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REIKENS - Capítulo 19

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  4. Capítulo 19 - 19 Capítulo 17 El Despertar del Lobo Negro
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19: Capítulo 17 El Despertar del Lobo Negro 19: Capítulo 17 El Despertar del Lobo Negro La presión que emanaba del cuerpo de Kuro era aplastante.

Cada centímetro del estadio temblaba, y los espectadores apenas podían mantenerse en pie.

Incluso los propios maestros se miraban con rostros tensos, murmurando entre ellos.

—¿Qué clase de energía es esta…?

—Es tan… violenta… salvaje… En las gradas superiores, Kaishin observaba la batalla con su expresión habitual: fría, analítica.

Respondió sin apartar la vista del campo de combate.

—¿No es obvio?

Ya la hemos visto antes… en la primera pelea.

Es energía elemental oscura.

Pero sus pensamientos iban más allá de sus palabras.

“Veamos cuál es tu verdadero poder, Kuro.” A su lado, Tsume esbozó una sonrisa, fascinado.

—Esto… esto se va a poner bueno… Desde la entrada a la arena, Sukasa, Hino y Kaiyō sentían esa energía envolvente.

Sus cuerpos temblaban, no solo por el poder… sino por el aura inhumana que lo acompañaba.

Solo Igurū y Remy no parecían alterados.

Ambos sonreían.

Una mezcla de alivio… y orgullo.

—Ahora sí… comienza la verdadera batalla —murmuró Igurū, casi como si lo estuviera esperando desde hace mucho.

*** En el campo, Kuro avanzó.

Un paso… Otro paso… Y de pronto… Desapareció.

Un parpadeo después, estaba justo detrás de Ibuki, su espada negra alzada, lista para cercenar su cuello.

Ibuki apenas logró reaccionar.

Por puro instinto, giró y levantó su espada, bloqueando el filo de Kuro a centímetros de su garganta.

Pero al mirar de cerca… Los vio.

Esos ojos.

Vacíos.

Inertes.

Como los de un cadáver… o algo peor.

Y de inmediato, algo en su memoria se activó.

Un recuerdo oscuro.

Enterrado.

Intentó atacar, pero Kuro ya se había desvanecido.

Como un fantasma.

Como una sombra.

—¿Se encuentra bien, señor?

—preguntó Komori, corriendo hacia él.

Ibuki sostenía su Reiken con fuerza.

Temblaba.

Pero no de miedo.

De rabia.

—Esos ojos… —murmuró entre dientes—.

Esos malditos ojos… es como aquella vez… Ibuki seguía mirando al frente, pero su voz brotó como un veneno contenido.

—Mátenlo… —¿Señor?

—repitió Komori, sorprendido.

Ibuki giró con furia.

—¡¡Quiero que lo maten!!

¡¡Que no vuelva a levantarse jamás!!

Al instante, todos los guerreros de Arkam —incluso aquellos que Kuro ya había derrotado— se alzaron nuevamente.

Se movieron al unísono.

Cinco Reikens.

Corrieron hacia Kuro con toda su fuerza, rodeándolo desde todos los ángulos.

Solo Ibuki permaneció quieto… Observándolo con unos ojos cargados de ira pura.

Kuro levantó su Reiken, y un sonido metálico cortó el aire como un trueno seco.

En el instante siguiente, todos los guerreros de Arkam que se habían lanzado contra él se detuvieron en seco.

Una línea roja se dibujó en sus pechos.

Explosiones de sangre brotaron al mismo tiempo.

Uno por uno, cayeron como muñecos sin cuerdas, tiñendo el suelo alrededor de Kuro de escarlata.

Él no dijo nada.

Solo avanzó un paso más, con la mirada fija en Ibuki.

Ibuki tragó saliva y levantó su espada.

—No creas que acabar conmigo será tan fácil, imbécil.

Cargó hacia Kuro a gran velocidad, rugiendo con furia.

Pero antes de alcanzarlo… Kuro desapareció.

Un instante después, reapareció detrás de él y le acertó una poderosa patada en la espalda.

Ibuki salió disparado y chocó contra la barrera que protegía la arena.

Se levantó con dificultad, tambaleándose.

—I-infeliz… —murmuró con los dientes apretados.

Pero Kuro no le dio tregua.

Volvió a lanzarse contra él con una serie de ataques feroces.

Ibuki apenas podía bloquearlos.

Una, dos, tres veces… hasta volverse un torbellino de acero y chispas.

Saltaban de un lado a otro, rebotando contra el suelo, contra la barrera.

Era como ver dos rayos enfrentarse en plena tormenta.

Pero no era una pelea pareja.

Ibuki sudaba, jadeaba, retrocedía.

Cada defensa le costaba.

Cada ataque era repelido con facilidad.

Kuro, en cambio… parecía estar jugando.

Se movía como una sombra.

Bloqueaba con una sola mano.

Atacaba con el Reiken, con los pies, con el codo, con todo su cuerpo.

Era como ver a una hoja danzar en medio de un vendaval: impredecible.

letal.

imposible de alcanzar.

*** Desde la entrada, Kaiyō observaba en silencio… hasta que algo hizo clic en su mente.

—Espera… claro… ahora lo recuerdo… —¿Qué pasa, Kaiyō?

—preguntó Sukasa, intrigada.

Kaiyō apretó los puños, con expresión seria.

—Hace un tiempo, vi en las noticias algo sobre un Reiken del ejército.

Decían que acabó con dos demonios en un solo día… Sus ojos se abrieron al unir las piezas.

—Ese Reiken… era el Reiken del Lobo.

—¿Del ejército?

—preguntó Hino, asombrada.

—Así es.

Y no solo eso… Ese mismo Reiken alcanzó el récord más alto de Akumas exterminados en una sola campaña.

Lo apodaron: “Demon Slayer”.

Sukasa y Hino no podían creer lo que acababan de escuchar.

—¿Ese Reiken… del ejército?

—murmuró Hino, con los ojos muy abiertos.

—Pero Kuro… ¡apenas está en tercer año de academia!

—agregó Sukasa.

Ambas observaron a Igurū, quien seguía de pie en la entrada con los brazos cruzados, sonriendo tranquilamente mientras contemplaba la batalla.

*** En el campo, el choque entre Kuro e Ibuki continuaba sin respiro.

Ibuki, irritado, comenzó a lanzar ráfagas de fuego con su Reiken.

Explosiones de calor y luz estallaron a su alrededor.

Pero Kuro seguía avanzando, desviando cada ataque como si fueran hojas secas en el viento.

—Tch… esto es malo… —pensó Ibuki, jadeando—.

Si esto sigue así… voy a perder.

Entonces, algo captó su atención.

Komori, desde el suelo, intentaba levantarse, tambaleándose.

Una sonrisa torcida se dibujó en el rostro de Ibuki.

—Perfecto… —¡Komori!

—gritó—.

¡Reúne toda la energía de los demás y transfiéremela!

El joven guerrero alzó la mirada, con el rostro pálido.

—¿P-pero, señor?

¡Eso es muy peligroso!

Su cuerpo no podrá soportarlo… —¡Hazlo ahora!

—rugió Ibuki—.

¡No puedo permitirme perder!

¡Y menos contra él otra vez!

Komori apretó los dientes.

Se agarró la herida del pecho, respiró hondo… y obedeció.

Sus ojos brillaron con una luz púrpura, mientras comenzaba a absorber la energía de sus compañeros caídos… incluso la suya propia.

Una corriente poderosa fluyó directo hacia Ibuki, envolviéndolo como una tormenta de fuego y rabia.

—¡Sí…!

—gritó Ibuki—.

¡Esto es lo que necesitaba!

Su cuerpo ardía con poder.

La energía corría por sus venas como lava viva.

Sin esperar más, se lanzó hacia Kuro a una velocidad que superaba todo lo anterior.

Kuro entreabrió los ojos, sorprendido… Pero incluso así, logró bloquear el ataque sin perder la compostura.

—¿Qué pasa?

—dijo Ibuki, jadeando con una sonrisa torcida—.

¿Te sorprendí?

Pero Kuro no respondió.

Solo lo observó.

Con esos malditos ojos vacíos.

—¡Te borraré esa estúpida mirada del rostro!

—gritó Ibuki, desencajado.

Comenzó a lanzar múltiples cortes de fuego con velocidad y precisión frenética.

Cada uno cortaba el aire como una cuchilla ardiente.

Kuro los esquivaba con movimientos rápidos, aunque ahora se notaba que empezaba a costarle un poco más.

La energía de Ibuki seguía creciendo.

Aun así, Kuro no parecía preocupado.

Retrocedió dando una voltereta, se deslizó por el suelo, y cambió de postura.

Su silueta se irguió… Y adoptó una posición mucho más ofensiva.

*** Desde la entrada, Igurū rió con suavidad.

Sukasa, Kaiyō y Hino lo miraron con sorpresa ya que no era común verlo reír.

—Veo que… ahora sí vas a pelear en serio, ¿eh, Kuro?

*** En el campo, ambos guerreros se lanzaron al mismo tiempo.

Las espadas chocaron con una fuerza brutal.

El sonido metálico resonó como truenos.

Cada golpe hacía temblar la arena.

Cada impacto levantaba nubes de polvo y fuego.

Los espectadores apenas podían seguir el combate.

Hasta que, de pronto… los vítores regresaron.

Como una ola creciente.

Como un rugido que sacudía el estadio.

—¡Vamos, Kuro!

—¡Increíble!

¡Esto es una locura!

—¡Esta es la mejor pelea que he visto en mi vida!

Ambos combatientes se atacaban sin tregua, sin un solo segundo de descanso.

Chispas saltaban en cada choque de espadas, pero Kuro seguía dominando el ritmo del combate.

Con cada intercambio, iban apareciendo cortes leves en el cuerpo de Ibuki, quien los ignoraba por completo, como si el dolor no existiera.

—¡Vamos, Lobo Negro!

—rugió Ibuki con furia—.

¡Muéstrame tu verdadero poder!

Alzó su espada al cielo y gritó: —¡Cerberus Bite!

Desde su Reiken emergieron tres enormes mandíbulas de fuego, rugientes y feroces, que se lanzaron directamente hacia Kuro.

Pero Kuro no se inmutó.

Cargó su espada con energía oscura y, con un solo movimiento fluido, lanzó tres tajos negros que cortaron de lleno el ataque de Ibuki, haciendo estallar las llamas en el aire.

—¿Eso es todo?

—murmuró.

Ibuki sonrió con malicia.

—Claro que no… Dos figuras de fuego comenzaron a formarse a su lado.

—¡Cloning!

—exclamó.

Ahora eran tres Ibukis, todos con la misma mirada decidida, cargando contra Kuro desde diferentes direcciones.

Pero Kuro no se impacientó.

También se lanzó al ataque, enfrentando a los tres con velocidad y precisión.

Su espada danzaba como una sombra viviente.

Esquivaba, bloqueaba, contraatacaba.

Sus movimientos eran fluidos, limpios, como si estuviera anticipando cada acción de sus enemigos.

La euforia del público alcanzaba niveles desbordantes.

Los gritos, aplausos y vítores retumbaban por todo el estadio.

Desde las gradas, Tsume también se encontraba entusiasmado.

—¡Esto es increíble!

¡Nunca me había divertido tanto viendo una pelea!

—¿Tú qué opinas, Kaishin?

Kaishin no respondió.

Permanecía serio, con los brazos cruzados.

Pero en su interior, pensaba: “Me sorprende lo mucho que has mejorado… mocoso.” *** Ibuki apretó los dientes mientras su energía seguía aumentando.

—¡Probaré algo nuevo!

Extendió sus manos y creó aún más clones, todos hechos de fuego, que se abalanzaron sobre Kuro desde todas las direcciones.

Pero Kuro simplemente cerró los ojos por un instante.

—Wolf Charge… Y en un abrir y cerrar de ojos, se movió con una velocidad tan brutal que destruyó uno a uno a todos los clones, cortándolos por la mitad como si fueran humo.

Ibuki apenas logró entreabrir los ojos antes de que Kuro se le apareciera frente a frente.

—¿¡Qué…!?

Un corte cruzó su abdomen con fuerza, haciéndolo escupir sangre.

Antes de que pudiera reaccionar, Kuro le propinó una patada en la mandíbula que lo lanzó por los aires, chocando con fuerza contra la barrera de protección.

Mientras caía, solo pudo pensar: “Maldito…” Pero entonces, lo sintió.

Su cuerpo comenzó a dolerle.

Los músculos temblaban, las venas ardían, su visión se distorsionaba.

“Con que… este es mi límite, ¿eh?” Apretó los puños, lleno de rabia.

—¡NO!

¡AÚN NO HE TERMINADO!

Con un grito desgarrador, reunió toda su energía restante en la punta de su Reiken.

Una esfera de fuego comenzó a formarse, creciendo y creciendo, hasta alcanzar un tamaño colosal.

Era tan intensa que la barrera mágica del estadio se deformó, intentando contener la presión y evitar que el poder escapara y dañara a los espectadores.

—¡Este es tu fin, Rey de Arkanum!

¡GATE OF THE UNDERWORLD!

Kuro observó en silencio cómo la gigantesca esfera de fuego se dirigía hacia él.

Pero por primera vez desde que invoco su Reiken… sonrió.

El brillo volvió a sus ojos.

Llevó su Reiken a un costado, como si preparara el último tajo.

Su cuerpo comenzó a iluminarse con una luz púrpura oscura, vibrando con fuerza que resquebrajo la parte de la arena donde se encontraba parado.

—Howl of the Wolf… Un rugido salió de su garganta al tiempo que un rayo de energía púrpura oscura emergía de su espada y chocaba de frente contra la esfera de fuego.

El impacto fue descomunal.

La energía liberada sacudió todo el estadio.

El suelo temblaba.

La barrera comenzó a agrietarse.

Rayos de fuego y oscuridad se esparcían en todas direcciones.

Ambos guerreros seguían empujando con todo su poder, sin ceder ni un solo paso.

El choque de sus energías sacudía el aire, pero Ibuki comenzaba a flaquear.

Su cuerpo ya no podía seguir el ritmo.

Kuro lo notó.

Cerró los ojos por un instante y pensó: “Me sorprende lo fuerte que te has vuelto, Ibuki… Pero esta pelea… termina ahora.” Gritó con fuerza, liberando un último impulso de poder.

Su energía oscura se intensificó, envolviéndolo por completo mientras comenzaba a empujar la gigantesca esfera de fuego de Ibuki de vuelta hacia su creador.

Ibuki temblaba, usando hasta la última gota de fuerza para resistir.

“No… no puedo perder otra vez…” Pero era inútil.

La fuerza de Kuro lo superaba.

“Así que… esta es… La verdadera fuerza… del segundo Rey de Arkanum…” Entonces ocurrió.

Una gran explosión sacudió toda la academia.

El cielo tembló, y la barrera protectora se resquebrajó con un crujido ensordecedor… hasta romperse en mil fragmentos.

Desde la entrada, Igurū reaccionó de inmediato.

—¡Ven a mí… Reiken del Oso Polar!

Una brillante luz blanca envolvió su cuerpo, formando una armadura con detalles azules y una majestuosa espada de mango níveo y filo cristalino como el hielo eterno.

—¡Cubo de Hielo!

Un inmenso bloque de hielo se formó rodeando la zona del impacto, intentando contener la explosión final.

Pero ni siquiera eso fue suficiente.

El hielo se rompió.

El cubo estalló en miles de fragmentos que se disolvieron en una nevada lenta y silenciosa, que comenzó a caer sobre la arena como si el mismo invierno hubiera sido invocado.

El público miraba, maravillado por el espectáculo… pero pronto sus ojos se dirigieron al centro de la arena, ahora completamente destruida.

Polvo, humo y escombros lo cubrían todo.

Hasta que, lentamente, dos figuras comenzaron a vislumbrarse entre la bruma.

Ambos de pie.

Ambos cubiertos de heridas.

Sus armaduras… hechas trizas.

Kuro respiraba con dificultad, apoyado sobre su Reiken.

Sus rodillas temblaron… y cayó al suelo, sosteniéndose con una mano.

Silencio total.

Y de pronto… Kuro comenzó a reír.

Una risa suave, cargada de alivio… de victoria.

El público lo miró, atónito.

Ibuki dio un paso hacia él, tambaleante, con la mirada calmada.

Esbozó una débil sonrisa.

—Has triunfado… Lobo Negro.

Y sin más, cayó inconsciente al suelo.

El maestro Geki levantó una mano en alto.

—¡El combate ha terminado!

¡El ganador es el segundo Rey de Arkanum… Kuro Akemi!

Una ola de vítores y gritos recorrió toda la arena.

Los aplausos retumbaban como truenos, sacudiendo los cimientos del coliseo.

Geki se acercó lentamente a Kuro y, con una sonrisa orgullosa, le dio una palmada en la espalda.

—¿Oyes eso?

Es por ti… Ahora no hagas esperar a tus fans… Kuro levantó la vista, sonrió y, con las pocas fuerzas que le quedaban se puso de pie, alzando su Reiken al cielo, proclamó su victoria.

El rugido del público fue ensordecedor.

En ese momento, el Lobo Negro no solo se había ganado un título… Se había ganado el respeto del mundo entero.

Mientras su Reiken se desvanecía, Igurū sonrió con orgullo.

—Lo hiciste bien, Kuro… En las gradas, todos los maestros se pusieron de pie y aplaudieron con respeto.

Entre ellos, dos sonrisas sobresalían por encima del resto: Kaishin y Tsume, quienes lo observaban con genuino orgullo.

Kuro intentó mantenerse de pie, pero su cuerpo ya no respondía.

Tambaleó unos pasos… y cayó de rodillas.

—Creo que me quedé sin energía… jajaja —murmuró antes de desplomarse por completo.

—¡Rápido!

—ordenó Igurū al instante—.

¡Traigan camillas para todos los combatientes!

—¡Sí, señor!

—respondieron los paramédicos, corriendo hacia la arena.

Mientras atendían a los heridos, uno de ellos murmuró sorprendido: —Vaya… eso fue brutal.

Me sorprende que sigan con vida después de semejante explosión.

Tuvieron suerte.

Ibuki, acostado sobre una camilla, los oyó… y pensó en silencio: “No fue suerte…

Al último segundo… Kuro desvió mi ataque hacia la barrera.

Si no lo hubiera hecho… yo habría muerto.” Sus ojos se cerraron por un instante, y como si una represa se rompiera, múltiples recuerdos comenzaron a pasar por su mente: “Siempre me enseñaron que la fuerza lo era todo.

Que si no eres fuerte… no eres nadie.

Hasta que conocí a ese niño…” Una imagen clara emergió de su memoria: “Un chico sin ningún elemento, sin privilegios… pero que entrenaba más duro que cualquiera.

Le pregunté por qué lo hacía… y su respuesta me desconcertó.” —Quiero convertirme en un Reiken.

“Lo encontré ridículo.

¿Cómo alguien como él podría siquiera soñar con ser un Reiken?

Por eso… le hice la vida imposible.

Quería que abandonara ese sueño estúpido…” Una sombra de vergüenza cruzó por su rostro.

“Pero fue ese mismo niño… quien me derrotó en un combate uno a uno.

Luego desapareció.

Durante años salí a entrenar día y noche, con la esperanza de volver a encontrarme con él… Y hoy, lo ha vuelto a hacer.” Justo cuando pasaron junto a la camilla de Kuro, Ibuki giró el rostro apenas un poco… y murmuró en voz baja: —Gracias… Kuro.

Kuro, aún consciente pero exhausto, escuchó el susurro.

Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.

—No hay de qué… Ibuki.

Igurū caminó lentamente hacia Kuro, quien yacía recostado sobre una camilla.

—Te ves terrible.

—Cállate —gruñó Kuro con una sonrisa cansada.

—Esto no habría pasado si hubieras usado tu Reiken desde el principio —continuó Igurū, con ese tono tan suyo, entre serio y burlón.

—Vaya, tú sermoneándome…

—resopló Kuro—.

Pero esta vez no lo negaré… tienes razón.

—Eso me alegra.

Igurū se arrodilló junto a él y colocó una mano sobre su pecho.

Una energía gélida comenzó a emanar de su palma.

Kuro se estremeció al instante, retorciéndose ligeramente por el frío.

—¡Oye!

¡Eso duele, detente!

—Esto ayudará a bajar la inflamación.

Aguanta un poco.

¡Llévenselo!

—ordenó luego a los paramédicos.

—Cuando salga de la enfermería… te voy a dejar peor que a mí —masculló Kuro entre dientes.

Ya en camino hacia la salida de la arena, Kaiyō, Hino y Sukasa los esperaban.

Sukasa estaba notablemente nerviosa, y tras un leve empujón de Hino, apenas logró balbucear: —Mmm… bueno… y-yo… g-gra… gracias… Kuro soltó una carcajada.

—¿A eso le llamas un agradecimiento?

Lo mínimo que podrías decir es: “Gracias, gran Rey Kuro, estoy muy agradecida por su heroica ayuda… y perdón por gritarle desde la entrada en toda la batalla con mi molesta voz”.

—¡Eres un idiota!

—espetó Sukasa, alzando el puño.

Intentó golpearlo, pero Hino la detuvo a tiempo.

—¡Ya, cálmate Sukasa!

—¡Suéltame, Hino!

Esta vez seré yo quien intente matar a este idiota.

—Sí, sí… como digas, chica problema —respondió Kuro—.

Por favor, sigamos… esa voz ya me está irritando.

A pesar de la escena, mientras se alejaban entre bromas y gritos, Kuro sonrió con suavidad.

—Parece que este año… será más largo de lo que pensé.

En el centro de la arena, Isein tomó nuevamente el micrófono, su voz potente y clara resonó por todo el coliseo.

—¡Qué batallas hemos presenciado hoy, damas y caballeros!

Y gracias a este resultado… ¡la Academia Arkanum sigue invicta!

Una explosión de vítores y aplausos sacudió las gradas.

—Yo, Isein, uno de los Cuatro Jotas de Arkanum, doy por concluido el desafío entre la Academia Arkanum y la Academia Arkam.

El bullicio se intensificó, retumbando por toda la academia, sin que nadie sospechara lo que estaba por venir… *** En algún rincón oculto de la ciudad, en una oscura oficina iluminada solo por pantallas y radares, un hombre observaba la transmisión mientras bebía café.

—Eso fue increíble… parece que los futuros Reikens serán muy poderosos… Pero justo en ese momento, algo en uno de los radares llamó su atención.

Varios puntos rojos —indicadores de Akumas cercanos— desaparecieron de golpe.

El hombre casi se atragantó con el café.

Dejó la taza a un lado y tomó con urgencia su radio.

—Base de control, aquí radar.

Los Akumas que estaban en los alrededores… han desaparecido.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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