Reincarnation: Multiversal Class - Chronicles of the Wandering Miracle - Capítulo 18
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- Capítulo 18 - 18 Capítulo 17 Proyecciones Imposibles y un Rey en la Puerta
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18: Capítulo 17: Proyecciones Imposibles y un Rey en la Puerta 18: Capítulo 17: Proyecciones Imposibles y un Rey en la Puerta Capítulo 17: Proyecciones Imposibles y un Rey en la Puerta El sótano de la Mansión Tohsaka olía a frustración y a metal recién forjado — ¡No!
¡No, no, no!— La voz de Rin era un grito ahogado de exasperación pura.
Señalaba con un dedo trémulo el centro del círculo de tiza, donde, en lugar de la simple y funcional cuchara de aluminio que Shirou había intentado proyectar, un pequeño pájaro mecánico posaba su silueta plateada El pájaro no era una estatua.
Giró la cabeza, un movimiento preciso y articulado, y emitió un “clic-tic” que sonaba sospechosamente como un trino metálico.
Aleteó, y unas minúsculas plumas de acero delgado vibraron con un sonido de campanilla.
Durante cinco segundos gloriosos, describió un círculo perfecto en el aire del sótano antes de que su forma comenzara a desvanecerse en un polvo de luz dorada y partículas de prana residual, tal como dictaban las leyes de la Gradación Air — ¿Ves?— Gritó Rin, pasándose ambas manos por el cabello, deshaciendo aún más sus coletas gemelas— ¡Funciona!
¡El maldito pájaro funciona!
¡Canta, vuela, tiene articulaciones!
¡Es más complejo que cualquier proyección de tercer año en la Torre del Reloj!
¡PERO ES UN PÁJARO, EMIYA!
¡Tú querías una CUCHARA!
Shirou contemplaba el lugar donde el ave mecánica se había disipado, una mezcla de asombro y profunda incomodidad en su rostro, su sonrisa habitual convertida en un mueca— Yo… yo pensé en la cuchara.
De verdad.
Pero cuando el prana empezó a fluir, la imagen en mi cabeza… cambió.
Se volvió más… redonda.
Con alas — ¡Tu inconsciente es un saboteador estético!— Declaró Rin, derrotada, dejándose caer en un taburete.
Señaló una hilera de objetos dispuestos en una mesa de trabajo, todos a mitad de camino para desvanecerse en el aire como el pájaro, un museo de los fracasos de la mañana: un vaso de agua que se había transformado en una flauta travesera de cristal que emitía una nota perpetua y fantasmagórica; un cuchillo de cocina que ahora era una daga ceremonial sospechosamente parecida a cierto Noble Phantasm de una Caster con orejas como cuchillos; un simple ladrillo que había mutado en una compleja maqueta de la Torre de Babel hecha de arcilla refractaria — Explícame— Dijo Rin, con una calma peligrosa— Cómo “proyectar un contenedor para líquidos” se traduce en tu cerebro como “crear un instrumento musical de viento del período barroco” Shirou se encogió de hombros, genuinamente perplejo—El vaso… es para contener.
La música también contiene cosas, ¿no?
Emociones.
Recuerdos.
Parecía… más útil de esa manera Rin lo miró como si acabara de declarar que el cielo era verde— ¡La proyección no se trata de “utilidad filosófica”!
Se trata de replicar una forma, una estructura, con la mayor fidelidad y el menor costo de prana posible.
¡Tú no replicas!
¡Tú… reinterpretas!
Y siempre hacia algo más complicado, más bello o más absurdo Esa era la cruel ironía que él, Shirou Emiya, empezaba a vislumbrar.
Su Origen, ese núcleo de “Milagro” que lo definía, no era una llave maestra que abría todas las puertas del magecraft.
Era un puente colgante sobre un abismo: podía llevarte a lugares imposibles, pero intentar usarlo para cruzar un arroyo era una empresa ridícula y peligrosa.
Podía convertir un pensamiento vago en un pájaro de metal viviente, pero era incapaz de producir la cuchara más mundana si su naturaleza no la consideraba… ¿significativa?
¿Interesante?
Él no lo sabía.
Solo sabía que cada vez que intentaba seguir las instrucciones al pie de la letra, algo dentro de él, un instinto profundo y terco, torcía el rumbo hacia lo extraordinario, haciendo el hechizo inútil para cualquier propósito práctico que Rin pudiera concebir ‘Es como el Shirou original’ Pensó, con un golpe de melancolía extraña.
El otro yo de las visiones, el de cabello rojo y voluntad de acero, había sido también un inútil en magecraft convencional.
Solo podía hacer una cosa, sobre especializarse hasta el absurdo.
Él, en cambio, podía hacer de todo… pero nunca lo que se suponía que debía hacer.
Era un paralelismo torcido, una broma del destino.
Su poder no lo hacía fuerte; lo hacía impredecible.
Y en el mundo de Rin, el mundo del magecraft y el misterio, la impredictibilidad era sinónimo de peligro — Basta por hoy— Suspiró Rin, agotada no por el gasto de prana, sino por el esfuerzo mental de luchar contra la lógica distorsionada de su alumno— Tu control es perfecto.
Tu comprensión teórica, adecuada.
Tu ejecución… es un acto de rebelión cósmica contra el sentido común.
Vete.
Necesito repensar mi estrategia pedagógica.
Tal vez… tal vez empezar por pedirte que proyectes algo imposible, a ver si por rebote obtengo algo simple Shirou salió del sótano con una mezcla de alivio y una punzada de decepción consigo mismo.
El camino a casa fue más lento de lo habitual, su mente repasando el trino metálico del pájaro.
¿Era eso todo lo que su milagro podía ofrecer?
¿Maravillas inútiles?
Al llegar a la Villa Emiya, esperaba el olor a curry de Taiga— la pobre se había visto obligada a aprender a cocinar por su cuenta porque ambos Emiya eran completos desastres culinarios, uno solo sabia hacer pan MUY tostado, y el otro directamente quemaba la cocina—, o tal vez la silueta tranquila de Kiritsugu en el jardín.
Lo que no esperaba encontrar era a la mujer más deslumbrante y fuera de lugar que hubiera visto jamás en el umbral de su puerta Era ella.
La mujer dorada.
Gilgamesh.
Pero no vestía con las lujosas ropas que recordaba.
Llevaba unos jeans negros impecablemente ajustados, una camiseta blanca simple que, contra todo pronóstico, parecía la prenda más exclusiva del mundo, y unos lentes de sol con montura dorada que ocultaban sus ojos de rubí.
Su cabello, como una cascada de oro fundido, caía libre sobre sus hombros.
Y sonreía.
Una sonrisa amplia, juguetona y ligeramente amenazante — ¡Mi adorable Estrella Errante!— Su voz era melosa, como miel envenenada— Finalmente vuelves a tu nido.
Y tu rey ha tenido que venir a buscarte, ¿no es eso una falta de consideración?
Shirou se quedó helado en la vereda— ¿G-Gil?
¿Qué haces aquí?
— Lo que deberías haber hecho tú— Replicó ella, bajando los lentes con un dedo para mirarlo por encima de ellos.
Sus ojos escarlata brillaban con diversión— Nuestro acuerdo era que vendrías a mí en busca de consejo.
Han pasado días.
Semanas.
He contemplado el paso de las nubes desde mi templo, y ni un atisbo de tu brillante cabellera blanca viniendo a pedir sabiduría.
Me aburría, pequeño errante.
Y cuando yo, el Rey mas magnifico, me aburro, el mundo tiembla — Yo… estaba preparando mis preguntas— Logró balbucear Shirou, sintiendo que el pánico hacía nudo en su estómago— No quería molestarte con trivialidades.
Quería que fueran… dignas de tu tiempo Gilgamesh soltó una risa clara y melodiosa, que hacía que el aire de la tranquila calle pareciera vibrar— ¡Oh, qué excusa más deliciosamente servil!
Me divierte.
Tanto, que he decidido perdonar tu negligencia… con un castigo leve Shirou tragó saliva— ¿Castigo?
— Por supuesto— Dijo ella, colocándose los lentes de nuevo y adoptando un aire de solemne decreto— Dado que claramente necesitas que te recuerden mi presencia, y que tu humilde morada carece por completo de esplendor, he decidido condescender a residir aquí.
De ahora en adelante, tendrás el honor indecible de albergar a tu rey.
Debes estar feliz, ¿no es así?
Pocos mortales reciben un privilegio semejante Shirou sintió que el mundo giraba— ¿Q-que?
¿Vivir… aquí?
¿Pero… y Kirei?
— El sacerdote,— Dijo Gilgamesh con un gesto de desprecio— se ha vuelto tan insoportablemente sombrío que hasta el vino sabe a ceniza en su compañía.
Necesito un nuevo… patio de recreo.
Y tú, mi Estrella Errante, eres el juguete más interesante que he encontrado en siglos.
Es una solución perfecta.
Yo me libero del aburrimiento, y tú— Añadió, su sonrisa volviéndose afilada— tienes a tu mentora a un suspiro de distancia, lista para responder a todas esas preguntas dignas que has estado acumulando.
Un ganar-ganar, como dicen en esta era vulgar Antes de que Shirou pudiera procesar la increíble proposición, la puerta principal se abrió Taiga Fujimura asomó la cabeza, con una expresión de curiosidad absoluta— ¡Shirou!
¡Llegas tarde!
Y ¿quién es tu…?
¡Waaaah!— Su mirada cayó en Gilgamesh, y sus ojos se abrieron como platos.
La presencia del Rey, incluso vestida de civil, era simplemente aplastante— ¡Qué mujer tan increíble!
¿Una amiga del colegio?
¡No me habías dicho nada!
Detrás de Taiga, en la penumbra del recibidor, apareció la silueta de Kiritsugu Emiya.
Su postura, normalmente laxa, estaba ahora tensa como la de un resorte.
Sus ojos, cansados y grises, no se posaron en Shirou.
Se clavaron en Gilgamesh con la intensidad de un láser, reconociendo en un instante no a una mujer excéntrica, sino a la catástrofe andante que había visto hace diez años, al Archer dorado que había sembrado el caos en la última guerra.
El Magus Killer vio la sonrisa juguetona, la arrogancia divina apenas disimulada, y el interés que depositaba en su hijo.
Una ola de frío glacial, el mismo que sentía en las noches más oscuras de su pasado, le recorrió la espina dorsal Gilgamesh, por su parte, desvió su sonrisa hacia Kiritsugu.
La reconoció también, por supuesto.
Al hombre que había intentado, con patética audacia, destruir el Grial.
El sobreviviente — ¡Este debe ser el patriarca de este hogar!— Anunció Gilgamesh con una voz demasiado dulce— Gil.
Un placer.
Tu hijo ha tenido la suerte inmensa de captar mi interés.
He decidido, en un acto de generosidad real, guiar su educación personalmente.
Y para facilitar las cosas, me quedaré un tiempo.
Confío en que no habrá… objeciones Cada palabra era una daga envainada en seda.
Kiritsugu la sostuvo la mirada.
El aire entre ellos se espesó, cargado de recuerdos de fuego, de sangre derramada y de la mirada vacía de un artefacto corrompido.
Él vio la amenaza no dicha.
Ella vio al hombre roto y maldito que ya no era un rival, sino un obstáculo potencial — Taiga— Dijo Kiritsugu, sin apartar los ojos de Gilgamesh— ¿Podrías traer algo de té para nuestra… invitada?
Shirou, ayuda a… a la señorita Gil con sus cosas Su voz era plana, controlada, pero Shirou, que lo conocía bien, detectó el filo de acero bajo la superficie.
El miedo.
La alerta máxima — ¡Oh, no te preocupes por mis pertenencias!— Rio Gilgamesh, haciendo un gesto despreocupado.
Un destello dorado, casi imperceptible, brilló a su espalda y un pequeño y lujoso baúl de madera con incrustaciones de lapislázuli apareció junto a ella, como si hubiera estado allí todo el tiempo— Viajo ligera.
Solo con lo esencial Taiga, completamente deslumbrada y ajena a las corrientes subterráneas de terror que fluían a su alrededor, clapoteó con las manos— ¡Qué estilo!
¡Shirou, no sabía que tenías amigos tan glamurosas!
¡Pasa, pasa, señorita Gil!
¡Te prepararé el mejor té!
Gilgamesh cruzó el umbral, pasando junto a Kiritsugu como una galeón dorado pasando junto a un acantilado gris y erosionado.
Sus hombros se rozaron por una fracción de segundo.
Un choque de eras, de voluntades, de peligros inconmensurables — Gracias por tu… hospitalidad, Emiya— Dijo Gilgamesh, dirigiéndose a Kiritsugu con una familiaridad que era un insulto.
De alguna manera, la falta de su insulto clásico, “mestizo”, sonaba mas insultante y provocativa que cualquier insulto — El hogar siempre está abierto para los… amigos de Shirou— Respondió Kiritsugu, y la palabra “amigos” sonó como el chasquido de un seguro de pistola al ser quitado Shirou, atrapado en medio, miró a su padre, luego a la espalda dorada de Gilgamesh que se adentraba en su casa como si fuera su palacio, y luego la canturreante Taiga a lo lejos.
Sus problemas recientes con el magecraft parecían triviales de repente.
Había pasado de tener que soportar dilemas existenciales causados por su propio origen, a tener, sin previo aviso, una bomba de tiempo de naturaleza divina y caprichosa sin igual… Un verdadero “bombón” ‘Pero no todo es malo.
Al menos tengo a alguien ademas de Rin, y mucho mas experimentado, que me ayude con mi camino hacia obtener el poder que necesito para proteger a todos los que quiero’ Pensó Shirou para sus adentros, una sonrisa alegre y entusiasta extendiéndose por sus labios.
Y, con una audacia sin limites, corrió al lado de Gil y entablo una conversación trivial, la cual, contra todo pronostico, ella respondió con entusiasmo similar
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