Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Registro Diario del Aprendiz de Cartas - Capítulo 731

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Registro Diario del Aprendiz de Cartas
  4. Capítulo 731 - Capítulo 731: Pervertido Sexual Demente
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 731: Pervertido Sexual Demente

Fecha: 1 de Abril de 2321

Hora: 18:45

Ubicación: Ciudad de Flor del Cielo, Centro Comercial de la Asociación del Gremio, Almacén n.º 234.

—Deja de mirarme así. No puedo evitar pensar que te has enamorado de mí —dijo Aba al chico que la miraba aturdido.

—Enana, ¿te has vuelto una ilusa? ¿Por qué no puedes comportarte como una chica normal de secundaria? —le pregunté a Aba, que estalló gritando—: ¡No soy de secundaria! Cumplo 17 este año.

—¿Qué? De ninguna manera —dije con gran asombro. El cuerpo menudo de Aba parecía el de una niña de once o doce años.

—¿Alguna vez has visto a una chica de secundaria invocar un grimorio dorado? La edad mínima para hacer un contrato con un grimorio es de 14 a 15 años —argumentó Aba, intentando demostrar que tenía 17 a pesar de su aspecto.

—¿Quién sabe? A lo mejor es porque eres la hija de un semidiós. No se pueden subestimar los genes de semidiós —dije solo por llevar la contraria.

—Tú… —Aba se quedó sin palabras al oír el argumento del chico. Y se giró para comprobar el escalofrío constante que había estado sintiendo en la espalda. Era Anna.

—Conejita, ponte este disfraz —le susurró Anna, con una mirada de loca, al oído de Aba mientras le metía a la fuerza el disfraz de vaca en las manos. Las palabras de Aba, afirmando que el chico que le gustaba podría haberse enamorado de ella, la habían hecho reaccionar.

—… S-sí. —Aba estaba demasiado asustada para discutir e invocó una carta de cortina para ponerse el nuevo disfraz.

—Di «muu» —dijo Anna, mirando a la menuda chica con el disfraz de vaca.

—¡M-muu! —imitó Aba a una vaca.

—¡Más alto! —gritó Anna.

—… Ya no puedo más. Mátame y acaba de una vez. —Aba, mentalmente torturada, por fin se hartó. Y perdió los estribos.

—Oh, mira quién se ha vuelto valiente de repente. No te preocupes, no te mataré. Verás, a veces matar puede ser un acto de piedad. Haré que desees que te hubiera mostrado esa piedad —susurró Anna, apareciendo de repente junto a Aba y hablándole al oído.

—… N-no me asustas, haz lo que quieras. —Aunque Aba dijo esas palabras, sus piernas no dejaban de temblar a pesar de tener los pies firmes, que parecían pezuñas de vaca por culpa del disfraz.

—Si quieres hacerle daño a la princesa, tendrás que pasar por encima de mí. —Agatha apareció de repente junto a Aba y la estrechó en un abrazo. Luego declaró que no se quedaría de brazos cruzados viendo cómo Anna le hacía daño a su alteza.

—Anna, deberíamos parar ya. Creo que la vaquita ha aprendido la lección —le aconsejé a Anna.

—Tú crees… ¿de verdad te has enamorado de ella? —me preguntó Anna con una mirada inquietante.

—Noo… por mí, cuélgala del techo y azótale el culo. —Al ver los ojos desquiciados de Anna, sentí un escalofrío por la espalda y dejé en la estacada a la futura esperanza de la humanidad. Quizá esto le sirviera de lección.

«Sí, le servirá de lección», pensé para mis adentros, para reprimir la culpa de dejarle a la futura esperanza de la humanidad una posible cicatriz emocional.

—¿Tienes ese tipo de fetiche? ¿Te gusta ver a niñas colgadas y azotadas? ¿Es eso lo que te pone? Con razón has estado rechazando mis insinuaciones todos estos días. Pensaba que eras un hombre virtuoso, pero resulta que solo eres otro pervertido con gustos retorcidos. —Anna llegó a esa conclusión de inmediato. Al contrario de lo que yo esperaba.

—Anna, ¿cómo puedes decir eso? Es una calumnia. Por favor, no le creas. —Me arrepentí al instante de mi elección de palabras.

—Pervertido, no te atrevas a acercarte a su alteza —Agatha me miró con asco al oír las palabras de Anna.

—Agatha, tiene mis fotos —le recordó Aba a Agatha con voz temblorosa.

—¡Bicho raro! Borra las fotos de su alteza ahora mismo o tendré que recurrir a la violencia. —La feroz mirada de Agatha atravesó mi inocente alma.

—¡Ni se te ocurra! Aunque sea un bicho raro y un pervertido, es mi bicho raro pervertido. Nadie puede castigarlo ni despreciarlo, excepto yo. Así que apártate —habló Anna como una esposa que acaba de descubrir que su marido era un demente pervertido sexual.

—Se acabó. Salid todos de mi almacén. Ahora mismo —le grité al trío, que estaba empeñado en etiquetarme de pervertido.

—Agatha, parece que quiere usar mis fotos para aliviarse —le dijo Aba a Agatha, al oírme ordenarles que desalojaran mi propiedad.

«…». Anna me miró, y su sonrisa controlada parecía decir: «Dime que no tiene razón».

—Pervertido desvergonzado, ¿cómo te atreves a plena luz del día? —Agatha me miró como si yo fuera la peor escoria sobre la faz de la tierra.

—Toma, he borrado tus fotos. ¿Contenta? Ahora, fuera. —Borré las fotos de Aba porque ya no me servían para nada, ahora que había cantado todo sobre la persona que le había dado las instrucciones.

—¡Te pillé! —dijo Aba, haciendo el signo de la paz y sacando la lengua de forma infantil.

«…». Al ver la reacción de Aba quise suspirar de alivio, pero parecía que Anna seguía creyendo que yo prefería un cuerpo menudo antes que el suyo, más maduro. Ella no tenía nada de qué preocuparse, pero su preocupación estaba justificada; después de todo, ¿qué mujer no empezaría a dudar de su encanto tras ser rechazada tantas veces? De repente, me di cuenta de que si elegía a cualquier otra chica, podría ser traumático para Anna.

—Quiero dejarle claro a todas las aquí presentes que me gustan las chicas maduras con pechos grandes, buen culo y cintura esbelta —declaré, esperando que Anna se diera cuenta de que no sentía absolutamente nada por Aba.

—¡Eres un pervertido! —exclamó Aba.

—A los frikis como tú habría que quemarlos de raíz —comentó Agatha.

—¿De verdad? —preguntó Anna con gran expectación. Porque las palabras que el chico que le gustaba había usado para describir a su mujer ideal la describían a ella a la perfección.

«…». Aba y Agatha sintieron que algo no iba bien al ver los ojos embelesados de Anna cuando se dirigía al chico. No entendían por qué la siempre solemne Anna mostraría tal expresión por un don nadie, y menos por un soldado de cartas.

—Sip, me gustan los pechos y los culos grandes, no te voy a mentir —asentí, diciéndole a Anna que no tenía por qué preocuparse de que me enamorara de Aba. No podía creer que una sola frase de Aba hubiera alterado tanto a Anna. Estoy empezando a preocuparme por mi futuro.

…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo