REIKENS - Capítulo 28
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- Capítulo 28 - 28 Capítulo 26 Los Favores Nunca Son Gratis
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28: Capítulo 26 Los Favores Nunca Son Gratis 28: Capítulo 26 Los Favores Nunca Son Gratis El ambiente era tenso.
El sonido de los pasos de Kuro y Kakashi resonaba por el pasillo vacío mientras se dirigían hacia la oficina de los reyes de la academia Arkanum.
Al llegar a la oficina, Kuro abrió la puerta sin decir palabra.
Ambos entraron.
La madera crujió suavemente cuando la cerró detrás de sí.
—Vaya… hace tiempo que no me trataban con… tanta formalidad.
Desde que dejé el ejército no me sentía tan “importante”.
Qué buenos tiempos, ¿eh?
Kuro no respondió.
Su mirada permanecía fija en la manija de la puerta, como si dudara de lo que estaba a punto de hacer.
Como si un simple gesto pudiera cambiarlo todo.
Kakashi se dirigió directamente al escritorio lleno de papeles, se dejó caer en la silla giratoria con total confianza, cruzando una pierna sobre la otra.
—Y bien…
si me llamaste a mí, debe ser por algo importante.
¿No es así, Kuro?
El joven finalmente se giró.
Su expresión era difícil de leer, una mezcla entre determinación y duda.
—Sí, bueno…
es que…
—Un momento —interrumpió Kakashi levantando una mano sin siquiera mirarlo—.
Esa cafetera de allá…
¿funciona?
Kuro parpadeó, desconcertado.
—Sí…
creo que sí.
—Entonces prepárame una taza de café bien cargado, ¿quieres?
Este viaje ha sido largo, y mi cuerpo ya no tolera tanto ajetreo como antes.
—Claro…
—respondió Kuro resignado, caminando hacia la máquina mientras pensaba que, en realidad, eso era tan típico de Kakashi como respirar.
Siempre actuando como si tuviera todo bajo control…
incluso cuando claramente no lo tenía.
*** Mientras tanto, Remy estaba pegada a la puerta de la oficina, tan quieta que apenas parecía respirar.
Se inclinaba ligeramente, intentando captar alguna palabra a través de la madera.
—¿Por qué hay tanto silencio…?
—murmuró para sí misma, frunciendo el ceño.
De pronto, tres sombras se acercaron por detrás.
Una mano se apoyó suavemente sobre su hombro.
—Remy, ¿qué haces?
Remy soltó un pequeño grito y dio un salto por el susto.
Al voltear, suspiró aliviada al ver a Sukasa, Kaiyō y Hino mirándola con curiosidad.
—¡¿Quieren matarme del susto o qué?!
—susurró, llevándose una mano al pecho.
—¿¡Pero qué es lo que estás haciendo!?
—preguntó Kaiyō, alzando una ceja al ver a Remy agachada junto a la puerta.
Ella se levantó de golpe, sacudiéndose la falda del uniforme como si nada hubiera pasado.
—¡N-nada!
Solo estaba… estirando las piernas —dijo con una sonrisa forzada.
—No me digas que estabas intentando escuchar la conversación entre ese idiota y el tal Kakashi —intervino Sukasa, con los brazos cruzados y una mirada acusadora.
—¿¡Yo!?
¿Escuchar?
¡Claro que no!
¿Cómo se les ocurre?
Los tres la miraron en silencio.
Solo bastó una mirada entre ellos para llegar a una conclusión obvia.
—No me creen, ¿verdad?
—No te culpamos —añadió Hino, con un suspiro—.
Desde que ese tipo llegó, todo ha estado de cabeza.
—Además, todos estamos preocupados por Kuro —comentó Kaiyō, con un tono serio—.
Desde lo que le paso a mi hermano…
no ha vuelto a ser el mismo.
—Hablen por ustedes —dijo Sukasa, girando la cabeza con un leve sonrojo en el rostro.
Pero incluso ella no pudo ocultar esa sombra de preocupación en sus ojos.
—Aun así —prosiguió Kaiyō, cerrando los ojos y cruzando los brazos con aire solemne—, escuchar conversaciones privadas es de muy mala educación.
Si Kuro decidió hablar con él en privado, debe tener sus razones.
Al abrir los ojos, notó que no solo Remy seguía junto a la puerta, sino que ahora Hino también estaba agachada con el oído pegado a la madera… y Sukasa, a pesar de lo que había dicho, ya estaba a su lado fingiendo indiferencia.
—¿¡Pero qué creen que están haciendo!?
—¡Shhh!
—dijeron las tres al unísono, silenciándolo con un gesto urgente.
—¿Qué dicen?
—preguntó Hino entre susurros.
—No escucho nada…
—murmuró Sukasa frunciendo el ceño.
—Creo que prendieron la cafetera —añadió Remy, haciendo una mueca.
Kaiyō suspiró con resignación, rascándose la nuca.
—Esto es ridículo… Y sin decir más, se arrodilló también frente a la puerta, colocando la oreja con cuidado.
Los cuatro espías improvisados estaban alineados como niños traviesos, atentos a cualquier pista de lo que sucedía del otro lado.
Una escena absurda y divertida, en medio de días cargados de tensión.
*** Kuro colocó la taza de café con suavidad sobre el escritorio.
Kakashi, con una sonrisa tranquila, la sostuvo con elegancia y le dio un sorbo pausado, como si estuviera en un salón de té en vez de una academia recién atacada por demonios.
—Bien —dijo al dejar la taza sobre la mesa—.
Te escucho.
—Ayer…
—comenzó Kuro.
—Antes de que sigas, ¿no tienes algo para acompañar esto?
—interrumpió Kakashi, moviendo los dedos en dirección al café.
Kuro suspiró con resignación, metió la mano en el interior de su gabardina y sacó una pequeña bolsa con panecillos envueltos en papel.
Se los lanzó sin mirar.
Kakashi los atrapó con una sola mano y empezó a desenvolverlos.
—Ahora entiendo lo que siente Igurū cuando yo me comporto así —murmuró Kuro para sí mismo, negando con la cabeza.
—Bien, ahora sí te escucho —repitió Kakashi mientras mordía un panecillo.
—Ayer por la tarde, la ciudad de Esentia fue atacada por una oleada de Akumas… aunque estoy seguro de que eso ya lo sabías, ¿cierto?
—Así es —respondió Kakashi, sin perder su tono relajado.
—Pero no fue solo eso.
Cuatro demonios lograron infiltrarse en la ciudad.
Uno de ellos activó una barrera que bloqueó la habilidad de todos para usar sus elementos.
Hubo muchas bajas…
y muchos heridos.
Entre ellos, Igurū.
Fue apuñalado con una espada envenenada.
Kakashi alzó una ceja, interesado, pero no lo interrumpió.
—Después de algunos exámenes, descubrimos que el veneno ya no estaba en su organismo.
Sin embargo… cuando despertó, no nos reconoció.
Ni a mí ni a Remy.
Empezó a gritar por su madre… y perdió el control por completo.
Fue como si otra persona hubiera tomado su lugar.
Un silencio cargado se extendió por la habitación.
Kakashi se quedó quieto por unos segundos, luego apoyó los codos en el escritorio, entrelazando las manos delante de su rostro.
—Ya veo… así que esa es la situación.
Interesante.
Extraño.
Un caso… bastante inusual.
—¿Entonces sabes qué le pasa?
—preguntó Kuro, casi con esperanza.
—No —respondió Kakashi sin rodeos—.
No lo sé.
Como dije, es un caso peculiar.
Necesito verlo personalmente, hacerle algunos análisis por mi cuenta.
No soy médico, pero tengo una teoría…
y para confirmarla, necesito más información.
—Bien —dijo Kuro con firmeza—.
Te llevaré con él.
Pero antes de que pudiera dar un paso, la voz de Kakashi lo detuvo.
—Antes de eso… Kuro se detuvo, sin volverse aún.
—Sabes que mis favores… nunca son gratis, Kuro.
Silencio.
—Haré lo que quieras —respondió Kuro sin dudar—.
Pero pondré mis propias condiciones.
—Oh…
eso sí que no me lo esperaba.
Te escucho —dijo Kakashi con una sonrisa ladeada.
Kuro se giró lentamente, su mirada afilada como el filo de una hoja.
—No volveré a trabajar para ti… y mucho menos… volveré al ejército.
—Es una lástima… —murmuró Kakashi, cruzando los brazos mientras se apoyaba contra el escritorio—.
Justamente eso era lo que iba a pedirte.
¿Sabes?
Desde que te fuiste… las cosas no han ido muy bien que digamos.
La guerra entró en una especie de pausa silenciosa.
Demasiado silenciosa.
No sabemos qué planea el enemigo, y eso… eso es lo más inquietante.
Kuro no respondió.
Su mirada seguía clavada en el suelo, como si las palabras del pasado pesaran demasiado en su espalda.
—Pero está bien —continuó Kakashi—.
Aceptaré tus condiciones… por ahora.
Kuro levantó la mirada, serio.
—Entonces… ¿cuál es el…?
Kakashi se encogió de hombros, con su sonrisa aún presente.
—Por el momento no se me ocurre nada.
Y además… —dirigió la mirada hacia la puerta— este lugar ya no es tan privado como tú querías, ¿verdad?
Sin previo aviso, abrió la puerta de golpe.
—¡AAAAH!
Cuatro figuras cayeron una encima de la otra como piezas de dominó.
—¡Auch!
¡Mi codo!
—se quejó Kaiyō, sobándose con expresión de dolor.
—¡No era necesario empujar!
—gruñó Hino, molesta.
—¡¿¡¿Quién fue el genio que dijo “más cerca, que no se escucha nada”?!?
—protestó Sukasa, con una mezcla de rabia y vergüenza.
Remy, roja como un tomate, solo se cubría el rostro.
Kuro los miró desde lo alto de la entrada con una ceja ligeramente levantada.
Silencio.
Luego, un suspiro resignado.
—De todos los comportamientos posibles… este era el más predecible —murmuró para sí mismo.
Kakashi, por su parte, estalló en carcajadas.
—¡Ja!
Parece que te has hecho de nuevos amigos, Kuro.
Bastante animados, debo decir.
—Sí… como sea —respondió Kuro con tono plano.
Sin decir más, giró sobre sus talones y comenzó a caminar por el pasillo, con la mirada al frente, como si la escena detrás de él no existiera.
Los demás se pusieron de pie con torpeza, murmurando disculpas entre sí mientras se sacudían los uniformes.
Nadie dijo nada sobre la actitud de Kuro.
Nadie… excepto Sukasa, que observaba en silencio cómo se alejaba.
No era solo la conversación con Kakashi lo que le daba vueltas en la cabeza… sino esa expresión.
Esa mirada vacía que ocultaba mucho más de lo que decía.
Kuro no era el mismo desde aquel día.
Y cada respuesta que encontraba… solo traía más preguntas.
—¿Quién demonios es en realidad ese hombre…?
—susurró para sí, mientras su puño se cerraba con fuerza.
Pero las respuestas no llegarían aún.
No por ahora.
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