Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Reincarnation: Multiversal Class - Chronicles of the Wandering Miracle - Capítulo 17

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Reincarnation: Multiversal Class - Chronicles of the Wandering Miracle
  4. Capítulo 17 - 17 Capítulo 16 Pequeños Pasos
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

17: Capítulo 16: Pequeños Pasos 17: Capítulo 16: Pequeños Pasos Capítulo 16: Pequeños Pasos El sábado siguiente, el camino hacia la mansión Tohsaka ya no se sentía como una marcha hacia el frente de batalla.

Para Shirou Emiya, caminar por esas calles bajo el sol de la mañana tenía ahora el ritmo extrañamente cómodo de una rutina recién nacida.

Mientras sus pies seguían el trayecto conocido, su mente, en un raro ejercicio de distancia, observaba los últimos días no como un participante, sino como un narrador de su propia vida Él, Shirou, había pasado la semana aprendiendo a respirar de nuevo El lunes, el mundo después de la confesión del domingo había amanecido frágil, como de cristal.

Verse en los pasillos de la escuela no fue un encuentro, sino un reconocimiento mutuo de territorio minado.

Sus ojos se encontraron por una fracción de segundo más larga de lo normal.

Un micro-movimiento de su cabeza, un casi imperceptible inclinar de la barbilla de ella.

Eso fue todo.

Un saludo silencioso, un “te veo” y un “sigo aquí” encapsulados en un gesto mínimo.

No hubo palabras.

No las necesitaban.

Cualquier sonido habría sido demasiado fuerte, capaz de romper el delicado entendimiento de que lo sucedido el domingo era un continente aparte, y que aquí, en la luz cruda del instituto, seguían siendo Emiya y Tohsaka: el forastero de pelo blanco y la princesa perfecta.

Él notó que ella llevaba las coletas un poco más apretadas de lo habitual, como si el orden en su cabello fuera un amuleto contra el caos de sus visiones El martes, él decidió que el silencio era otra forma de peso, y quiso probar si podían aligerarlo.

No fue una decisión audaz.

Fue un titubeo.

La atrapó junto a su taquilla, justo antes de que la campana los arrastrara a clases separadas — Tohsaka Ella se volvió, una ceja enarcada en una pregunta muda — ¿Todo bien?

—logró salir de su boca.

Era la pregunta más insulsa, más amplia y más torpe del universo Rin lo miró como si acabara de preguntarle por la teoría de cuerdas.

Parpadeó — ¿Todo bien?

¿A qué te refieres?

— Nada.

Solo… el día.

Si empezó bien Hubo un suspiro breve, casi inaudible.

No de fastidio, sino de algo parecido a la resignación ante la torpeza masculina — El día empezó.

Eso ya es algo.

Tú pareces vivo, al menos— Respondió, y antes de que él pudiera procesar si era un reproche o un intento de humor seco, ella ya cerraba su taquilla con un clic definitivo— No llegues tarde a clase, Emiya Fue un rechazo, pero un rechazo suave.

No había filo en su voz, solo prisa.

Él lo tomó como un punto a favor.

Había iniciado.

Ella no lo había incinerado con la mirada.

Era progreso El miércoles, el punto de inflexión silencioso, fue cosa de ella Shirou estaba en el taller de arte, al final de la hora libre.

El sol de la tarde se colaba por los altos ventanales, iluminando el polvo de tiza y óleo que flotaba en el aire.

Él estaba solo, enfrascado en lavar con meticulosidad un pincel de cerda bajo el chorro de agua fría.

El ritual mecánico, el agua corriendo sobre sus manos, le ayudaba a aquietar la mente, a anclarse en lo tangible: el olor a trementina, la textura de la madera, el sonido del agua No la oyó llegar.

Simplemente, la sintió.

Era como un cambio en la presión del aire, un leve desplazamiento de la luz en su periferia.

Su presencia tenía una cualidad distinta a la de cualquier otro estudiante — Tu control de la firma mágica es como un faro parpadeante,— Dijo la voz de Rin, clara y sin preámbulos, desde el marco de la puerta— es inconsistente cuando estás distraído Shirou se volvió, un poco sobresaltado, dejando que el agua siguiera corriendo.

Ella estaba recostada contra la jamba, con los brazos cruzados sobre su suéter.

No lo miraba a él, sino al chorro de agua que caía sobre el pincel, como si estuviera analizando un fenómeno curioso — ¿En serio?— Preguntó él, la preocupación asomando de inmediato Rin negó con la cabeza, un gesto mínimo— No.

En realidad, está perfecto.

Tan estable como una roca— Por fin desvió su mirada azul hacia él, y en sus ojos había algo que no era reproche, sino… evaluación pura, mezclada con un destello de lo que podía ser curiosidad profesional— Pero ese es el problema.

Lavar pinceles no requiere concentración para ti.

Es automático.

Tu ocultamiento debería serlo también Shirou cerró el grifo.

El silencio del taller, ahora que el agua se había detenido, fue repentinamente íntimo— ¿Y cómo se practica eso?

— Con interferencia— Respondió ella, desplegando un dedo para señalarle— Con distracciones que exijan otra parte de tu cerebro.

Si puedes mantener el velo mientras alguien te habla de sorpresa, o mientras intentas resolver un problema mundano, entonces estás internalizando el hábito— Hizo una pausa, y Shirou creyó ver una chispa juguetona bailando en sus ojos— Como ayer.

Tu pregunta.

Fue, estúpida y terriblemente genérica Shirou sintió un leve pinchazo de vergüenza.

“¿Todo bien?”.

Sí, había sido patético — Pero,— Continuó Rin, empujándose suavemente del marco de la puerta y dando un par de pasos hacia dentro del taller— el pulso de tu firma mágica no varió ni un ápice cuando te acerqué y hablé.

Ni siquiera cuando te sorprendí.

Eso es lo que importa.

El contenido de la conversación puede ser estúpido, pero la disciplina no— Se detuvo a un metro de distancia, mirándolo directamente— Así que sigue.

Sigue practicando.

El ocultamiento, digo.

Usa conversaciones triviales como campo de entrenamiento.

Es más útil de lo que parece Antes de que Shirou pudiera formular una respuesta, una pregunta, cualquier cosa, ella ya se estaba dando media vuelta Y se fue, dejándolo con el pincel goteando y un nuevo nudo de confusión y algo vagamente parecido a la esperanza en el pecho.

Él comprendió entonces que el lenguaje de Rin Tohsaka no se traducía directamente.

Había que leer entre lineas.

“Sigue practicando” podría significar “Inténtalo de nuevo” El jueves, la discusión en el pasillo no fue un accidente.

Shirou, animado por el «sigue practicando» del día anterior, la interceptó deliberadamente después de clase con uno de los libros que ella le dio el domingo para estudio independiente hasta la próxima lección.

El libro estaba abierto en una página sobre simpatía mágica — Tohsaka, una duda sobre el principio de contacto— Dijo, mostrándole un párrafo subrayado— Aquí dice que el vínculo es más fuerte si el objeto ha estado en contacto íntimo con la persona.

¿Pero qué constituye “íntimo”?

¿Llevar un anillo por mucho tiempo cuenta igual que… una herida compartida?

Rin se detuvo, y por un instante, Shirou pensó que lo iba a desairar.

Pero sus ojos se posaron en el texto, y el brillo de la académica se encendió en ellos— ¡Esa es una pregunta decente!— Concedió, cogiendo el libro de sus manos sin ceremonia— “Íntimo” en magecraft no es emocional, es energético.

Un anillo que has llevado años está imbuido de tu prana residual, de tu ritmo mágico.

Es un molde de ti.

Una herida…— Frunció el ceño— Es más directo.

Hay sangre, tejido, una violación física que deja una firma mucho más clara y potente.

Pero también es más caótica, más difícil de refinar.

¿Ves la diferencia?

Shirou asintió, siguiendo su razonamiento— Entonces, no es la emoción lo que fortalece el vínculo, sino la… “contaminación” mágica sostenida — Exactamente— Afirmó Rin, señalándolo con el dedo— Aunque “contaminación” suena feo.

Preferimos “imbuición”— La discusión se enredó desde allí, derivando hacia la eficacia relativa de objetos queridos frente a objetos de uso cotidiano, e incluso a temas un poco diferentes como el cabello siendo un pseudo-órgano de acumulación de prana.

Estaban tan absortos que no notaron cómo los pasillos se vaciaban, cómo el silencio descendía sobre el instituto.

Fue la voz del conserje, no la campana, la que los sacó del hechizo — ¿Señorita Tohsaka?

¿Emiya?— Dijo el hombre mayor, con una escoba en la mano y una expresión de curiosidad benévola— Las clases terminaron hace media hora.

El club de kendo ya terminó también, joven Se separaron con un sobresalto, como dos niños pillados en faena.

Un rubor leve, casi imperceptible, tiñó las mejillas de Rin— Lo sentimos, Matsumoto-san— Dijeron al unísono, y la sincronía de sus voces los tomó por sorpresa a ambos, generando una nueva oleada de incomodidad y algo parecido a la complicidad Rin carraspeó, recuperando la compostura a la velocidad del rayo— Bueno.

Este punto no se puede dejar así.

Tu interpretación del texto es simplista.

Mañana.

Aquí mismo, después de clase.

Trae el mismo libro y el otro que te di, el que tiene la cubierta azul— Era una orden, pero el hecho de que especificara un segundo libro, de que estuviera planeando ya la continuación, la delataba.

Era una cita, disfrazada de sesión de estudio — De acuerdo— Dijo Shirou, su voz sonando más segura El viernes fue la consolidación.

Se reunieron en el aula vacía, tal como acordaron.

Pero esta vez, Rin llegó con su propia bolsa de tela llena de pergaminos fotocopiados de su biblioteca personal— El libro que tienes es básico, tiene omisiones— Declaró, desplegando uno de ellos sobre el pupitre que habían arrimado junto a la ventana— Aquí, mira este diagrama.

El instituto Atlas del siglo XVIII refinó el principio… La tarde se deslizó entre ellos suavemente.

La discusión fue intensa, pero ya sin la urgencia exasperada del día anterior.

Había pausas.

Silencios cómodos mientras uno o otro consultaba un texto.

En uno de esos silencios, Rin, absorta en un pasaje particularmente denso, se llevó distraídamente la punta de su lápiz a los labios, mordisqueando el plástico con suavidad.

Shirou la observó por un momento, captando un destello de una concentración tan pura y desprevenida que le pareció ver, por un instante, a la niña que había sido antes de cargar con el peso de un apellido.

Ella notó su mirada, bajó el lápiz de inmediato y carraspeó — ¿Qué?

¿Tengo algo en la cara?— Preguntó, defensiva — No— Sonrió Shirou, un gesto pequeño pero genuino, de alguna manera mas sincero que la sonrisa alegre que estaba casi siempre pegada a su rostro— Solo pensaba que parece más fácil entender esto cuando lo explicas que cuando está escrito así Rin lo miró con suspicacia, como si buscara un doble sentido.

Al no encontrarlo, desvió la mirada hacia el pergamino— Bueno, es que está mal traducido.

El original en alemán es más claro— Pero el tono de su voz había perdido su filo habitual Cuando la luz de la tarde comenzó a ponerse dorada, alargando las sombras en el aula, cerraron los libros casi al mismo tiempo.

No hubo un “hasta mañana” incómodo.

Fue Rin quien, mientras guardaba sus pergaminos, dijo sin mirarlo directamente: — Mañana, en la mansión.

Proyección básica.

No comas mucho antes, a veces causa náuseas la primera vez — ¿A las diez?— Preguntó Shirou, recogiendo su mochila — A las diez y media.

Necesito ordenar el sótano después de… del incidente de la semana pasada— Respondió ella, y por un momento, la sombra de las pesadillas compartidas pasó entre ellos, tácita pero reconocida— Y, Emiya… — ¿Sí?

— Trae ese libro.

Todavía no hemos terminado con el capítulo de simpatía Era su forma de decir “quiero que vuelvas”.

De decir que esto, lo que fuera que estaban construyendo entre teoría mágica y silencios elocuentes, tenía continuidad Shirou asintió— Lo traeré Él, ahora, caminando el sábado hacia su lección formal, lo recapacitaba todo.

La semana había sido una serie de pequeños pasos, de puentes frágiles construidos palabra a palabra, gesto a gesto.

Ya no había sólo el peso de las visiones horribles compartidas.

Había, también, el peso ligero de una lata de té instantáneo compartida, la memoria de su ceño fruncido mientras disentían, la imagen de ella absorta en un diagrama, mordisqueando el extremo de su lápiz sin darse cuenta No era una amistad normal.

Era un armisticio, un pacto de estudio, una alianza forjada en el miedo pero que ahora encontraba un terreno común en la curiosidad y la necesidad mutua.

Y quizás, en algún lugar profundo bajo las capas de timidez, terror mágico y orgullo herido, había algo más que estaba brotando.

Algo tan frágil y nuevo como el primer brote verde después de un incendio.

Shirou no lo nombraba.

Pero al tocar el timbre de la mansión Tohsaka, ya no lo hacía con el dedo tenso de un soldado en territorio enemigo.

Lo hacía con la mano tranquila de alguien que, por primera vez, esperaba genuinamente lo que había al otro lado de la puerta La puerta se abrió.

Rin estaba allí, con su falda negra y su suéter rojo holgado, el cabello atado en sus coletas dobles habituales.

Tenía una nueva mancha de tinta, esta vez en la punta de la nariz.

Parecía no haberse dado cuenta — Llegas puntual— Observó, sin moverse para dejarlo pasar— Tu firma está estable.

Bien — Gracias— Dijo Shirou.

Y luego, antes de que su timidez lo traicionara, añadió, señalando su propia nariz— Tienes… tinta.

Ahí Rin se quedó inmóvil.

Sus ojos se cruzaron, intentando ver su propia punta nasal.

Un leve rubor le subió por las mejillas.

Frotó el lugar con el dorso de la mano, empeorando la mancha — ¿Ya?— Preguntó, con una severidad falsa — No.

Peor — Ugh.

Entra— Dijo, dándose la vuelta y dejándolo pasar, pero Shirou pudo ver cómo los músculos de su cuello se relajaban.

No era una sonrisa.

Pero casi.

Para Rin Tohsaka, era el equivalente a una risa abierta— Hoy toca proyección mágica básica, también llamada Grandation Air.

A ver si eres tan bueno con la teoría como para no proyectarte una cuchara en el ojo Shirou entró, cerrando la puerta tras de sí.

El aire olía a té, a polvo de libros y a un nuevo comienzo

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo