Reincarnation: Multiversal Class - Chronicles of the Wandering Miracle - Capítulo 12
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- Capítulo 12 - 12 Capítulo 11 Una Semana Fugaz
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12: Capítulo 11: Una Semana Fugaz 12: Capítulo 11: Una Semana Fugaz Disculpen gente por comenzar el capitulo con un comentario mio que no es el capitulo propiamente dicho.
Pero quería dar mi mas sincero agradecimiento a Ultimate_Lexa, quien no solo ha estado apoyando este proyecto mio desde el capitulo 0.
Quizás para él/ella no sea la gran cosa, pero para mi como autor (especialmente como autor novato) me hace mucha ilusión y me llena de motivación para seguir escribiendo al ver que gente así mira mi fanfic y lo apoya Por su puesto, no te excluyo mi buen Senj1, tu también has estado presente desde el capitulo 0 y les agradezco a ambos por apoyar esta historia, así como a cualquier otra persona que haya sido un fiel lector silencioso Les agradezco a todos de desde lo mas profundo de mi alma!
*Llora de emoción xd* Bueno, en fin.
Normalmente no tomaría esta sección para hablar de estos temas sentimentales, no es mi estilo cortar la inmersión con este tipo de comentarios.
Sin embargo esta vez vale la pena ¿Por que razón?
Pues es muy simple mi pequeño padawan amante de las saber-faces: Sospecho que Ultimate_Lexa es el administrador de la jodida Matrix!!.
Porque pacientemente me leyó la mente!
Este wey es tan crack que literalmente se tomo parte de su valioso tiempo para hacer una imagen del MC (Shirou Emiya), y de alguna manera sobrenatural entendió a la perfección la idea que tenia en mi cabeza sobre el aspecto de mi protagonista en este fanfic Es por esta razón que decidí hacer este comentario/agradecimiento tanto a él/ella, como a todos los demás.
De ahora en adelante la imagen que creo va a ser la nueva portada de este fanfic (con su permiso por supuesto) Aquí les dejo la imagen también por si acaso y porque soy un enfermo perfeccionista xd [IMG] (Esto ocurrió en la version en Ingles de este mismo fanfic.
Si quieren se pasan a verlo :3) * * * Capítulo 11: Una Semana Fugaz La Mansión Tohsaka – Noche del lunes El estudio de Rin Tohsaka estaba inmerso en un silencio solo roto por el leve crepitar de la chimenea.
La luz de las llamas danzaba sobre los lomos de los libros de magia, creando sombras que parecían susurrar secretos antiguos.
Rin, sin embargo, no prestaba atención a los volúmenes.
Tenía la mirada fija en un punto en el aire, pero su mente estaba lejos, enredada en un problema que tenía nombre y apellido: Shirou Emiya Desde que acepto tomarlo como alumno hace unas horas, una inquietud sutil pero persistente se había instalado en su pecho.
No era miedo, ni tampoco simple curiosidad académica.
Era la sensación de estar parada en el borde de un precipicio, a punto de dar un paso hacia algo que cambiaría todo ‘Shirou Emiya’ Pensó, saboreando el nombre.
‘Hijo del Magus Killer.
Probablemente un niño adoptado en algún punto antes de la muerte del hombre.
Un sobreviviente del incendio de Fuyuki.
Un chico con circuitos mágicos enredados como un ovillo y una presencia espiritual que…
brilla.
Algo que debieron haberle enseñado a ocultar, pero no lo hicieron, y ahora me toca a mi evitar que cualquier magus competente husmee en los secretos de mi alumno.
Tsk’ Ese “brillo” era lo que más la intrigaba.
No era el resplandor normal de un magus con gran cantidad de circuitos.
Era algo más puro, más fundamental, como la luz de una estrella vista a través de un prisma.
Cuando cerró los ojos y afiló sus sentidos mágicos, podía percibirlo: una luminosidad tenue pero inquebrantable que emanaba de su núcleo, desafiando la lógica ordinaria del mundo mágico Y luego estaba el hecho de que Kirei Kotomine lo hubiera enviado a ella Rin frunció el ceño.
Su “tutor” era un hombre cuyas motivaciones eran tan opacas como las profundidades del océano.
Que él le entregara un estudiante tan peculiar no podía ser un acto de simple benevolencia.
Era una jugada.
Pero, ¿con qué objetivo?
Se levantó y caminó hacia la ventana.
Afuera, la luna llena bañaba el jardín con su luz plateada, iluminando los patrones de protección que su familia había tejido en la tierra durante generaciones La próxima Guerra del Grial se acercaba.
Solo faltaban unos 6 años.
Como heredera de los Tohsaka, era su deber— su destino— participar.
Su padre había muerto en la anterior, y ella juró no cometer sus mismos errores.
Necesitaba ser fuerte, inteligente, impecable.
Y necesitaba todas las ventajas posibles ‘Shirou Emiya es una ventaja’ Pensó, y la idea se sintió tanto emocionante como peligrosa ‘Es una anomalía.
Y en la Guerra del Grial, las anomalías pueden ser la diferencia entre la victoria y la muerte’ Recordó lo que había percibido durante su breve evaluación mágica: esos circuitos enredados pero vibrantes, esa luminosidad anómala del alma.
Y luego estaban las historias— los rumores que circulaban entre las pocas fuentes confiables que tenía en el mundo mágico— sobre el incendio de Fuyuki, sobre la “supuesta”, pero indudablemente imposible corrupción del Grial, y sobre la imposibilidad de que cualquier ser vivo no mágico sobreviviera a un incendio de tal magnitud… Pero aquí esta él, bien vivo y pidiendo su guía ‘¿Qué eres realmente, Emiya?’ Se preguntó, observando su reflejo en el cristal de la ventana ‘¿Un accidente?
¿Un milagro?
¿O algo que alguien planeó?’ Y más importante: ¿cómo encajaba él en sus propios planes?
Rin Tohsaka no era sentimental.
Había aprendido desde niña que la hechicería era un camino de sacrificios y decisiones duras.
Pero también era pragmática.
Si este chico, con su extraño potencial, iba a estar involucrado en la próxima Guerra del Grial— y todo en su ser le decía que así sería— entonces era mejor que estuviera de su lado.
O al menos, bajo su supervisión Una determinación fría y clara se instaló en su corazón.
La lección del sábado no sería solo una introducción a la hechicería.
Sería la primera piedra de un puente que ella construiría entre su mundo y el de Shirou Emiya.
Un puente que, cuando llegara la Guerra del Grial, podría ser el camino hacia la victoria O, al menos, hacia la supervivencia * * * Villa Emiya – Martes por la madrugada Shirou no podía dormir Estaba acostado en su cama, mirando el techo iluminado por la tenue luz de la luna que se filtraba por la ventana.
En su mente, una imagen se repetía una y otra vez: Rin Tohsaka en el umbral de su mansión, con esas coletas negras perfectamente simétricas y esos ojos azules que lo evaluaban como si fuera un espécimen raro Pero no era la Rin Tohsaka actual la que lo mantenía despierto.
Era otra Rin.
Una Rin de sus visiones Desde el momento en que la vio por primera vez frente a la mansión Tohsaka, algo en su mente había hecho clic.
Un reconocimiento instantáneo y visceral que no tenía sentido lógico, pero al que ya estaba acostumbrado desde hacía tiempo En sus visiones— esos fragmentos caóticos de futuros posibles que lo atormentaban desde el incendio— había visto a una chica mayor.
Tal vez diecisiete o dieciocho años.
Con el mismo cabello negro azabache, las mismas coletas, pero con una expresión diferente: más dura, más cansada, pero también más determinada.
Y a su lado, un hombre alto, de piel oscura, cabello blanco y ojos plateados que brillaban con una intensidad casi dolorosa Los dos luchaban juntos.
Contra qué o quién, las imágenes eran borrosas.
Pero Shirou podía sentir la intensidad de esa batalla, la desesperación en el aire, el sonido de proyectiles mágicos rasgando la noche.
Y podía ver— con una claridad que lo estremecía— cómo esa Rin mayor confiaba en ese hombre de blanco, cómo sus movimientos se complementaban como si hubieran luchado juntos toda la vida ‘Ella’ Pensó Shirou, girándose de lado en la cama.
‘Esa es ella.
O será ella.
O podría ser ella’ La lógica le decía que era imposible.
Las visiones eran solo fragmentos, sueños febriles de una mente traumatizada.
Pero algo más profundo—algo que resonaba en el núcleo de su ser, en ese lugar desde donde surgían sus determinaciones más firmes—le susurraba que no, que esas imágenes eran tan reales como el dolor de los moretones que Taiga le dejaba durante el entrenamiento Y esa Rin de las visiones…
estaba conectada con él.
Y directamente.
No lograba verse a si mismo con ella, pero la sensación era innegable.
Dondequiera que esa Rin mayor apareciera en sus visiones, había una presencia, un observador silencioso— o quizás no— de sí mismo cerca.
Como si sus destinos estuvieran entrelazados por hilos invisibles que atravesaban el tiempo ¿Era por eso que Kirei lo había enviado con ella?
¿Porque en algún futuro posible— o en muchos futuros posibles— Rin Tohsaka y Shirou Emiya estaban destinados a cruzarse, a luchar juntos, a…?
No terminó el pensamiento.
No podía.
La idea era demasiado grande, demasiado abrumadora para un chico de doce años que apenas comenzaba a entender su propio lugar en el mundo.
Además, tampoco era lógico.
Kirei no era un profeta, no como él, no tenia manera de saber sobre su conexión futura con Rin Pero una cosa sí sabía con seguridad: desde ese primer momento en que la vio, sintió una extraña mezcla de familiaridad y anticipación.
Como reencontrarse con alguien a quien no veías desde hace mucho tiempo, pero a la vez conocer a un extraño completo Y esa sensación solo había crecido durante su breve conversación en la mansión.
Cada palabra de ella, cada gesto, cada mirada evaluadora…
todo resonaba con esos ecos de futuro que llevaba dentro Shirou cerró los ojos, intentando aferrarse a la imagen de la Rin mayor de sus visiones.
La veía de pie junto a ese hombre de blanco, los dos espalda con espalda, preparándose para una batalla que parecía imposible de ganar.
Y en sus ojos— esos mismos ojos azules que ahora lo miraban con desdén y curiosidad a partes iguales— veía no miedo, sino una determinación feroz.
La determinación de alguien que había decidido qué era importante y lucharía por ello sin importar el costo ‘¿Esa eres tú, Tohsaka?…’ Pensó, dirigiéndose mentalmente tanto a la chica que conocía como a la de sus visiones ‘¿La que lucha hasta el final, sin importar lo imposible que parezca?’ Un sentimiento cálido— no de atracción romántica, sino de reconocimiento profundo, de camaradería anticipada— se expandió en su pecho.
Taiga podía bromear todo lo que quisiera sobre “citas” y “matrimonios”.
Pero lo que Shirou sentía hacia Rin Tohsaka era algo diferente, algo más complejo.
Era el reconocimiento de un aliado potencial.
De alguien que, en algún futuro, podría estar a su lado cuando las cosas se pusieran realmente difíciles Shirou abrió los ojos y miró hacia la ventana, donde la luna colgaba como una moneda plateada en el cielo nocturno El sábado no sería solo su primera lección de magia.
Sería el primer paso hacia el entendimiento.
Hacia descubrir por qué sus visiones mostraban a Rin Tohsaka luchando junto a un hombre misterioso.
Hacia descubrir qué papel jugaba él— Shirou Emiya— en ese futuro posible Y hacia descubrir, finalmente, si ese futuro era algo que podía cambiar, o si era un destino del que no podía escapar * * * Academia Homurahara y Villa Emiya – Martes, miércoles, jueves y viernes Los días entre el encuentro en la iglesia y la primera lección con Rin pasaron con una velocidad que lo dejó sin aliento.
El tiempo, que a veces se arrastraba pesadamente durante las clases de historia, ahora parecía comprimirse, como si el universo estuviera ansioso por llevarlo al sábado.
El martes, durante el entrenamiento de kendo, conoció a Issei Ryuudou.
El presidente del consejo estudiantil— a pesar de ser solo un primer año de secundaria— estaba sentado en un rincón del dojo, leyendo un libro de ética con una concentración que parecía impermeable al caos a su alrededor.
Shirou se acercó, atraído por la rareza de ver a alguien tan sereno en medio del estruendo de los shinais.
— El ruido te distrae, ¿verdad?— Preguntó Shirou, sentándose a su lado sin ceremonia.
Issei lo miró por encima del libro, sus ojos oscuros evaluándolo con una seriedad que habría sido cómica en alguien menos genuino.
— Emiya-kun.
Sí, prefiero el silencio para la contemplación.
Pero la disciplina del cuerpo es tan importante como la de la mente.
Tu…
hermana, insiste en que participe.
— Tiene un talento especial para insistir— Admitió Shirou con una sonrisa.
— Ciertamente— Asintió Issei, y por un instante, una esquina de su boca se curvó levemente— He oído que eres su pupilo designado.
Es una gran responsabilidad para alguien de primer año — Me gustan los desafíos— Shirou encogió los hombros, y luego, por pura curiosidad, preguntó: — ¿Y tú?
¿Por qué eres presidente del consejo?
— Porque alguien debe mantener el orden— Respondió Issei, como si fuera la verdad más evidente del mundo— El caos es el enemigo del progreso.
Así comenzó una conversación que se extendió hasta el final del entrenamiento.
Issei era rígido, a veces dogmático, pero increíblemente sincero.
Shirou encontró que le gustaba esa honestidad.
No había juegos, ni segundas intenciones.
Solo principios claros y una determinación inquebrantable.
Era…
reconfortante.
El miércoles, el universo decidió balancear las cosas presentándole a Shinji Matou Fue en el pasillo, camino a clase.
Shinji, con su uniforme impecablemente planchado y una sonrisa que no alcanzaba sus ojos azules fríos, bloqueó su camino rodeado de un pequeño séquito de admiradoras.
— Ah, tú debes ser el famoso Emiya— Dijo Shinji, mirándolo de arriba abajo con una mezcla de curiosidad y desdén— El niño prodigio del kendo.
He oído que incluso la feroz Fujimura-senpai te tiene en alta estima.
— Solo soy un estudiante— Respondió Shirou, su sonrisa volviéndose tensa, diferente a las sonrisas amistosas que daba a todo el mundo.
Había… algo en Shinji que le causaba un sentimiento de ira, rabia y asco sin sentido.
Por eso lo evitaba cada vez vislumbraba un destello de cabello purpura oscuro, o cuando alguien menciona al mas popular y engreído chico de la academia — Modesto.
Me gusta— Shinji sonrió, pero sus ojos permanecieron fríos— Deberías venir al club de arquería algún día.
Dicen que tienes buen ojo.
Aunque, claro, con tu…
historial familiar, supongo que las armas te vienen naturales.
El comentario fue deliberado, un dardo envenenado disfrazado de cumplido.
Shirou lo notó, pero solo ladeo la cabeza.
— Quizás algún día.
Disculpa, voy tarde a clase.
Al alejarse, sintió la mirada de Shinji clavada en su espalda como un puñal.
No era hostilidad abierta, sino algo más sutil: una aversión profunda, como si Shirou representara algo que Shinji despreciaba por instinto.
Pero el encuentro más constante, y el que más sentimientos encontrados le traía, era con Rin Tohsaka.
Cada mañana, sin falta, sus caminos se cruzaban en la entrada principal de la escuela.
Ella llegaba impecable, con su mochila perfectamente colocada y un aire de quien tenía todo el día programado al minuto.
Él llegaba, a menudo un poco desaliñado por haber corrido para no llegar tarde, o con el pelo rebelde por el viento.
Los primeros días, solo intercambiaron asentimientos silenciosos.
Un reconocimiento mutuo de su acuerdo secreto.
Pero el jueves, Rin se detuvo.
— Emiya— Dijo, su voz clara cortando el bullicio matutino— No llegues tarde el sábado.
Detesto la impuntualidad.
— No llegaré tarde— Prometió él, sorprendido de que le hubiera hablado en público.
— Veremos— Fue su única respuesta antes de girar y alejarse con su andar elegante.
Pero fue suficiente.
Para los chismosos de Homurahara, fue combustible puro.
Y Taiga, por supuesto, estaba en primera fila para avivar las llamas.
— ¡Otra vez!
¡Otra vez te habló!— Canturreó esa tarde, mientras caminaban a casa— Y esta vez fue ella quien inició la conversación.
¡Esto es serio, Shirou-chan!
¡La princesa de hielo Tohsaka no habla con nadie sin motivo!
— Solo me recordó nuestra lección— Dijo Shirou, intentando sonar casual.
— ¡Una lección!
¡Claro!
¡Una “lección”!— Taiga le dio un codazo, sus ojos brillando con malicia— ¿Y qué lección es esa, eh?
¿Lección de amor?
¿De cómo robarle el corazón al chico más lindo de la secundaria?
Shirou se ahogó con su propia saliva, sonrojándose ante la frase “lección de amor”.
Le traía recuerdos de ciertos sueños— o quizás visiones que solo tenia mientras dormía— donde podía ver a la Rin adulta mirándolo con ojos cariñosos ¿El problema?
¡Ella estaba recostada sobre una cama!
¡Y semidesnuda!
Por culpa de estos sueños extraños, cada mañana se despertaba mordiéndose las uñas mientras se preguntaba si en alguno de esos futuros posibles de sus visiones, él y Rin eran algo mas que aliados… — Taiga-nee, por favor…
— ¡Oh, no te hagas el tímido ahora!— Taiga rodeó sus hombros con un brazo, arrastrándolo en un abrazo forzado— ¡Es un progreso!
Primero los saludos, luego las palabras…
¡pronto será caminar juntos a casa!
¡Y luego…
el matrimonio!
¡Puedo verlo!
Shirou suspiró, resignado a su destino.
Taiga había decidido que había una historia de amor en ciernes, y nada la disuadiría.
Lo curioso era que, en medio de las bromas, Shirou notaba que Kiritsugu permanecía inusualmente callado durante estas conversaciones.
Solo observaba, sus ojos oscuros evaluando, calculando.
No desaprobaba abiertamente, pero la sombra de su advertencia colgaba en el aire: ‘Ten cuidado con ella’ El viernes pasó en un soplo.
Shirou asistió a clases, entrenó en el kendo hasta que sus músculos ardieron, y por la noche, mientras miraba las estrellas desde su ventana, sintió la semana comprimirse en un solo instante de anticipación.
El tiempo, descubrió, tenía la peculiaridad de dilatarse y contraerse según lo que uno esperara.
Los días de escuela, con sus rutinas y pequeños descubrimientos, habían volado.
Pero las horas entre el viernes por la noche y el sábado por la mañana parecían arrastrarse con una lentitud exquisita y agonizante.
Finalmente, el sábado amaneció.
* * * “Hechicería” = “Magecraft”
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