REIKENS - Capítulo 21
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- Capítulo 21 - 21 Capítulo 19 El Arte de la Espada
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21: Capítulo 19 El Arte de la Espada 21: Capítulo 19 El Arte de la Espada Kuro se mantenía de pie al frente del área de entrenamiento, observando con atención a los nuevos estudiantes que formaban una fila horizontal frente a él.
La tensión era evidente.
Algunos tragaban saliva, otros lo miraban como si fuera una leyenda viviente.
Todos estaban nerviosos… menos Sukasa, que lo miraba como si lo quisiera lanzar por la ventana…
otra vez.
Con los brazos cruzados y una expresión seria, Kuro dio un paso al frente.
—Muchos de ustedes se preguntarán por qué yo seré su maestro hoy… Todos los ojos se clavaron en él.
—La verdad… —continuó con tono solemne— es porque no tuve opción.
La seriedad se desvaneció en un segundo cuando se rascó la nuca con una sonrisa despreocupada.
La mayoría lo miró con incredulidad; incluso Sukasa arqueó una ceja con una mezcla de desconcierto y molestia.
—El maestro Geki me pidió de favor que lo reemplazara hoy.
Me dijo que tenía un asunto importante fuera de la academia, y como son de primer año, solo les tocaría lo básico.
Así que no hay problema, ¿verdad?
Sukasa susurró con sarcasmo: —No hay problema, dice… Este tipo… —¿Decías algo, chica problema?
—preguntó Kuro desde la distancia, sin siquiera mirarla.
—¡N-Nada!
—Sukasa se sobresaltó—.
¡Idiota…!
Kuro ignoró su comentario y se dirigió con tranquilidad a un contenedor de madera en la esquina del gimnasio.
Lo abrió y sacó una espada de práctica, hecha de madera pulida.
—Pero antes de comenzar con la técnica, vamos a hacer unos estiramientos.
No quiero que nadie se lesione en su primera clase conmigo —dijo, y luego señaló con la espada hacia el grupo—.
Formen parejas de dos y empiecen.
Lo que sepan está bien.
Mientras los estudiantes comenzaban con estiramientos improvisados, Kuro se dejó caer con elegancia en una colchoneta contra la pared… y sacó un paquete de snacks de su bolsillo.
—¿En serio…?
—susurró Sukasa con frustración mientras se estiraba con Hino—.
Ni siquiera explicó qué estiramientos hacer.
¿Qué tipo de profesor es este?
—Tal vez está evaluando lo que ya sabemos —intentó suavizar la situación Hino.
—Sí, claro.
Y tal vez también está probando cuál snack combina mejor con el aburrimiento —gruñó Sukasa mientras lo observaba masticar despreocupadamente.
Desde su rincón, Kuro miró su reloj de muñeca y suspiró internamente.
“Clases hasta el almuerzo… Qué fastidio.
Podría estar en la cafetería de la señora Fukuko probando esos nuevos fideos picantes…” Tras unos minutos de “calentamiento”, Kuro se levantó estirándose como si él mismo recién despertara.
—¡Muy bien, eso es suficiente!
—anunció, alzando la voz—.
Ahora, cada uno tome una espada de madera del contenedor y colóquense frente a su pareja.
Los alumnos obedecieron rápidamente, algunos con nerviosismo, otros con emoción.
Kuro se ubicó frente a ellos con su espada, moviéndola lentamente para demostrar los pasos.
—Lo que vamos a practicar es lo siguiente: uno de ustedes atacará primero.
Dos movimientos: de arriba hacia abajo, y luego de derecha a izquierda.
Ambos ataques deben hacerse con ambas manos.
No es necesario usar toda su fuerza, solo quiero que entiendan el movimiento.
Los estudiantes lo miraban atentamente.
—El compañero que reciba el ataque, deberá bloquear con ambas manos también.
En el primer movimiento, el defensor avanzará dos pasos.
En el segundo, retrocederá dos pasos.
Y repitan todo eso… hasta que se acabe la hora.
—¿¡QUÉ!?
—exclamaron varios al mismo tiempo, incluyendo Sukasa.
—Muy bien, ¡comiencen!
—dijo Kuro con una sonrisa maliciosa mientras se retiraba unos pasos, cruzando los brazos para observar.
Por un momento, el gimnasio quedó en completo silencio.
Todos se miraron entre sí, sin saber si lo que Kuro había dicho iba en serio o era otra de sus bromas.
—¿Vamos, qué esperan?
—dijo Kuro alzando las manos con una sonrisa despreocupada—.
No tengo todo el día.
Finalmente, los estudiantes comenzaron a moverse y tomaron posición como se les había indicado.
Uno a uno comenzaron a practicar los movimientos con torpeza: algunos no sujetaban bien la espada de madera, otros la dejaban caer por accidente… incluso un par de ellos ya estaban peleando como si fuera un juego.
Mientras tanto, Kuro los observaba desde un rincón, sentado cómodamente y comiéndose su snack como si estuviera viendo una comedia.
Sukasa, frustrada por el desinterés general y la actitud pasiva del “profesor”, murmuró entre dientes mientras practicaba con Hino: —Este idiota… Se está burlando de todos… Pero si son problemas lo que quiere, problemas tendrá.
—Sukasa, espera… —Hino intentó detenerla al notar cómo su compañera dejaba la práctica y se dirigía directo hacia Kuro con paso firme y los ojos ardiendo de determinación.
Sukasa alzó su espada de madera y la apuntó hacia él con fuerza.
—¡Kuro Akemi!
Te desafío por el puesto de Rey de Arkanum.
El aire se congeló.
Un silencio denso cayó sobre el gimnasio.
Todos los estudiantes dejaron de moverse al instante, boquiabiertos por el repentino y temerario desafío.
Kuro levantó la vista con una ceja arqueada y un trozo de snack aún en la boca.
Se lo tragó con calma y se puso de pie, sacudiéndose las migas de su gabardina.
—Hmmm… Ya saben que los desafíos se hacen en privado, ¿verdad?
—suspiró—.
Pero bueno, haré una excepción… con tres condiciones.
Todos se inclinaron un poco hacia adelante, atentos.
—Primero, solo usaremos estas espadas de madera.
Segundo, nada de energía elemental.
Tercero, el primero en recibir cinco golpes… pierde.
—Kuro sonrió—.
No quiero que nadie acabe en la enfermería en mi primer y único día como maestro.
Geki me mataría.
—Acepto —dijo Sukasa con firmeza, sin quitarle la vista de encima.
—Perfecto.
Kuro se dirigió al centro del gimnasio y adoptó una postura recta y elegante, con una mano atrás y la espada al frente, apuntando ligeramente hacia abajo.
—Vamos, chica problema… ¿qué esperas?
—¡Idiota!
—espetó Sukasa, y se lanzó contra él con furia.
Su primer espadazo fue veloz, pero Kuro lo bloqueó con facilidad, como si hubiera anticipado cada movimiento.
Sukasa no se detuvo, atacó una y otra vez con una fuerza y rapidez que sorprendieron a muchos… pero Kuro seguía bloqueando todos los ataques con tranquilidad absoluta, usando los mismos movimientos que había enseñado minutos antes.
—Vaya que eres fuerte —comentó mientras sonreía con calma—.
Pero aún te hace falta mucho entrenamiento.
Entonces fue él quien tomó la ofensiva.
Con una velocidad controlada, Kuro empezó a presionar a Sukasa con una serie de ataques precisos.
Ella intentó defenderse, retrocediendo con torpeza, pero cada espadazo encontraba su camino.
Uno… dos… tres… cuatro… hasta que en el quinto, la punta de la espada de Kuro se detuvo justo en su garganta.
—¿Y bien?
¿Te rindes?
—preguntó, aún con esa sonrisa confiada.
Sukasa apretó los dientes, temblando ligeramente por la frustración.
—M-m… me rindo… —susurró, bajando la espada.
Todos se quedaron en silencio.
Nadie podía creer lo que acababan de ver.
La mayoría se esperaba una batalla pareja, pero Kuro había ganado con una facilidad aplastante.
Kuro giró la espada en su mano y se la apoyó en el hombro.
—Por si no se dieron cuenta… —dijo, mirando al resto de la clase—.
Usé los mismos movimientos que les enseñé al principio para defenderme.
Cosa que tú no hiciste, chica problema.
Sukasa alzó la vista, aún sorprendida, mientras recordaba cómo los cinco golpes le habían dado justo en los ángulos que Kuro había explicado que debían protegerse.
—Si hubieras seguido las instrucciones, probablemente ni un espadazo te habría alcanzado —agregó él con tono serio, aunque sin dejar de sonreír.
Sukasa no dijo nada.
Solo bajó la cabeza, apretando la empuñadura de su espada mientras el orgullo herido le hervía por dentro.
Kuro caminó al centro del gimnasio mientras giraba su espada de madera con una sola mano, como si fuese una simple rama.
Su mirada recorría a los alumnos con calma, pero con una presencia que imponía respeto.
—Muchos creen que, al blandir una espada, lo único que importa es el ataque —comenzó a decir, con tono firme—.
Pero eso es un error grave.
Los estudiantes lo observaban con atención.
—Lo primero que deben aprender… lo que deben priorizar, es la defensa.
Una defensa sólida, sin huecos… puede salvarles la vida.
Especialmente a aquellos que no poseen un Reiken como muchos de ustedes.
Nos hemos malacostumbrado a depender de nuestra energía elemental.
Y aunque eso no está mal… ¿qué pasará si se quedan sin energía en una batalla real?
Kuro se detuvo frente a ellos y alzó una ceja, esperando alguna respuesta.
Nadie dijo nada.
—Exacto.
—Continuó—.
No podrán moverse con libertad… estarán agotados… y después de eso… morirán.
Un escalofrío recorrió a algunos estudiantes.
Kuro mantenía su expresión seria.
—Por eso el uso de la espada es obligatorio.
No es solo un símbolo o un adorno para quien llegue a portar un Reiken.
Es su herramienta más confiable cuando todo lo demás falla.
El ataque también es importante, claro.
Pero recuerden esto bien… Una defensa sólida siempre puede vencer a un ataque explosivo.
Hubo un breve silencio, como si todos procesaran sus palabras.
—Bien.
Dicho eso… ¡continúen!
Los estudiantes retomaron el ejercicio, esta vez con una actitud completamente distinta.
Las bromas se apagaron, la torpeza disminuyó, y el ambiente se volvió más enfocado.
Cada pareja se movía con mayor intención, intentando replicar lo que Kuro les había enseñado.
Incluso Sukasa, aunque su orgullo seguía herido, volvió a su lugar y reanudó los movimientos junto a Hino… pero sin quitarle la vista de encima a Kuro.
Él, por su parte, la notó enseguida… y le guiñó un ojo con una sonrisa burlona.
—¡Tsk!
¡Idiota…!
—gruñó ella, apretando los dientes mientras aumentaba la fuerza de sus golpes.
—¡Ah!
—agregó Kuro mientras se estiraba los brazos—.
Si sienten que el ejercicio se les hace muy fácil… ¡aumenten la intensidad!
—¡Sí, señor!
—respondieron todos al unísono.
Entonces, una voz se alzó entre los alumnos.
—¡Rey Kuro!
¿Puedo hacerle una pregunta?
—Claro —dijo él, girándose con curiosidad.
—Ayer, en el desafío entre academias… muchos nos preguntamos… ¿por qué no usó su Reiken?
—¡Sí, es cierto!
—añadió otro estudiante.
—¡Yo también me lo pregunté!
—dijo un tercero.
Kuro rió un poco por lo bajo y se cruzó de brazos.
—Bueno… la verdad es que nunca he dependido de mi Reiken para combatir.
Aunque no voy a negar que Ibuki me obligó a usarlo ayer… —¿Y si es así, por qué no usó su elemento?
—preguntó otro.
—Ah, eso… —Kuro se acomodó el cabello y rascó la nuca con aire despreocupado—.
¿Recuerdan cuando Ibuki me llamó anormal?
Todos asintieron.
—Pues tenía razón.
Antes no poseía un elemento.
Usé eso como una ventaja, una distracción… para que el Reiken del murciélago no pudiera absorber mi energía elemental.
—¡Ah!
¡Eso tiene sentido!
—dijo uno de los estudiantes.
—Aunque… muchos notamos que la energía del murciélago era diferente a la suya, señor.
—Sí… —añadió otro—.
Se sentían… distintas.
Kuro sonrió.
—Eso es porque existen muchos tipos de energía elemental oscura.
Uno de los alumnos levantó la mano de forma impulsiva.
—¡¿Podría decirnos cuáles son?!
¡Por favor!
Kuro se llevó una mano al mentón, pensativo.
—A ver, ¿cómo me lo explicó ese idiota…?
—murmuró para sí—.
Creo que era así… Todos prestaron atención.
—Existen ocho elementos en este mundo: Agua, Tierra, Fuego, Aire, Rayo, Hielo, Luz… y Oscuridad.
Pero solo cinco se consideran elementos primordiales: Agua, Tierra, Fuego, Aire y Luz.
Hizo una pausa para asegurarse de que todos siguieran el ritmo.
—El elemento Oscuridad es, por así decirlo, una versión corrupta de estos elementos.
Cada uno tiene su contraparte oscura: Del Agua… surge el Veneno.
De la Tierra… la Gravedad.
Del Fuego… el Fuego Espectral.
Del Aire… la Niebla.
Y del elemento Luz… nace la Materia Oscura.
Los estudiantes escuchaban con asombro, algunos incluso tomaban notas improvisadas en sus libretas o en el aire con los dedos.
—El tipo de energía del murciélago que enfrentamos ayer era Niebla Oscura, mientras que la mía… es Materia Oscura.
Dos fuentes distintas… dos naturalezas diferentes.
Hubo un nuevo silencio, pero esta vez de admiración.
La mayoría apenas comprendía la magnitud de lo que acababan de aprender.
—Disculpe… ¿Y qué hay de los elementos Rayo y Hielo?
—preguntó otro estudiante con curiosidad.
—Buena pregunta —respondió Kuro mientras estiraba los brazos—.
Esos dos son considerados elementos avanzados.
El Rayo proviene del Fuego, y el Hielo proviene del Agua.
Antes eran muy raros de ver, pero hoy en día ya no tanto… por eso se les añadió a la lista de elementos más comunes, aunque técnicamente no son primordiales.
Todos lo escuchaban atentos, tomando en cuenta cada palabra.
—¿Y hay más elementos avanzados de los otros?
—preguntó uno más.
Kuro asintió levemente.
—Sí, aunque son muy escasos.
Recuerdo que conocí a alguien capaz de dominar el elemento Metal, derivado de la Tierra.
Pero son casos muy raros de ver.
Volvió a adoptar su tono relajado y una sonrisa burlona se dibujó en su rostro.
—¿Qué pasa?
¿Ya se cansaron de entrenar mientras hablábamos?
—¡No, señor!
—gritaron todos al unisonó, ahora con más energía que antes.
Kuro se dejó caer de nuevo en la pared, con los brazos tras la cabeza.
—Vaya… ser maestro es más cansado de lo que imaginaba… El tiempo pasó volando, y la clase terminó.
Todos estaban exhaustos, sudando, pero con sonrisas en el rostro.
—Lo hicieron excelente hoy —dijo Kuro mientras se estiraba—.
Bueno, eso es todo por ahora.
¡Vayan a almorzar!
Y no se olviden de practicar lo que les enseñé.
Los estudiantes comenzaron a salir poco a poco, arrastrando los pies, pero riendo y conversando entre ellos sobre lo divertida y extraña que había sido esta clase.
Mientras tanto, Kuro recogía las espadas de madera que los alumnos habían dejado tiradas por todo el gimnasio.
—Tsk… estos jóvenes de hoy… —murmuró—.
La próxima vez, les enseñaré que el orden también es parte importante del entrenamiento.
Entonces, escuchó una voz familiar detrás de él: —Oye… idiota.
Kuro no necesitó girarse para saber quién era.
—¿Se te ofrece algo, chica problema?
—dijo sin dejar de recoger.
—No me llames así —gruñó Sukasa, algo incómoda.
—Sí, claro.
Entonces, ¿qué quieres?
Sukasa apretó los puños.
Respiró hondo y… se tragó su orgullo.
—H-hoy… me hiciste darme cuenta de que tengo mucho que mejorar.
Si no fuera porque tengo un Reiken, probablemente ni siquiera estaría en esta academia.
Por eso… quería preguntarte si… si podrías enseñarme a usar la espada.
Kuro se detuvo.
La miró en silencio durante un momento… y de repente soltó una carcajada que resonó por todo el gimnasio.
—¿De qué te ríes, idiota?
—¡Perdón, perdón!
—dijo entre risas—.
Es que me hiciste recordar algo del pasado… Está bien, te enseñaré.
Sukasa parecía sorprendida, aunque se cruzó de brazos con desconfianza.
—Pero quiero algo a cambio.
—¿Qué cosa?
Kuro desvió la vista hacia su escote de forma descarada.
¡PUM!
Sukasa le soltó un golpe directo a la barbilla que lo mandó volando unos metros.
—¡¡Pervertido!!
—¡Aaah!
Fue un reflejo… ¡es un maldito reflejo!
—dijo sobándose mientras se ponía de pie con dificultad—.
Está bien, está bien… eso no era en serio.
—¡Más te vale!
Kuro se incorporó con una sonrisa traviesa.
—Lo que realmente quiero… es que me llames por mi nombre.
—¿Qué?
—Sí.
Solo dime “Kuro”.
Anda… dilo.
—K-ku… ku… ¡No puedo!
¡Pídeme otra cosa!
¡Idiota!
Kuro soltó una leve carcajada.
—Pensaré en algo más tarde.
Pero por ahora, nuestras clases comienzan mañana, aquí mismo.
Sukasa chasqueó la lengua.
—Y deja de llamarme chica problema.
—Sí, sí… como digas.
Kuro se giró para guardar la última espada mientras murmuraba con resignación: —“Parece que este año… sí será demasiado largo”.
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