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Reincarnation: Multiversal Class - Chronicles of the Wandering Miracle - Capítulo 5

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  4. Capítulo 5 - 5 Capitulo 4 Preludio a una Sonrisa
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5: Capitulo 4: Preludio a una Sonrisa 5: Capitulo 4: Preludio a una Sonrisa Capitulo 4: Preludio a una Sonrisa  El silencio de la tarde en la Villa Emiya era un manto pesado.

Shirou lo sentía sobre sus hombros, un peso físico que no era la gravedad, Sino la niebla de su propia mente.

Sus pasos, sin rumbo, lo llevaron a través de los pasillos de lo que, teóricamente, era su nuevo hogar desde hacía unos días.

Su pensamiento vagaba, atrapado entre el vacío del presente y los ecos estridentes de futuros que no le pertenecían  Una de las pocas certezas en esa niebla tenía nombre y apellido: Taiga Fujimura.

Su aparición había sido como la de un tornado en un cementerio: violenta, ruidosa y terriblemente viva.

Se presentó como vecina— era de su familia de quien Kiritsugu había comprado la casa— y, desde el primer instante, centró en Shirou una atención abrasadora  Cada vez que Shirou pensaba en ella, una oleada de fastidio lo recorría.

Recordaba cómo, tras un intercambio corto con Kiritsugu, había descargado sobre él un torrente de palabras.

Hablaba de su emoción por tener nuevos vecinos, de su admiración por Kiritsugu, de lo pesada que era su vida como capitana del club de kendo.

Era un diluvio incesante.

Para una mente que luchaba por distinguir el recuerdo de la premonición, cada anécdota intrascendente sobre un profesor gruñón o un partido de kendo perdido era un dato incongruente, un ruido blanco que, paradójicamente, ahogaba el zumbido de fondo de sus visiones.

No era reconfortante, pero era simple.

Y en ese momento, la simplicidad era un lujo  Pero, irónicamente, ese pequeño caos diario se había convertido en un extraño punto de referencia.

En medio de la disociación que le producían las visiones— esa sensación de pisar un escenario cuyas trampas conocía, pero cuyo guión no era el suyo—, el ruido constante de Taiga era un ancla a lo mundano.

Un recordatorio de que existía un mundo de repollos caros y películas tontas fuera de la pesadilla profética que cargaba  Quizás por eso, hoy, el primer día en que ella no había aparecido, la sensación de vacío era más aguda.

La buscó sin querer buscarla, rebuscando por la casa hasta llegar al sótano.

Entre rollos de tatami viejo y una lámpara rota, sus manos encontraron un estuche polvoriento  Lo abrió sin expectativas.

Dentro, sobre un terciopelo desgastado, yacía un violín.

La madera, de un ámbar profundo, brilló débilmente.

No hubo recuerdo, ni visión.

Solo un impulso muscular, una comezón en la yema de los dedos que reclamaba el contacto con las cuerdas  Antes de que su mente pudiera analizarlo, sus pies lo llevaron al patio.

Se sentó al borde del engawa.

La madera del violín presiono contra su mandíbula, sus dedos encontraron las cuerdas con una familiaridad inquietante.

Ajustó las clavijas con una precisión que no entendía  El primer contacto del arco produjo un gemido largo y bajo.

Y entonces, sus dedos empezaron a moverse.

No era él quien los dirigía.

Era memoria fantasma de un otro yo, alguien que fue y nunca volverá a ser, tomando el control  Una melodía lenta llenó el aire tranquilo: Halleluyah.

Sus labios se entreabrieron y una voz melódica, que le sonó ajena y propia a la vez, se mezcló con el llanto del violín  — I’ve heard there was a secret chord…

(He oído que había un acorde secreto…)  ‘Un acorde secreto.

Como mi existencia.

Kiritsugu me llama Shirou, pero ese nombre resuena hueco.

¿Quién murió en el incendio?

¿Quién soy yo ahora?

Solo sé que este cuerpo no me pertenece por completo, y este futuro… este futuro está plagado de señales de peligro que solo yo puedo ver.

Veo una chica de cabellos lacios y ojos vacíos, sonriendo en una mesa mientras algo oscuro se retuerce bajo su piel.

Veo a un hombre con una capa roja, lleno de cicatrices y una amargura tan profunda que casi la puedo saborear.

Son retazos de un drama en el que estoy escrito para actuar, y no conozco mis líneas’  El arco se deslizó, la música fluyendo, drenando por un momento la presión de su pecho  — But you don’t really care for music, do you?

(Pero a ti realmente no te importa la música, ¿verdad?)  ‘¿A quién le importa?

A ella quizás.

A Taiga.

Su mundo es simple, directo.

No hay lugar para visiones de guerras entre muertos vivientes o de chicas llorando en la oscuridad.

Su realidad es de palabras y karinto.

Y, contra toda lógica, su ruido ha sido la única cosa que me he hecho sentir… presente.

Es irritante.

Y es lo más real que tengo’  Cerró los ojos, entregándose al piloto automático de sus dedos  — Well, it goes like this, the fourth, the fifth, the minor fall, the major lift…

(Bueno, así va, el cuarto, el quinto, el tono menor que cae, el mayor que se alza…)  ‘Una caída.

Así me siento cuando recuerdo el espeluznante contenido de mis visiones.

Una caída perpetua.

Conozco los pasos de esta danza maldita: Siete Masters, Siete Servants, traición, dolor.

Lo sé y me siento impotente.

Soy un espectador de mi propia vida prestada.

No puedo correr hacia ese futuro.

Necesito… dejar de mirar el abismo y encontrar el suelo bajo mis pies.

Algo aquí, ahora, que sea mío.

¿Pero qué puede ser mío?

No los recuerdos, no el nombre, no el destino.

Tal vez solo esto: el movimiento de mis dedos en este instante, la elección de esta nota, el susurro de esta palabra.

Es poco.

Pero es un comienzo.

Un acto que no fue predicho por ninguna visión.

Un pequeño punto de creación personal en un lienzo pintado por otros’   Una oleada de frustración— no de tristeza, sino rabia ante su atadura— tensó su brazo.

El sonido se quebró.

Su rostro mostró por primera vez un conflicto agudo: ceño fruncido, mirada fija en un horizonte interior lleno de caminos que se negaba a recorrer  — The baffled king composing Hallelujah…

(El rey desconcertado componiendo Aleluya…)  ‘Un rey desconcertado.

Sin reino.

Este cuerpo, esta casa, este nombre… son un legado envenenado.

Shirou antes del fuego murió.

Yo soy el intruso.

Un niño que olvido su propio nombre; uno que Kiritsugu llamó Shirou Emiya.

Y debo encontrar mi propia nota en medio de esta sinfonía de destinos ajenos.

No necesito un héroe.

Necesito ser alguien.

¿Alguien como quién?

No como el Shirou de las visiones, obsesionado con un ideal imposible.

No como Kiritsugu, consumido por el pragmatismo de la balanza.

Quizás… alguien que pueda ver el horror que se acerca y aun así elegir una melodía diferente.

Alguien que pueda sostener un violín después de haber sostenido una espada.

La contradicción es aterradora.

Y, sin embargo, el violín está aquí, en mis manos, y es real’  — Hallelujah, Hallelujah, Hallelujah.

Halleluuujah… (Aleluya, Aleluya, Aleluya.

Aleluuuya)  Dejó que la última nota se desvaneciera, no como un final, sino como una pregunta suspendida en el aire  ‘La música no da respuestas… pero por unos minutos el ruido en mi cabeza cesó.

No es un ancla, pero es… un respiro.

Un espacio vacío donde existo yo.

Tal vez, por ahora, eso sea suficiente.

Es más que suficiente.

Es una revelación: puedo crear algo que no sea caos o miedo.

Puedo crear belleza, aunque sea triste.

Y si puedo crear esto, quizás, con el tiempo, pueda crear también un “yo” que valga la pena ser’  Una sonrisa tímida, la primera genuina desde el incendio, asomó a sus labios.

El peso del futuro, por un instante, no pesaba  — ¡Bravo!— Una voz estalló detrás de él, seguida de aplausos exagerados  Shirou se volvió.

Taiga corría hacia él, su sonrisa amplia y despreocupada como siempre  — ¡Eso fue increíble, Shirou-chan!

¡No sabía que supieras tocar!

¿Es… es un recuerdo que volvió?-  La cascada de preguntas comenzó, pero se detuvo en seco.

Taiga se quedó mirando su rostro.

No veía la habitual reserva, la mirada lejana.

Veía un rastro de paz, y esa pequeña sonrisa.

Era tan distinto que la desarmó por completo  — Buenas tardes Taiga-san.

Pensé que hoy no vendrías— Dijo Shirou, y su voz sonó más suave, menos tensa  — ¡Es “onee-chan” para ti!— Replicó ella, recuperándose e intentando su mirada “intimidatoria” de costumbre, aquella que siempre lo hacía ceder  Pero esta vez, Shirou no bajó la mirada.

Sostuvo la suya con una calma nueva  — De acuerdo.

Gracias por venir, Taiga onee-chan  Taiga parpadeó, sorprendida.

No por la deferencia, sino por la calidez sutil que envolvía las palabras.

Por un instante, la máscara de la hermana mayor bulliciosa se agrietó, dejando ver a una joven que a veces se sentía un poco sola en una casa demasiado grande  — Bueno, no… no es nada— Murmuró, un leve rubor tiñendo sus mejillas.

Por una vez, el torbellino se calmó— En serio, tocabas muy bien.

Casi no parecías tú.

Me recordó a… bueno, a cuando mi abuelo tocaba el shamisen.

Él también tenía esa mirada, como si por un momento se fuera a otro lugar.

Un lugar más tranquilo  — No sé cómo lo hice— Confesó Shirou, mirando el violín— Simplemente… salió.

Es raro.

Es como si mis manos lo supieran, pero yo no  — Entonces es un don— Declaró Taiga, recuperando su energía, pero con un tono más gentil— ¡Y tienes que usarlo!

Además, es bueno tener algo así.

Algo que sea solo tuyo, ¿sabes?

¡Podrías tocar en el festival escolar!

Shirou no respondió a la idea, pero su sonrisa no desapareció.

La frase de Taiga resonó en él.

“Algo que sea solo tuyo”.

Eso era exactamente lo que había estado pensando.

Era como si ella, sin proponérselo, hubiera puesto el dedo en llaga de su búsqueda.

No dijo nada, pero asintió lentamente, guardando la idea en un rincón de su mente.

Esa tarde, charlaron sentados en el engawa hasta que el cielo se tiñó de naranja.

Por primera vez, Shirou no era solo un espectador silencioso del monólogo de Taiga.

Intervino con preguntas cortas, con comentarios tímidos.

No fue una conversación profunda, pero fue real.

Le preguntó por su abuelo, y ella habló con un cariño inusual, sin exageraciones.

Él, a su vez, hablo de la sensación extraña de tocar el violín, de cómo el sonido parecía llevarse un poco de la niebla de su cabeza.

Fue un intercambio simple, pero para Shirou fue un puente tendido sobre el vacío que sentía dentro.

Y en la normalidad de ese momento, en el calor del sol poniente y el sonido de una risa estridente pero sincera, Shirou encontró, sin buscarlo, un primer y frágil asidero en el presente  Un asidero que, por ahora, tenía forma de compañía y un violín polvoriento  * * *  Glosario de términos del capítulo  “Tatami”: Tapiz acolchado sobre el que se ejecutan algunos deportes, como el yudo o el kárate.

“Engawa”: En japonés, engawa es una palabra que podría traducirse como “espacio intermedio”.

Para los arquitectos, es el lugar que conecta una casa con la naturaleza  “Onee-chan”: Es una palabra en japonés que significa “hermana mayor” y se le dice a alguien para mostrarle su cariño, afecto y respeto.

Es la contraparte de Onii-chan, “hermano mayor”  “Kendo”: Es un deporte/arte marcial japonés moderno, que desciende de la esgrima (kenjutsu) y utiliza espadas de bambú (shinai o bokken) y armadura protectora (bōgu).

Hoy en día, se practica ampliamente en Japón y en muchas otras naciones del mundo  “Karinto”: Es un dulce tradicional japones hecho principalmente de harina y azúcar  “Shamisen”: Instrumento musical de cuerda, propio de Japón, formado por una caja de resonancia rectangular y tres cuerdas, que se toca con un plectro de marfil de gran tamaño.

[IMG Taiga] 

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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