REIKENS - Capítulo 13
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- Capítulo 13 - 13 Capítulo 11 El Desafío de Arkam
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13: Capítulo 11 El Desafío de Arkam 13: Capítulo 11 El Desafío de Arkam La sala de reuniones estaba cargada de tensión.
Los Centinelas, alineados a lo largo del salón, intercambiaban miradas inquietas y murmuraban entre sí mientras esperaban el motivo de la convocatoria urgente.
—¿Por qué nos llamaron tan de repente?
—¿Habrá ocurrido algo grave?
Los comentarios se detuvieron de golpe cuando las puertas se abrieron con fuerza.
Igurū, seguido de Kuro, Remy y tres de los cuatro Jotas de la academia, entraron con paso firme.
En un movimiento casi sincronizado, todos los Centinelas se pusieron de pie e inclinaron la cabeza en señal de respeto.
—Pueden tomar asiento —ordenó Igurū con voz firme y tranquila.
El silencio se adueñó de la sala.
Todos obedecieron al instante, con la atención completamente enfocada en el hombre que dirigía la reunión.
—Los hemos reunido porque hemos recibido un desafío formal de nuestra academia hermana: la Academia Arkam.
Las palabras detonaron como una chispa en un barril de pólvora.
La sala estalló en murmullos.
—¿Un desafío?
¿Tan pronto?
—Esto no puede ser una simple coincidencia… Sukasa frunció el ceño, confundida.
“¿Un desafío…?
¿A qué se refiere con eso?” Igurū, anticipando las preguntas, continuó con tono didáctico: —Para los nuevos, un desafío es un enfrentamiento oficial entre academias.
Se selecciona a los estudiantes más fuertes para representar a su institución en un combate de prueba.
Generalmente son seis luchadores por equipo, elegidos entre los rangos más altos.
El ambiente se tensó aún más.
Igurū hizo una pausa breve antes de añadir: —Sin embargo, esta vez la Academia Arkam ha propuesto una condición especial: al menos dos de los seis participantes deben ser de primer año.
Alegan que quieren evaluar a sus nuevos reclutas… y esperan que nosotros hagamos lo mismo.
La sorpresa fue inmediata.
El murmullo se intensificó.
—¿Dos de primer año?
Eso nunca había pasado…
—¿Quiénes serán los elegidos?
Igurū recorrió la sala con la mirada, su voz llena de determinación.
—Luego de analizar el desempeño en las pruebas de ingreso, he tomado una decisión.
Las representantes de primer año serán: Sukasa Kaze y Hino Tora.
Un murmullo recorrió la sala como una ráfaga de viento.
Las miradas se clavaron en ambas jóvenes.
Sukasa, con el ceño fruncido, intentaba procesar la noticia, mientras Hino parecía contener una mezcla de nerviosismo y orgullo.
—El desafío se llevará a cabo en una hora —continuó Igurū con tono serio—.
Un gran número de estudiantes de la Academia Arkam vendrá como espectadores.
Están decididos a romper nuestro invicto, que ha perdurado durante años.
Y como bien saben, la relación entre nuestras academias… no es precisamente amistosa.
Su mirada se endureció.
—Por eso, más allá del resultado, mantener el orden y la disciplina será prioritario.
No permitiré que la reputación de nuestra academia se vea manchada.
—¡Sí, señor!
—respondieron todos los Centinelas al unísono.
Igurū desvió la mirada hacia dos figuras específicas entre los presentes.
—Isein y Blaike, ustedes estarán a cargo de recibir a los estudiantes de Arkam.
Confío plenamente en su criterio.
Isein sonrió con seguridad, cruzándose de brazos.
—No te preocupes, Igurū.
Déjalo en nuestras manos.
Blaike asintió con firmeza, su expresión mucho más seria.
—Juramos que no te decepcionaremos.
Una leve sonrisa apareció en el rostro de Igurū, como un gesto de reconocimiento a su compromiso.
—Lo sé.
Por eso confié esta tarea en ustedes.
Sin embargo, su expresión se tornó más severa de inmediato.
—Por cierto… ¿dónde está Arc?
El ambiente cambió.
Una ligera tensión se sintió en la sala.
Isein y Blaike intercambiaron una mirada nerviosa antes de intentar explicar.
—I-él… debe de estar por ahí… —Isein balbuceó, visiblemente incómodo.
—No lo hemos visto en todo el día, señor —intervino Blaike, con un tono más firme pero también culpable—.
Desde la reunión para la selección de Centinelas, no ha dado señales.
Lamentamos no haberlo reportado antes.
Igurū suspiró profundamente, aunque mantuvo la compostura.
—No se preocupen.
Entiendo que no es fácil tener como compañero…
no, como amigo, a alguien que siempre huye de sus responsabilidades.
Mientras hablaba, su mirada se desvió lentamente hacia Kuro, quien, completamente ajeno a la tensión, ya había comenzado a comer con una expresión relajada.
—Pueden retirarse —añadió finalmente, con tono firme.
Los Centinelas se inclinaron respetuosamente y comenzaron a salir de la sala.
Sin embargo, Sukasa y Hino permanecieron en sus asientos, aún procesando lo que acababan de oír.
Antes de que dijeran algo, Remy se acercó a ellas con una sonrisa radiante y las rodeó con los brazos en un gesto entusiasta.
—¡Vaya!
¿Quién lo diría?
Ahora combatiremos juntas en una de las batallas más importantes del año —soltó una risita—.
Nada mal para un primer año, ¿eh?
Sukasa parpadeó, confundida por el entusiasmo, mientras Hino apenas logró esbozar una sonrisa nerviosa.
—Remy… —intervino Igurū, intentando calmar la situación—.
No las asustes.
Sé que esto llegó de manera repentina, pero confío en que ambas harán un gran trabajo.
Sukasa frunció el ceño, visiblemente más seria que su compañera.
Se cruzó de brazos y encaró a Igurū.
—Gracias por confiar en nosotras… pero ¿de verdad crees que estamos listas para un desafío de este nivel?
Igurū dio un paso hacia adelante, su voz firme, sin espacio para la duda.
—Ustedes son las más capacitadas para este rol.
No lo olviden: fueron seleccionadas entre cientos.
Ya han demostrado su habilidad y su temple.
No duden de sí mismas… y no me decepcionen.
El silencio se instaló por un momento, hasta que Kuro habló desde su asiento, con tono burlón mientras sostenía un trozo de pan entre los dedos.
—O también pueden retirarse y dejar que alguien más ocupe su lugar.
No será el fin del mundo.
Sukasa apretó los puños, molesta.
“Este tarado…” —pensó, conteniendo las ganas de replicar en voz alta.
Igurū negó con la cabeza, ignorando por completo el comentario de Kuro.
—Eso es imposible —replicó con tono severo—.
Uno de los otros postulantes de primer año está en la enfermería por lo que ocurrió esta mañana.
Sukasa se sorprendió.
“¿Cómo se enteró tan rápido?” Kuro se encogió de hombros, sin perder esa actitud despreocupada que lo caracterizaba.
—Entonces que el nuevo Centinela, Kimura, reemplace a una de ellas… especialmente a la chica problema.
Sukasa apretó los puños.
La rabia le subió al pecho como una llamarada.
—¿Qué dijiste?
—espetó, sus ojos destellando furia contenida.
Antes de que la tensión escalara, Igurū intervino con un tono sereno, pero cargado de autoridad.
—No digas tonterías.
Sukasa y Hino fueron las que más destacaron en las pruebas.
Y, además… fue Sukasa quien te derrotó de un solo golpe.
Kuro hizo una mueca incómoda y se rascó la cabeza.
—Mmm… bueno, eso es cierto.
Ni modo.
Estaré apoyándolos desde el palco —dijo con una sonrisa despreocupada mientras se giraba para marcharse.
Pero apenas dio un paso, Igurū lo sujetó de la capucha de su gabardina, deteniéndolo en seco.
—¿A dónde crees que vas?
Tú también pelearás.
Kuro se volvió con una expresión de fingida sorpresa.
—¿Qué?
¿Pero cuándo acepté eso?
—Eres uno de los Reyes de Arkanum.
No puedes seguir escapando de tus responsabilidades.
Durante años has evitado participar en los desafíos.
Esta vez, no lo permitiré.
Kuro suspiró con fastidio, alzando la vista.
—¿Y qué vas a hacer para obligarme?
Igurū entrecerró los ojos y sonrió ligeramente.
Su siguiente amenaza fue precisa, letal… y ridículamente efectiva.
—Le diré a la señora Fukuko que deje de guardarte tu porción de pastel de chocolate.
Y, en su lugar, yo me lo comeré.
El efecto fue inmediato.
—¡No!
¡Cualquier cosa menos eso!
¡Te lo ruego, ten piedad!
—Kuro se arrodilló dramáticamente, extendiendo las manos como si suplicara por su vida.
Igurū cruzó los brazos, firme.
—Entonces… ¿participarás?
Kuro bajó la cabeza con resignación.
—Ash… está bien.
Pero quiero algo a cambio.
—¿Qué cosa?
—preguntó Igurū, alzando una ceja.
—Quiero ser el último en pelear.
La sala entera se sorprendió ante su petición.
Remy soltó una leve risa, mientras Sukasa lo miraba con escepticismo.
Igurū lo analizó por un momento, luego asintió.
—Mmm… está bien.
En realidad, ya planeaba ponerte al final.
Kuro sonrió con autosuficiencia.
—Obvio.
Porque lo mejor siempre se deja para el final, ¿cierto?
Igurū mantuvo su expresión neutral.
—No.
Es porque tiendes a confiarte demasiado.
Solo por eso.
—¡Auch!
Eso dolió… pero lo acepto —gruñó mientras se cruzaba de brazos, antes de agregar—.
Oye, por cierto… ¿cómo funcionan exactamente estos desafíos?
Igurū parpadeó un par de veces antes de fruncir el ceño.
—¿En serio nunca has ido a ver uno?
—Nah —respondió Kuro con total desfachatez—.
Siempre preferí ir con la señora Fukuko a comer algo.
Igurū se llevó una mano al rostro, visiblemente irritado.
—Por Erebus… Está bien.
Escuchen todos con atención.
Los presentes volvieron a centrarse en él.
—Las reglas son simples.
Son similares a las de la prueba de selección… con una gran diferencia: no habrá plataforma.
Excepto Kaiyō y Remy, todos mostraron sorpresa ante esa revelación.
—Estas batallas determinarán la fuerza de ambas academias.
La única forma de ganar es hacer que el oponente suelte su espada o Reiken.
Sukasa asimiló la información antes de hablar.
—Entonces… será una batalla de resistencia.
Igurū asintió con firmeza.
—Exactamente.
Por eso organicé una estrategia.
Kaiyō será el primero en combatir.
Su gran resistencia y energía nos permitirán desgastar a los rivales desde el inicio.
Luego irás tú, Sukasa.
Ella se sorprendió.
—¿Por qué ponerme en segundo lugar?
Kuro, siempre metido en todo, se sumó al cuestionamiento.
—Sí, ¿por qué darle esa posición a la chica problema?
Igurū respondió sin dudar, con voz firme.
—Si Kaiyō llegara a perder… aunque lo dudo, ya que enfrentará a estudiantes de primer año, Sukasa será la encargada de acabar con los oponentes restantes.
Confío en su capacidad.
Kuro suspiró, rindiéndose ante la lógica del plan.
—Bueno, si tú lo dices.
Tendré que aceptar tus tácticas… como siempre.
Igurū continuó: —Después de Sukasa, irá Hino, seguida por Remy, luego yo, y finalmente tú, Kuro.
¿Alguna duda?
Kuro sonrió, satisfecho.
—Al menos cumpliste tu promesa.
Jeje.
Antes de que alguien más pudiera intervenir, Igurū alzó la voz con firmeza: —Ah, y una cosa más.
Bajo ninguna circunstancia pueden intervenir en las batallas de los demás.
Sukasa frunció el ceño, intrigada.
—¿Por qué?
La expresión de Igurū se volvió mucho más seria.
—Porque si lo hacen, se activará el Kami no Batsu.
Kuro arqueó una ceja.
—Mmm… ¿y eso cómo se come?
Igurū soltó un suspiro cargado de resignación.
—No es comida, idiota.
Es una regla estricta.
Si alguien interviene, el equipo rival tiene derecho a enfrentar a todos sus participantes en un combate grupal contra quien haya roto la regla.
Así que, créanme, no querrán meterse en problemas.
Kuro se encogió de hombros, como si no fuera gran cosa.
—Ah, ya veo… Pensé que sería algo más interesante.
Todos los presentes cayeron hacia atrás, exhaustos mentalmente por su actitud.
Igurū se llevó ambas manos a las sienes y murmuró con frustración: —A veces me pregunto por qué seguimos siendo amigos…
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