Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

REIKENS - Capítulo 30

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. REIKENS
  4. Capítulo 30 - 30 Capítulo 28 Los Ángeles de la Muerte
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

30: Capítulo 28 Los Ángeles de la Muerte 30: Capítulo 28 Los Ángeles de la Muerte Un pesado silencio cayó sobre la sala tras las palabras de Kakashi.

Siete Ángeles de la Muerte.

Ese nombre parecía arrastrar un peso propio, como si evocara un recuerdo oscuro… antiguo… prohibido.

—¿Los Siete Ángeles de la Muerte…?

—susurró Remy, con la voz temblorosa.

—¿Qué… qué clase de nombre es ese?

—preguntó Sukasa, frunciendo el ceño.

Kuro bajó la mirada, cruzando los brazos con fuerza.

—No es solo un nombre —murmuró con tono sombrío—.

Es un título… que se les otorgó a los siete demonios más poderosos del Rey Demonio.

Siete generales, entrenados solo con un propósito: destruir.

Seres sin alma… sin compasión… sin límite.

Kakashi se acomodó los guantes mientras hablaba.

—Se creía que estaban… “extintos” —dijo con un gesto de comillas en el aire—.

Pero hace más de diez años, uno apareció en un ataque contra un fuerte militar.

Se autoproclamó uno de los Ángeles de la Muerte.

Desde entonces, los registros sobre ellos han sido clasificados o…

simplemente borrados.

Los presentes guardaron silencio, asimilando lo que eso implicaba.

—¿Y usted cree que uno de esos demonios atacó Esentia?

—preguntó Kaiyō, tragando saliva.

—Eso explicaría el veneno.

—asintió Kakashi, sentándose finalmente—.

Según la información que obtuve… No es un veneno común.

No solo destruye el cuerpo…

Devora la mente.

—¿Qué quieres decir?

—preguntó Remy, cada vez más angustiada.

—Este veneno… ataca los recuerdos.

Revive una y otra vez los peores traumas de la víctima.

Como una pesadilla sin fin.

Los recuerdos más recientes se disuelven… hasta que el alma queda atrapada en ese único dolor.

Un veneno que transforma a la persona en un cascarón vacío, sin voluntad… sin identidad.

Remy se cubrió los labios, temblando.

Kaiyō bajó la mirada.

Hino ni siquiera se atrevía a hablar.

Incluso Sukasa apretó los puños, conteniendo su rabia.

—¿Eso significa que Igurū… está atrapado en… sus propios recuerdos?

—dijo Remy con un hilo de voz.

Kuro cerró los ojos, un temblor apenas perceptible recorrió su rostro.

Cuando los abrió, su mirada era pura determinación.

—¿Hay una cura?

Por primera vez, Kakashi dudó.

—Tal vez… Pero no será fácil.

Necesito estudiar más a fondo el patrón del veneno.

Analizar cómo está afectando su sistema nervioso y mental.

Kuro se acercó un paso.

—¿Cuánto tiempo necesitas?

Kakashi lo miró con una ligera sonrisa.

—Por ti, Kuro… lo haré lo más pronto posible.

Pero necesitare todos los recursos de esta academia.

Kuro asintió sin dudarlo.

—Y los tendrás.

—Ja, tal como lo esperaba —dijo Kaishin con una sonrisa confiada—.

Bien, comenzaré cuanto antes con el antídoto.

Pero ya conoces mis métodos, ¿cierto?

—Sí.

Te dejaremos trabajar solo —respondió Kuro, sin vacilar.

—Excelente.

Necesitaré estar junto a Igurū todo el tiempo, monitoreando cualquier cambio.

Aún no sé qué clase de antídoto puede hacerle frente a un veneno tan complejo… Pero ya se me ocurrirá algo.

—Bien.

Iré a hablar con el director para asegurarlo todo —dijo Kuro, girando hacia la puerta.

—Ah, y Kuro… —lo detuvo Kaishin con un tono burlón, aunque con un trasfondo serio—.

No olvides nuestro acuerdo.

Cuanto más difícil se vuelve esto… más aumenta tu deuda.

¿Lo entiendes?

Kuro se detuvo por un segundo, sin siquiera mirarlo.

—Sí.

Claro que lo entiendo.

Sin decir más, se retiró de la sala.

Los demás también empezaron a salir.

La presencia de Kakashi era inquietante, ya fuera por su sonrisa confiada —que a veces rozaba lo siniestro—, por su historial como ex Mayor del ejército, o simplemente por el extraño control que parecía tener sobre Kuro… y sobre toda la situación.

*** Minutos después, Kuro se encontraba frente a la gran puerta de la oficina del director Osuushi.

Respiró hondo antes de entrar.

Al estar frente a él, agachó la cabeza con respeto.

—Se lo suplico, Director Osuushi… El director alzó una ceja, sorprendido.

No era común ver a Kuro actuar de forma tan… respetuosa.

Carraspeó antes de hablar.

—No lo sé, Kuro.

Dejar todos los recursos de la academia en manos de un sujeto tan sospechoso… suena irresponsable.

—Yo asumiré toda la responsabilidad si algo sale mal.

Pero… por favor, le ruego que me conceda este favor.

Todo esto… lo hago por Igurū.

Haré lo que sea.

Hubo un breve silencio.

El director entrecerró los ojos, observando la desesperación en el rostro de Kuro.

—No es necesario hacer promesas vacías, Kuro.

Kuro alzó lentamente la cabeza, confundido.

—En los pocos años que llevas en esta academia, te has ganado no solo el respeto de los maestros y estudiantes… sino también el mío.

Sí, puede que tu actitud a veces sea algo infantil… pero eso no borra el hecho de que eres una buena persona.

Hizo una pausa, y su voz se suavizó.

—Solo te pido una cosa: no te castigues tanto.

Lo que le pasó a Igurū… no fue tu culpa.

Kuro apretó los puños con fuerza.

Sintió una extraña presión en el pecho.

No dijo nada, pero su silencio lo dijo todo.

Mientras esa conversación ocurría en la oficina, cuatro figuras observaban desde el pasillo, a través de la puerta entreabierta.

Sus rostros estaban serios… pero en sus ojos había algo más: tristeza y respeto.

¿Cómo podía alguien cargar con tanto por el bien de un amigo?

¿Cómo podía sacrificarlo todo, incluso su orgullo, su imagen, su paz?

Sukasa, Kaiyō y Hino no encontraban respuesta.

Solo Remy parecía entenderlo… porque ella era una de las pocas personas que lo conocían mejor que nadie.

Así era Kuro.

*** Tiempo después, Kuro estaba solo en uno patios de la acadea.

Para ser más precisos, exactamente en el mismo lugar donde Igurū había caído, atravesado por aquella espada envenenada.

Se mantenía de pie, en silencio, mirando el suelo como si pudiera ver de nuevo el instante exacto en que todo ocurrió.

Una y otra vez la escena se repetía en su cabeza, como una pesadilla que no quería desaparecer.

Apretaba los puños.

No de rabia… sino de impotencia.

Impotencia por no haber hecho más.

Dejó escapar un suspiro largo, tembloroso.

Y cuando alzó la mirada para irse… lo vio.

Kaishin estaba ahí, a unos metros de distancia.

En cada mano sostenía una espada de madera.

Sin decir una palabra, le arrojó una de ellas.

Kuro la atrapó con facilidad.

—Veo que estás frustrado —dijo Kaishin con su tono serio de siempre—.

Yo también lo estoy.

¿Por qué no soltamos un poco de esa tensión con un combate?

Como en los viejos tiempos… Kuro no respondió.

Solo levantó la espada y apuntó directamente a él, con la mirada decidida, como una llama que arde en silencio.

A unos metros, ocultos entre los árboles del patio, Sukasa, Kaiyō, Remy y Hino observaban expectantes.

Sabían que ese no sería un simple entrenamiento.

No cuando ambos llevaban la rabia y la culpa tan profundas en el pecho.

No cuando ninguno de los dos tenía intenciones de contenerse.

Ese combate…

no tendría nada de amistoso.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo