REIKENS - Capítulo 14
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14: Capítulo 12 Viejos Enemigos 14: Capítulo 12 Viejos Enemigos El grupo de combatientes de la Academia Arkanum, liderado por Igurū, avanzaba hacia el campo de batalla.
El aire estaba cargado de tensión.
Aunque nadie decía una palabra, la expectación era casi palpable.
Aprovechando el momento, Igurū les dirigió unas últimas palabras: —Quiero que usen todo su poder en esta batalla.
Asi que no se contengan.
Kaiyō, despreocupado como siempre, se adelantó un par de pasos mientras se acomodaba la gabardina con una sonrisa confiada.
—No te preocupes, hermano.
Como yo abro el enfrentamiento, puedes relajarte.
Igurū lo miró con seriedad, sin perder su tono firme.
—Es precisamente por eso que lo digo.
Tiendes a confiarte demasiado en batallas importantes.
Kaiyō soltó una risa incómoda, intentando quitarle peso a la advertencia.
—Qué cruel.
Al menos deséame suerte como buen hermano.
Antes de que Igurū pudiera contestar, su atención se desvió al grupo enemigo que se aproximaba desde el otro extremo del campo.
A la cabeza marchaba un joven de cabello rojo y desordenado, con una sonrisa desafiante que dejaba entrever unos dientes afilados como sierra.
—Vaya, vaya… Igurū.
Ha pasado tiempo —dijo el recién llegado con tono burlón.
Igurū cruzó los brazos, manteniendo su expresión imperturbable.
—No tanto como me gustaría, Ibuki.
Ibuki, claramente divertido, alzó una ceja.
—Qué frío.
Pensaré que no estás feliz de verme.
—En parte, sí —replicó Igurū con calma.
Ibuki rió, sin molestarse por la respuesta.
—¿Por qué?
¿Acaso nuestros enfrentamientos no te divierten?
Una leve sonrisa, cargada de desdén, se dibujó en el rostro de Igurū.
—Hace tiempo que no tengo una buena batalla… Ya que tus rangos altos ni siquiera logran derrotar a Remy.
El comentario provocó murmullos tensos entre los combatientes de Arkam, pero Ibuki simplemente soltó una carcajada.
—Jaja, es cierto… pero presiento que este año, será diferente.
Igurū negó con la cabeza, seguro de sí mismo.
—Lo dudo.
Esta vez no solo pelearé yo… también lo hará el segundo Rey de Arkanum.
El comentario sorprendió al grupo de Arkam.
—¿El segundo Rey?
—Así es —afirmó Igurū.
Ibuki entrecerró los ojos, curioso.
—¿Y… dónde está?
Igurū suspiró, como si ya anticipara la pregunta.
—Bueno… él está en— Antes de que pudiera terminar, una voz interrumpió la escena: —¡Perdón por el retraso!
Todos voltearon a tiempo para ver a Kuro llegar corriendo a toda velocidad.
Su ropa estaba algo desordenada y tenía rastros de migas de pastel en el rostro.
—Lo siento.
es que… quería comer algo antes de que empezaran los combates —dijo entre jadeos.
El grupo de Arkam lo observó con incredulidad.
Ibuki, en particular, lo examinó con mirada crítica, como si intentara calibrar su valor con un solo vistazo.
—¿Entonces tú eres el segundo Rey de Arkanum?
—preguntó con evidente desdén—.
Creí que serías alguien más…
impresionante.
Kuro parpadeó, notando de inmediato la tensión en el ambiente.
—Oye, qué feo… al menos disimula un poco tu decepción —murmuró mientras se rascaba la nuca, incómodo.
Pero Ibuki no parecía haber terminado su evaluación.
Frunció el ceño, como si intentara recordar algo.
—Espera… ¿no te he visto antes?
Kuro reaccionó de inmediato, agitando las manos con nerviosismo.
—No, no, imposible.
Debes estar confundiéndome con alguien más.
La expresión de Ibuki cambió de pronto.
Una sonrisa burlona asomó en su rostro al tiempo que chasqueaba los dedos, como si acabara de resolver un misterio.
—¡Ah, ya sé quién eres!
¡Tú eres Kuro, el anormal, ¿verdad?
El apodo resonó en el aire como un golpe seco.
Los miembros de Arkanum se quedaron en silencio, atónitos.
Los de Arkam, en cambio, sonrieron con satisfacción maliciosa.
Sukasa frunció el ceño, desconcertada.
“¿Anormal?
¿Qué demonios?” Kuro forzó una sonrisa nerviosa, tratando de mantener la calma.
—Sí… ese soy yo.
Qué gusto verte de nuevo, Ibuki.
Jeje… Ibuki lo observó con ojos afilados, su tono cargado de veneno.
—Kuro Akemi.
Nunca pensé que volvería a encontrarte.
Y mucho menos como uno de los Reyes de Arkanum.
Kuro soltó una risita torpe mientras se llevaba la mano a la nuca.
—Sí, el destino es raro, ¿verdad?
Jeje… Igurū, que había estado observando con creciente interés, intervino con voz firme.
—¿Cómo conoces a Ibuki, Kuro?
El ambiente se tensó un poco más.
Kuro suspiró, resignado.
—Bueno… Ibuki y yo fuimos compañeros en la escuela militar.
Estudiamos juntos un par de años, pero nunca creí que lo volvería a ver… y menos en esta situación.
Pensé que ya se había olvidado de mí.
Jeje… Miró a Ibuki con una mezcla de nostalgia y precaución.
El líder de Arkam sostuvo su mirada sin pestañear.
Su sonrisa se tornó más oscura, más contenida.
—Claro que no te he olvidado, Kuro.
Ya que fuiste tú, el primero en derrotarme.
¿Lo recuerdas?
Kuro parpadeó, claramente sorprendido.
—Oh… en serio, lo había olvidado por completo, jajaja… Pero Ibuki no se inmutó.
—Yo no.
Una sombra pareció extenderse sobre el campo.
El ambiente, ya tenso, se volvió asfixiante.
—Aun siendo un anormal, lograste vencerme.
El tono dejaba en claro que esa herida nunca cicatrizó.
Kuro notó el cambio.
Su expresión se volvió más seria.
—Tranquilo, Ibuki.
Éramos niños.
Además, en ese entonces ni siquiera sabías cómo usar bien tu Reiken.
Ibuki apretó los puños, conteniendo su rabia.
—Aun así… esa derrota no es fácil de olvidar.
Pero esta vez, no caeré tan fácilmente ante ti.
Kuro lo miró con una mezcla de compasión y firmeza.
—Mira… yo ya te perdoné por lo que tú y tus amigos me hicieron en el pasado.
Ya superé todo eso.
Pero veo que tú no hiciste lo mismo.
Ibuki sonrió con frialdad.
—No, no lo he hecho…
Y ahora veo algo diferente en ti… Una confianza, que ese niño llorón de hace años jamás tuvo.
Kaiyō, que había estado escuchando todo con los brazos cruzados, no pudo contenerse más.
—¡¿Qué dijiste, imbécil?!
Kuro levantó una mano, calmándolo con un gesto.
—Tranquilo, Kaiyō.
Solo intenta provocarme.
Volvió a mirar a Ibuki, su voz tranquila pero firme.
—Y tú… sigues siendo el mismo arrogante de siempre.
El que cree que el mundo gira al rededor suyo.
Uno de los estudiantes de Arkam dio un paso al frente, furioso.
—¡¿Qué dijiste sobre el señor Ibuki, pedazo de—?!
Antes de que pudiera avanzar, Ibuki levantó una mano, sin apartar la vista de Kuro.
—Tranquilízate, Komori.
Ibuki se acercó un poco más a Kuro, mirándolo directo a los ojos, con una sonrisa contenida.
—Haré que te tragues tus palabras en el campo de batalla.
Pero Kuro, lejos de intimidarse, le respondió con una sonrisa despreocupada.
—Ja, te ves muy confiado.
¿Qué te hace pensar que siquiera llegarás a enfrentarte conmigo?
Ibuki mantuvo la compostura.
Se dio la vuelta lentamente y comenzó a alejarse junto a su equipo.
—Digamos que ya tengo una estrategia.
Nos vemos, Kuro… Ansío ver el poder del segundo Rey de Arkanum.
Cuando el grupo de Arkam se perdió entre los pasillos del estadio, Igurū suspiró con fastidio.
—Sí que es un idiota.
Kuro se encogió de hombros, sin perder la calma.
—Sí, siempre ha sido así.
Me sorprende que haya llegado a ser el Rey de Arkam.
Igurū asintió con expresión seria, luego giró hacia los suyos, recobrando el liderazgo.
—Dejando ese tema de lado… Recuerden darlo todo en esta pelea.
El prestigio de nuestra academia está en juego.
Su mirada se volvió más firme, como si ya visualizara la batalla.
—Activen sus Reikens solo cuando salgan a pelear.
No desperdicien energía innecesariamente.
Todos asintieron al unísono, con rostros decididos y listos para entrar en acción.
Igurū dio un paso al frente, mirando uno a uno a sus compañeros.
—Les deseo suerte a todos… Aunque estoy seguro de que no la necesitarán.
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