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Reincarnation: Multiversal Class - Chronicles of the Wandering Miracle - Capítulo 29

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Capítulo 29: Capítulo 28: El Equilibrista

Capítulo 28: El Equilibrista

El timbre de la mañana encontró a Shirou Emiya en una encrucijada silenciosa, de esas que no se ven pero se sienten en cada fibra del cuerpo.

Había llegado a la academia con el brazo enyesado bien sujeto al cabestrillo, la mochila colgando del hombro sano, y una determinación recién descubierta ardiendo en su pecho. El consejo de Gilgamesh resonaba en su mente como un mantra: *Concéntrate en ella. Tu sola presencia es más poderosa que cualquier hechizo.*

Pero la teoría, como bien sabía por sus clases con Rin, siempre era más sencilla que la práctica.

* * *

La primera prueba llegó antes de lo esperado.

— ¡Shirou-kun!

La voz, suave y tímida, lo alcanzó cuando cruzaba las puertas principales. Se giró y allí estaba Sakura, con su uniforme impecable, su cabello morado suelto cayendo delicadamente por sus hombros, y esa expresión suya de alerta silenciosa que tanto le recordaba a un animal pequeño en territorio hostil.

— Sakura— Respondió, y su voz sonó más cálida de lo que pretendía— Buenos días.

Ella se acercó con pasos cortos, casi vacilantes, como si temiera que el suelo fuera a abrirse bajo sus pies. Cuando estuvo a su lado, sus miradas se encontraron, y Shirou vio en esos ojos púrpura un destello de algo que no supo identificar. ¿Agradecimiento? ¿Timidez? ¿Miedo?

— ¿Cómo está tu brazo?— Preguntó ella, mirando el yeso.

— Igual que ayer. Molesto, pero soportable— Shirou sonrió, intentando transmitir tranquilidad— No te preocupes.

Caminaron juntos hacia las taquillas. El pasillo estaba aún medio vacío, y el eco de sus pasos resonaba en la mañana fresca. Shirou notó cómo Sakura mantenía una distancia cuidadosa, ni demasiado cerca ni demasiado lejos, como si calculara cada centímetro de separación.

— ¿Dormiste bien?— Preguntó él, buscando conversación.

Ella dudó un instante. Luego asintió.

— Sí— Otra pausa— Eso creo…

Shirou sintió un pinchazo en el pecho. ‘Eso creo’. Qué manera tan triste de confirmar algo tan básico como haber descansado. Pero no presionó. No podía presionar. El consejo de Gil era claro: paciencia. Estar ahí. Dejar que ella se acercara a su ritmo.

— Me alegro— Dijo simplemente, una sonrisa adornando sus rasgos

Llegaron a las taquillas. La de Sakura estaba cerca de la suya, algo que Shirou no había notado hasta ahora. Mientras ella manipulaba la combinación del candado, él la observó de reojo. Sus movimientos eran precisos, mecánicos, como si los hubiera ensayado miles de veces. Pero había una rigidez en sus hombros, una tensión contenida que delataba algo más.

‘Los gusanos’, Pensó. ‘Deben estar revolviéndose dentro de ella’

La idea de que su presencia pudiera aliviar ese tormento, aunque solo fuera por unas horas, le produjo una mezcla de esperanza y una profunda, desgarradora impotencia. Porque sí, podía ayudarla estando cerca. Pero no podía eliminarlos. No podía sacarla de esa casa. No podía enfrentarse a Zouken ahora. No podía, no podía, no podía.

‘Concéntrate en ella’, Le susurró una voz interna que sonaba sospechosamente a Gil. ‘Eso es lo que puedes hacer ahora. Lo demás, vendrá después’

— Sakura— Dijo, y ella se giró— Si hoy después de clase no tienes planes… podríamos repetir lo de ayer. Si quieres

Ella lo miró, abriendo los ojos con sorpresa, y en ellos, una chispa de anhelo y frágil esperanza bailo en sus pupilas

— ¿No te importa?— Preguntó, con una voz tan baja que apenas pudo oírla

— No me importa— Respondió Shirou, su cálida sonrisa parecía capaz de dividir su cara— Me gusta pasar tiempo contigo

Las mejillas de Sakura se tiñeron de un rosa apenas perceptible. Bajó la mirada, y sus manos, como siempre, se entrelazaron frente a ella.

— Entonces… sí. Me gustaría

* * *

La mañana transcurrió con la normalidad absurda de los días escolares. Matemáticas, historia, ciencias. Shirou tomaba apuntes con su brazo bueno, respondía cuando lo llamaban, y en los intervalos, su mente vagaba hacia la chica de cabello morado que estaba en algún lugar de ese mismo edificio.

Durante el recreo, mientras buscaba un lugar tranquilo donde sentarse, una voz conocida lo detuvo en seco.

— Emiya.

Rin Tohsaka estaba apoyada contra la pared cerca de las máquinas expendedoras, con los brazos cruzados y esa expresión suya de “tengo algo importante que decirte pero no pienso rebajarme a pedirte que te acerques”. Su cabello negro, perfectamente recogido en sus coletas gemelas, brillaba bajo el sol de la mañana.

Shirou se acercó, consciente de repente de la tensión en su propio pecho.

— Tohsaka. Buenos días.

— Días— Respondió ella, escueta— ¿Cómo está ese brazo tuyo? ¿Has intentado alguna tontería mientras yo no estaba?

— No— Dijo Shirou, y era cierto, aunque por poco— Solo he estado… descansando.

Rin lo miró con suspicacia, esos ojos azules capaces de detectar mentiras a kilómetros.

— ¿Seguro? Porque tienes una cara de “he estado tramando algo” que no me gusta nada.

Shirou forzó una sonrisa neutral— Solo he estado pensando. En lo que dijiste. En lo de controlar el flujo de prana.

Rin arqueó una ceja, pero no presionó.

— Bueno, mientras no hagas experimentos sin supervisión, me conformo— Se apartó de la pared y caminó junto a él— Hablando de eso, esta semana retomamos las clases. Ya estás lo suficientemente recuperado para teorizar, y no pienso dejar que esa arpía dorada se lleve todo el mérito de tu educación.

— Gil no es una arpía— Protestó Shirou, débilmente.

— Es peor. Es una arpía con complejo de reina— Rin resopló— Pero dejemos eso. ¿Cómo van tus prácticas de ocultamiento? ¿Sigues brillando como un faro cada vez que te despistas?

Shirou negó con la cabeza— Creo que voy mejorando. Nadie me ha mirado raro

— Eso no es un indicador fiable— Dijo Rin, pero en su voz había un dejo de aprobación— La gente normal no ve estas cosas. Pero bueno, mientras no te delates tú solo…

Siguieron caminando, y Shirou notó cómo su tensión inicial se disipaba lentamente. Hablar con Rin era… cómodo. Familiar. A pesar de sus regaños y su actitud, era un ancla en el mundo caótico en el que se había metido.

Pero entonces, al doblar una esquina, la vio.

Sakura estaba al fondo del pasillo, hablando con una compañera de clase. Su postura era la de siempre: erguida pero tensa, con esa rigidez que solo Shirou parecía notar. Y cuando sus miradas se encontraron a través de la distancia, ella le dedicó una pequeña inclinación de cabeza, casi imperceptible.

Shirou le devolvió el gesto, una sonrisa mínima.

— ¿Qué miras?— Preguntó Rin, siguiendo su mirada.

— Nada— Respondió Shirou, demasiado rápido— Solo… saludaba a una conocida.

Rin observó a Sakura por un momento, y en sus ojos apareció una expresión que a Shirou le costo interpretar. ¿Curiosidad? ¿Reconocimiento? ¿Algo más profundo?

— Sakura Matou— Dijo Rin, como si saboreara el nombre— De la clase de al lado— Hizo una pausa— ¿La conoces?

— Un poco— Admitió Shirou, con cuidado— Hemos hablado algunas veces.

Rin asintió lentamente. No dijo nada más, pero Shirou sintió que su mirada se había vuelto ligeramente más aguda. Como si hubiera anotado algo en su archivo mental.

‘No sabe nada’, Pensó Shirou, la culpa le golpeo con fuerza. ‘No sabe por lo que esta pasando su hermana su hermana. No tiene ni idea’

Y él no podía decírselo. No podía porque Rin, con su temperamento y su orgullo y su amor mal canalizado, haría algo drástico. Iría a la mansión Matou, enfrentaría a Zouken, y probablemente terminaría muerta o algo peor.

Así que sonrió, asintió, y siguió caminando a su lado, sintiéndose como el peor tipo del mundo.

* * *

El resto del día fue un ejercicio de equilibrio.

En la hora del almuerzo, Shirou buscó a Sakura y la encontró en un rincón tranquilo del patio, comiendo sola. Se sentó a su lado sin preguntar, y ella lo miró con esa mezcla de sorpresa y gratitud silenciosa que siempre le partía el corazón.

Compartieron el almuerzo en silencio al principio, pero luego Sakura comenzó a hablar. Poco, cosas sin importancia: una profesora que había regañado a un compañero, un pájaro que se había posado en la ventana de su aula, el sabor del té de la máquina expendedora. Cosas normales. Cotidianas. Y Shirou las escuchaba como si fueran las palabras más importantes del mundo, porque para ella, lo eran.

En un momento dado, mientras compartían un bollo de crema partido por la mitad, Sakura dijo:

— Shirou… ¿tú crees que una persona puede ser feliz? Incluso cuando todo parece… oscuro.

La pregunta era simple, casi ingenua, pero había en ella un peso que Shirou sintió en lo más profundo. No era una cuestión filosófica. Era una pregunta personal, urgentemente personal.

Shirou pensó en ella, en lo que las visiones le habían mostrado. Pensó en ese pozo, en los gusanos, en la mirada vacía de una Sakura que había perdido toda esperanza. Y pensó en el consejo de Gilgamesh: ‘Tu sola presencia es más poderosa que cualquier hechizo’

— Sí— Respondió, con convicción— Creo que sí. No todo el tiempo, quizá. Pero hay momentos. Pequeños momentos. Como este

Señaló el bollo, el sol filtrándose entre las hojas, el rumor lejano de la ciudad. Cosas simples. Cotidianas.

— A veces,— Continuó— la felicidad no es algo grande. No es un milagro que cambia tu vida de repente. Son cosas pequeñas. Comer algo rico. Que alguien te sonría. Sentir el sol en la cara— Hizo una pausa— Y si puedes juntar suficientes de esos momentos pequeños… quizá la oscuridad no parezca tan grande

Sakura lo miró, y en sus ojos púrpura había algo que parecía a punto de romperse. No era desesperación. Era algo más frágil, más vulnerable. Era la expresión de alguien que nunca había considerado esa posibilidad.

— ¿Tú…?— Su voz se quebró— ¿Tú tienes esos momentos?

La sonrisa de Shirou se volvió un poco melancólica, pero no infeliz

— Sí. Como ahora— La miró directamente— Estar aquí, hablando cosas random contigo. Es uno de esos momentos

Sakura desvió la mirada, pero Shirou alcanzó a ver cómo sus mejillas se teñían de un rosa apenas perceptible. Sus manos, siempre entrelazadas, se aferraron con más fuerza a la falda.

— Yo…— Murmuró— Yo también. Creo.

— Entonces,— Dijo Shirou, suavemente— ¿te parece si seguimos juntando momentos así? No tienen que ser grandes. Solo… estar aquí. Hablar. Compartir bollos de crema.

Sakura levantó la vista. Sus ojos estaban húmedos, pero no había tristeza en ellos

—Sí — Susurró— Me gustaría.

Y ese “me gustaría” valió más que todos los hechizos del mundo.

* * * (A.N: Bro, yo mismo estoy escribiendo esta mierda y siento que alguien se va a morir… malditos traumas)

Después de clases, Shirou tuvo que pasar por el laboratorio de ciencias para recoger un trabajo atrasado. Cuando salió, Rin lo estaba esperando en el pasillo.

— Emiya— Dijo, sin preámbulos— ¿Tienes un momento?

Shirou asintió, y juntos caminaron hacia una zona más tranquila del edificio. El sol de la tarde proyectaba largas sombras en el suelo, y el silencio de la academia vacía era casi palpable.

— Quería preguntarte algo— Dijo Rin, y su tono era inusualmente serio— Sobre esa chica. Matou Sakura.

El corazón de Shirou dio un vuelco. Mantuvo su expresión neutral, o al menos lo intentó.

— ¿Qué pasa con ella?

— ¿La conoces bien?

— No mucho— Mintió Shirou, y la mentira supo a ceniza— ¿Por qué?

Rin frunció el ceño, pensativa.

— No sé. Hay algo en ella… algo que no encaja. Su firma mágica, quiero decir. Es tenue, casi imperceptible, pero está ahí. Y es… extraña. Como si estuviera contaminada.

Shirou sintió un escalofrío. Rin había percibido algo. Por supuesto que lo había hecho. Era una maga talentosa, y los Crest Worms dejaban rastro.

— ¿Contaminada?— Repitió, fingiendo ignorancia.

— Sí. Como si algo… no sé, no puedo precisarlo— Rin se cruzó de brazos— Pero no es eso lo que me preocupa. Es cómo la miras tú.

Shirou se quedó helado.

— ¿Cómo la miro?

— Como si la conocieras de verdad. Como si supieras algo que yo no sé— Los ojos de Rin se clavaron en los suyos con una intensidad que dolía— ¿Hay algo que deba saber, Emiya?

El silencio se alargó, denso y pesado. Shirou podía decírselo. Podía contarle todo: que sabia que Sakura era su hermana, que estaba siendo torturada, que un monstruo llamado Zouken Matou la estaba destruyendo lentamente. Podía hacerlo, y Rin probablemente se volvería loca, pero al menos él dejaría de cargar con este secreto

Pero entonces recordó las visiones que lo vivían atormentando desde que tenia memoria, y que le seguían atormentando con nuevas posibilidades incluso ahora. Rin enfrentándose a Zouken. Rin siendo destrozada por los gusanos. Rin muriendo en un sótano oscuro mientras él no podía hacer nada.

Y supo, con una certeza absoluta, que no podía decírselo. No aún.

— No— Respondió, la mentira sintiéndose como si tragara vidrio— No hay nada que debas saber.

Rin lo miró largamente. Luego, lentamente, asintió.

— Está bien. Confío en ti— Se dio la vuelta para irse, pero se detuvo— Pero Emiya… si algún día decides contarme algo, espero que sea antes de que sea demasiado tarde. Especialmente si es algo relacionado con tu… clarividencia

Y se fue, dejando a Shirou solo en el pasillo vacío, con el peso del secreto aplastando su joven pecho.

* * *

Esa noche, mientras esperaba a Sakura en la sala de música— habían acordado verse allí después de sus respectivas actividades—, Shirou pensó en el día.

Había ayudado a Sakura. Había estado ahí para ella, había escuchado sus palabras, había sostenido su mirada. Su sola presencia había sido un bálsamo, tal como Gil le indicó

Pero también había mentido a Rin. Le había ocultado la verdad sobre su propia hermana. Había mirado a sus ojos y le había dicho “no hay nada que debas saber”, cuando en realidad había demasiado.

‘Soy un mentiroso’, Pensó, con amargura. ‘Un maldito mentiroso que juega a dos bandas’

Pero ¿qué otra opción tenía? Si le contaba a Rin, ella se enfrentaría a Zouken y probablemente moriría. Si no le contaba, Sakura seguiría sufriendo en silencio, condenada a su infierno particular.

‘No es justo. Nada de esto es justo’

— ¿Shirou?

La voz lo sacó de sus cavilaciones. Sakura estaba en la puerta, con su mochila colgando de un hombro y una expresión de preocupación en el rostro.

— ¿Estás bien? Parecías… muy serio.

Shirou respiró hondo. Forzó una sonrisa, casi en automático

— Sí, estoy bien. Solo pensaba— Se levantó del banco donde estaba sentado— ¿Lista para otro paseo?

Sakura asintió, y cuando se acercó, Shirou notó que la distancia entre ellos era un poco menor que por la mañana. Un poco más de confianza. Un poco más de cercanía.

‘Esto es lo que puedo hacer por ahora’, Pensó. ‘Esto es lo que debo hacer. Estar aquí. Para ella’

El conflicto no desapareció. La culpa no se disipó. Pero mientras caminaban juntos hacia la salida, mientras Sakura comenzaba a contarle algo sobre su clase de costura, Shirou sintió que, al menos por un momento, el equilibrio era posible.

El precio, ya lo pagaría después.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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