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REIKENS - Capítulo 12

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  4. Capítulo 12 - 12 Capítulo 10 Desafío Inesperado
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12: Capítulo 10 Desafío Inesperado 12: Capítulo 10 Desafío Inesperado Kaiyō caminaba tranquilamente por los pasillos de la academia, rodeado por su grupo de Centinelas.

Una sonrisa relajada se dibujaba en su rostro mientras pensaba en la reciente reunión.

—Vaya…

esa fue, sin duda, la reunión más rápida de la historia —murmuró para sí mismo, encogiéndose de hombros—.

Supongo que tendré que acostumbrarme.

Poco después, un pequeño grupo de Centinelas se acercó con actitud respetuosa.

—Superior Kaiyō, nos retiramos para iniciar nuestras rondas —informaron, inclinando la cabeza.

Kaiyō asintió con calma.

—Perfecto.

Solo asegúrense de entregarme su informe cuando terminen —respondió, y los vio alejarse lentamente.

Luego, se giró hacia los nuevos reclutas, que lo observaban atentos.

Con un tono más serio, se dirigió a ellos mientras comenzaban a caminar juntos.

—Bien, ya que estamos solos, les explicaré lo esencial.

Su única tarea es mantener el orden, la seguridad y la tranquilidad dentro de la academia.

Para eso, deben patrullar los pasillos, explorar cada rincón y asegurarse de que esos tres pilares se cumplan.

Hizo una breve pausa, observando sus rostros con seriedad.

—El problema más común que enfrentamos es el abuso de poder.

Algunos alumnos, especialmente aquellos con Reikens, tienden a intimidar a los demás.

Si ven algo así, no duden en intervenir.

Hiro, algo nervioso, levantó la mano.

—Disculpe… ¿y qué pasa si el estudiante se niega a cooperar?

Kaiyō respondió sin titubear: —En casos como ese, tanto los Centinelas como los miembros de la Jerarquía de Arkanum tienen permiso para usar la fuerza.

Pero solo cuando sea necesario —aclaró, con tono firme—.

Por eso usamos espadas comunes, nada llamativo.

Aquí no permitimos que nadie utilice su cargo para lucirse.

Sukasa, con una sonrisilla traviesa, no pudo evitar soltar un comentario: —Pero tú usas tu estatus para ligar con las chicas, ¿no?

Kaiyō se atragantó con sus propias palabras, visiblemente incómodo.

—L-lo mío es…

distinto —intentó justificarse, algo nervioso.

Sukasa alzó una ceja, divertida.

—¿Distinto en qué sentido?

Kaiyō se quedó en blanco un instante.

—Mmm… En el sentido de… mmm… bueno, lo importante es que nadie debe aprovecharse de su posición.

—terminó, torpemente, desviando la mirada.

Los nuevos Centinelas no tardaron en responder al unísono, en tono burlón: —Sí, superior Kaiyō.

Él frunció el ceño, murmurando para sí: —¿Por qué siento que se están burlando de mí…?

Se detuvo unos pasos más adelante y se giró hacia ellos.

—Bien, a partir de aquí van por su cuenta.

No olviden entregarme el informe por escrito cuando terminen.

—¡Sí, superior Kaiyō!

—respondieron otra vez, todos al unísono y con una sonrisa de complicidad.

Kaiyō suspiró resignado.

—Ya dejen de llamarme así… —dijo mientras se alejaba lentamente—.

Bueno, nos vemos luego, novatos.

Y no se metan en problemas, ¿sí?

Es su primer día, después de todo.

Con eso, se marchó, dejando al grupo atrás con una mezcla de entusiasmo, nervios y risas.

Hiro fue el primero en romper el silencio, rascándose la nuca con una sonrisa nerviosa.

—Bueno…

supongo que es hora de hacer nuestras rondas, jeje.

Kimura soltó una risa ligera y asintió.

—Sí, no queremos quedar mal en nuestro primer día, ¿no?

—Tienen razón —añadió Sukasa con una sonrisa, mientras el grupo comenzaba a caminar por los pasillos.

Hiro, aún con cierta timidez, se volvió hacia ella.

—Oye, Sukasa…

¿puedo hacerte una pregunta?

Ella lo miró, un poco sorprendida.

—Claro, dime.

Hiro dudó por un momento, buscando las palabras.

—¿Cómo fue pelear contra uno de los Reyes de Arkanum?

Kimura, que escuchó la pregunta, no tardó en sumarse a la conversación.

—Sí, ¡todos sabemos que ganaste!

Pero…

¿no tuviste miedo?

Sukasa sonrió con un toque de picardía.

—Mmmm…

la verdad, solo pensaba en dar lo mejor de mí —respondió con modestia, aunque por dentro pensaba: “Si supieran lo mucho que disfruté mandarlo a volar…” Hiro aún no salía de su asombro.

—Vaya… sigo sin creer que uno de los Reyes fue derrotado así de fácil por una postulante…

¡y con un solo ataque!

Hino, con una sonrisa orgullosa, intervino: —Sukasa es muy fuerte.

Estoy segura de que se convertirá en una de las mejores de la academia.

Sukasa se sonrojó ligeramente, rascándose la mejilla con una risa nerviosa.

—Vamos, no exageren, jaja… De pronto, Hiro se detuvo un segundo, pensativo.

—Aunque…

ahora que lo pienso, ¿no les parece un poco extraño?

Sukasa lo miró con curiosidad.

—¿Extraño?

¿A qué te refieres?

Hiro frunció el ceño, reflexionando.

—Los otros miembros de alto rango nos vencieron sin esfuerzo.

Pero con el Rey Kuro… fue diferente.

No parecía tan fuerte.

Sukasa se quedó pensativa.

“Es cierto… cuando me atacó, era lento.

Y no parecía tener ninguna estrategia…” Kimura asintió, recordando también el combate.

—¿Estás diciendo que el Rey Kuro…

podría ser…?

Hino intervino, recordando la escena.

—Pero a pesar de que lo lanzaste de la plataforma, no parecía haber recibido daño.

Se levantó como si nada.

—Sí, eso fue raro…

—dijo Kimura, aún confundido—.

Pero tampoco podemos sacar conclusiones tan rápido.

Recuerden que durante las pruebas, los rangos altos solo podían usar una espada común.

Quizás por eso perdió.

Hiro asintió con duda.

—Puede ser…

después de todo, sería muy raro que alguien… débil llegara a ser uno de los Reyes en una academia como esta.

Sukasa frunció el ceño, visiblemente molesta por cómo la conversación giraba en torno a Kuro.

—Bueno, basta de hablar de ese idiota.

Mejor pongámonos a trabajar de una vez.

Los demás notaron el cambio en su tono y respondieron rápido, casi al unísono: —¡Sí!

Y así, el grupo continuó con sus rondas, dejando atrás las preguntas sin respuesta sobre el misterioso Rey Kuro.

Después de terminar su recorrido, el grupo de Sukasa caminaba por los pasillos de regreso, conversando con ligereza tras una jornada tranquila.

—Vaya, por fin terminamos con nuestro recorrido —suspiró Sukasa, estirando los brazos con alivio.

—Sí, aunque me hubiera gustado un poco más de acción —comentó Hiro, entre entusiasmo y decepción.

—No digas tonterías.

Es nuestro primer día, y el superior Kaiyō fue claro al decir que no nos metiéramos en problemas —le recordó Kimura, con tono serio.

—Lo sé, lo sé…

—rió Hiro, encogiéndose de hombros.

Justo entonces, notaron un gran grupo de estudiantes reunido más adelante.

—¿Qué estará pasando allá?

—preguntó Sukasa, entrecerrando los ojos con sospecha.

—Vamos a verlo —dijo Hiro, echando a correr.

Al llegar, una escena alarmante los recibió.

En medio del círculo de estudiantes, Katashi, visiblemente fuera de control, golpeaba brutalmente a un alumno que apenas podía mantenerse en pie.

—¡Qué bueno que llegaron, Centinelas!

¡Deténganlo!

¡Lo va a matar!

—exclamó un estudiante, desesperado.

Katashi, con los ojos llenos de furia, levantó al chico herido por el cuello de la camisa.

—¡Vamos, imbécil!

¡Repite lo que dijiste!

¡Anda, atrévete!

Sin perder tiempo, Hiro y Kimura corrieron hacia él, sujetándolo con fuerza para apartarlo.

Al mismo tiempo, Sukasa y Hino se apresuraron a socorrer al estudiante herido.

—¡Detente, Katashi!

—gritó Kimura, forcejeando con él.

—¡Suéltalo ya, idiota!

—dijo Hiro, tratando de inmovilizarlo.

Con esfuerzo, lograron separarlo del alumno maltratado, pero Katashi no se calmaba.

Su respiración agitada y sus ojos inyectados en sangre mostraban que aún estaba fuera de sí.

—No se metan.

Este asunto es entre él y yo —escupió con rabia.

Sukasa se incorporó y lo encaró con firmeza.

—Todo lo que ocurra dentro de la academia es asunto de los Centinelas.

Especialmente si se trata de violencia —dijo, con voz firme.

Katashi apretó los puños, lanzando miradas de odio a todos.

—Cállense.

Si siguen interfiriendo, van a salir muy mal parados —advirtió con tono amenazante.

—Lo sentimos, pero no podemos ignorar lo que hiciste.

Tendrás que responder por esto ante el director —dijo Hiro, acercándose para sujetarle el brazo.

En ese instante, Katashi lo golpeó con una fuerza descomunal, lanzándolo al suelo con violencia.

Hiro quedó inconsciente al instante.

—¡Hiro!

—gritó Kimura, alarmado.

Katashi dio un paso al frente, con una sonrisa torcida en el rostro.

—Les advertí, imbéciles.

Al próximo que me toque, lo dejo peor.

¿Está claro?

Los estudiantes alrededor dieron un paso atrás, paralizados por el miedo.

Sukasa apretó los dientes, su mente girando a toda velocidad.

“Maldita sea…

Katashi es peligrosamente fuerte.

Si invoca su Reiken, esto se convertirá en una masacre.

Pero si nosotros usamos los nuestros aquí, podríamos poner en riesgo a los demás…

¿Qué demonios puedo hacer…?” Justo cuando la tensión alcanzaba su punto más alto, una figura apareció silenciosamente detrás de Katashi.

—Hola, muchachos —saludó con voz tranquila.

Era Kuro.

Todos, incluso Katashi, se sorprendieron por su repentina aparición.

—¿Cómo diablos no noté su presencia…?

—pensó Katashi, alarmado.

—Estaba por ir a comer algo con la señora Fukuko, pero los vi desde lejos y decidí pasar a saludar —comentó Kuro con su tono relajado mientras se acercaba al grupo, ignorando los murmullos de los estudiantes.

Su expresión cambió al notar la gravedad de la situación.

Observó a Katashi con seriedad.

—¿Qué ocurrió aquí?

Kimura, aún inquieto por su compañero caído, respondió rápidamente.

—Rey Kuro, Katashi estaba atacando salvajemente a un estudiante.

Cuando intentamos detenerlo, golpeó a Hiro y lo dejó inconsciente.

La expresión calmada de Kuro desapareció.

Su mirada se tornó penetrante.

—¿Y bien, Katashi?

¿Qué tienes que decir al respecto?

Aunque desconcertado por la llegada del Rey, Katashi no bajó la guardia.

—Ese idiota se burló de mí por renunciar a mi puesto como Centinela.

Solo le estaba dando una lección.

Kuro dio un paso hacia él, su tono más frío y directo.

—¿Y eso justifica golpearlo?

¿Y a un Centinela también?

—lo encaró con dureza—.

Detesto a las personas como tú, que solo usan su fuerza para aplastar a los más débiles.

—Se dio media vuelta—.

Acompañarás a los Centinelas a la dirección.

El director decidirá tu castigo.

Mientras se alejaba, recuperó su tono despreocupado.

—Bueno, me voy a comer.

Ah, no olviden llevar a los heridos a la enfermería —añadió con una sonrisa.

Pero Katashi, consumido por el orgullo, apretó los dientes con furia.

¿Este imbécil cree que puede darme órdenes…?

—pensó, y gritó con rabia: —¡Ven a mí, Reiken del Rinoceronte!

Un rugido resonó mientras su Reiken se manifestaba, sorprendiendo a todos.

Kuro se detuvo, aunque no volteó.

—¡Kuro Akemi!

¡Te desafío por el puesto de Rey de la academia Arkanum!

El silencio cayó como un manto.

Todos sabían lo que eso significaba.

Kuro giró lentamente, sin perder la calma.

—Los duelos suelen hacerse en privado…

pero haré una excepción —dijo, con una sonrisa despreocupada.

—¡Están locos!

Si pelean aquí, ¡pueden destruir medio edificio!

—exclamó Kimura, angustiado.

Kuro, como si nada, miró a Sukasa.

—Chica problema, ¿me haces el favor de alejar a los estudiantes?

—¿En serio vas a pelear…?

—preguntó Sukasa, incrédula.

—Claro.

no pienso echarme para atrás ya que me acaban de retar.

—respondió, sacando una espada común de entre su gabardina.

Los alumnos comenzaron a retroceder con temor, anticipando el desastre.

Katashi, con una mezcla de furia y confusión, observó la espada que Kuro había sacado.

—¿En serio planeas derrotarme con eso?

¡Me estás subestimando, Kuro!

Kuro esbozó una sonrisa confiada.

—No es que te subestime, es solo que con un golpe será suficiente para derrotarte.

El comentario dejó a todos en silencio.

Katashi, hirviendo de rabia, pensó: Este imbécil…

cree que puede derrotarme tan fácilmente.

Lo vi caer frente a esa chica, con un solo ataque.

Pero yo lo humillaré.

Haré que este se trague sus palabras y sea el ser más despreciable de la academia.

Kuro bostezó ligeramente, aburrido.

—¿Vas a atacar o te ayudo?

—¡Imbécil!

¡Toma esto!

¡“Rhino Horn”!

—rugió Katashi, lanzando su ataque más poderoso.

El ataque fue directo hacia Kuro, pero con una fuerza increíble, Kuro desvió el golpe con su espada.

El impacto del ataque destrozó la espada, pero Kuro no mostró preocupación alguna.

El ataque fallido tocó un muro cercano, provocando un estruendo y dejando una gran grieta.

—¿¡Qué…!?

¡Imposible…!

—balbuceó Katashi, con los ojos abiertos como platos.

Antes de que pudiera reaccionar, Kuro apareció frente a él en un abrir y cerrar de ojos y lo golpeó brutalmente en el estómago con el puño desnudo.

El impacto fue tan fuerte que Katashi cayó inconsciente al suelo en un instante.

El silencio dominó el ambiente.

Nadie podía creer lo que acababan de presenciar.

Kuro, tranquilo, se sacudió el polvo de su uniforme.

—Vaya, creo que me excedí un poco —dijo, volviendo a su tono relajado.

Se giró y comenzó a caminar—.

Bueno, me voy.

Nos vemos luego.

Estallaron los vítores.

—¡Increíble, Rey Kuro!

—gritaban algunos—.

¡Lo venció con un solo golpe!

¡Y sin usar su Reiken!

Kimura, atónito, murmuró: —¿Cómo lo hizo…?

Apenas logré ver su movimiento…

Hino, asombrada, se volvió hacia Sukasa.

—Se mueve a una velocidad impresionante.

¿Tú lo viste?

Sukasa apretó los dientes, mirando al vacío.

¡Ese maldito!

Cuando luchó conmigo no mostró ni la mitad de esas habilidades… ¡Se estaba conteniendo!

Cada vez lo odio más…

Entonces, un Centinela se acercó a Kuro y le susurró algo.

Kuro desvió la mirada hacia Sukasa, Kimura y Hino.

—Ustedes tres, lleven a los heridos, incluido el idiota de Katashi, a la enfermería.

Tenemos algo importante que atender.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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