saliendo de ella por desgracia.

Lilith soltó un suspiro de alivio.

Apoyó las manos a ambos lados de ella, con una sonrisa feliz en los labios. A ella le perdía la cara de él.

—¿Caliente o fría? —preguntó él.

—¿Qué?

Él se rio entre dientes y le dio un beso en la frente.

—¿Quieres agua caliente o fría?

—Tibia.

Él asintió.

—¿Ducha o bañera?

—Ducha —respondió ella, tajante.

—Será un placer.

Fue hasta la ducha y ajustó la temperatura a la que más le gustaba a ella. También preparó los aceites y productos esenciales necesarios.

Fue al toallero, cogió unas toallas y las colocó cerca para poder cogerlas y secarla.

Cuando terminó, volvió junto a una aturdida Lilith.

—Ya está lista —dijo, inclinándose para cogerla en brazos.

—Mmmh —respondió en voz baja y le rodeó el cuello con los brazos.

Bostezó con pereza y apoyó la cabeza en el hombro de él.

—¿Estás cansada? —preguntó él.

Ella asintió y luego negó con la cabeza.

—El agua me despertará —respondió ella, lo que hizo que Atheline se riera entre dientes.

Ambos se metieron bajo el chorro de agua tibia y Atheline empezó a frotar el cuerpo de Lilith.

Empezó por su intimidad, introduciendo un dedo para limpiarla de su esencia.

Se reía entre dientes cada vez que ella se estremecía al rozar su dedo el hipersensible clítoris.

—Deja de jugar —dijo ella, poniendo los ojos en blanco.

—Lily… —la llamó él, mientras pasaba a sus pechos. Ella volvió a poner los ojos en blanco.

El agua empezaba a despertarla y la lasitud de tanto sexo parecía abandonar su cuerpo.

Sabía lo que Atheline quería, pues su miembro no dejaba de presionar contra su estómago.

—Creo que deberíamos reducir las veces que te corres dentro de mí —dijo ella de repente.

Atheline se detuvo en seco, con la mirada de asombro clavada en ella.

—¿Qué? —fue lo único que acertó a decir.

—Mira —señaló el suelo del baño, donde la semilla de él se iba por el desagüe—, es demasiado, todas las veces.

—Pero…

—Nada de peros, tendrás que sacarla.

Abrió los ojos de par en par.

—¿Solo eso? ¿Nada más?

Ella lo miró con una mirada inquisitiva.

—Sí.

«Gracias a la luz».

Había pensado que iban a reducir la cantidad de veces que tenían sexo.

La acorraló contra la pared y atacó sus labios.

—Vale, afuera está bien…, siempre que estés cómoda —prometió mientras apoyaba su cuerpo en el de ella.

Aunque él era más alto, Lilith no se quedaba atrás en estatura. Le sostuvo la mirada por un momento y luego la bajó hacia el miembro de él.

—Haa…, esta es la última, quiero descansar —dijo mientras su uña se clavaba en el pecho de él.

Atheline asintió.

—Apártate.

Atheline siguió las instrucciones con gusto. Tal y como ella siempre había hecho por él, se arrodilló sobre el suelo de baldosas y se posicionó frente al miembro de él.

El venoso miembro se crispaba constantemente mientras esperaba sus labios.

El corazón de Atheline latía contra sus costillas, mientras la anticipación lo recorría.

Estaba absolutamente preciosa de rodillas. Con su seria mirada fija en el miembro de él, se apartó el pelo a un lado y su piel gris relució por el agua que caía sobre ellos.

La mayor parte del agua de la ducha caía sobre él, pero una parte había conseguido escaparse.

Respiró con fuerza y echó la cabeza hacia atrás cuando los labios de Lilith se cerraron alrededor de su punta.

Lentamente, lo fue tomando más y más hasta que tocó el fondo de su garganta; no se detuvo hasta llegar a la base. Todo el miembro de Atheline se sentía increíblemente lleno en su boca.

Tragó saliva a su alrededor y comenzó a mover la cabeza para darle placer, con su mirada excitada parpadeando hacia él de vez en cuando.

—Lily…, haa —la llamó Atheline sin aliento mientras le sujetaba el pelo, instándola a ir más rápido hasta que se corrió en su boca.

Atheline maldecía en agradecimiento a los dioses y al inframundo por hacerla suya.

Justo después, el agua que caía sobre ellos lavó la evidencia de su romance.

.

.

.

Unas horas más tarde.

La habitación estaba llena de un silencio agradable. Las ventanas estaban abiertas, dejando entrar el sonido constante del océano. Las cortinas abiertas se mecían perezosamente con la brisa, rozando el borde de la pared antes de volver a caer.

Atheline estaba sentado cerca del borde de la cama, con una pierna estirada y la otra ligeramente doblada. Solo llevaba puestos los pantalones, con el pecho desnudo a merced de la brisa.

Una taza descansaba en su mano, tibia, aunque no le había prestado mucha atención a lo que era. Ella se la había dado, diciéndole que «ayudaría a estabilizar la recuperación».

Parecía conocer bien sus gustos.

«Dulce».

Tomó otro sorbo, saboreando el gusto que había bajo el dulzor.

Ella yacía a su lado, con un vestido holgado, una de sus piernas presionando contra el muslo de él mientras la otra estaba medio doblada.

No estaban haciendo nada en particular, solo saboreando la presencia del otro y holgazaneando, algo que rara vez hacían.

Cogió un trozo de manzana verde en rodajas y se lo dio de comer.

La observó comer por un momento, y luego dejó escapar un pequeño y silencioso suspiro.

—Deberíamos hacer esto más a menudo.

Esas palabras se le escaparon sin pensar.

Ella no lo miró; su mirada seguía fija en el techo.

—¿Hacer qué? —preguntó ella con voz inexpresiva.

—Esto —dijo, gesticulando a su alrededor—, relajarnos sin las interrupciones de siempre.

Ella sonrió y luego asintió.

—¿Qué significa «fuck»? —preguntó ella con curiosidad.

El cambio de tema lo descolocó. Finalmente, ella había captado toda su atención.

—¿Cómo has dicho?

No podía creer lo que oía. La atención de ella finalmente se desvió hacia él, su mirada encontrándose con la suya.

—¿Qué significa «fuck»? —preguntó ella con seriedad, la confusión era evidente en su rostro—. No parabas de murmurarlo mientras te daba placer.

—Significa que se siente bien —mintió sin inmutarse—, es algo que se me ocurrió en el momento, no podía decir nada más para describir el placer que me estabas dando.

Ella inclinó la cabeza ligeramente y las sábanas se movieron un poco.

—«Fuck»…, eh, no suena tan mal cuando lo digo —dijo, mientras lo probaba una y otra vez.

«Debería haberme limitado a maldecir en mi mente».

—Es mejor si lo usas durante el acto sexual —sus mentiras se amontonaban—, quiero que sea una palabra dicha solo entre nosotros.

Ella dejó de murmurar al oír eso.

—Es una buena idea —consintió ella.

Un suspiro de alivio se le escapó.

Un silencio agradable se instaló entre ellos, cada uno perdido en sus pensamientos. Él se reclinó un poco, dejando que su cuerpo se relajara.

Volvió a dejar la taza sobre la mesa mientras se ponía más cómodo.

—¿Terminaste tus suplementos? —le preguntó ella.

Atheline asintió, luchando contra las ganas de poner los ojos en blanco.

—Sí, ¿es parte de la compensación? —preguntó.

Ella asintió.

—Es Flor azul rou del océano —dijo con demasiada naturalidad.

—¿De verdad? Solo mi abuelo puede usarla, ya que es el mayor —dijo él, sin poder ocultar una pequeña sonrisa.

Se creía que la Flor azul rou estaba bendecida por el dios del mar. Acelera el metabolismo del cuerpo y abre los canales de éter.

Aunque no era rara, sí que era cara, ya que la lucha comenzaba a la hora de su recolección.

—¿Y qué hay de las otras compensaciones? —preguntó él.

Ella entrecerró la mirada. Sus dedos se apretaron ligeramente sobre las sábanas y luego se relajaron.

—Ve al grano.

—¿Dijeron Ellos algo útil sobre la zona? —preguntó él al cabo de un momento, sosteniéndole la mirada.

—Aguas inestables —respondió ella con aire despreocupado—, un navío desaparecido.

Se removió, desconfiando de ella.

—Navíos desaparecidos, nada preciso.

Él asintió.

—Era de esperar.

Si fuera fácil, no lo habrían dejado estar. Las coordenadas parecían caer dentro de sus zonas prohibidas.

Siguió otro largo silencio. Su mirada viajó a través de la ventana, hacia el resplandeciente océano.

—Salgamos.

Eso captó la atención de ella.

—Quiero ver el atardecer —añadió, incorporándose ya.

Se estiró un poco, probando su cuerpo de nuevo, más por costumbre que por otra cosa.

—He estado aquí encerrado desde que me desperté.

Hizo girar los hombros una vez.

—Ya no me estoy muriendo, más vale que actúe en consecuencia.

La mirada de ella lo siguió, observando sus movimientos. Se entrecerró solo un poco.

Él le sostuvo la mirada sin dudarlo.

—Es solo la playa.

Se encogió de hombros.

—Tampoco es que esté pidiendo volver al bosque.

Ella hizo un puchero y luego incorporó la parte superior del cuerpo de la cama.

—Está bien…, vísteme.

Atheline no dudó.

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