Reincarnation: Multiversal Class - Chronicles of the Wandering Miracle - Capítulo 14
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- Capítulo 14 - 14 Capítulo 13 Destellos de un Amanecer Imposible
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14: Capítulo 13: Destellos de un Amanecer Imposible 14: Capítulo 13: Destellos de un Amanecer Imposible Capítulo 13: Destellos de un Amanecer Imposible —Fate… Breaker Las palabras no fueron un grito.
No fueron una invocación grandilocuente.
Fueron una afirmación tranquila, un susurro cargado de la certeza de un amanecer que se niega a no ocurrir.
Y al pronunciarlas, el mundo en el sótano de la mansión Tohsaka dejó de obedecer sus propias reglas No hubo explosión.
No hubo estampido sónico ni onda de choque violenta.
Hubo una expansión Fue como si el propio espacio alrededor de Shirou respirara, inhalando profundamente y luego exhalando una oleada silenciosa de excepción.
El aire, cargado de siglos de polvo mágico y humedad contenida, se cristalizó por un instante.
Rin, que estaba a menos de dos metros de distancia, vio cómo cada partícula de polvo suspendida en el haz de luz de la lámpara se convertía en un microcristal perfecto, reflejando un destello interno de color ámbar antes de volver a ser polvo.
Fue hermoso y profundamente ajeno a las leyes naturales Luego llegó el viento.
Pero no era un viento que viniera de Shirou, sino que parecía generarse entre las cosas, como si la realidad misma se estuviera estirando para dar cabida a algo más grande.
Los pergaminos en sus estantes se desenrollaron solos, sus caracteres antiguos brillando con una luz ajena antes de enrollarse de nuevo, perfectamente, pero con los dibujos ligeramente alterados: un círculo mágico aquí tenía una línea de más, una runa allí había girado noventa grados Los instrumentos de cristal en las mesas de trabajo empezaron a cantar.
Un sonido agudo que no provenía de su vibración física sino de su esencia mágica siendo afinada momentáneamente hacia una frecuencia imposible.
Un matraz que contenía un líquido azul índigo para un experimento de Rin comenzó a burbujear, y el color cambió a un dorado cálido antes de estabilizarse de nuevo en azul, pero un tono más claro, como si alguien hubiera añadido luz solar al brebaje Y luego estaban las grietas.
No en las paredes de piedra, sino en el aire Eran como espejismos de calor, pero delineados con precisión geométrica.
Breves destellos de algo que no era el sótano: vislumbres de un cielo estrellado con constelaciones desconocidas, el reflejo de un mar de agua dulce y quieta, el destello de un jardín con flores que ardían suavemente.
Eran desgarros no en el espacio, sino en la capa de lo probable, ventanas momentáneas a posibilidades que el poder de Shirou, aún en su infancia, rozaba al manifestarse.
Cada grieta aparecía con un sonido similar al de un cristal fino que se quiebra, pero al cerrarse, lo hacía con un susurro suave, como hojas secas cayendo Rin recibió la fuerza bruta de esta liberación de frente.
No fue golpeada por una fuerza física, sino por la onda de anomalía.
Su cabello, siempre impecable, se alborotó como si hubiera estado en medio de una tormenta estática, mechones negros rebeldes saliendo de sus coletas gemelas.
Su ropa— la blusa blanca, con su chaqueta roja favorita encima, y la falda plisada— se arrugó y se movió como agitada por manos invisibles, el puño de una manga se desabrochó milagrosamente.
Un fino polvo de los cristales que habían cantado se depositó sobre sus hombros y su cabeza como una nieve iridiscente Pero lo más impactante fueron sus ojos.
Los ojos azules de Rin, normalmente llenos de confianza, cálculo o irritación, se abrieron como platos, capturando el espectáculo imposible que se desarrollaba ante ella.
No mostraron miedo, sino el asombro absoluto de una académica que presencia la refutación viviente de todo lo que ha estudiado.
Su boca se abrió ligeramente, sin emitir sonido, mientras su mente de magus trabajaba a toda velocidad, tratando de catalogar, de analizar, de entender el fenómeno que estaba viendo Vio cómo el círculo de tiza azul en el suelo, su círculo de contención y amplificación, empezó a brillar no con el azul de su prana, sino con el dorado ámbar de Shirou.
Las líneas de tiza se fundieron y se reformaron por sí solas, dibujando por un instante el patrón de una rosa estilizada hecha de llamas antes de volver a ser un simple círculo, pero ahora la tiza había cambiado de color a un blanco brillante El núcleo de todo, Shirou, estaba de pie en el centro del caos silencioso.
Sus ojos estaban abiertos, pero no veían el sótano.
Vieron a través de él, fijos aún en su ilusión interior.
De su cuerpo no emanaban rayos de energía ni aura visible, pero la presión era palpable.
Era la presión de una ley de la realidad recién nacida reclamando su espacio.
Su cabello blanco, normalmente mate, parecía atrapar la luz de las anomalías a su alrededor, brillando suavemente.
En su pecho, justo sobre el corazón, el tejido de su camiseta escolar mostraba un leve patrón quemado, como si una flor de hierro caliente hubiera sido presionada contra ella, pero la piel debajo estaba intacta Poco a poco, la expansión comenzó a contraerse.
Las grietas en el aire se cerraron una por una con suspiros finales.
El viento de entre-las-cosas se calmó, dejando el aire inmóvil pero cargado, como después de una tormenta eléctrica.
Los instrumentos de cristal dejaron de cantar, y algunos, los más delicados, mostraron finas fracturas en su superficie, no por golpes, sino por el estrés de haber sido afinados más allá de su límite dimensional.
El polvo de cristal iridiscente que cubría todo, incluida una Rin inmóvil, comenzó a desvanecerse, disolviéndose en la nada como azúcar en agua Finalmente, Shirou parpadeó La luz en sus ojos— esa mirada de visión interior— se apagó, y los orbes color ámbar viejo volvieron a enfocar el mundo físico.
Se tambaleo, a punto de caer desde su posición sentada, pero logró estabilizarse a tiempo Miró a su alrededor, y su expresión de concentración trascendental se desvaneció, reemplazada por una confusión genuina y un poco de alarma El sótano estaba… alterado.
No destruido, sino editado.
Todo estaba en su lugar, pero nada parecía exactamente igual.
Los colores eran un poco más vibrantes, las sombras un poco más definidas, y en el aire quedaba un olor persistente, no a ozono quemado, sino a una mezcla entre ceniza y pétalos de rosa recién cortados— una combinación imposible para un sótano de piedra sellado Y luego sus ojos se encontraron con los de Rin La hechicera Tohsaka seguía en la misma posición, con el cabello alborotado, la ropa desarreglada y cubierta de un polvo brillante que se desvanecía, y una expresión en su rostro que Shirou nunca había visto.
Era una mezcla de asombro absoluto, de profunda indignación académica y de una preocupación genuina y punzante — Tohsaka…— La voz de Shirou sonó ronca, como si no la hubiera usado en horas— ¿Qué… qué pasó?
Lo último que recuerdo es esa rosa extraña… Rin parpadeó, lentamente, como si saliera de un trance.
Su mente, que había estado procesando a mil por hora, encontró por fin el camino de regreso al habla.
Tragó saliva — ¿Qué pasó?— Su voz era un susurro al principio, luego ganó volumen, no en un grito, sino en un tono plano de incredulidad absoluta— ¿Qué pasó?
¡Tú acabas de… de reescribir las reglas locales de la realidad en un radio de cinco metros!
¡Sin un hechizo!
¡Sin un círculo de apoyo!
¡Sin ni siquiera saber qué diablos estás haciendo!— Se pasó una mano por el cabello, notando su desorden, y su indignación aumentó otro grado— ¡Mira mi cabello!
¡Mira este caos!
Señaló alrededor con un gesto amplio y dramático — ¡Mi laboratorio!
¡Mis instrumentos!
¡Ese matraz tenía una poción de estabilización de tres semanas de trabajo!
¡Ahora huele a… a rosas y ceniza!
¡¿Quién demonios hace que una poción mágica huela a rosas?!— Su voz casi quebró entre la frustración y el asombro no procesado Shirou miró el matraz.
Era cierto, un leve y agradable aroma floral emanaba de él — Lo siento,— Dijo automáticamente, sintiéndose genuinamente apenado— no fue mi intención… — ¡Eso es lo que lo hace mil veces más aterrador, idiota!— Rin lo interrumpió, acercándose ahora, sus ojos escudriñando su rostro, luego el patrón quemado en su camisa— No tuviste intención.
Solo… sucedió.
Porque tu mera existencia, cuando decides hacer algo, parece negociar con el universo para que las cosas funcionen de otra manera— Bajó la voz, hablando casi para sí misma— “Fate Breaker”… Rompedor del Destino.
O del Orden.
O de las Reglas.
Un nombre apropiado para un gatillo.
Demasiado apropiado Shirou miró sus propias manos.
Las sentía normales, pero había una sensación residual, como un hormigueo profundo en los huesos, una resonancia de algo poderoso que había pasado a través de él — Lo sentí— Murmuró— La flor.
Se convirtió en… en una llave.
Y la llave encajó en una cerradura que no sabía que tenía Rin suspiró, una larga y cansada exhalación.
La energía de su indignación inicial se estaba agotando, reemplazada por una fatiga de puro agobio existencial — No vayas a levantarte,— Ordenó— o te desplomaras.
La primera activación consciente, especialmente una tan… extravagante… suele agotar.
Y por lo que puedo sentir, aunque tu firma está oculta otra vez, el ambiente todavía está saturado de tus sobras mágicas.
Es como bañarse en tu esencia.
Es… desconcertante Shirou obedeció, sintiendo de repente el peso del agotamiento.
Rin caminó hasta uno de sus estantes, tomó con cuidado un cristal con finas fracturas y lo examinó.
Su expresión era de resignación profesional — Los daños no son permanentes— Diagnosticó— La realidad parece estar… reafirmándose.
Regresando a su estado anterior, pero con algunas… cicatrices sutiles.
El olor a rosas probablemente se quedará.
Las fracturas en el cristal son reales, pero parecen estéticas, no afectan la función mágica.
Es como si el evento principal hubiera sido tu activación, y todo lo demás fueran solo… efectos secundarios decorativos Se volvió hacia él, cruzando los brazos.
Ahora lucía más como la Rin Tohsaka que él conocía: analítica, en control, aunque con el cabello rebelde y la blusa arrugada restándole algo de su usual impecabilidad — Bien.
Informe.
¿Qué viste?
¿Qué sentiste?
Me refiero tanto al momento de activación, como la ilusión onírica que en la que parecías estar atrapado.
Estuviste fuera poco más de un par de horas Shirou reflexionó, tratando de poner en palabras lo inefable — Fue… un acuerdo— Dijo lentamente — No como encender un interruptor.
Como… pedirle prestada una ley a la realidad.
Una ley nueva.
Las palabras… no las elegí.
Simplemente eran lo que mi ser necesitaba decir para que el acuerdo se concretara.
Y luego… fue como si todo mi cuerpo, cada célula, no solo mis circuitos, se alineara con un propósito único.
No había dolor.
No había esfuerzo.
Solo… fluidez y un calor reconfortante Rin asintió, su mente catalogando la información — Eso concuerda con lo que detecté.
No hubo la típica tensión de un magus forzando energía a través de sus circuitos.
Fue una transición suave, orgánica, del estado “apagado” al estado “encendido”.
Y el efecto en el entorno… no fue una fuga de energía, Shirou.
No fue que no pudieras contenerlo.
Fue que al activarte, tu definición de “yo” y “no-yo” parece ser más difusa que la de un humano normal.
Al cambiar tu estado interno, el entorno inmediato… negoció un nuevo estado para sí mismo.
Temporalmente Ella se frotó la sien, un gesto inusual de estrés visible — Esto es totalmente nuevo.
No está en ningún libro.
No sigue las reglas del magecraft moderno.
Tienes el potencial crudo de la Era de los Dioses metido en el cuerpo de un estudiante de secundaria de la Era Moderna, con un manual de instrucciones escrito en un lenguaje que el mundo olvidó hace milenios Shirou la miró, viendo más allá de la fachada de la maga segura de sí misma.
Vio a una joven, apenas unos años mayor que él, cargando con el peso de un secreto monumental y una responsabilidad que no pidió — Lo siento, Tohsaka— Repitió, esta vez con más significado— Por ponerte en esta situación Rin lo miró fijamente, y por un instante, algo en su expresión se suavizó — Deja de disculparte por existir— dijo, su voz más tranquila— Fue mi decisión aceptarte como estudiante.
Y…— Hizo una pausa, como si luchara por admitirlo— Y es fascinante.
Peligrosamente, exasperantemente, imposiblemente fascinante.
Nadie en la Asociación, ni siquiera Lord El-Melloi II con toda su petulancia, ha visto algo como esto— Luego ella lo miró a los ojos— Pero todavía no me has contado lo que viste en ese trance— Insistió Rin, recuperando su tono de instructora, aunque una curiosidad genuina asomaba en sus ojos— Los estados de conciencia alterada durante la primera activación pueden ser reveladores.
¿Fue solo una metáfora, o tuviste una visión propiamente dicha?
Shirou desvió la mirada.
En su mente, la imagen de la Rin adulta— Aquella sonrisa cariñosa, aquella mano tomando la de su yo futuro— se superpuso a la joven severa que tenía frente a él.
Un calor familiar, el mismo de la rosa de fuego, le subió por el cuello hasta las orejas — Era… un lugar de niebla,— Comenzó, con voz baja— con un suelo de agua dulce.
Y allí estaban… nosotros.
Pero mayores Rin alzó una ceja, expectante— ¿Mayores?
¿Haciendo qué, precisamente?
— No… no haciendo nada malo,— Se apresuró a aclarar Shirou, sintiendo cómo el rubor se intensificaba— solo… estaban juntos.
Él, mi yo futuro, me dijo que aún no estaba listo para ver todo.
Y ella… tú… te acercaste y me hablaste de una rosa — ¿Una rosa?— Rin frunció el ceño, intrigada, una pequeña sonrisa burlona adornando su rostro Shirou asintió, y por un momento, el recuerdo lo envolvió tanto que la vergüenza cedió ante la maravilla— Una rosa hecha completamente de llamas.
Blanca, naranja, dorada… viva.
Dijiste que era como yo.
Que parecía imposible, pero estaba allí.
Que ardía, pero no quemaba.
Que… que yo era la flor, y la flor era yo El sótano quedó en silencio.
El leve aroma a rosas y ceniza que impregnaba el aire pareció intensificarse, cobrando un nuevo significado.
Rin ya no sonreía con burla.
Su expresión era impenetrable, pero sus ojos, aquellos ojos azules tan agudos, estaban fijos en Shirou con una intensidad que lo hacía sentirse completamente desnudo — ¿Y esa… fue la primera vez que me ves en una de tus visiones?— Preguntó finalmente, su voz cuidadosamente neutral Shirou tragó saliva.
La trampa que él mismo había tendido ahora se cerraba alrededor suyo.
No podía retroceder — No— Admitió, la palabra casi un susurro— Después del incendio… los recuerdos de mi vida anterior se desvanecieron.
Pero a cambio, a veces… veo fragmentos.
Ecos de futuros que podrían ser, o que tal vez fueron.
Y en muchos de ellos… estás tú.
A veces a mi lado, a veces al otro lado de un campo de batalla.
A veces riendo, a veces con lágrimas en los ojos.
Nunca sé qué significan, solo sé que estás allí.
Siempre El silencio que siguió fue denso, cargado con el peso de la confesión.
Rin desvió la mirada, observando el patrón quemado en forma de rosa en la camisa de Shirou.
Cuando volvió a hablar, su voz había perdido toda traza de burla o academicismo.
Era simple, directa, y por ello, más vulnerable de lo que Shirou jamás la había escuchado — Clarividencia— Dijo, como saboreando la palabra— Un don rarísimo, y más aún tan activo.
No es lo que eres, pero es parte de lo que te sucedió— Hizo una pausa, y cuando volvió a mirarlo, había una determinación nueva en su mirada— Esa rosa de fuego… no era solo una metáfora bonita, Shirou.
En el lenguaje simbólico de lo profundo, que es donde tu mente viajó, representa la paradoja de tu existencia: belleza que nace de la destrucción, calidez que no consume, un milagro que se sostiene a sí mismo.
Y si yo… si una versión de mí te dijo que tú eras esa flor…— Respiró hondo— Entonces en algún nivel, mi subconsciente mágico, o el tuyo, o el destino, reconoce lo que eres.
Algo que debería ser imposible, pero que sin embargo es Se levantó, dando la espalda por un momento, como si necesitara recomponerse.
Shirou la veía, la línea de sus hombros tensa bajo la chaqueta roja arrugada.
— Esa visión,— Continuó, sin volverse— no era un delirio vergonzoso.
Era una verdad disfrazada de sueño.
Y el hecho de que la compartieras…— Finalmente se giró.
En su rostro había una seriedad absoluta, pero en las comisuras de sus ojos, casi imperceptible, titilaba algo distinto: no vergüenza, sino una aceptación resignada y cálida— Significa que, nos guste o no, nuestros caminos están enredados.
Quizás desde antes de que nos conociéramos… Uf, antes de que llega la realidad ya era lo suficientemente complicada Shirou la miró, y por primera vez desde que había despertado en el sótano, sintió que el suelo bajo sus pies era sólido.
No había ganado ningún juego tonto.
Había perdido una capa de su soledad — Lo siento— Dijo, pero esta vez no por los destrozos — Ya te he dicho que dejes de disculparte— Replicó Rin, pero su tono no tenía filo.
Recogió su bolso y se dirigió hacia las escaleras— Y ahora vete a casa.
Necesito… procesar.
Y ventilar este lugar antes de que el olor a rosas se me meta en todos los libros Al llegar al primer escalón, se detuvo.
Sin mirar atrás, añadió: — Y Shirou… la próxima vez que tengas una de esas visiones… en la que yo aparezca.
Podrías… contármela.
Como alumno a sensei.
Sin sonrojos Antes de que él pudiera responder, ella subió los escalones y desapareció en la planta superior, dejando a Shirou solo en el sótano silencioso, donde el aire todavía cantaba suavemente con el eco de un milagro, y el futuro, por primera vez, no se sentía como un peso, sino como una promesa suspendida en el aroma de las flores y la ceniza * * * En la cima del edificio más alto de Fuyuki, a varios kilómetros del distrito de Miyama, una figura femenina con cabellos dorados como el fuego y ojos rojos como rubíes se alzaba orgullosa sobre la diminuta ciudad bajo sus pies.
Su mirada— una mirada que atravesaba cualquier obstáculo— estaba puesta directamente en el sótano de la Mansión Tohsaka — Oh, mi pequeña Estrella Errante— Sus labios pronunciaron esas palabras con emoción evidente— Cada vez que mis ojos se posan sobre ti, me sorprendes más… Siempre sobrepasas mis expectativas Los ojos de esta hermosa mujer— Gilgamesh— brillaban como gemas bajo la luz de la luna, tan emocionados, tan embelesados con un espectáculo que solo ella podía ver — Ese velo con el que tú mismo te cubres ahora es excelente… Tanto que casi ningún magus de esta era, por poderoso que sea, podría ver más allá de ese ligero brillo que dejas ver.
Ni siquiera esa pequeña maestra tuya que te enseño como hacerlo puede ver por completo tu nuevo brillo— Los labios de la reina, manchados de vino rojo como la sangre fresca, se curvaron en una sonrisa seductora— Pero yo no soy como esos sucios mestizos.
A mí no puedes ocultarme nada… Puedo verte por completo… puedo ver el hermoso brillo de tu alma… El nombre que te di es sin duda más que acertado.
Tu brillo se ha vuelto mucho más resplandeciente,… es tan fascinante, que podría volverme adicta Ella lamió sus labios, sus papilas gustativas imaginando otro sabor que no era el simple vino que los manchaba — Ya estoy deseando que vengas a pedir mi consejo… Pero hazlo rápido, mi dulce Estrella Errante…— Su mirada, antes embelesada, se tornó afilada, hambrienta, como un depredador frente a un cordero indefenso— Porque si no lo haces… entonces seré yo quien te busque.
Oh, mi querida Estrella Errante…
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