Reencarné como un Perro con un Sistema - Capítulo 36
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- Capítulo 36 - 36 No es mi intención hacer daño Parte 1
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36: No es mi intención hacer daño Parte 1 36: No es mi intención hacer daño Parte 1 Lu Chen no tomó el ascensor y bajó por las escaleras hasta el tercer piso sin encontrar ninguna sorpresa.
Sin embargo, no pudo seguir más allá de ese punto.
El hueco de la escalera estaba completamente bloqueado con robustas puertas de acero soldadas entre sí, formando una especie de barricada.
Era como si alguien hubiera taponado los distintos agujeros o vías de entrada usando metal como si fuera el relleno de una esponja.
«Mmm… Definitivamente, parece que alguien tiene la habilidad de dar forma y moldear metales».
Lu Chen se detuvo, reflexionando sobre su ruta de acción alternativa.
La escalera estaba bloqueada y estaba bastante seguro de que la entrada del ascensor estaba vigilada por más hombres similares a los que se había enfrentado o, en el peor de los casos, por alguien aún más poderoso.
No sería más que un blanco fácil si seguía usando el ascensor, así que esa no era una opción.
Solo le quedaba otra.
Lu Chen apretó y soltó los puños un par de veces antes de entrar en el tercer piso y localizar la salida de incendios.
Saltó rápidamente por la escalera y llegó al suelo en menos de un minuto.
Sin embargo, la gran horda de ratas que habían visto antes ya no estaba allí.
En realidad, a Lu Chen no le preocupaban demasiado estas ratas.
Le preocupaban mucho más los otros monstruos que podían estar al acecho en el exterior, sobre todo las criaturas de piel verde a las que solo se podía llamar duendes.
Miró a su alrededor en silencio y caminó por el complejo de apartamentos, con extremo cuidado y cautela, agachándose pegado a la pared para no ser visible desde las ventanas.
Después de recorrer la mitad de la distancia, se detuvo al ver un cadáver tendido frente a él, con las entrañas completamente arrancadas y esparcidas, pero la carne estaba intacta.
Lu Chen suspiró, pues se dio cuenta de que probablemente aquello era obra de otro ser humano y no de las nuevas bestias y monstruos que ahora campaban a sus anchas.
—¿Pero qué coño?
—murmuró por lo bajo, agachando la cabeza.
Todavía no podía creer que estuviera haciendo eso: tratando de esconderse de sus semejantes.
¡Vaya broma!
Ni siquiera habían logrado entender este nuevo mundo y las cosas aparentemente irreales que de repente se habían vuelto muy reales, pero los humanos ya habían empezado a luchar entre sí.
Un brillo frío cruzó por sus ojos mientras continuaba agachado y en movimiento.
Un ser humano normal ya se habría agotado de moverse en un estado tan extraño, pero ahora sus músculos y sus habilidades estaban mucho más mejorados, así que continuó sin necesidad de descansar.
Lu Chen ya casi había dado una vuelta completa mientras exploraba el complejo de apartamentos.
Por lo que podía ver, todas las ventanas e incluso el patio habían sido completamente atrincherados, junto con la entrada delantera y la trasera.
¡Todo el complejo de apartamentos, o al menos las dos plantas inferiores, había sido completamente asegurado!
La velocidad y la eficacia con la que todo aquello parecía haberse llevado a cabo le indicaban que probablemente había un grupo enorme de personas dentro, al menos una docena.
Además, tampoco tenía idea de si lo estaban observando en ese momento o no.
A pesar de que había sido muy cuidadoso, le era casi imposible camuflarse por completo en medio del aparcamiento de cemento y un entorno árido y sin vegetación.
¿Dónde se suponía que iba a esconderse?
«De acuerdo.
Echaré un vistazo al aparcamiento del sótano».
Lu Chen comenzó a moverse a pesar de que tenía la sensación de que también podrían haber asegurado el aparcamiento.
Sin embargo, antes de que pudiera dar un paso más, un fuerte zumbido sonó detrás de él y se giró bruscamente para ver una docena de bolas amarillas volando hacia él, pero ¿cómo pueden zumbar unas bolas?
—¡Mierda!
¡No son bolas!
¡Son putas abejas!
¡¿Cómo es que son tan grandes?!
—Lu Chen sabía que no tenía mucho tiempo.
Tenía ventaja en el combate a larga distancia, así que quería zanjar el asunto lo antes posible.
Pero ¿sería capaz de hacerlo?
Esa era una pregunta totalmente distinta.
Lu Chen no tenía ni idea de la fuerza y la defensa física de estas abejas engordadas, que de alguna manera eran sorprendentemente muy rápidas para su tamaño.
Sus dos aguijones delanteros, en especial, parecían terroríficos y su veneno probablemente también había mutado.
En definitiva, Lu Chen sabía que su velocidad era el factor más crucial en esta batalla.
Estaba solo y había una docena de abejas que venían directas hacia él; todas le apuntaban.
No dudó y se puso en pie para empezar a disparar al instante varias lanzas de hielo.
Algunas dieron en el blanco, mientras que otras no.
Sin embargo, al segundo siguiente, otra tanda de lanzas de hielo apareció a su lado y voló hacia las siete abejas que no habían sido alcanzadas la primera vez.
Ahora estaban mucho más cerca de él, y Lu Chen pudo apuntarles y herirlas fácilmente con sus afiladas y puntiagudas lanzas de hielo.
Después de luchar con la pequeña niña zombi, su control y sus ataques eran mucho más fluidos.
Era más que evidente que había perdido esa batalla, pero a cambio, había aprendido mucho.
En menos de un minuto, las doce abejas habían caído al suelo: algunas muertas, otras aún vivas y otras parcialmente congeladas.
Lu Chen se acercó y materializó otra lanza de hielo, esta vez más grande, y la clavó en las abejas que aún estaban vivas y forcejeando, acabando con ellas de un solo golpe.
—¿Así que no tenéis una defensa fuerte, eh?
¡Entonces debéis de haber confiado en vuestro número para sobrevivir!
—exclamó Lu Chen, matando a otra abeja.
Parecía que hasta las abejas sabían cooperar mejor que los seres humanos.
Buscó núcleos de maná en todos sus cuerpos y consiguió recuperar núcleos de cinco de las doce abejas.
A medida que cada núcleo desaparecía en su cuerpo, convirtiéndose en una voluta de energía, Lu Chen sintió que su cansancio se evaporaba y que su cuerpo rebosaba de poder.
Ahora entendía por qué aquellos dos hombres que los habían atacado habían sido tan arrogantes.
Probablemente habían conseguido acabar con un montón de estas bestias y habían asumido erróneamente que eran superpoderosos.
Sin embargo, él sabía que los diferentes núcleos eran distintos, y estos en realidad eran mucho menos útiles a pesar de que su consumo avivaba la energía que se arremolinaba en su cuerpo.
Suspirando, Lu Chen se dio la vuelta cuando, de repente, el aire a su alrededor se distorsionó y un hombre apareció de la nada, justo detrás de él, y le colocó un cuchillo en la garganta, dejándolo completamente incapaz de moverse o responder.
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