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REIKENS - Capítulo 11

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  4. Capítulo 11 - 11 Capítulo 9 Un Cambio Inesperado
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11: Capítulo 9 Un Cambio Inesperado 11: Capítulo 9 Un Cambio Inesperado El estridente sonido de una alarma rompió el silencio de la mañana.

Sukasa, aún medio dormida, extendió el brazo y golpeó el despertador con fastidio.

—Mmmm…

—gruñó, incorporándose con esfuerzo.

Miró alrededor del camarote y notó que estaba completamente vacío—.

Parece que ese idiota no vino a dormir…

Aunque no es como si me importara —murmuró, fingiendo indiferencia.

Con movimientos lentos pero decididos, comenzó a vestirse.

Al colocarse la gabardina, una chispa de emoción recorrió su cuerpo.

—Bien…

Hoy será un gran día.

Hoy comienza mi labor como Centinela de la Academia Arkanum.

Más tarde, después de clases…

Sukasa caminaba por los pasillos de la academia, aún con una ligera expresión de fastidio en el rostro.

—Otra vez fue pura teoría…

Eso me estresa —dijo mientras se estiraba perezosamente.

A su lado, Hino caminaba con tranquilidad.

—Lo sé, pero seguro hay una razón para eso.

A veces hay que dominar lo básico antes de enfrentar lo complejo —comentó con serenidad.

Sukasa frunció el ceño.

—Sí, pero esos temas ya los vimos en secundaria.

Esto es aburridísimo…

Hino rió con suavidad.

—Jaja, en eso tienes razón.

Mira, ya llegamos —dijo, señalando una gran puerta elegante—.

El salón de reuniones de los Centinelas.

Ambas ingresaron al salón.

Allí, varios Centinelas ya se encontraban reunidos, y las miradas se posaron en ellas, evaluándolas con una mezcla de curiosidad y respeto.

Isein las recibió con una sonrisa cálida.

—Vaya, las nuevas reclutas.

Me alegra que hayan llegado.

Estábamos por comenzar.

Por favor, tomen asiento mientras llegan los demás —les dijo amablemente.

—Gracias, señor —respondió Hino, haciendo una leve inclinación de cabeza.

Sukasa, mientras tomaba asiento, pensó para sí: —Ese es Isein Mūsu, uno de los cuatro Jotas.

Parece amable…

pero también se nota que impone respeto.

De pronto, la puerta se abrió bruscamente.

—¡Hola a todos!

—gritó Kaiyō con su energía característica.

Junto a él, entró Blaike, tranquilo como siempre.

—Buenos días a todos —saludó con voz pausada.

Sukasa y Hino se levantaron al instante para saludarlos.

—¡Oh, Kaiyō!

—exclamó Sukasa con entusiasmo.

Kaiyō les devolvió una sonrisa amistosa.

—¡Hola, Sukasa!

Lamento no haberte felicitado ayer por aprobar las pruebas.

Estaba ocupado con algunos asuntos —dijo con tono relajado.

Sukasa se cruzó de brazos con una sonrisa burlona.

—No te preocupes, lo entiendo.

Al fin y al cabo, eres uno de los cuatro Jotas…

—bromeó con un tono juguetón.

Kaiyō rió.

—Oye, no te burles.

Desde hoy soy tu superior, así que ten más cuidado con lo que dices —replicó, sin perder la sonrisa.

Luego se volvió hacia Hino—.

Y tú también, Hino.

Lo hiciste increíble ayer.

Felicitaciones.

Hino, algo apenada, inclinó la cabeza.

—Muchas gracias, superior Kaiyō.

Kaiyō alzó las manos, incómodo.

—Por favor, nada de “superior”.

Me hace sentir viejo, jaja.

Luego señaló al joven que lo acompañaba.

—Ah, sí, chicas, él es Blaike Ōyamaneko.

También es uno de los cuatro Jotas de la academia.

Blaike asintió con una leve sonrisa.

—Mucho gusto.

No tuve la oportunidad de conocerlas antes, pero debo decir que estuvieron impresionantes en sus combates.

Me hubiera gustado enfrentarme a ustedes…

pero quizá algún día —dijo con serenidad.

Todos rieron ante el comentario, mientras Sukasa reflexionaba.

—Blaike Ōyamaneko…

se nota que es alguien serio, reservado.

Pero tiene una fuerza impresionante.

Aún recuerdo cómo luchó contra Hiro… —Bueno —dijo Blaike, volviendo a ponerse serio—, será mejor que nos sentemos.

En cualquier momento llegará Remy.

—Sí, tienes razón —asintió Kaiyō.

Todos comenzaron a tomar asiento.

Sukasa se acomodó junto a Hino, su mente llena de anticipación.

—En cualquier momento entrará Remy por esa puerta…

y nos dará nuestra primera misión como Centinelas.

¡No puedo esperar!

—pensó, emocionada.

La puerta se abrió lentamente, y todos los presentes se pusieron de pie de inmediato, esperando la figura de la poderosa líder.

—¡Muy buenos días, Centinelas!

—dijo una voz que resonó con energía.

Pero para sorpresa de todos, no era la voz de Remy.

Era la voz de Kuro.

Todos los Centinelas presentes se pusieron de pie rápidamente e inclinaron la cabeza con respeto.

—¡Muy buenos días, segundo rey de Arkanum!

—dijeron al unísono.

Todos…

menos Sukasa.

—¿Qué hace este idiota aquí?

—pensó, cruzándose de brazos con una expresión de desdén, mientras le lanzaba una mirada desafiante.

Kuro, ignorando por completo la tensión que flotaba en el ambiente, avanzó hacia el centro con una sonrisa despreocupada.

Blaike fue el primero en alzar la voz, su tono firme y su ceño fruncido evidenciaban su molestia.

—Kuro, ¿qué estás haciendo aquí?

—preguntó, mientras los demás Jotas se aproximaban, tan confundidos como él.

Kuro levantó la mano a modo de saludo, con su habitual aire relajado.

—¡Oh, hola chicos!

Bueno, verán…

digamos que Remy y yo decidimos hacer un pequeño cambio de roles.

Los tres comandantes lo miraron, perplejos.

—¡¿Quéeeeeee?!

—gritaron al unísono.

*** Kuro y Remy caminaban por uno de los corredores rumbo a la sala de reuniones.

De repente, Kuro rompió el silencio con una pregunta aparentemente inocente.

—Oye, Remy…

¿no te gustaría pasar más tiempo con Igurū?

Remy se detuvo de golpe y, con los ojos brillando de emoción, lo agarró del cuello del uniforme con una fuerza desmedida.

—¡Claro que sí!

¿Qué tengo que hacer?

—exclamó, rebosante de entusiasmo.

Kuro, tosiendo un poco por el agarre, alzó una mano con calma.

—¡Oye, tranquila!

Solo pensé en que podríamos…

intercambiar roles.

Remy lo soltó lentamente, frunciendo el ceño.

—¿A qué te refieres exactamente?

Kuro sonrió con astucia.

—Piensa en esto: yo haré tu trabajo como Reina, pero seguiré siendo el Rey.

Tú harás mi parte, pero seguirás siendo la Reina.

Todo sigue igual en títulos, solo cambia lo que hacemos.

Win-win.

Remy lo miró con sospecha.

—Mmm…

No lo sé, Kuro.

Suena a que estás tratando de escaparte de tus deberes.

Kuro puso una expresión seria, aunque apenas lograba ocultar la picardía en su voz.

—Vamos, Remy.

Tú podrías pasar más tiempo con Igurū…

y yo me libro de reuniones aburridas.

Es perfecto.

Remy lo observó con los ojos entrecerrados, detectando las verdaderas motivaciones detrás de esa propuesta.

—Sabía que lo hacías por conveniencia…

pero no puedo negar que la oferta es tentadora.

Kuro arqueó una ceja.

—¿Entonces?

¿Aceptas?

*** —Y básicamente…

eso fue lo que pasó —concluyó Kuro, de vuelta al presente, sonriendo con total naturalidad.

Blaike lo miró, claramente incrédulo.

—Mmm…

Me cuesta creer que Remy aceptara algo tan absurdo —dijo con tono seco.

Luego, se volvió hacia su compañero—.

¿Tú qué opinas, Isein?

Pero Isein no respondió.

Estaba sumido en sus propios pensamientos, con una expresión sombría.

—Maldición…

—pensaba, completamente devastado—.

La única razón por la que seguía como Jota…

era para estar cerca de Remy.

¡Quiero morirme!

Finalmente, murmuró en voz alta, con la mirada perdida: —Lo siento…

pero quiero renunciar a ser Jota…

Blaike lo golpeó en la cabeza con fuerza controlada.

—No digas tonterías —dijo, mientras lo arrastraba de vuelta a su asiento—.

A ver si así se te pasa la estupidez.

Volviendo a Kuro, preguntó con más firmeza: —¿Y tú qué opinas, Kaiyō?

Kaiyō se encogió de hombros.

—Bueno…

esto es raro para todos, pero…

no creo que Kuro bromearía con un asunto tan delicado —respondió, aunque en su voz se percibía cierta duda.

Blaike suspiró con resignación.

—Parece que no lo conoces tan bien como crees…

Luego, mirando a los demás con seriedad, añadió: —En fin…

si ya no hay nada más que discutir, tomemos asiento.

Todos obedecieron, aunque la sala permanecía cargada de una mezcla de desconcierto, incomodidad y, en el caso de algunos, frustración contenida.

Kuro, visiblemente más relajado que antes, tomó asiento y colocó sobre la mesa un gran libro con letras doradas en la portada que decían: “Agenda de Actividades”.

—Buena decisión, muchachos —comentó con una sonrisa mientras hojeaba las páginas.

Su expresión cambió al detenerse en una larga lista de tareas.

Sus ojos se abrieron como platos.

—Carajo…

Nunca creí que Remy tuviera tantas responsabilidades como Reina…

—pensó, sintiendo cómo el peso del cargo comenzaba a hundirlo.

Soltó un suspiro cansado antes de hablar: —Bien, aquí dice que debemos dar la bienvenida oficial a los nuevos Centinelas…

Pero, nah, eso no es tan importante.

La sala quedó en silencio, como si el aire se hubiera congelado por un instante.

—¿¡Qué dijo ese idiota!?

—pensó Sukasa, llena de indignación.

Se levantó de golpe, interrumpiendo la tranquilidad de la sala.

—¡Oye, idiota!

—exclamó, con voz firme y mirada encendida—.

Eso es una falta de respeto hacia todos los nuevos Centinelas que se esforzaron para llegar hasta aquí.

Todos se giraron hacia ella, sorprendidos por su osadía.

Nadie esperaba que alguien se atreviera a alzarle la voz al Rey…

y mucho menos una recluta nueva.

Kuro la observó en silencio por unos segundos, luego rió suavemente.

—¡Ah!

Ya decía yo que alguien armaría escándalo.

Tú eres la chica problema, ¿verdad?

Por un segundo olvidé que habías pasado las pruebas —comentó con tono divertido, como si el momento no tuviera mayor importancia.

—¿Me llamó…

chica problema?

—pensó Sukasa, apretando los dientes.

Kuro se encogió de hombros y añadió con aire despreocupado: —Pero tienes razón.

Me disculpo por eso.

Supongo que fue un comentario fuera de lugar.

Luego, se puso de pie, alzó una mano y dijo con una sonrisa: —Es un gusto dar la bienvenida a los nuevos Centinelas.

Silencio.

Un incómodo silencio invadió la sala.

—Bien, eso sería todo —dijo acto seguido, como si con esas pocas palabras hubiera cumplido con todo el protocolo.

Los Jotas y Centinelas intercambiaron miradas.

Algunos se preguntaban en voz baja si aquello había sido realmente un discurso de bienvenida.

—¿Eso fue todo…?

—susurró alguien desde el fondo.

Kuro, ajeno a las reacciones, volvió a hojear el libro con evidente desinterés.

—A ver…

la siguiente actividad es la asignación de tareas diarias.

Pero antes…

aquí dice que debo colocar a los nuevos reclutas bajo el mando de uno de los cuatro Jotas…

Se detuvo un momento, mirando hacia Kaiyō.

—Kaiyō, ¿estás de acuerdo con recibir a los nuevos reclutas en tu grupo?

Kaiyō asintió con calma.

—No tengo ningún inconveniente, Kuro.

—Perfecto —dijo Kuro, con un tono casi aliviado, y continuó—.

Ahora sí, la asignación de tareas.

Grupo de Isein: vigilar el exterior de la academia.

Grupo de Blaike: vigilancia del patio y los campos de entrenamiento.

Y el grupo de Kaiyō: patrullaje por los pasillos.

Hizo una pausa y escaneó la sala con la mirada.

—¿Alguna objeción?

Nadie respondió.

Solo se escucharon algunas toses incómodas y miradas cruzadas entre los presentes.

—Muy bien —añadió Kuro, cerrando el libro de golpe—.

Si no hay nada más, pueden retirarse.

El desconcierto aún flotaba en el ambiente mientras los Centinelas comenzaban a levantarse lentamente, procesando lo ocurrido.

Algunos no sabían si reír o preocuparse por el futuro bajo ese liderazgo tan…

particular.

Sukasa, en cambio, no apartaba la mirada de Kuro.

—Este tipo…

¿de verdad es uno de los Reyes de Arkanum?

—pensó, cruzándose de brazos mientras abandonaba la sala junto al resto.

Mientras tanto, en la oficina de los Reyes…

Igurū revisaba una pila de documentos con expresión concentrada, mientras Remy permanecía de pie frente a su escritorio.

—Entonces, eso fue lo que pasó —dijo Remy, concluyendo su explicación con un leve suspiro.

Igurū se recostó en su silla con los brazos cruzados, como si ya se lo esperara.

—La verdad, suponía que algo así iba a pasar —comentó con una pequeña sonrisa—.

Aunque pensé que Kuro haría ese cambio con uno de los Jotas.

Le encanta el trabajo de campo…

pero me alegra que seas tú quien tome su lugar.

Remy arqueó una ceja, sorprendida.

—¿En serio?

—preguntó, buscando el verdadero significado tras sus palabras.

Igurū mantuvo la compostura mientras se incorporaba ligeramente.

—Sí.

Eres mucho más responsable que ese idiota —dijo con franqueza.

Remy soltó una pequeña risa, algo apenada.

—No pensé que ésa fuera la razón…

Hubo un breve silencio antes de que Igurū desviara la mirada, ligeramente sonrojado.

—Y…

también porque me gusta trabajar contigo.

Ambos quedaron en silencio por un segundo.

Sus miradas se encontraron, pero ninguno se atrevió a sostenerla demasiado tiempo.

Sus mejillas se tiñeron de un leve rubor antes de que Igurū rompiera la tensión, carraspeando discretamente.

—En fin, deberíamos empezar —dijo, recuperando su tono serio mientras sacaba otra montaña de papeles—.

Esto es todo lo que tenemos que revisar.

Remy lo miró con asombro.

—¡Vaya…!

Ahora entiendo por qué Kuro quería cambiar de lugar.

Pero…

¿por qué hay tanto papeleo?

Igurū esbozó una pequeña sonrisa mientras estiraba los brazos.

—La mayoría son solicitudes de clubes.

Piden presupuestos, espacios para actividades…

asuntos administrativos, nada emocionante.

Remy tomó uno de los documentos al azar, hojeándolo rápidamente.

—Wao.

Sí que tienes mucho trabajo encima.

—No me quejo —respondió Igurū con tranquilidad—.

La mayor parte del tiempo no hay acción real, así que esto…

mantiene la mente ocupada.

Remy lo observó con una mezcla de admiración y desconcierto.

—Eres el único que cambiaría descanso por trabajo voluntariamente —bromeó—.

No sé cómo lo haces.

Ambos rieron suavemente.

En medio de la charla, Remy notó una carta apartada del resto.

Su sobre era más elegante, con un sello llamativo que le llamó la atención.

—Oye, Igurū…

esta carta tiene el sello de la Academia Arkam.

El gesto de Igurū se tensó al escuchar ese nombre.

Dejó los papeles de inmediato y tomó la carta de las manos de Remy.

—¿Arkam…?

—repitió, mientras rompía el sello con rapidez.

Remy observaba en silencio, notando cómo los ojos de Igurū recorrían el contenido de la carta…

hasta que su expresión cambió.

Sus labios se curvaron en una sonrisa casi peligrosa.

—¿Y?

¿Qué dice?

—preguntó Remy, notando la extraña emoción en el rostro de su compañero.

Igurū alzó la vista, con una chispa de emoción en la mirada.

—Parece que las cosas se pondrán…

interesantes.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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