Reincarnation: Multiversal Class - Chronicles of the Wandering Miracle - Capítulo 33
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Capítulo 33: Capítulo 32: El Peso de la Elección
Capítulo 32: El Peso de la Elección
Shirou, aún inconsciente, cayó hacia atrás. Gilgamesh lo atrapó antes de que su cabeza golpeara el suelo, y lo sostuvo contra su pecho, mirando el cuerpo decapitado de Shinji con una expresión que era una mezcla de resignación y admiración por igual.
— Pequeña estrella…— Susurró, un suspiro cansado escapando de sus labios, mientras acariciaba suavemente su cabello ensangrentado—. Así que este es el camino que has elegido… uno que incluso osa a desobedecer a su rey por los que ama…
Por un momento, el silencio fue absoluto. Luego, Gilgamesh levantó la vista y sus ojos escarlata se clavaron en Rin, que seguía paralizada en la puerta, con el rostro pálido y los ojos fijos en el cuerpo sin cabeza de Shinji.
— Tohsaka— La voz de Gilgamesh era firme, sin rastro de la emoción de hacía un instante— Sal de ese estupor. Ahora.
Rin parpadeó, como si despertara de un sueño. Su mirada se despegó del cadáver y encontró los ojos de la reina.
— ¿Q-qué…?
— Tienes un teléfono. Úsalo. Llama a Kotomine. Dile que venga a la academia inmediatamente con todo lo necesario para limpiar un desastre y borrar la memoria de todos los que siguen en las instalaciones. Y que no haga preguntas.
— Pero…
— ¡AHORA!— El grito de Gilgamesh hizo que Rin diera un paso atrás, pero también activó sus reflejos. Con manos temblorosas, sacó su teléfono y marcó.
Kotomine respondió al segundo tono. Su voz, como siempre, era serena, casi divertida.
— ¿Rin? Qué sorpresa a estas horas…
— Kirei— Cortó Rin, esforzándose por mantener la voz firme— Necesito que vengas a la academia. Ahora. Hay… hay un cuerpo. Y necesitamos que desaparezca. Y que borres la memoria de los testigos.
Hubo una pausa al otro lado de la línea. Luego, una risa suave.
— Qué interesante. ¿Y esto a qué se debe?
— ¡No es momento para tus juegos!— Explotó Rin— ¡Solo ven! ¡Por favor!
Otra pausa. Luego, la voz de Kotomine cambió. Se volvió más seria, más profesional.
— Estaré allí en quince minutos. Mantengan a los curiosos alejados.
La llamada terminó. Rin bajó el teléfono y miró a Gilgamesh, que ya se dirigía hacia la puerta con Shirou en brazos.
— ¿Y nosotras?— Preguntó, con voz pequeña.
Gilgamesh se detuvo y se volvió. Su mirada recorrió a Rin, luego a Sakura, que seguía acurrucada en su rincón, temblando.
— Cuando Kotomine termine, quiero que ambas vengan a la Villa Emiya. Directamente. Sin desviaciones. Sin hablar con nadie.
— ¿Para qué?— Preguntó Rin.
— Porque quiero entender qué demonios ha pasado aquí para que mi estrella errante llegara a este punto. Y porque— Sus ojos se posaron en Sakura, y por un instante, su expresión se suavizó— le vendrá bien ver que ambas están bien cuando despierte.
Sakura levantó la vista. Sus ojos, rojos de llorar, se encontraron con los de Gilgamesh.
— ¿Él… él va a estar bien?— Susurró.
Gilgamesh la miró largamente. Luego, asintió una sola vez.
— Sobrevivirá. Pero lo que ha hecho hoy… lo marcará para siempre, para bien o para mal— Se dio la vuelta— Nos vemos en la villa.
Y desapareció en la noche, llevándose a Shirou consigo.
Rin y Sakura se quedaron solas en el aula destrozada, con el cadáver de Shinji como mudo testigo de lo que acababa de ocurrir.
— Sakura…— Comenzó Rin.
— N-no— La interrumpió Sakura, levantándose con esfuerzo— No ahora. No aquí. Vamos a hacer lo que dijo. Y luego… luego hablaremos.
Rin asintió. Y juntas, las dos hermanas separadas por el destino, esperaron la llegada de Kotomine.
* * *
Kotomine llegó en el tiempo prometido. Vio el cuerpo, luego las expresiones de las dos chicas, y no hizo ningún comentario. Con una eficiencia fría y profesional, hizo desaparecer el cadáver, limpió la sangre, y con unos toques en la sien de las pocas personas que habían visto algo— los profesores que habían llamado a la policía, los estudiantes que se habían asomado—, borró los recuerdos de la tarde.
Cuando terminó, se volvió hacia Rin y Sakura con una sonrisa que no alcanzaba a sus ojos.
— Interesante noche, ¿No creen?— Dijo, con ese tono suyo que siempre parecía burlarse de todo— Supongo que no me contarán qué pasó realmente.
— No— Respondió Rin, con voz firme.
— Como prefieran— Kotomine se encogió de hombros— Pero tengan cuidado. Cosas como esta… dejan huellas. Y las huellas, tarde o temprano, alguien las sigue.
Se fue, dejándolas solas en la noche vacía.
Rin y Sakura se miraron. No dijeron nada. No hacía falta.
Y juntas, comenzaron el camino hacia la Villa Emiya.
* * *
La Villa Emiya estaba en silencio cuando llegaron. La puerta estaba abierta, y una luz cálida provenía del interior. Al entrar, encontraron a Gilgamesh sentada en el sillón que había declarado su trono, con una copa de vino en la mano y una expresión que no revelaba nada.
Shirou yacía en el sofá, inconsciente, con nuevos vendajes en ambos brazos. El yeso había sido reemplazado, y su rostro, aunque pálido, parecía en paz.
— Sentaros— Ordenó Gilgamesh, señalando los asientos cercanos.
Rin y Sakura obedecieron. El silencio se alargó unos segundos, hasta que Gilgamesh habló.
— Le he dado una poción de mi tesoro. Algo básico, pero efectivo. Su brazo derecho, el que había usado más intensamente, se recuperará para mañana o pasado como mucho, aunque estará débil. El izquierdo…— Hizo una pausa— ha vuelto al estado en que estaba después de su primer accidente con el refuerzo. Tendrá que llevar el yeso otras semanas.
Sakura exhaló, aliviada.
— Pero no os llamé para hablar de eso— Continuó Gilgamesh, fijando sus ojos en ambas— Quiero saberlo todo. Desde el principio. ¿Qué llevó a mi estrella errante a ese estado? ¿Y qué tiene que ver esa chica,— Señaló a Sakura— con todo esto?
Rin y Sakura se miraron. Luego, lentamente, comenzaron a hablar.
Rin contó lo que sabía: Shirou había usado su clarividencia sobre Sakura, preocupado por descubrir porque parecía tan angustiada, y lo que vio… fue lo que hizo que terminara en este estado
Sakura, con voz temblorosa, complemento las palabras de Rin: Shirou había visto como Shinji había intentado violarla, y junto con… otras cosas, hicieron que explotara contra Shinji
Cuando terminaron, el silencio volvió a instalarse. Gilgamesh las miró largamente, con una expresión indescifrable
Luego, la reina se echó a reír.
No era una risa burlona, sino una carcajada genuina, aunque breve.
— ¿Y por eso están tan preocupadas?— Dijo, aún con una sonrisa en los labios— ¿Porque mi estrella errante mató a un mestizo asqueroso que merecía morir?
Rin se levantó de un salto.
— ¿Cómo puedes decir eso?— Explotó— ¡Ha matado a alguien! ¡Shirou ha matado a un ser humano! ¡Eso no es algo que se pueda tomar a la ligera!
— ¿Y tú crees que yo lo tomo a la ligera?— La voz de Gilgamesh se volvió peligrosamente suave— Si lo hiciera, no habría venido. No habría intervenido. No estaría aquí, perdiendo mi tiempo con dos mocosas que no entienden nada.
Rin abrió la boca para responder, pero Gilgamesh levantó una mano, callándola.
— Entiendo tu preocupación, Tohsaka. Entiendo que no quieras ver a alguien con un brillo tan hermoso como el suyo ensuciarse las manos. Comparto ese sentimiento. Por eso intenté detenerlo— Hizo una pausa— Pero también debo respetar su elección. Y tú también deberías.
— ¿Su elección?— Repitió Rin, incrédula.
— ¿No lo notaste?— Gilgamesh inclinó la cabeza, observándolas con una mezcla de diversión y seriedad— Sus palabras. Su expresión al final. No eran las de un hombre consumido por el odio. Eran las de un guerrero que ha elegido un camino a seguir.
Sakura levantó la vista, confundida.
— ¿Qué quieres decir?
— Quiero decir,— Gilgamesh se levantó y caminó hacia ellas, su presencia llenando la habitación— que Shirou Emiya no mató por odio. Mató por amor. Por lealtad. Porque decidió que protegeros a vosotras era más importante que cualquier ideal de héroe que su padre le hubiera inculcado.
Se detuvo frente a Sakura, mirándola directamente a los ojos.
— Deberías sentirte orgullosa, pequeña. Halagada, incluso. Él ha decidido que ensuciarse las manos por ti es mucho más importante que cualquier deseo de ser un héroe. Eso, en mi experiencia, es más valioso que mil años de rezos y ofrendas.
Sakura sintió que las lágrimas volvían a sus ojos. Pero esta vez no eran de tristeza.
— Pero…— Intervino Rin— ¿Y su alma? ¿Y lo que esto le hará psicológicamente? No puede simplemente…
— ¿Crees que no lo ha considerado?— La interrumpió Gilgamesh— Él sabe lo que ha hecho. Y aun así, lo volvería a hacer. Lo dijo antes de perder el conocimiento. “Si el mundo quiere hacerles daño, que arda el mundo”. Esa no es la frase de alguien que se arrepentirá de sus actos.
Rin se quedó en silencio, procesando las palabras.
— Mira,— Continuó Gilgamesh, su voz volviéndose más suave— no estoy diciendo que esto sea fácil. No estoy diciendo que no haya consecuencias. Las hay, y serán graves. Pero lo que ha hecho no es el acto de un monstruo. Es el acto de alguien que ha encontrado algo por lo que vale la pena luchar. Algo por lo que vale la pena mancharse.
Se volvió hacia la ventana, mirando la noche.
— Yo he vivido para ver incontables héroes caer y a villanos redimirse. He visto a reyes sacrificar imperios por una sola persona. Y os digo esto: lo que ha hecho Shirou Emiya esta noche no lo convierte en un monstruo. Lo convierte en alguien que ha entendido lo que realmente le importa.
El silencio que siguió fue diferente. Más pesado, pero también más claro.
— Entonces…— Dijo Sakura, con voz pequeña— ¿Qué hacemos ahora?
— Ahora,— Respondió Gilgamesh, volviéndose hacia ella— lo esperamos. Y cuando despierte, estaremos aquí. Las tres. Para que sepa que no está solo.
Rin asintió lentamente. Sakura también.
* * *
Shirou abrió los ojos sin saber cuánto tiempo había pasado.
El techo de su casa. La luz tenue de una lámpara. Y un peso fantasmal en el pecho
Intentó moverse, y un dolor sordo recorrió sus brazos. Miró hacia abajo y vio los vendajes, el yeso nuevo. Y luego, al girar la cabeza, vio a las tres.
Gilgamesh, en su sillón, con los ojos cerrados pero claramente despierta. Rin, sentada en una silla junto al sofá, con el rostro surcado por las huellas de una larga noche. Y Sakura, acurrucada en el suelo, con la cabeza apoyada en el borde del sofá, dormida.
— ¿Sakura…?— Susurró, con voz ronca.
Ella se movió, como si incluso dormida pudiera escucharlo. Sus ojos se abrieron lentamente, y cuando lo vieron despierto, una luz diferente apareció en ellos.
— Shirou— Dijo, y su nombre fue un suspiro de alivio— Estás… estás despierto.
— Sí— Respondió él, intentando sonreír— Y tú estás aquí.
— ¿Dónde más iba a estar?
Shirou sintió que algo se aflojaba en su pecho. Un nudo que no sabía que tenía. Miró a Rin, que se había incorporado al oír su voz.
— Tohsaka… gracias. Por estar aquí.
Rin desvió la mirada, pero asintió.
— No me des las gracias. Solo… no sabía qué más hacer.
— Tú siempre sabes qué hacer— Dijo Shirou, con una sonrisa débil.
— Pues esta vez no— Rin se levantó y se acercó— Esta vez… no sé qué pensar. De lo que pasó. De lo que hiciste.
Shirou asintió lentamente.
— Yo tampoco— Admitió— Pero no me arrepiento
— Lo sé— Dijo Rin, y en su voz no había juicio, solo aceptación— Gil nos lo explicó.
Shirou miró a la reina, que seguía con los ojos cerrados.
— ¿Gil?
— No me des las gracias, pequeña estrella— Dijo ella, sin abrir los ojos— Solo he hecho lo que debía. Explicar a estas dos lo que tú no pudiste explicar.
— Gracias de todas formas.
Gilgamesh abrió un ojo, lo miró, y luego volvió a cerrarlo.
— Duérmete, idiota. Mañana será otro día. Y tendremos mucho de qué hablar.
Shirou sonrió. Luego, sintió la mano de Sakura buscar la suya. La apretó suavemente.
— ¿Te duele?— Preguntó ella.
— Un poco— Admitió él— Pero duele menos ahora que sé que estás bien.
Sakura sintió que las lágrimas volvían, pero esta vez las dejó caer.
— Gracias, Shirou— Susurró— Gracias por… por todo.
— No me des las gracias— Respondió él, con una sonrisa— Solo… quédate aquí. Conmigo. ¿Puedes?
Ella asintió, y apoyó la cabeza de nuevo en el borde del sofá, sin soltar su mano.
Shirou cerró los ojos. El sueño lo envolvía de nuevo, pero esta vez no era el vacío de la inconsciencia. Era un descanso merecido, con la certeza de que, al despertar, no estaría solo.
En su sillón, Gilgamesh abrió los ojos y miró la escena. Las dos hermanas, velando al chico. El chico, durmiendo por fin en paz. Y sonrió. Una sonrisa pequeña, pero genuina.
— Menudo espectáculo— Murmuró para sí misma— Esto… se pondrá mucho más interesante.
Y la noche continuó su curso, llevándose consigo los ecos de la violencia y dejando solo el silencio, la compañía, y la promesa de un mañana mas cálido
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