Reincarnation: Multiversal Class - Chronicles of the Wandering Miracle - Capítulo 21
- Inicio
- Todas las novelas
- Reincarnation: Multiversal Class - Chronicles of the Wandering Miracle
- Capítulo 21 - 21 Capítulo 20 El Precio de la Imprudencia
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
21: Capítulo 20: El Precio de la Imprudencia 21: Capítulo 20: El Precio de la Imprudencia Capítulo 20: El Precio de la Imprudencia La mañana se había instalado sobre la Villa Emiya con una luz diáfana que contrastaba violentamente con la tensión que impregnaba cada rincón de la casa.
Rin Tohsaka no se marchó.
A pesar de que la “tutoría dual” era un concepto que todavía le revolvía el estómago, su instinto de preservación —y una curiosidad intelectual que se negaba a admitir— la mantuvo anclada a la Villa Emiya.
Mientras observaba a la mujer dorada, quien se había apropiado de un rincón del salón con la naturalidad de quien reclama un territorio conquistado, Rin llegó a una conclusión interna que jamás admitiría en voz alta: no podía dejar a Shirou a solas con esa entidad.
Tenía que evaluarla, entender qué clase de peligro representaba y, sobre todo, asegurarse de que no convirtiera a su nuevo alumno en un experimento fallido.
Gilgamesh, recostada en el sillón que había declarado su “trono provisional”, fingía leer un libro de tapas doradas que había sacado de quién sabe dónde.
Pero sus ojos, de vez en cuando, se desviaban hacia la escena con una agudeza que no pasaba desapercibida para Rin.
La presencia de esa mujer era como una espina clavada en su nuca, una constante recordatorio de que no era la única figura de autoridad en la educación de Shirou.
Y eso, para la heredera Tohsaka, era profundamente irritante.
‘No es que me importe lo que esa arrogante piense’, Se dijo a sí misma, ajustando un pergamino con un movimiento brusco.
‘Pero si voy a enseñarle, será a mi manera.
Sin interferencias’ — Bien, Emiya— Comenzó, su voz adoptando el tono didáctico que usaba cuando quería imponer orden— Vamos a intentar algo diferente con la proyección.
La última vez, tu… “experimento”… resultó en un desastre energético y un pájaro mecánico.
Claramente, tu origen está interfiriendo.
Shirou, aún con un leve tono de agotamiento en el rostro, asintió con atención.
Sus circuitos hormigueaban levemente tras el colapso del día anterior.
Se sentaron frente a la mesa en el centro del salón.
— La teoría es simple— Continuó Rin, señalando un diagrama en el pergamino— La Gradation Air sigue pasos específicos: visualización del objeto, comprensión de su estructura material, y vertido de prana en esa imagen para materializarla.
El problema contigo es que tu mente, influenciada por tu Origen, rechaza lo mundano.
Así que vamos a usar eso a tu favor.
Shirou frunció el ceño— ¿A mi favor?
— Piensa en algo grandioso— Dijo Rin, con un destello de orgullo por su propia inteligencia— Algo que consideres un “milagro”.
Algo tan impresionante que tu cerebro no pueda resistirse.
Y luego, cuando tengas esa imagen clara, intenta proyectar una cuchara.
La idea es que, al enfocarte en lo grandioso, lo mundano te parezca tan… insignificante, que tu poder lo produzca sin distorsión.
Como un subproducto.
Gilgamesh, desde su sillón, emitió un sonido que podía interpretarse como una risa ahogada.
Rin la fulminó con la mirada, pero la Reina ya había vuelto a su libro, inescrutable.
Shirou cerró los ojos.
“Algo grandioso.
Un milagro”.
Las palabras resonaron en su mente.
Intentó evocar una imagen de pureza, un destello de luz inalcanzable, algo que encajara con su origen de “Milagro”.
Visualizó el jardín imposible que había creado, la sensación de romper las leyes de la física.
Intentó forzar esa magnitud hacia el concepto de una cuchara de madera.
El resultado fue un vacío absoluto.
Sus circuitos zumbaron, pero no hubo manifestación física.
Su cerebro simplemente no podía procesar la conexión.
Para Shirou, influenciado por su propia esencia, era una blasfemia lógica imaginar algo maravilloso solo para dar a luz a la mediocridad.
Su magia rechazaba la idea de ser utilizada para lo común.
Rin suspiró, frotándose las sienes con frustración al ver que ni siquiera aprecia la silueta de una cuchara — ¿Lo ves?— Dijo Shirou, casi disculpándose— No puedo.
Cuando pienso en lo grandioso, lo pequeño se contamina.
Es como si mi cerebro no pudiera… concebir la mediocridad.
— Tu cerebro es un saboteador de manual— Masculló Rin, pasándose una mano por la cara— Está bien.
Lo acepto.
No puedes con la proyección básica.
Pasemos a algo donde no haya espacio para la “grandiosidad”.
Recogió una taza de cerámica que había en la mesa, simple, anodina, de un color marrón desgastado.
— Refuerzo— Anunció— Reinforcement.
El magecraft más básico y, al mismo tiempo, uno de los más peligrosos si se ejecuta mal.
Shirou se inclinó hacia adelante, interesado.
Refuerzo.
Había oído el término en las visiones, asociado a batallas y a ese otro Shirou de pelo rojo.
— El principio es simple— Explicó Rin, sosteniendo la taza entre sus manos— Todo objeto tiene una estructura interna, un “esqueleto” conceptual y material.
El refuerzo consiste en enviar prana a esa estructura para… bueno, reforzarla.
Hacerla más resistente, más duradera, más “ella misma”— Su tono se volvió grave— Pero el peligro es enorme.
Si el prana se distribuye de manera desigual, si encuentras un punto débil y lo sobrecargas, la estructura colapsa.
El objeto… explota.
Y si el objeto es parte de tu cuerpo, explotas tú.
Shirou asintió, comprendiendo la gravedad.
— Vas a empezar con esto— Dijo Rin, colocando la taza frente a él— Es un camino recto.
No debería haber espacio para que tu origen se desvíe.
Concéntrate en su estructura.
Siéntela.
Luego, envía un hilo finísimo de prana, como una caricia, no como un torrente.
¿Entendido?
Shirou cerró los ojos.
Extendió sus sentidos, tal como Rin le había enseñado semanas atrás.
Percibió la taza: la porosidad de la cerámica, las minúsculas grietas de su superficie, la densidad de su materia.
Era una red compleja pero simple.
Un patrón.
Sus 54 circuitos se activaron con un suave flujo.
Identificó los huecos en la cerámica de la taza y, con una precisión que sorprendió a Rin, deslizó su energía dentro.
La taza brilló por un breve instante y luego volvió a la normalidad.
Rin, que había contenido la respiración sin darse cuenta, exhaló con alivio— Funcionó.
Lo lograste.
Shirou abrió los ojos, una sonrisa de genuina alegría iluminando su rostro— ¿En serio?
¿Lo hice bien?
— Sorprendentemente, sí— Concedió Rin, con un tono que intentaba ocultar su propio alivio— La taza está reforzada.
Puedes comprobarlo tú mismo.
Shirou tomó la taza, la sopesó.
Se sentía… igual, pero diferente.
Más densa.
Más real.
Era un refuerzo perfecto, sólido y estable.
Sin embargo, al margen, Gilgamesh entrecerró sus ojos de rubí.
Ella notó algo que Rin había pasado por alto: la estructura de la taza no solo había sido reforzada, había sido alterada a nivel subatómico, vibrando con una intensidad sutil.
La “Guía” sonrió para sí misma, pero decidió no interferir.
El espectáculo estaba por volverse interesante.
Luego, con un movimiento impulsivo, la dejó caer al suelo.
La taza golpeó la madera con un sonido sólido y rotundo.
Y no se rompió.
Rodó un poco y quedó inmóvil, intacta.
— ¡Lo sabía!— Exclamó Shirou, recogiéndola con una sonrisa amplia— ¡Era tan resistente que ni siquiera… Se detuvo.
Una idea, peligrosa y brillante, había encendido una chispa en sus ojos.
Rin, que estaba recogiendo un pergamino, no lo notó.
Pero Gilgamesh, desde su sillón, sí.
Su sonrisa haciéndose ligeramente mas amplia, mas entusiasmada ‘La taza era tan resistente…’ Pensó Shirou, la idea tomando forma con una claridad aterradora.
‘Si puedo hacer eso con un objeto… ¿y si lo hago conmigo mismo?
Mi cuerpo también tiene una estructura.
Huesos, músculos, piel.
Si la refuerzo… me volveré más difícil de romper.
Más fuerte.
Capaz de proteger.’ La emoción de su primer éxito real en magecraft, después de semanas de teoría y fracasos, nubló su juicio.
No pensó en las advertencias de Rin.
No pensó en el peligro.
Solo pensó en la posibilidad.
En la fuerza.
Comenzó a imitar el proceso.
Extendió sus sentidos hacia su propio brazo derecho, percibiendo la intrincada red de su propia carne.
Hueso, músculo, nervio, vaso sanguíneo.
Un mapa complejo y frágil.
Luego, envió el prana.
Al principio, nada pareció ir mal.
Una luz azul-verdosa, suave y controlada, comenzó a brillar bajo la piel de su antebrazo, dibujando el trazo de sus circuitos.
Rin, que finalmente levantó la vista, se quedó helada.
— Emiya…— Su voz fue un susurro, luego un grito— ¡EMIYA!
¡DETENTE!
¡¿QUÉ CREES QUE ESTÁS HACIENDO?!
Pero Shirou no la escuchaba.
Sus ojos, fijos en su brazo, tenían esa cualidad hiperenfocada que tenia cuando creó el círculo monstruoso.
Una sonrisa inquieta, casi maníaca, curvaba sus labios.
No oía nada más que el latido de su propio corazón y el zumbido del prana fluyendo.
— Refuerzo… en mí mismo…— Murmuró, como en trance— Más fuerte… para proteger… — ¡Vas a perder el brazo, idiota!
¡DETENTE!
Pero era demasiado tarde.
La luz azul-verdosa comenzó a cambiar.
Se intensificó, volviéndose más brillante, más cegadora.
Y el color mutó, virando hacia un tono dorado que no se parecía a nada que Rin hubiera visto en un refuerzo normal.
— ¿Qué…?— Atinó a decir Rin, paralizada por el horror y la confusión.
Desde el sillón, Gilgamesh se incorporó ligeramente, sus ojos escarlata brillando con un interés renovado.
Ella sí había visto algo así.
No en magos, sino en… Shirou, con el brazo brillando como un faro de luz dorada, levantó la mano y golpeó la mesa que tenía al lado.
No fue un golpe especialmente fuerte.
No había impulso de karateca ni fuerza bruta.
Fue un gesto casi casual.
La mesa explotó.
No se partió.
No se astilló.
Explotó en una miríada de fragmentos que salieron disparados en todas direcciones como metralla.
Rin, con reflejos entrenados, activó un refuerzo instintivo sobre su propia piel, sintiendo el impacto de las astillas contra su barrera improvisada.
Gilgamesh, imperturbable, ni siquiera parpadeó; los fragmentos de madera rebotaron en su piel como si fuera acero, sin dejar marca.
Y entonces, un sonido rompió el silencio posterior a la explosión: un gruñido de dolor, profundo y desgarrado.
Shirou cayó de rodillas, agarrando su brazo derecho.
La luz dorada se había apagado, dejando al descubierto las consecuencias.
La piel de su antebrazo estaba… no rota, sino distorsionada.
Había zonas donde la carne parecía haberse hinchado de manera irregular, otras donde se había hundido.
Venas reventadas dibujaban mapas violáceos bajo la epidermis.
Los dedos colgaban con una laxitud antinatural, claramente dislocados o fracturados.
No sangraba profusamente, pero el daño interno era evidente, monstruoso.
— ¡EMIYA!— Rin se abalanzó hacia él, cayendo de rodillas a su lado.
Sus manos temblaban mientras evaluaban el daño sin atreverse a tocarlo— ¡Esto… esto es…!
¡Te dije que te detuvieras!
¡¿QUÉ MIERDA TE PASÓ POR LA CABEZA?!
Shirou, con el rostro pálido y perlado de sudor frío, intentó sonreír.
Fue una mueca torpe y dolorosa.
— Lo… lo siento— Jadeó— Pensé… que si funcionaba con la taza… ¿Tú… estás bien?
¿Te lastimaron los fragmentos?
Rin se quedó muda por un segundo.
De todas las cosas que podía haber dicho en ese momento, de todas las quejas, los reproches, las disculpas… él preguntaba por ella.
— ¡IDIOTA!— Gritó, pero su voz se quebró— ¡Claro que estoy bien!
¡Tú eres el que tiene el brazo destrozado!
¡No te muevas!
¿Dónde está el botiquín?
¡RÁPIDO!
— Segundo… cajón de la cocina…— Susurró Shirou, y Rin salió disparada hacia la cocina como una exhalación.
Mientras tanto, Gilgamesh se levantó de su sillón y se acercó lentamente.
Se arrodilló junto a Shirou, observando su brazo destrozado con una mezcla de fascinación clínica y un orgullo perverso.
— Fascinante— Musitó, casi para sí misma.
Rin regresó en ese momento, un botiquín de primeros auxilios en las manos.
Al ver a Gilgamesh tan cerca, su alerta se disparó.
— ¡Apártate de él!— Gruñó, arrodillándose al otro lado.
— Tranquila, pequeña maestra— Dijo Gilgamesh, sin apartar la mirada del brazo de Shirou— No voy a hacerle daño.
Solo… observo.
Esto que ha hecho va más allá de tu simple refuerzo.
Rin, mientras comenzaba a limpiar y vendar las heridas superficiales con una eficiencia que delataba práctica, la miró con recelo.
— ¿De qué hablas?
Es un refuerzo mal ejecutado.
Sobrecarga estructural.
Es exactamente lo que advertí que pasaría si… — No— La interrumpió Gilgamesh, y su voz perdió todo rastro de burla— Mira bien.
La sobrecarga estructural causa rupturas, sí.
Pero la luz de sus circuitos no cambia de color.
No se vuelve dorada.
Y un brazo sobrecargado simplemente se desgarra, no… no hace eso.
Señaló la mano de Shirou, donde, a pesar de las dislocaciones, los dedos conservaban una especie de tensión residual, como si aún estuvieran imbuidos de ese poder dorado.
— Lo que ha hecho— Continuó Gilgamesh— Es similar a lo que intentó con la proyección.
Tomó un magecraft básico y, a través de su Origen, lo transformó en algo completamente diferente.
Esto no es refuerzo.
Esto es… otra cosa.
Rin frunció el ceño, su mente de maga trabajando a toda velocidad.
A pesar de su preocupación, la curiosidad pudo más.
— ¿Entonces qué es?— Preguntó, casi en contra de su voluntad.
Gilgamesh sonrió, una sonrisa que era de pura y peligrosa satisfacción.
— He visto habilidades similares, niña.
En Servants.
Hay una capacidad llamada Mana Burst— Explicó— La habilidad de infundir el propio cuerpo o un arma con prana y liberarlo de golpe, potenciando drásticamente el poder físico.
Los Sabers la usan con frecuencia.
Y hay otra, más oscura, llamada Mad Enhancement, que distorsiona la cordura del Berserker pero le otorga una fuerza descomunal a cambio de control.
Señaló el brazo de Shirou, aún brillando débilmente con un aura dorada residual.
— Lo que este idiota ha hecho es una fusión burda e instintiva de ambas.
Ha infundido su brazo con una cantidad masiva de prana, Mana Burst, pero sin el control necesario para dosificarlo, permitiendo que el poder lo consuma y distorsione su percepción, Mad Enhancement en miniatura.
Por eso no sentía el dolor, por eso no escuchaba tus gritos.
Por eso pudo golpear con una fuerza muy superior a la que su cuerpo debería poder generar sin romperse.
Rin tragó saliva— Eso… eso no debería ser posible.
Un humano no puede… — Un humano normal, no— La cortó Gilgamesh— Pero él no es normal.
Su Origen, esa basura de “Milagro”, no solo distorsiona los hechizos.
Distorsiona las reglas de su propio cuerpo cuando aplica esos hechizos.
Por un instante, por ese brevísimo instante antes de que su brazo dijera basta, su carne se volvió capaz de resistir y generar esa fuerza.
Fue un milagro en miniatura.
Una chispa de lo que podría llegar a ser.
Se levantó, mirando a Shirou con unos ojos que parecían contener estrellas antiguas.
— Si llega a dominar esto, pequeña maestra… si aprende a controlar esta distorsión, a aplicarla conscientemente en lugar de por instinto… podría desarrollar una habilidad que no tendría nada que envidiarle al Mana Burst de los más grandes héroes.
De hecho…— Su sonrisa se ensanchó, hambrienta y orgullosa— Podría superarlo.
Convertirlo en algo propio.
Algo que, por derecho, podría llamarse… Hizo una pausa dramática, saboreando las palabras.
— Mana Overdrive Rin la miró con una mezcla de incredulidad y un asombro que no podía ocultar— ¿Mana Overdrive?
¿Acaso puedes ponerle nombre a algo que ni siquiera sabemos si volverá a pasar?
— Puedo— Dijo Gilgamesh, con la autoridad de una reina— Porque yo lo he visto.
He visto el potencial.
Y porque soy yo quien nombra las cosas dignas de ser nombradas en mi presencia.
Tú, con tus reglas y tus libros, solo ves un brazo roto y un alumno imprudente.
Yo veo el amanecer de una habilidad de rango heroico.
Y le pongo nombre para que, cuando la domine, sepa a quién debe agradecer por el bautismo.
Shirou, apenas consciente a través de la neblina del dolor, escuchó las palabras.
“Mana Overdrive”.
Un nombre grandioso para lo que había sido un acto de pura imprudencia.
Pero en el fondo de su ser, en ese lugar donde su Origen latía como un segundo corazón, algo resonó con aprobación.
Rin, por su parte, terminó de vendar el brazo con un movimiento brusco.
No sabía si sentirse más furiosa por la imprudencia de Shirou, o más asustada por lo que Gilgamesh acababa de revelar.
— Escucha— Dijo, su voz temblorosa pero firme— Lo que sea que hayas hecho, no vuelvas a intentarlo solo.
¿Me oyes?
La próxima vez, tu brazo no estará solo roto.
Estará desintegrado.
O peor, podrías provocar un colapso de prana que te lleve a ti y a media calle con él.
¿Entendido?
Shirou asintió débilmente, una mueca de dolor y una chispa de esa sonrisa maníaca aún flotando en sus ojos.
— Entendido— Susurró— Pero… funcionó, ¿no?
Por un momento… fui más fuerte.
Rin abrió la boca para refutarlo, para decirle que la fuerza no valía la pena si te matabas en el intento, para gritarle que era un estúpido.
Pero Gilgamesh se adelantó.
— Sí— Dijo, con una sonrisa serena y terrible— Lo fuiste.
Y lo serás de nuevo.
Pero la próxima vez, mi Estrella Errante, lo harás con control.
Porque un espectáculo que solo dura un segundo antes de autodestruirse es una tragedia.
Un espectáculo que perdura… es una leyenda.
Y dicho esto, se retiró a su sillón, dejando a Rin con la tarea de cuidar al herido y con la incómoda certeza de que, por mucho que se esforzara, no podría competir contra la fascinación que esa mujer dorada ejercía sobre el destino de su alumno.
Shirou, recostado contra la pared, miró su brazo vendado.
Dolía.
Dolía como si mil agujas le perforaran la carne.
Pero bajo el dolor, aún podía sentir un eco de ese poder dorado, una promesa de fuerza dormida en lo más profundo de su ser.
‘Mana Overdrive’, Pensó, saboreando las palabras.
No sabía si volvería a intentarlo.
Pero sí sabía una cosa: había probado un poder que nunca olvidaría.
Y el camino para dominarlo, por peligroso que fuera, acababa de comenzar.
* * * “Mana Overdrive”: VIVA JOJO’S SIUUUUUUUUUUUUU XD
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com