REIKENS - Capítulo 32
- Inicio
- Todas las novelas
- REIKENS
- Capítulo 32 - 32 Capítulo 30 Viaje a los Recuerdos
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
32: Capítulo 30 Viaje a los Recuerdos 32: Capítulo 30 Viaje a los Recuerdos Todos quedaron perplejos al ver la extraña máquina que Kakashi había construido.
Sus tubos brillaban con un tenue resplandor azulado, y de su núcleo salía un zumbido constante, casi como si tuviera un corazón latiendo dentro.
El aire alrededor vibraba levemente, y nadie sabía cómo reaccionar… hasta que Kuro rompió el silencio.
—¿Qué carajos es esto?
—preguntó, frunciendo el ceño.
—¿Cómo que “qué es”?
—respondió Kakashi, acomodándose los guantes con su típica sonrisa confiada—.
Es el antídoto.
—Pues parece más una máquina de tortura que un antídoto —comentó Kaiyō, entre curioso y desconfiado.
—Casi le atinas, niño.
Pero no… —Kakashi alzó una ceja con picardía— no es una máquina de tortura… como me gustaría.
—¿Entonces qué es?
—preguntó Remy, cruzándose de brazos.
Kakashi hizo un gesto teatral, como si buscara las palabras adecuadas.
—Veamos… ¿Han visto esa película antigua de ciencia ficción, donde los personajes viajan a un mundo virtual por medio de enlaces neuronales?
—¿Hablas de Matr…?
—murmuró Kaiyō.
—¡Si esa!
—dijo Kakashi chasqueando los dedos—.
Es algo parecido… solo que esta vez no viajaremos a un mundo virtual.
No… aquí vamos a viajar a los recuerdos de Igurū.
Un silencio aún más denso cayó sobre la sala.
—¿Viajar… dentro de sus recuerdos?
—susurró Sukasa, con los ojos muy abiertos.
—Exacto —afirmó Kakashi, golpeando suavemente el chasis de la máquina—.
El veneno que lo está matando no ataca solo su cuerpo… ataca específicamente a su mente, sus memorias.
Se ha aferrado a un recuerdo en particular, uno lo suficientemente fuerte como para mantenerlo atrapado.
Si logramos entrar y destruir ese núcleo, Igurū tendrá una oportunidad de despertar.
Kaiyō tragó saliva.
—¿Y si fallamos?
—Entonces… Igurū quedará atrapado para siempre.
Como una sombra… un eco dentro de sí mismo.
—Kakashi sonrió de forma inquietante— O eso creo.
Todos intercambiaron miradas nerviosas.
Kuro apretó los puños, decidido.
—Pero la pregunta que deberíamos hacernos ahora —continuó Kakashi— es: ¿A qué recuerdo se ha aferrado el veneno?
Kuro no dudó.
—LOD.
Los ojos de Kakashi brillaron y una amplia sonrisa se dibujó en su rostro.
Remy también pareció reconocer el esa palabra que era extraña para Sukasa, Kaiyō y Remy.
—Con que LOD, ¿eh?
Vaya… eso sí que me trae recuerdos.
—Kakashi chasqueó los dedos.
Como si fuera una coreografía ensayada, varios hombres con largas gabardinas blancas con detalles dorados y una gran cruz dorada en la espalda entraron en la sala.
Cada uno sostenía algo sobre ambas manos: uniformes militares negros impecablemente doblados.
—Supuse que sería allí —dijo Kakashi con satisfacción—, por eso mandé a hacer esto.
Estos… son los antiguos uniformes de los guardias de LOD.
—¿LOD?
—murmuró Sukasa, sin comprender del todo.
—¿Y por qué tenemos que ponernos esto?
—preguntó Remy, mirando los uniformes con expresión confundida.
—Es para pasar desapercibidos —explicó Kakashi mientras caminaba hacia un objeto cubierto por un mantel blanco—.
No sabemos exactamente cómo es allí dentro.
—Se detuvo frente a él y sujetó el borde del mantel—.
Por eso, se pondrán esos uniformes.
Con un movimiento rápido, retiró la tela y reveló un enorme espejo de marco metálico.
El reflejo de todos se veía claro.
—Ese recuerdo en el que está atrapado Igurū debe de ser tan realista… que él mismo lo confunde con la realidad —continuó Kakashi—.
Y el Reiken demoníaco de la Araña podría estar observándolo todo.
Si logran descubrirlos, estarán en serios problemas.
—¿Por qué?
—preguntó Kuro.
—A ver cómo lo explico… —Kakashi se llevó un dedo a la sien—.
Puede que solo sean recuerdos, pero si reciben daño ahí dentro, el cerebro lo interpretará como real.
Y sí… podrían morir dentro.
Un silencio incómodo recorrió el grupo.
—¿Y entonces… para qué es el espejo?
—insistió Kaiyō.
—Es para que su cerebro grabe la imagen de su propio aspecto —respondió Kakashi, señalando el cristal— y lo proyecte dentro de los recuerdos de Igurū.
Así podrán moverse sin ser detectados.
Su misión es simple: encontrarlo, decirle que está soñando o que este mundo no es real… y así, en teoría, todo esto acabará.
“Lo haces parecer sencillo…”, pensaron todos al unísono.
—Pero —añadió Kakashi— solo podrán ir cuatro de ustedes.
Así que elijan bien.
—Los únicos que conocemos el lugar somos Remy y yo, así que iremos nosotros —dijo Kuro con firmeza.
Kakashi negó lentamente, moviendo el dedo a los lados y chasqueando la lengua.
—No lo recomiendo.
Necesitarán toda la ayuda posible.
Cuantos más sean, mejor podrán cubrir el terreno.
Recuerda que LOD fue enorme en su momento.
Kuro suspiró, desviando la mirada sin decir nada.
—Yo también iré —dijo Kaiyō, dando un paso al frente—.
Al fin y al cabo, es mi hermano al que tenemos que salvar.
No me permitió ayudarlo cuando luchó contra ese maldito demonio… pero ahora, aunque no esté de acuerdo, lo ayudaré… cueste lo que cueste.
—Sabias palabras, niño —respondió Kakashi con una sonrisa ladeada.
—Está bien… —aceptó Kuro, aunque su voz dejaba notar cierta duda.
—Perfecto.
Ahora solo falta uno más —dijo Kakashi, tomando un sorbo de café con total despreocupación.
—Yo también iré —dijo Sukasa, dando un paso al frente.
Kuro la miró de reojo.
—¿Tú?
—Tal vez no sepa nada de ese tal LOD, pero… no creo que tengamos más opciones aparte de Hino.
¿O sí?
—¿Y qué tal tú, Kakashi?
—preguntó Kuro, medio en serio, medio provocando.
—A mí ni me mires —respondió él de inmediato—.
No pienso enfrentarme a uno de los Siete Ángeles de la Muerte.
Prefiero quedarme aquí, monitoreando la máquina.
—Bueno… ya que no tenemos otra opción, vendrás con nosotros, chica problema.
—¡Que no me llames así!
—protestó Sukasa, frunciendo el ceño.
—Bien, ya que irán ustedes cuatro, pónganse los uniformes de una vez —ordenó Kakashi.
Los cuatro tomaron los uniformes y comenzaron a vestirse.
El atuendo era completamente negro, con un casco y una máscara que cubría por completo el rostro, además de guantes reforzados.
Mientras ajustaba su traje, Kaiyō preguntó: —Por cierto ¿Qué es ese tal LOD?
—Menos preguntas y más acción —respondió Kuro, asegurando sus guantes con fuerza.
—¿No crees que deberíamos saber a dónde vamos, al menos, idiota?
—replicó Sukasa, fulminándolo con la mirada.
—Se los diré cuando estemos dentro —contestó Kuro, colocando una espada en el cinturón con gesto decidido.
Una vez vestidos, se alinearon frente al espejo, observando su reflejo para grabar bien su imagen en la memoria.
—Muy bien —dijo Kakashi—, ahora siéntense en estas camillas.
Los conectaré a la máquina.
Los cuatro se acomodaron en las camillas metálicas.
El sonido del cuero tensándose bajo su peso rompía el silencio de la sala.
El espejo, todavía frente a ellos, devolvía la imagen oscura y enigmática de sus uniformes.
Kakashi conectó gruesos cables a un panel lateral de la máquina.
—No se muevan demasiado.
El proceso es delicado —advirtió, ajustando perillas y revisando indicadores luminosos.
Un leve zumbido comenzó a llenar el aire, como si algo se cargara de energía.
—¿Y… esto va a doler?
—preguntó Kaiyō, observando cómo un casco con electrodos descendía lentamente hacia su cabeza.
—Solo si tu miedo es más fuerte que tu voluntad —respondió Kakashi con media sonrisa, lo que no ayudó mucho a calmarlo.
—Genial… —murmuró Sukasa con sarcasmo.
Kuro permaneció en silencio, mirando fijamente al techo.
Su mano descansaba sobre la empuñadura de su espada, como si incluso en ese estado necesitara sentirla cerca.
—Muy bien… —dijo Kakashi, pulsando un botón—.
Cierren los ojos.
En cuanto lo hicieron, un chorro de luz atravesó el interior de sus párpados.
No era una luz normal, sino algo que parecía colarse directamente en la mente.
Sintieron un ligero mareo, como si la gravedad se hubiera inclinado en diagonal.
El zumbido se volvió más intenso, seguido de un latido metálico que retumbaba dentro de sus cráneos.
Kaiyō apretó los dientes.
Sukasa tragó saliva.
Remy respiró hondo.
Y entonces… todo se volvió negro.
Pero no era un vacío tranquilo.
Era un negro espeso, palpitante, como si algo se moviera dentro de él.
Voces distantes comenzaron a susurrarles al oído, algunas familiares… otras no tanto.
Un destello repentino atravesó esa oscuridad, y de pronto, sintieron que caían a toda velocidad.
El viento les golpeaba el rostro, aunque sabían que sus cuerpos seguían acostados en las camillas.
Hasta que… ¡PUM!
Kuro sintió que caía de golpe sobre algo sólido.
—Auch… eso dolió… —murmuró, todavía aturdido.
Su vista giraba y un mareo lo obligó a cerrar los ojos por un instante.
Intentó incorporarse, pero un coro de gritos lo alertó.
Antes de poder reaccionar, tres figuras se desplomaron sobre él como un saco de piedras.
—¡Eso dolió!
—se quejó Sukasa.
—Sí… pero creo que algo amortiguó nuestra caída… —respondió Kaiyō.
—Sí, pero… ¿dónde está Kuro?
—preguntó Remy.
—Podrían bajarse de encima, por favor… y en especial tú, chica problema.
Pesas demasiado… —gruñó Kuro desde abajo.
—¿¡Qué dijiste!?
—Sukasa se irguió furiosa, olvidando por un momento que todavía estaban amontonados.
Finalmente, todos se apartaron y comenzaron a observar su alrededor.
El lugar era un vacío absoluto: un negro tan profundo que parecía absorber el sonido.
Sin embargo, a lo lejos, una luz blanca brillaba como un faro solitario.
—¿Eso es… una puerta?
—preguntó Remy.
—Así es… —respondió una voz familiar.
Todos se pusieron en guardia al instante, pero relajaron la postura al reconocerla.
—Tranquilos, soy yo, Kakashi.
—Su voz resonaba como un eco lejano—.
Esa puerta que ven es la entrada a los recuerdos de Igurū.
Pero escuchen bien: una vez que la crucen, estarán completamente solos.
Este pequeño espacio que construí es como un “lobby” de videojuego… un punto seguro antes de la misión.
Así que… buena suerte, jóvenes.
Kuro se acercó a la puerta.
Su mano se posó sobre la fría manija metálica, pero dudó un segundo.
—Kuro… —dijo Remy, notando su tensión.
—Estoy bien… —respondió, apretando los dientes—.
Salvemos a Igurū.
Giró la manija y la puerta se abrió con un chirrido grave.
Uno a uno, los cuatro cruzaron el umbral.
Una luz intensa los envolvió, obligándolos a entrecerrar los ojos.
Cuando la claridad cedió, se encontraron en un largo pasillo metálico, iluminado por luces tenues que parpadeaban como si estuvieran a punto de apagarse.
A cada lado se extendía una fila interminable de puertas.
—¿Qué es este lugar…?
—murmuró Kaiyō, con un escalofrío recorriéndole la espalda.
Kuro avanzó, sus pasos resonando en el eco metálico, y sostuvo con firmeza el mango de su espada.
—Bienvenidos a LOD.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com