Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

REIKENS - Capítulo 23

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. REIKENS
  4. Capítulo 23 - 23 Capítulo 21 Sin Escape
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

23: Capítulo 21 Sin Escape 23: Capítulo 21 Sin Escape Remy guiaba a todos los estudiantes por los pasillos, intentando mantener el orden mientras una multitud aterrorizada corría hacia los refugios subterráneos de la academia.

—¡Es por aquí, deprisa!

—gritó mientras empujaba la puerta hacia una sala segura.

“Maldición…

a este paso, los Akumas llegarán antes de que todos estén a salvo.” En medio del caos, una voz familiar la llamó desde la distancia: —¡Remy!

Era Sukasa, acompañada por Hino.

Ambas corrían entre la multitud, visiblemente aliviadas al verla.

—¡Sukasa!

¡Hino!

—Remy corrió hacia ellas y las abrazó—.

Me alegra verlas bien… Estaba muy preocupada por ustedes.

—¿Qué está pasando?

—preguntó Hino, jadeando.

—Si estoy en lo cierto… la ciudad está bajo ataque —respondió Remy con seriedad.

—¿Bajo ataque?

—repitió Sukasa, incrédula.

—Así es.

Esa alarma que sonó… Alguien o algo logró atravesar la barrera.

—Pero…

¡se supone que nadie puede entrar!

—dijo Hino confundida.

—Lo sé… pero parece que ocurrió algo.

Tal vez la barrera fue… Remy se interrumpió bruscamente.

Una energía maligna se acercaba lentamente.

Su cuerpo se tensó.

De entre las sombras, emergió una figura humanoide con una sonrisa burlona.

Tenía dos cuernos negros curvos sobresaliendo de su frente y ojos rojos brillando con sadismo.

—Vaya, vaya…

—dijo con voz burlona—.

Miren lo que tenemos aquí…

¿Qué hacen tres hermosas señoritas solas en un lugar tan peligroso?

Remy dio un paso al frente, poniéndose entre el demonio y las chicas.

Alzó su brazo con decisión: —¡Ven a mí, Reiken del Leopardo!

Chispas eléctricas comenzaron a surgir de su mano, pero fueron apenas unos destellos.

Nada ocurrió.

Remy abrió los ojos con sorpresa.

—¿Qué…?

¿Por qué no funciona?

El demonio soltó una carcajada.

—Es inútil.

—Dio un paso más cerca—.

Gracias a la nueva barrera, sus energías elementales están bloqueadas… y sin energía, no pueden invocar sus Reikens.

Así que… ¿Con cuál de ustedes me divertiré primero?

*** Mientras tanto, en otro sector de la academia, los maestros también intentaban mantener el orden.

—¡Deprisa!

¡No se empujen!

—gritaba Kaishin, liderando a los estudiantes—.

¡Sigan recto hasta los refugios!

¡Mantengan la calma!

La maestra Fukuro y Tsume lo ayudaban, asegurándose de que ningún alumno quedara atrás.

—Parece que ya evacuamos a todos los de este piso —dijo Fukuro, algo agitada.

—Es momento de que nosotros también vayamos al refugio —sugirió Tsume.

Kaishin no respondió.

Sus ojos estaban fijos en un pasillo oscuro del que comenzaban a surgir chispas y un chirrido metálico que ponía la piel de gallina.

—Ustedes vayan.

Yo me quedaré.

—¿Pero Kaishin…?

—Fukuro intentó intervenir—.

Ya no hay alumnos en esta zona…

Las chispas y el sonido se detuvieron.

De las sombras emergió otra figura demoníaca, con cuernos que sobresalían de su cabeza.

Su armadura emitía pulsos oscuros con cada paso.

—Con que de aquí venía toda esa energía… —murmuró el demonio—.

Tienes una gran reserva de energía elemental… incluso con la barrera activa.

Eso es molesto.

Fukuro retrocedió un paso, horrorizada.

—Un… un demonio… Tsume se colocó frente a ella, instintivamente en posición defensiva.

—¿Vas a pelear, Kaishin?

—No tengo alternativa.

—Kaishin desabotonó su saco y extrajo una espada larga de hoja plateada—.

Si este bastardo avanza… los estudiantes estarán en peligro.

—Pero es peligroso… —dijo Fukuro—.

No puedes pelear sin tu Reiken… Kaishin giró apenas el rostro, y por primera vez, esbozó una sonrisa tranquila.

—No lo necesito.

—Alzó la espada y apuntó al demonio—.

No se preocupen por mí… estaré bien.

Además, Fukuro… ¿recuerda que aún no he logrado que aceptes salir conmigo?

Fukuro se sonrojó intensamente, sorprendida por la declaración.

—…Si regresas con vida… saldré contigo.

Kaishin, quien siempre mantenía un rostro serio e inexpresivo, sonrió con confianza.

—Eso suena bien.

Una razón más para no morir hoy.

Tsume asintió, sujetó del brazo a Fukuro y ambos se alejaron rápidamente.

El demonio miró con asco la espada de Kaishin.

—¿En serio piensas derrotarme con una simple espada humana?

Kaishin alzó la mirada.

Sus ojos azules estaban vacíos, tan vacios como los de Kuro cuando luchó contra Ibuki.

—Con esta espada bastará… para hacerte pedazos.

*** En las afueras de la ciudad, la demonio que había invocado a los Akumas observaba con satisfacción cómo las criaturas arrasaban la ciudad, devorando y destruyendo sin piedad.

Sus ojos rojos brillaban con placer ante el caos.

De pronto, su radio comenzó a emitir estática, seguida de una voz: —Mi señora… ya hemos revisado cada rincón de esta academia, pero no hemos encontrado nada aún.

—Ya veo… —respondió ella con tono calmado—.

Es una lástima… —¿Se unirá a nosotros, mi señora?

—Mmm… creo que no… —sonrió con picardía—.

Ya que… ya me encontraron.

Una sombra veloz emergió a sus espaldas.

Era Kuro, cuya espada estaba a punto de cercenar su cuello.

Sin embargo, la demonio detuvo el ataque con una sola mano, con una elegancia insultante.

Kuro frunció el ceño: no esperaba que alguien pudiera bloquear su golpe con tal facilidad.

Retrocedió de inmediato, posicionándose en guardia.

La demonio se giró lentamente, sin perder la sonrisa.

Sus labios dibujaban un gesto coqueto mientras lo observaba de pies a cabeza.

—Vaya, vaya… así que descubriste mi escondite.

Sus ojos brillaron con interés mientras lo escaneaba visualmente.

Qué irónico… —murmuró para sí.

—¿Quién carajos eres?

—espetó Kuro, sin bajar la guardia.

—Me presentaré… —Dio un paso al frente con gracia—.

Mi nombre es Kim, Reiken demoniaca de la Quimera, uno de los Siete Ángeles… de la Muerte.

Kuro abrió ligeramente los ojos, sorprendido por lo que acababa de oír.

Aun así, no se inmutó.

Su mano se cerró con fuerza sobre el mango de su espada y la apuntó directo hacia ella.

—No sé qué buscan aquí… y tampoco me interesa.

—Su voz se volvió más intensa—.

Solo tengo una pregunta.

¿Dónde está?

—¿Quien?

—¿Dónde está… Dónde está Minos del Grifo?

*** Mientras tanto, en uno de los patios interiores de la academia, Igurū y su oponente demonio ya habían comenzado un feroz intercambio de ataques.

El frío emanaba con fuerza del Reiken del Oso Polar, formando ráfagas de hielo que el demonio repelía con facilidad, usando su espada negra como escudo.

—Tsk… —Igurū apretó los dientes—.

Esto es malo… no me especializo en el combate cuerpo a cuerpo.

Estoy en desventaja.

El demonio atacaba sin tregua, con golpes brutales y rápidos.

Igurū apenas podía bloquearlos a tiempo, forzando su cuerpo a reaccionar por instinto más que por técnica.

—Me sorprende que puedas seguirme el ritmo con la barrera limitando tu energía.

—El demonio sonrió con arrogancia—.

Si la tuvieras al cien por ciento… serías un problema.

Igurū no respondió.

Su rostro, como siempre, era una máscara de hielo.

Sin embargo, en su interior lo sabía: el demonio tenía razón.

“Si tuviera toda mi energía… esta batalla ya habría terminado.

Pero aún así… no puedo perder.” De repente, una voz familiar retumbó entre los muros: —¡Hermano!

Era Kaiyō, que corría hacia él, seguido de Isein y Blaike.

Los tres se colocaron delante de Igurū, empuñando sus espadas y apuntándolas directamente al demonio.

—¡Tranquilo, hermano!

Si peleamos juntos, tal vez… —¡Háganse a un lado!

—rugió Igurū con severidad—.

Esta es mi pelea.

Seré yo quien acabe con ese maldito demonio.

—P-pero… —Solo me estorbarían si no pueden usar sus Reikens.

Mejor vayan a la base de control.

Encuentren la razón por la cual no podemos usar nuestra energía libremente.

Kaiyō apretó los puños, frustrado.

Pero los ojos de Igurū no dejaban lugar a dudas: estaba decidido.

—Confía en mí, hermano.

—dijo Igurū sin mirarlo—.

Ustedes tienen otra misión.

Esta batalla… es mía.

Los tres asintieron, aunque a regañadientes, y salieron corriendo hacia el edificio de control.

El demonio los observó alejarse y luego volvió su atención a Igurū, relamiéndose los labios con ansias.

—Admirable… mandas a tus compañeros a salvarse mientras tú decides morir solo.

Qué nobleza más inútil.

Igurū giró su espada blanca entre sus dedos, el hielo comenzaba a condensarse en el aire a su alrededor.

—No es nobleza… es estrategia.

—Sus ojos gélidos se fijaron en su enemigo—.

Ya que tu morirás aquí.

*** Mientras tanto, a las afueras de la ciudad, Kim, la demonio, se entretenía jugueteando con un mechón de su cabello, girándolo entre los dedos con coquetería.

Parecía pensativa, casi divertida por la pregunta de Kuro.

—No sé de quién me estás hablando —dijo al fin, con voz suave y burlona.

—No te hagas… —gruñó Kuro, tensando los puños—.

Sabes perfectamente a quién me refiero… —Lo siento, muchacho… me encantaría quedarme a charlar contigo, de verdad —dijo con una sonrisa traviesa—, pero mi misión solo era invocar a los Akumas… Así que mejor me voy.

Una espesa niebla negra comenzó a envolver su cuerpo.

Su silueta empezó a desdibujarse entre la bruma, como si se fundiera con las sombras.

—¡Espera!

—gritó Kuro, dando un paso al frente.

—Hasta pronto, muchacho.

—La voz de Kim se desvanecía con ella—.

Estoy segura de que nos volveremos a ver… Y desapareció por completo.

Kuro quedó solo, apretando los dientes con impotencia.

Miró desde la colina, observando cómo la ciudad ardía en el caos.

Las columnas de humo se alzaban hacia el cielo, y los gritos lejanos de civiles estremecían el viento.

—Malditos… —susurró con rabia contenida—.

Debo llegar cuanto antes… Giró la mirada hacia donde había dejado su motocicleta.

Era rápida, pero no lo suficiente.

—No hay opción… —susurró.

Alzó su mano derecha al cielo—.

¡Ven a mí, Reiken del Lobo!

Una onda de energía purpura envolvió su cuerpo.

La armadura se manifestó con rapidez, cubriéndolo con su distintivo brillo violeta.

Sus ojos se volvieron más intensos, predadores.

—Bien… —dijo con firmeza.

La energía comenzó a concentrarse a su alrededor.

Kuro flexionó ligeramente las piernas, y su cuerpo emitió un pulso de poder.

—Wolf Charge… —murmuró.

Un rugido sordo emergió desde su interior y, en un destello fugaz, salió disparado a toda velocidad, dejando tras de sí una estela de energía purpúrea que rasgó el viento como un cometa.

—Solo espero… que todos estén bien.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo