Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Reincarnation: Multiversal Class - Chronicles of the Wandering Miracle - Capítulo 32

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Reincarnation: Multiversal Class - Chronicles of the Wandering Miracle
  4. Capítulo 32 - Capítulo 32: Capítulo 31: La Estrella que Arde
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 32: Capítulo 31: La Estrella que Arde

Capítulo 31: La Estrella que Arde

Shirou Emiya caminaba.

No corría. No trotaba. Caminaba con paso firme, decidido, como un hombre que sabe exactamente adónde va y lo que hará cuando llegue. Sus puños, apretados a los costados, temblaban con una violencia contenida que hacía que cada músculo de su cuerpo pareciera un resorte a punto de estallar.

Detrás de él, dos pares de pies corrían desesperadamente.

— ¡Shirou!— La voz de Sakura era un grito desgarrado, mezcla de súplica y terror— ¡Shirou, espera!

— ¡Emiya, maldita sea, detente!— Rin había activado instintivamente un refuerzo en sus piernas para ganar velocidad, pero Shirou se movía con una determinación que parecía imposible de alcanzar— ¡No hagas algo de lo que te arrepientas!

Pero Shirou no las escuchaba. Sus ojos, como una brújula mágica en busca de su norte, estaban clavados en un lugar específico de la Academia Homurahara. En el lugar donde estaba Shinji

Su omnipresente sonrisa había desaparecido de su rostro. En su lugar, solo había una expresión de mármol, fría e inhumana.

— Shirou, por favor— Sakura logró alcanzarlo y agarró su brazo sano, el que no estaba enyesado, tirando de él con todas sus fuerzas— ¡No hagas esto! ¡No vale la pena!

Él se detuvo.

Por un momento, Sakura sintió esperanza. Shirou se volvió hacia ella, y sus ojos… sus ojos estaban allí, mirándola. Pero no eran los ojos del chico que le sonreía con la calidez que le hacia sentir mariposas en el estomago. Eran los ojos de otra persona. De alguien que había visto demasiado y había dejado de ser quien era.

— Te prometí— Repitió, con voz ronca— que estaría ahí para ti. Que te sostendría. Que no te dejaría caer.

Sakura negó con la cabeza, las lágrimas rodando por sus mejillas.

— No pude estar anoche— Continuó él, y cada palabra era una puñalada— Pero puedo estar ahora.

— ¡Ya estás aquí!— Suplicó ella— ¡Ya estás conmigo! ¡No necesitas…

— Voy a asegurarme— La interrumpió, y su voz se volvió un susurro cargado de veneno— de que nunca más te haga daño. Nunca más.

Se liberó de su agarre con una suavidad que contrastaba con la dureza de sus palabras. No la empujó, no la lastimó. Simplemente… se soltó. Como si ella fuera algo frágil que debía proteger incluso ahora

Y siguió caminando.

Sakura se quedó paralizada, las manos aún extendidas hacia el vacío que él había dejado. Las palabras resonaban en su cabeza una y otra vez.

“Nunca más te haga daño”

“Lo que pasó anoche”

‘Lo sabe’ El pensamiento la golpeó con la fuerza de un tsunami. ‘Shirou lo sabe. Sabe lo que Shinji intentó hacerme. Sabe…’

Pero ¿cómo? Ella no le había dicho nada. No había visto a nadie más. No había forma de que…

— ¿Qué ha querido decir?— La voz de Rin llegó desde atrás, cortante y urgente— Sakura, ¿de qué está hablando? ¿Qué pasó anoche?

Sakura se volvió hacia ella, y en sus ojos había un terror que no era por lo que estaba ocurriendo, sino por lo que acababa de comprender.

— No… no lo sé— Mintió, débilmente— No sé cómo lo sabe.

— ¿Cómo que no lo sabes?— Rin la agarró por los hombros, obligándola a mirarla— ¡Acaba de decir que no pudo estar ahí anoche, que va a asegurarse de que nunca más te hagan daño! ¡Algo pasó, Sakura, y él lo sabe! ¡DIME QUÉ FUE!

Sakura sintió que el suelo se abría bajo sus pies. No podía decirlo. No podía admitir ante su hermana, ante la hermana biológica, que su propio hermano adoptivo había intentado…

— Shinji— Susurró, sin querer— Shinji… anoche…

No necesitó decir más. La expresión de Rin cambió. Su ceño fruncido, su urgencia, todo se congeló por un instante. Y luego, en sus ojos azules, apareció algo que Sakura no había visto en años: ira. Una ira fría, pura, dirigida.

— Ese maldito…

Pero Rin no podía permitirse el lujo de la ira. No ahora. Porque Shirou se alejaba, y si no lo detenían, haría algo irreversible.

— Olvida eso ahora— Dijo, soltándola— ¿Cómo lo sabe? ¿Cómo supo lo de anoche si tú no le dijiste nada?

— No lo sé— Repitió Sakura, y entonces, como un rayo, la comprensión llegó— A menos que…

— ¿Qué?

— Hace unos minutos, cuando me detuvo en el pasillo… me miró a los ojos. Directamente. Durante varios segundos. Y de repente… cambió. Como si hubiera visto algo. Como si…

Rin se quedó helada.

— Clarividencia— Susurró.

— ¿Qué?

— Shirou tiene un don— Explicó Rin, hablando rápido, mientras su mente conectaba puntos a la velocidad de la luz— Puede ver fragmentos del futuro. O del pasado, no lo sé con certeza. Pero si te miró a los ojos y de repente supo lo de anoche…

— ¿Entonces vio todo?— La voz de Sakura era un hilo— ¿Todo lo que me ha pasado? ¿Todo lo que soy?

La pregunta quedó flotando en el aire. Rin no respondió. Ella no sabia, pero Sakura si. Y si Shirou realmente había visto el pasado de Sakura, si había presenciado todo lo que ella había sufrido en esos años… entonces su reacción actual no era solo por lo de anoche. Era por todo. Por ver de primera mano años de tortura. Por años viendo a alguien a quien había llegado a querer ser destrozada lentamente.

Y él, que siempre había querido salvar y proteger a todos los que están cerca de su corazón, que siempre había sonreído a pesar de todo, que siempre había sido luz… había visto la oscuridad más profunda sin poder hacer nada.

Hasta ahora.

— Tenemos que detenerlo— Dijo Rin, con voz firme— No por Shinji. A mí también me gustaría…— Apretó los puños— Pero si Shirou mata a alguien, aunque sea ese gusano, no habrá vuelta atrás. Para él. Para su alma.

Echaron a correr

* * *

Shinji Matou estaba recostado contra una de las columnas del patio trasero, rodeado de tres chicas de segundo año que reían exageradamente ante sus comentarios. Había logrado, después de mucho esfuerzo, acorralar a las más bonitas del grupo con una historia sobre sus “conexiones familiares” y “negocios importantes”. Mentiras, todas mentiras, pero funcionaban. Siempre funcionaban.

— No sabía que los Matou tenían tanto poder— Dijo una de ellas, con los ojos brillantes.

— Bueno, no me gusta presumir— Respondió Shinji, con una sonrisa que pretendía ser modesta pero era todo lo contrario— Pero sí, digamos que mi familia tiene… influencia.

Estaba disfrutando. Por primera vez en todo el día, su mente no estaba en Sakura, ni en su abuelo, ni en ese maldito Emiya. Solo estaba él, las chicas, y la sensación embriagadora de ser el centro de atención.

Hasta que una mano lo agarró por el cuello de la camisa y lo levantó del suelo como si fuera una muñeca de trapo.

— ¿Qué mier…?

La frase murió en su garganta cuando vio quién lo sostenía.

Shirou Emiya.

Pero no era el Emiya que conocía. No era ese chico de sonrisa fácil y mirada amable que todos parecían adorar. Este Emiya tenía los ojos inyectados en sangre, las pupilas contraídas hasta convertirse en dos puntos diminutos perdidos en un mar de odio impío. Su expresión era glacial, inhumana. Y de su cuerpo emanaba una presión que hizo que las tres chicas dieran un paso atrás, instintivamente aterradas.

— Em… Emiya…— Tartamudeó Shinji, mientras sus pies colgaban en el aire— ¿Qué… qué mierda…?

— Shinji Matou— Dijo Shirou, y su voz era un susurro rasposo, cargado de una furia que helaba la sangre— Te estaba buscando.

Sin mediar otra palabra, lo lanzó contra la columna.

El impacto fue seco, brutal. Shinji sintió que el aire se le escapaba de los pulmones mientras su espalda rebotaba contra la piedra. Cayó al suelo en un montón, tosiendo, intentando entender qué estaba pasando.

— ¿Estás loco?— Gritó, mientras se incorporaba a duras penas— ¡¿Sabes quién soy?! ¡Mi familia…

El puño de Shirou se estrelló contra su mejilla antes de que pudiera terminar la frase.

No fue un golpe especialmente fuerte. Fue un golpe normal, sin técnica pero con rabia de sobra. Shinji cayó de lado, escupiendo sangre, y por un momento, su miedo se mezcló con incredulidad.

— ¿Eso es todo?— Rió, nervioso— ¿Un puñetazo de marica? ¡Te voy a…

Otro golpe. Esta vez en el estómago. Shinji se dobló, vomitando el aire que le quedaba.

Y entonces vio las manos de Shirou. Su puño derecho, el sano, estaba enrojecido por el impacto. Pero el izquierdo, el que llevaba enyesado… también lo había usado. El yeso estaba agrietado, manchado de sangre. La suya.

‘Está loco’, Pensó Shinji, mientras el pánico comenzaba a apoderarse de él. ‘Este hijo de puta está completamente loco’

— ¿Qué… qué quieres?— Logró articular, arrastrándose hacia atrás.

Shirou no respondió. Solo lo miró. Y en esa mirada, Shinji vio algo que nunca había visto en nadie: la ausencia total de misericordia.

— ¡Socorro!— Gritó, con todas sus fuerzas— ¡Alguien! ¡Que alguien…

El pie de Shirou se estrelló contra su costado, cortando el grito. Shinji rodó por el suelo, mientras las tres chicas, paralizadas por el terror, salían corriendo en direcciones opuestas.

— Nadie va a ayudarte— Dijo Shirou, y su voz era plana, terrible— Nadie.

* * *

La tercera persona en llegar fue Rin.

Cuando dobló la esquina del patio y vio la escena, su corazón dio un vuelco. Shirou estaba encima de Shinji, golpeándolo con una ferocidad que no había visto nunca. Los golpes eran simples, su mente estaba demasiado ausente para pensar en las formas correctas de golpear sin hacerse daño, pero cada uno llevaba una intención asesina que los hacía infinitamente más peligrosos.

— ¡Shirou, detente!— Gritó, corriendo hacia ellos.

Pero Shirou no la oía. Su mundo se había reducido a una sola cosa: el rostro de Shinji Matou bajo sus puños. Cada golpe era un eco de las visiones. Cada impacto, una respuesta al sufrimiento de Sakura. Y mientras golpeaba, algo dentro de él comenzó a cambiar.

No lo notó al principio. La adrenalina, la rabia, todo era demasiado intenso. Pero en algún momento, entre el quinto y el sexto golpe, sintió un cosquilleo en el brazo sano. Una calidez familiar. Un brillo tenue, apenas perceptible, comenzó a emanar de su piel.

Mana Overdrive.

Era débil, incipiente, casi un susurro comparado con la explosión que casi le había costado el brazo. Pero estaba ahí. Y cuando su puño conectó con la cara de Shinji esta vez, el crujido que se escuchó fue diferente.

Shinji gritó.

No era un grito de dolor normal. Era un alarido, un sonido animal que brotó de lo más profundo de su ser cuando sintió que algo en su pómulo se rompía. No se fracturaba, no se astillaba. Se rompía, como una rama seca bajo una pisada.

— ¿Pe… pero que…?— Gimió, mientras la sangre brotaba de su rostro.

Rin lo vio también. El brillo en el puño de Shirou. Ese dorado enfermizo que ya había visto una vez, cuando su alumno imprudente había destrozado su propio brazo por usar mal el refuerzo.

— ¡No!—Gritó, lanzándose hacia ellos— ¡Shirou, no uses eso! ¡Te vas a matar!

Pero Shirou ya no controlaba sus acciones. El brillo en su brazo se intensificó, y cuando su puño volvió a descender, esta vez contra el pecho de Shinji, el sonido fue aún peor. Crack. Costillas. Múltiples costillas, rompiéndose como huevos bajo una prensa.

Shinji vomitó sangre. Sus ojos, desorbitados por el dolor, miraban a Shirou con una mezcla de terror e incredulidad. No entendía. No podía entender. ¿Por qué? ¿Por qué este chico al que apenas conocía lo estaba destrozando?

— ¡BASTA!— Rin logró agarrar a Shirou por detrás, tirando de él con todas sus fuerzas— ¡VAS A MATARLO!

Shirou se detuvo.

Por un momento, Rin sintió esperanza. Pero cuando él se volvió hacia ella, vio que sus ojos seguían siendo los mismos. Vacíos. Perdidos. Y en su brazo, el brillo dorado no se apagaba.

— Suéltame, Tohsaka— Dijo, con voz plana.

— No. No hasta que entres en razón.

— Razón— Repitió él, y algo en su tono hizo que Rin sintiera escalofríos— ¿Tú sabes lo que le hizo?

Rin tragó saliva. Sí, lo sabía. Sakura se lo había contado, aunque con medias palabras. Lo suficiente.

— Lo sé— Admitió— Y también sé que merece esto. Merece mucho más que esto— Apretó los brazos alrededor de él— Pero no así, Shirou. No tú. Si tú lo matas, te conviertes en algo que no podrás deshacer.

Shirou la miró largamente. Y por un instante, Rin vio una grieta en esa máscara de odio. Vio al chico que conocía, al que siempre sonreía, al que había empezado a…

— Él le hizo daño— Susurró Shirou, y su voz se quebró— A Sakura. A mi Sakura.

La mención de su hermana por su nombre de pila, dicho con esa propiedad, con esa posesividad, hizo que Rin sintiera algo extraño en el pecho. Pero no era el momento de pensar en eso.

— Lo sé— Repitió— Y Sakura te necesita. Viva. Entera. No convertido en un asesino.

Otro momento de vacilación. Luego, Shirou cerró los ojos. Respiró hondo. Y cuando los abrió, el brillo en su brazo se había apagado.

Rin exhaló, aliviada.

Pero entonces, desde el suelo, un sonido.

Una risa.

Débil, entrecortada, manchada de sangre. Pero una risa.

— Qué… qué conmovedor— Shinji, tumbado en un charco de su propia sangre, los miraba con una sonrisa torcida— La princesa Tohsaka salvando al caballero blanco. Qué bonito.

Rin sintió que la sangre le hervía.

— Cállate, Shinji.

— ¿Por qué?— Tosió, escupiendo más sangre— ¿Porque voy a decir la verdad? Tu precioso Emiya está loco. Míralo. Loco por mi hermana. Loco por ti. ¿O es al revés?— Rió, un sonido húmedo y horrible— Las dos hermanas Tohsaka, peleándose por el mismo hombre. Qué patético.

Rin apretó los dientes. No podía dejarse provocar. No podía.

Pero Shirou sí.

El brillo dorado reapareció en su brazo, más intenso que antes. Y esta vez, cuando se liberó del agarre de Rin, lo hizo con una fuerza que la lanzó varios metros atrás.

— Shirou, ¡NO!

Pero él ya no la oía. Sus ojos estaban fijos en Shinji, en esa sonrisa burlona, en ese desprecio. Y en su mente, las visiones se superponían: Shinji encima de Sakura, Shinji riendo, Shinji destrozando lo único que pensó que podía salvar en este mundo miserable.

— Te voy a matar— Dijo, con una calma terrible.

Shinji dejó de reír.

* * *

Shinji Matou nunca había corrido tanto en su vida.

Con el cuerpo destrozado, las costillas rotas, la cara irreconocible, se arrastró por el suelo, gateó, tropezó, pero siguió moviéndose. Porque detrás de él, Shirou Emiya caminaba con paso lento, implacable, como la muerte misma.

— Alguien… alguien ayúdeme…— Gimió, pero su voz era apenas un susurro.

Nadie respondía. El patio estaba vacío. Las chicas habían huido. Los pocos estudiantes que quedaban en la academia habían oído los gritos y se habían encerrado en sus aulas, aterrados.

Shinji llegó a una de las entradas del edificio principal y se arrastró hacia el interior. Sus manos dejaban rastros de sangre en el suelo. Su respiración era un silbido entrecortado. Pero siguió adelante, impulsado por el puro instinto de supervivencia.

— No puedes esconderte— La voz de Shirou llegó desde atrás, siempre desde atrás, siempre a la misma distancia— No importa dónde vayas. Te encontraré.

Shinji entró en un aula. Cualquier aula. Cerró la puerta, corrió el pestillo. Se arrastró hasta el fondo, detrás de la mesa del profesor, y se acurrucó allí, temblando, llorando, meándose encima del miedo.

‘Pasa de largo’, Suplicó mentalmente. ‘Pasa de largo, por favor, pasa de largo…’

Un golpe.

La puerta tembló en su marco.

Otro golpe. Más fuerte.

Otro. La madera crujió.

Y entonces, la puerta explotó.

No se abrió, no se rompió. Explotó. Astillas volaron por todas partes mientras Shirou Emiya cruzaba el umbral, con el brazo sano brillando con una luz dorada cegadora. El yeso del otro brazo estaba completamente destruido, y la extremidad a medio sanar colgaba con sangre recorriendole, pero Shirou no parecía notarlo. No parecía notar nada.

Excepto Shinji.

— Por favor…— Suplicó Shinji, arrastrándose hacia atrás hasta chocar contra la pared— Por favor, no… lo siento… lo siento mucho… no volveré a hacerlo… te lo juro…

Shirou se detuvo frente a él.

Lo miró.

Y luego, sin decir una palabra, agarró una de las sillas que habían quedado intactas y la levantó sobre su cabeza.

El primer golpe rompió la silla contra el costado de Shinji. El segundo, contra su espalda. El tercero, contra su cara. Cuando la silla se deshizo por completo, Shirou buscó algo más. Una mesa. La arrastró, la levantó con una fuerza que no debería haber tenido, y la estrelló contra el cuerpo encogido de Shinji.

La madera crujió. Los huesos de Shinji también.

Shinji ya no gritaba. Solo gemía, un sonido animal, mientras la sangre formaba un charco a su alrededor. Sus ojos, hinchados, casi cerrados, ya no veían nada. Solo sentían el dolor. El dolor interminable.

* * *

Sakura llegó corriendo al aula.

Vio la puerta hecha añicos. Vio los muebles destrozados. Vio la sangre. Tanta sangre. Y en el centro, vio a Shirou, con el brazo brillando con una luz dorada cada vez más intensa, levantando una pata de la mesa rota como si fuera un bate, listo para descargarla una vez más sobre el gimoteante Shinji bajo él

— ¡SHIROU!

El grito lo detuvo por un instante, la pata de mesa se le resbaló sin querer

Shirou se volvió hacia ella. Su rostro estaba manchado de sangre. La suya, la de Shinji, no se distinguía. Sus ojos… sus ojos estaban allí, mirándola, pero no la veían. No realmente.

— Sakura…— Dijo, y su voz era ronca, extraña— Aléjate.

Ella negó con la cabeza, dando pasos temblorosos hacia él.

— No. No, Shirou. Ya basta. Ya está bien.

— No— Él negó, y su puño se cerró con fuerza— No está bien. Él te hizo daño. Él…

— ¡Pero yo estoy aquí!— Sakura se plantó frente a él, entre su brazo y el cuerpo destrozado de Shinji— ¡Estoy viva! ¡Estoy entera! ¡Y tú también! ¡No necesitas…

— ¡TE HIZO DAÑO!— El grito de Shirou retumbó en el aula vacía. El brillo dorado en su brazo se intensificó, cegador— ¡Te vi! ¡Te vi en el suelo! ¡Con los ojos vacíos! ¡Diciendo mi nombre! ¡PIDIÉNDOME QUE TE SALVARA!

Sakura se quedó helada.

— Yo… yo no…

— ¡Y yo no estaba!— Su voz se quebró, y por primera vez, las lágrimas aparecieron en sus ojos— ¡No pude estar! ¡Como todas las otras veces! ¡Como en cada visión, en cada pesadilla, en cada maldito futuro donde la gente que quiero sufre y yo no puedo hacer nada!

Su puño se aflojó. Sus hombros temblaban.

— Pero ahora sí puedo— Susurró— Ahora está aquí. Ahora puedo detenerlo. Para siempre.

Sakura dio un paso más. Estaba tan cerca que podía sentir el calor que emanaba de su piel, el brillo dorado que lo envolvía.

— Shirou— Dijo, con una voz que no sabía que tenía— Si lo matas… si haces esto… te perderé. Te perderé para siempre. Porque el Shirou que yo conozco, el que me preguntó si era feliz, el que me hizo sentir que valía algo… ese Shirou no mataría a nadie.

Por un instante, el brillo en sus ojos parpadeó. Por un instante, Sakura creyó que lo había alcanzado.

Pero entonces Shirou sonrió.

Era la misma sonrisa cálida de siempre. La que usaba para saludarla por las mañanas. La que parecía, a sus ojos, provenir de un ángel en la tierra en vez de un humano. Pero había algo diferente en ella

— Tienes razón— Dijo, con una calma que helaba la sangre— El Shirou que conoces, el niño ingenuo e impotente de 12 años, no mataría a nadie— Volvió levantar su brazo bueno— Pero ese Shirou ya se ha ido, no volverá. No le dejare… No si eso significa verte sufrir a ti o Rin de nuevo. No volveré a ser impotente

Bajó el brazo.

Sakura cerró los ojos, esperando el impacto.

Pero en lugar del golpe, sintió una mano en su hombro. Una mano que la apartaba suavemente, con cuidado, como si ella fuera algo precioso que no debía romperse.

— No mires— Susurró Shirou, mientras la colocaba detrás de él— No quiero que recuerdes esto.

Y entonces, el aula se llenó de luz.

* * *

Rin llegó un minuto después.

Vio a Sakura, temblando, acurrucada contra la pared. Vio a Shirou, de espaldas a ella, con ambos brazos brillando con una luz dorada tan intensa que dolía mirarlos. Y vio a Shinji, que apenas podía emitir pequeños gorgoteos sangrientos, y a Shirou sobre él, con el brazo bueno envuelto en luz

Su primera reacción fue de alivio. Porque Shinji merecía eso y más. Porque era su hermana. Porque había intentado…

Pero luego vio la expresión de Shirou. Vio esa calma inquietante. Y comprendió que si no lo detenía, no habría vuelta atrás.

No por Shinji. A ella también le hubiera gustado tener el valor de hacer lo que Shirou estaba haciendo.

Pero por Shirou. Por el chico que le había confiado su aprendizaje. Por el idiota que de alguna manera consiguió colarle en su vida

— ¡EMIYA!

Corrió hacia él, activando todo el refuerzo que pudo. Sus manos agarraron su brazo, intentando apartarlo, pero el brillo dorado la repelió con una fuerza que la hizo retroceder varios pasos.

— ¡DETENTE!— Gritó, mientras el dolor recorría sus brazos— ¡SI HACES ESTO, NO HABRÁ VUELTA ATRÁS! ¡NO MERECES TENER QUE CARGAR CON EL PESO DE MATAR A ALGUIEN CON TUS PROPIAS MANOS!

Shirou se volvió hacia ella. Sus ojos dorados la miraron con una mezcla de reconocimiento y algo más profundo. Algo que podría haber sido cariño, si no estuviera tan distorsionado por la locura.

— Ya lo sé, Tohsaka— Dijo, con calma— Pero dime… ¿tú no harías lo mismo? ¿Por tu hermana?

Rin abrió la boca para responder, pero las palabras se atascaron en su garganta. Porque sí. Maldita sea, sí. Si alguien hubiera intentado hacerle eso a Sakura, ella también…

— Es diferente— Dijo, débilmente— Tú no eres así. Tú no…

— ¿No qué?— Shirou sonrió, y esa sonrisa dolía más que cualquier golpe— ¿No soy humano? Porque lo soy, Tohsaka. Y los humanos matan por lo que aman.

Se volvió hacia Shinji.

Rin intentó moverse, intentó detenerlo, pero sus piernas no respondían. El peso de lo que estaba a punto de ocurrir la paralizaba.

Y entonces, una voz cortó el aire como un cuchillo de oro.

— Suficiente.

Gilgamesh apareció en la puerta destrozada como una visión de otro mundo. Su cabello dorado brillaba con luz propia, y sus ojos escarlata escaneaban la escena con una rapidez que solo siglos de existencia podían otorgar. Vio a Rin, paralizada. Vio a Sakura, acurrucada. Vio a Shinji, medio muerto y ahogándose en su propia sangre

Y vio a Shirou.

Su estrella errante. Su tesoro. Su espectáculo más preciado. Cubierto de sangre, con los brazos brillando con una luz que reconocía, y una expresión en su rostro que nunca había visto antes.

— Pequeña estrella— Dijo, y su voz era inusualmente suave— Detente.

Shirou se volvió hacia ella. Por un momento, sus ojos se enfocaron, y Gilgamesh vio un destello del chico que conocía. Pero solo un destello.

— Gil— Dijo, y su voz era ronca— Tú también has venido a detenerme.

— No he venido a detenerte— Respondió ella, acercándose con paso lento pero firme— He venido a recordarte quién eres.

Shirou la miró, confundido.

— Mírate— Continuó Gilgamesh, deteniéndose a unos metros de él— Cubierto de la sangre de ese mestizo asqueroso. Con los brazos a punto de destrozarse por usar un poder que apenas comprendes. ¿Esto es lo que querías? ¿Esto es lo que ellas querían para ti?

Shirou no respondió. Pero el brillo en sus brazos parpadeó.

— No me malinterpretes— Dijo Gilgamesh, y su voz se volvió más dura— Ese desgraciado merece morir. Lo que sea que haya hecho, si te tiene en este estado, entonces lo merece sin duda. Pero no así. No tú. No mi estrella errante, rebajándose a ensuciarse las manos con la sangre de un mestizo indigno.

— No entiendes— Susurró Shirou— Lo que le hizo…

— No importa si entiendo lo que ha pasado o no— Lo interrumpió Gilgamesh— Pero te entiendo a tí, y puedo entender porque haces esto. Pero precisamente por eso se, pequeño, que no puedes hacer esto. Porque si lo haces, te perderás en el odio. Y detesto ver a mis tesoros manchados, incluso si es un odio justificado

Shirou parpadeó. Sus brazos temblaron. El brillo dorado comenzó a atenuarse.

— Ella te necesitan entero— Continuó Gilgamesh, dando una mirada rápida a Rin y Sakura— No roto. No manchado

Por un momento, el silencio fue absoluto.

Shirou bajó la cabeza. Sus hombros temblaban. Y cuando habló, su voz era apenas un susurro.

— Creo… que finalmente he llegado a comprender algo sobre mí mismo, Gil-chan.

Shirou levantó la vista. Y sonrió.

Era la misma sonrisa cálida de siempre. La que usaba con Sakura. La que usaba con Taiga. La que había usado con ella misma, a pesar de su arrogancia. Pero había algo diferente. Una resolución nueva. Una certeza que antes no estaba.

— Soy incapaz de perdonar— Dijo, con una calma que llegaba a los huesos— Incapaz de seguir adelante mientras los que amo sufren. Incapaz de ser un héroe si eso significa dejar que alguien que quiero salga lastimado— Su sonrisa se ensanchó, y en sus ojos brilló una luz nueva, aterradora y hermosa a la vez— Si el mundo quiere hacerles daño… entonces que arda el mundo. Si la justicia significa dejarlos en manos de monstruos… entonces que se pudra la justicia. Yo no voy a salvarlos a todos. Yo voy a salvarlos a ELLOS. A los que amo. A los que me importan. A los que me han dado una razón para existir. Y si para eso tengo que mancharme las manos, que ensuciarme el alma, que perderme a mí mismo… que así sea. Porque ellos son mi milagro. Y yo seré el suyo.

Gilgamesh sintió algo que no había sentido en mucho tiempo. Escalofríos. No de miedo. De algo más profundo. Algo parecido al orgullo, mezclado con una admiración escalofriante.

— Pequeña estrella…— Susurró.

Y entonces, los brazos de Shirou ardieron.

La luz dorada que emanaba de ellos se intensificó hasta volverse cegadora, más brillante que nunca antes. El poder que había estado creciendo a lo largo de la paliza, alimentado por la rabia, por el dolor, por la desesperación, alcanzó su punto máximo. Shirou levantó ambos brazos sobre su cabeza, juntando los puños en uno solo, y comenzó a bajarlos hacia el cráneo de Shinji.

— ¡IDIOTA!— Gritó Gilgamesh, lanzándose hacia él.

Sus manos, rápidas como el rayo, atraparon los brazos de Shirou justo cuando comenzaban a descender. Su fuerza, la fuerza de un Servant, aunque no especializado en combate directo, debería haber sido suficiente para detenerlo. Debería haberlo sido.

Pero Shirou siguió bajando los brazos.

El poder acumulado en sus brazos por el Mana Overdrive era lo suficientemente grande como para que Gilgamesh fuera incapaz de detenerlo sin romperle los brazos directamente

— ¡Maldita sea!— Gruñó Gilgamesh, apretando los dientes— ¡No puedes! ¡No debes!

Pero Shirou no escuchaba. Sus ojos, fijos en Shinji, brillaban con una determinación inquebrantable. Mientras que su sonrisa no se borraba de su rostro.

Gilgamesh tomó una decisión, si no podía pararlo sin lastimarlo excesivamente, usaría otro enfoque

Con un movimiento preciso, calculado, liberó una mano y golpeó el costado del cuello de Shirou. Un golpe diseñado para cortar el flujo sanguíneo al cerebro y dejar inconsciente a cualquier humano.

El cuerpo de Shirou se sacudió. Sus ojos se desenfocaron. Sus brazos, por un momento, perdieron fuerza.

Pero entonces, ocurrió lo imposible.

Aún con los ojos en blanco, aún con el cuerpo cayendo hacia atrás, los brazos de Shirou continuaron su descenso. Una fuerza sobrehumana, nacida de una voluntad que ni la inconsciencia podía doblegar, impulsó sus puños hacia adelante.

Un grito desgarrador, visceral, brotó de su garganta.

— ¡¡¡AAAAAAAAAHHHHH!!!

Los dos puños, fusionados en uno, golpearon la cabeza de Shinji Matou.

El sonido fue indescriptible. Una explosión húmeda, un crujido de huesos, un chapoteo de carne y sesos. La cabeza de Shinji estalló como una sandía madura bajo una prensa, esparciendo sangre, huesos y materia gris por todas direcciones.

El cuerpo, ya sin vida, dejo de retorcerse.

Silencio.

Un silencio absoluto, roto solo por el eco del grito de Shirou y la respiración entrecortada de los presentes.

Shirou, aún inconsciente, cayó hacia atrás. Gilgamesh lo atrapó antes de que su cabeza golpeara el suelo, y lo sostuvo contra su pecho, mirando el cuerpo decapitado de Shinji con una expresión que era una mezcla de resignación y admiración por igual

— Pequeña estrella…— Susurró, un suspiro cansado escapando de sus labios, mientras acariciaba suavemente su cabello ensangrentado— Así que este es el camino que has elegido… uno que incluso osa a desobedecer a su rey por los que ama…

Capítulo 32: El Peso de la Elección

Shirou, aún inconsciente, cayó hacia atrás. Gilgamesh lo atrapó antes de que su cabeza golpeara el suelo, y lo sostuvo contra su pecho, mirando el cuerpo decapitado de Shinji con una expresión que era una mezcla de resignación y admiración por igual.

— Pequeña estrella…— Susurró, un suspiro cansado escapando de sus labios, mientras acariciaba suavemente su cabello ensangrentado—. Así que este es el camino que has elegido… uno que incluso osa a desobedecer a su rey por los que ama…

Por un momento, el silencio fue absoluto. Luego, Gilgamesh levantó la vista y sus ojos escarlata se clavaron en Rin, que seguía paralizada en la puerta, con el rostro pálido y los ojos fijos en el cuerpo sin cabeza de Shinji.

— Tohsaka— La voz de Gilgamesh era firme, sin rastro de la emoción de hacía un instante— Sal de ese estupor. Ahora.

Rin parpadeó, como si despertara de un sueño. Su mirada se despegó del cadáver y encontró los ojos de la reina.

— ¿Q-qué…?

— Tienes un teléfono. Úsalo. Llama a Kotomine. Dile que venga a la academia inmediatamente con todo lo necesario para limpiar un desastre y borrar la memoria de todos los que siguen en las instalaciones. Y que no haga preguntas.

— Pero…

— ¡AHORA!— El grito de Gilgamesh hizo que Rin diera un paso atrás, pero también activó sus reflejos. Con manos temblorosas, sacó su teléfono y marcó.

Kotomine respondió al segundo tono. Su voz, como siempre, era serena, casi divertida.

— ¿Rin? Qué sorpresa a estas horas…

— Kirei— Cortó Rin, esforzándose por mantener la voz firme— Necesito que vengas a la academia. Ahora. Hay… hay un cuerpo. Y necesitamos que desaparezca. Y que borres la memoria de los testigos.

Hubo una pausa al otro lado de la línea. Luego, una risa suave.

— Qué interesante. ¿Y esto a qué se debe?

— ¡No es momento para tus juegos!— Explotó Rin— ¡Solo ven! ¡Por favor!

Otra pausa. Luego, la voz de Kotomine cambió. Se volvió más seria, más profesional.

— Estaré allí en quince minutos. Mantengan a los curiosos alejados.

La llamada terminó. Rin bajó el teléfono y miró a Gilgamesh, que ya se dirigía hacia la puerta con Shirou en brazos.

— ¿Y nosotras?— Preguntó, con voz pequeña.

Gilgamesh se detuvo y se volvió. Su mirada recorrió a Rin, luego a Sakura, que seguía acurrucada en su rincón, temblando.

— Cuando Kotomine termine, quiero que ambas vengan a la Villa Emiya. Directamente. Sin desviaciones. Sin hablar con nadie.

— ¿Para qué?— Preguntó Rin.

— Porque quiero entender qué demonios ha pasado aquí para que mi estrella errante llegara a este punto. Y porque— Sus ojos se posaron en Sakura, y por un instante, su expresión se suavizó— le vendrá bien ver que ambas están bien cuando despierte.

Sakura levantó la vista. Sus ojos, rojos de llorar, se encontraron con los de Gilgamesh.

— ¿Él… él va a estar bien?— Susurró.

Gilgamesh la miró largamente. Luego, asintió una sola vez.

— Sobrevivirá. Pero lo que ha hecho hoy… lo marcará para siempre, para bien o para mal— Se dio la vuelta— Nos vemos en la villa.

Y desapareció en la noche, llevándose a Shirou consigo.

Rin y Sakura se quedaron solas en el aula destrozada, con el cadáver de Shinji como mudo testigo de lo que acababa de ocurrir.

— Sakura…— Comenzó Rin.

— N-no— La interrumpió Sakura, levantándose con esfuerzo— No ahora. No aquí. Vamos a hacer lo que dijo. Y luego… luego hablaremos.

Rin asintió. Y juntas, las dos hermanas separadas por el destino, esperaron la llegada de Kotomine.

* * *

Kotomine llegó en el tiempo prometido. Vio el cuerpo, luego las expresiones de las dos chicas, y no hizo ningún comentario. Con una eficiencia fría y profesional, hizo desaparecer el cadáver, limpió la sangre, y con unos toques en la sien de las pocas personas que habían visto algo— los profesores que habían llamado a la policía, los estudiantes que se habían asomado—, borró los recuerdos de la tarde.

Cuando terminó, se volvió hacia Rin y Sakura con una sonrisa que no alcanzaba a sus ojos.

— Interesante noche, ¿No creen?— Dijo, con ese tono suyo que siempre parecía burlarse de todo— Supongo que no me contarán qué pasó realmente.

— No— Respondió Rin, con voz firme.

— Como prefieran— Kotomine se encogió de hombros— Pero tengan cuidado. Cosas como esta… dejan huellas. Y las huellas, tarde o temprano, alguien las sigue.

Se fue, dejándolas solas en la noche vacía.

Rin y Sakura se miraron. No dijeron nada. No hacía falta.

Y juntas, comenzaron el camino hacia la Villa Emiya.

* * *

La Villa Emiya estaba en silencio cuando llegaron. La puerta estaba abierta, y una luz cálida provenía del interior. Al entrar, encontraron a Gilgamesh sentada en el sillón que había declarado su trono, con una copa de vino en la mano y una expresión que no revelaba nada.

Shirou yacía en el sofá, inconsciente, con nuevos vendajes en ambos brazos. El yeso había sido reemplazado, y su rostro, aunque pálido, parecía en paz.

— Sentaros— Ordenó Gilgamesh, señalando los asientos cercanos.

Rin y Sakura obedecieron. El silencio se alargó unos segundos, hasta que Gilgamesh habló.

— Le he dado una poción de mi tesoro. Algo básico, pero efectivo. Su brazo derecho, el que había usado más intensamente, se recuperará para mañana o pasado como mucho, aunque estará débil. El izquierdo…— Hizo una pausa— ha vuelto al estado en que estaba después de su primer accidente con el refuerzo. Tendrá que llevar el yeso otras semanas.

Sakura exhaló, aliviada.

— Pero no os llamé para hablar de eso— Continuó Gilgamesh, fijando sus ojos en ambas— Quiero saberlo todo. Desde el principio. ¿Qué llevó a mi estrella errante a ese estado? ¿Y qué tiene que ver esa chica,— Señaló a Sakura— con todo esto?

Rin y Sakura se miraron. Luego, lentamente, comenzaron a hablar.

Rin contó lo que sabía: Shirou había usado su clarividencia sobre Sakura, preocupado por descubrir porque parecía tan angustiada, y lo que vio… fue lo que hizo que terminara en este estado

Sakura, con voz temblorosa, complemento las palabras de Rin: Shirou había visto como Shinji había intentado violarla, y junto con… otras cosas, hicieron que explotara contra Shinji

Cuando terminaron, el silencio volvió a instalarse. Gilgamesh las miró largamente, con una expresión indescifrable

Luego, la reina se echó a reír.

No era una risa burlona, sino una carcajada genuina, aunque breve.

— ¿Y por eso están tan preocupadas?— Dijo, aún con una sonrisa en los labios— ¿Porque mi estrella errante mató a un mestizo asqueroso que merecía morir?

Rin se levantó de un salto.

— ¿Cómo puedes decir eso?— Explotó— ¡Ha matado a alguien! ¡Shirou ha matado a un ser humano! ¡Eso no es algo que se pueda tomar a la ligera!

— ¿Y tú crees que yo lo tomo a la ligera?— La voz de Gilgamesh se volvió peligrosamente suave— Si lo hiciera, no habría venido. No habría intervenido. No estaría aquí, perdiendo mi tiempo con dos mocosas que no entienden nada.

Rin abrió la boca para responder, pero Gilgamesh levantó una mano, callándola.

— Entiendo tu preocupación, Tohsaka. Entiendo que no quieras ver a alguien con un brillo tan hermoso como el suyo ensuciarse las manos. Comparto ese sentimiento. Por eso intenté detenerlo— Hizo una pausa— Pero también debo respetar su elección. Y tú también deberías.

— ¿Su elección?— Repitió Rin, incrédula.

— ¿No lo notaste?— Gilgamesh inclinó la cabeza, observándolas con una mezcla de diversión y seriedad— Sus palabras. Su expresión al final. No eran las de un hombre consumido por el odio. Eran las de un guerrero que ha elegido un camino a seguir.

Sakura levantó la vista, confundida.

— ¿Qué quieres decir?

— Quiero decir,— Gilgamesh se levantó y caminó hacia ellas, su presencia llenando la habitación— que Shirou Emiya no mató por odio. Mató por amor. Por lealtad. Porque decidió que protegeros a vosotras era más importante que cualquier ideal de héroe que su padre le hubiera inculcado.

Se detuvo frente a Sakura, mirándola directamente a los ojos.

— Deberías sentirte orgullosa, pequeña. Halagada, incluso. Él ha decidido que ensuciarse las manos por ti es mucho más importante que cualquier deseo de ser un héroe. Eso, en mi experiencia, es más valioso que mil años de rezos y ofrendas.

Sakura sintió que las lágrimas volvían a sus ojos. Pero esta vez no eran de tristeza.

— Pero…— Intervino Rin— ¿Y su alma? ¿Y lo que esto le hará psicológicamente? No puede simplemente…

— ¿Crees que no lo ha considerado?— La interrumpió Gilgamesh— Él sabe lo que ha hecho. Y aun así, lo volvería a hacer. Lo dijo antes de perder el conocimiento. “Si el mundo quiere hacerles daño, que arda el mundo”. Esa no es la frase de alguien que se arrepentirá de sus actos.

Rin se quedó en silencio, procesando las palabras.

— Mira,— Continuó Gilgamesh, su voz volviéndose más suave— no estoy diciendo que esto sea fácil. No estoy diciendo que no haya consecuencias. Las hay, y serán graves. Pero lo que ha hecho no es el acto de un monstruo. Es el acto de alguien que ha encontrado algo por lo que vale la pena luchar. Algo por lo que vale la pena mancharse.

Se volvió hacia la ventana, mirando la noche.

— Yo he vivido para ver incontables héroes caer y a villanos redimirse. He visto a reyes sacrificar imperios por una sola persona. Y os digo esto: lo que ha hecho Shirou Emiya esta noche no lo convierte en un monstruo. Lo convierte en alguien que ha entendido lo que realmente le importa.

El silencio que siguió fue diferente. Más pesado, pero también más claro.

— Entonces…— Dijo Sakura, con voz pequeña— ¿Qué hacemos ahora?

— Ahora,— Respondió Gilgamesh, volviéndose hacia ella— lo esperamos. Y cuando despierte, estaremos aquí. Las tres. Para que sepa que no está solo.

Rin asintió lentamente. Sakura también.

* * *

Shirou abrió los ojos sin saber cuánto tiempo había pasado.

El techo de su casa. La luz tenue de una lámpara. Y un peso fantasmal en el pecho

Intentó moverse, y un dolor sordo recorrió sus brazos. Miró hacia abajo y vio los vendajes, el yeso nuevo. Y luego, al girar la cabeza, vio a las tres.

Gilgamesh, en su sillón, con los ojos cerrados pero claramente despierta. Rin, sentada en una silla junto al sofá, con el rostro surcado por las huellas de una larga noche. Y Sakura, acurrucada en el suelo, con la cabeza apoyada en el borde del sofá, dormida.

— ¿Sakura…?— Susurró, con voz ronca.

Ella se movió, como si incluso dormida pudiera escucharlo. Sus ojos se abrieron lentamente, y cuando lo vieron despierto, una luz diferente apareció en ellos.

— Shirou— Dijo, y su nombre fue un suspiro de alivio— Estás… estás despierto.

— Sí— Respondió él, intentando sonreír— Y tú estás aquí.

— ¿Dónde más iba a estar?

Shirou sintió que algo se aflojaba en su pecho. Un nudo que no sabía que tenía. Miró a Rin, que se había incorporado al oír su voz.

— Tohsaka… gracias. Por estar aquí.

Rin desvió la mirada, pero asintió.

— No me des las gracias. Solo… no sabía qué más hacer.

— Tú siempre sabes qué hacer— Dijo Shirou, con una sonrisa débil.

— Pues esta vez no— Rin se levantó y se acercó— Esta vez… no sé qué pensar. De lo que pasó. De lo que hiciste.

Shirou asintió lentamente.

— Yo tampoco— Admitió— Pero no me arrepiento

— Lo sé— Dijo Rin, y en su voz no había juicio, solo aceptación— Gil nos lo explicó.

Shirou miró a la reina, que seguía con los ojos cerrados.

— ¿Gil?

— No me des las gracias, pequeña estrella— Dijo ella, sin abrir los ojos— Solo he hecho lo que debía. Explicar a estas dos lo que tú no pudiste explicar.

— Gracias de todas formas.

Gilgamesh abrió un ojo, lo miró, y luego volvió a cerrarlo.

— Duérmete, idiota. Mañana será otro día. Y tendremos mucho de qué hablar.

Shirou sonrió. Luego, sintió la mano de Sakura buscar la suya. La apretó suavemente.

— ¿Te duele?— Preguntó ella.

— Un poco— Admitió él— Pero duele menos ahora que sé que estás bien.

Sakura sintió que las lágrimas volvían, pero esta vez las dejó caer.

— Gracias, Shirou— Susurró— Gracias por… por todo.

— No me des las gracias— Respondió él, con una sonrisa— Solo… quédate aquí. Conmigo. ¿Puedes?

Ella asintió, y apoyó la cabeza de nuevo en el borde del sofá, sin soltar su mano.

Shirou cerró los ojos. El sueño lo envolvía de nuevo, pero esta vez no era el vacío de la inconsciencia. Era un descanso merecido, con la certeza de que, al despertar, no estaría solo.

En su sillón, Gilgamesh abrió los ojos y miró la escena. Las dos hermanas, velando al chico. El chico, durmiendo por fin en paz. Y sonrió. Una sonrisa pequeña, pero genuina.

— Menudo espectáculo— Murmuró para sí misma— Esto… se pondrá mucho más interesante.

Y la noche continuó su curso, llevándose consigo los ecos de la violencia y dejando solo el silencio, la compañía, y la promesa de un mañana mas cálido

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo