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Reincarnation: Multiversal Class - Chronicles of the Wandering Miracle - Capítulo 6

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  4. Capítulo 6 - 6 Capitulo 5 El Jardín de la Tercera Opción
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6: Capitulo 5: El Jardín de la Tercera Opción 6: Capitulo 5: El Jardín de la Tercera Opción Capitulo 5: El Jardín de la Tercera Opción La luna bañaba el engawa vacío.

El violín yacía a su lado, un testigo mudo de la primera grieta en su niebla mental.

La sonrisa que Taiga había desencadenado se había desvanecido, no por tristeza, sino por concentración profunda.

El alivio momentáneo había creado un espacio de claridad inusual, y en él, las visiones no gritaban, sino que se alineaban, como piezas de un puzle maldito que por fin podía observar con cierta distancia ‘Taiga tiene algo que es solo suyo.

Yo solo tengo… un catálogo de fantasmas.

Y son todos versiones de mí.

O de quien se supone que soy.

No puedo seguir huyendo de ellos.

Tengo que… entender qué me están ofreciendo.

O advirtiendo’ Su mirada se perdió por un momento.

Por su mente pasó esa cálida conversación que acaba de tener con Taiga, y una pequeña sonrisa se deslizó por su rostro.

Pero negó rápidamente con la cabeza, tratando de enfocarse en su dilema actual; la mirada cómicamente seria en su rostro inmaduro volvió a él ‘Está ese yo de pelo rojo.

El que cree que salvar a todos no es un sueño, sino una obligación.

Que sonríe mientras se desangra por extraños.

Su camino es una línea resta hacia un precipicio… pero camina hacia él con una fe tan brillante que duele mirar.

Es noble.

Es ingenuo.

Y termina… vacío, habiendo dado todo y guardado nada para sí’ Shirou se imaginó en su lugar.

Pelo blanco y ojos un poco más amarillentos, como el ámbar.

Se imaginó con una sonrisa alegre, una que quería imitar, pero con el cuerpo lleno de agujeros— de armas que aquellos a los salvó le clavaron sin saber.

Su rostro era alegre, sí, pero su corazón estaba tan vacío que solo pensar en ser como él le daban ganas de vomitar ‘Y luego está su conclusión lógica.

El hombre de la capa roja.

El que recorrió esa línea recta hasta el final y descubrió que el precipicio era un abismo sin fondo.

Que se convirtió en una herramienta de matanza infinita, esclavo de un deber que odia, por haber amado un ideal que el mundo no puede soportar.

Su amargura es tan vasta que ahoga cualquier alegría pasada.

No es un héroe; es un monumento al fracaso de serlo’ Si el primer Shirou le hacia subir la bilis a la garganta, este lo aterrorizaba hasta la médula.

Porque sabia, sin dudas, que su camino era el peor de todos.

Un camino tan carente de la felicidad y sonrisas que tanto anhelaba, que solo el pensamiento sufrir un destino similar lo sumergía en una espiral de terror sin fin ‘Pero hay otra ruta.

La del que rompe el molde.

El que mira el mismo ideal, mira a la chica de pelo púrpura… y elige.

Elige un amor concreto sobre uno abstracto.

Traiciona su sueño de ser el héroe de todos para ser el héroe de una sola persona.

Es… humano.

Desgarradoramente humano.

Pero en sus ojos, incluso al final, veo el peso de lo abandonado, el fantasma de todos aquellos que no eligió salvar’ Asco.

Eso era todo lo que sentía al imaginarse en el lugar de este Shirou.

No por haberse negado a matar a la chica que amaba— él sabia en lo profundo que tomaría la misma decisión por Taiga o Kiritsugu, sin dudar—, sino por el arrepentimiento que sentía, incluso cuando era feliz con su chica.

Eso lo asqueaba: Si tomaste una decisión, si elegiste tu propia felicidad por sobre la de los demás, ¿Por qué te arrepientes tanto?

¿Por qué no solo llenas el vacío en tu corazón con ella?.

Le asqueaba su deseo, profundamente enterrado, de volver a sus viejas andanzas, de salvar a todos en vez de seguir por el sendero que había elegido ‘Y está él.

Kiritsugu.

El que vio el dilema desde el principio y eligió la aritmética de la carnicería: sacrificar a pocos para salvar a muchos.

Creó un sistema, una lógica fría para navegar el horror.

Pero la balanza siempre se mancha de sangre, y al final, el peso de “pocos” termina quebrando al que la sostiene.

Es eficiente.

Es un infierno’ Un infierno por el que se negaba a caminar.

Admiraba a Kiritsugu.

Lo respetaba e incluso lo miraba como un padre en ciernes.

Pero el camino que eligió, ese donde tuvo que sacrificar incluso a quienes mas amaba por extraños, era el camino que mas detestaba de todos Un escalofrío lo recorrió, pero no de miedo, sino de claridad.

Estos no eran destinos, eran cartoons.

Exageraciones de una sola verdad, de una sola respuesta rígida a un mundo complejo ‘Es como si todas estas visiones estuvieran tratando de decirme algo, como si mi subconsciente me estuviera tratando de advertir desesperadamente de algo.

El idealista dice: “Salva a todos”.

El cínico grita: “Salvar a todos es una mentira”.

El traidor susurra: “Salva a uno”.

El pragmático ordena: “Calcula y sacrifica”’ La expresión de Shirou se distorsionó en algo feo: una furia salvaje, una que sentía salir desde su misma alma — ¡Pero odio todos estos caminos!

Odio tener que ceñirme a algo dispuesto por alguien más.

¡Incluso si ese alguien soy yo mismo!

Luego su expresión volvió a la normalidad, sus ojos brillaron de una alegría naciente mezclada con esperanza e incertidumbre ‘¿Y si… todas están equivocadas?

¿O si… todas tienen un fragmento de una verdad más grande?’ Una sensación extraña, una comezón que no sabia de donde venia, inundó su cuerpo.

Era como si miles de hormigas le caminaran sobre la piel y se metieran en su cerebro, forzando su mente a una linea de pensamiento más extrema ‘No quiero ser ninguno de ellos.

No quiero su rigidez.

No quiero ser el héroe de todos… pero sí seré el héroe de aquellos que alcance a tocar.

De aquellos que se hayan abierto un hueco en mi corazón, como Taiga.

De aquellos por los que sienta que vale la pena… convertir lo imposible en posible’ Sus puños se apretaron con fuerza.

Sus ojos brillaron con un ligero tono dorado, igual que su cabello, que por un instante resplandeció con un color plateado reluciente ‘Si el mundo me obliga a elegir… elegiré crear una tercera opción.

Usaré lo que soy— esta confusión, estas visiones, este cuerpo que no es del todo mío— no para seguir un guion, sino para reescribir las reglas del juego.

No seré una espada que se sacrifica, ni una balanza que juzga.

Seré… el milagro que ocurre cuando alguien se niega a aceptar que solo hay dos caminos’ Justo en ese momento, la puerta corrediza del engawa se deslizó con suavidad.

Kiritsugu emergió, una taza de café humeante en la mano, su mirada barriendo el patio con la eficiencia de un centinela hasta posarse en Shirou.

No hubo sorpresa; pocas cosas escapaban a su atención Shirou no se volvió, pero su postura cambió ligeramente, un reconocimiento tácito de su presencia — No has dormido— Dijo Kiritsugu.

No era una acusación, sino un hecho observado.

Pero sus ojos no se desviaron de su cabello, notando con agudeza su desvanecido brillo plateado, así como los restos de energía mágica alrededor del niño — No podía— Admitió Shirou, su voz más clara de lo que Kiritsugu recordaba en días.

Por dentro, la extrañadeterminación de tenia antes se desvanecía; era como un niño que se enfada con sus padres hasta el punto de querer irse de casa, pero que, al borde de la puerta, se arrepiente y da un paso dentro— Las imágenes… ya no gritan.

Se quedaron quietas.

Como si estuvieran esperando a que las mirara Kiritsugu se acercó, sentándose a su lado.

No preguntó.

Solo esperó, tomando un sorbo de café.

Era su manera de dar permiso para hablar Shirou respiró hondo, juntando las palabras que había estado ordenando en su mente — He visto… caminos.

Futuros que podría tener.

O que algún yo tuvo— Miró sus manos, como si en ellas pudiera leer los destinos— Uno es un idealista.

Cree que puede salvar a todo el mundo, y se destroza intentándolo.

Otro… es lo que ese idealista se convierte cuando se da cuenta de que no pudo.

Es amargo.

Está vacío.

Solo odia la idea que una vez amó Kiritsugu no se inmutó, pero sus ojos se oscurecieron un grado.

Conocía ese patrón de primera mano — Luego está el que elige salvar solo a una persona— Continuó Shirou, y en su tono hubo un matiz de empatía triste— Abandona el sueño de ser el héroe de todos por ser el héroe de alguien.

Es… más humano.

Pero también parece llevar un peso terrible.

El peso de haber tenido que elegir Hizo una pausa, buscando valor para la última comparación.

Alzó la vista hacia Kiritsugu directamente — Y está el camino del cálculo.

El de la balanza.

Sacrificar a pocos para salvar a muchos.

Es lógico.

Es… práctico— Shirou tragó saliva— Pero duele.

Duele tanto que al final, la persona que sostiene la balanza se quiebra El silencio que siguió fue denso, cargado con el reconocimiento no dicho de que Shirou— por culpa de sus visiones— acababa de describir, con precisión escalofriante, la esencia del fracaso de Kiritsugu Este bajó lentamente la taza.

Su expresión, normalmente una mascara de piedra, mostró una finísima grieta: un leve apretón de la mandíbula, un parpadeo más lento ‘¿Que tanto sabes Shirou?… ¿Que tanto sabes sobre lo que sucedió en esa guerra?

¿Sabes siquiera lo que hice… lo que te hice?’ Pensó Kiritsugu para sus adentros.

Su corazón hundió por la culpa, el arrepentimiento y una naciente preocupación paternal — ¿Y?— Fue todo lo que preguntó, pero la palabra no era un desafío.

Era una invitación genuina a continuar.

Un tono ligeramente más suave, una atención que iba más allá de la mera observación Shirou sintió ese pequeño cambio.

Era minúsculo, pero para él, acostumbrado a leer los silencios del hombre, fue como una luz verde — No quiero ninguno de ese caminos, Kiritsugu— Dijo, y ahora su voz tembló ligeramente, no por miedo, sino por la intensidad de la convicción que estaba formando— El idealista se olvida de sí mismo; No quiero ser así.

El cínico se odia a sí mismo; temo tener un destino igual o peor que el suyo.

El que elige a uno… siente que traiciona una parte de sí mismo; me asquea su vacilación de seguir adelante y el arrepentimiento que noto en su mirada.

Y el pragmático… termina destruyéndose a sí mismo; yo quiero ser feliz, que aquellos a mi alrededor lo sean conmigo, no soportaría ese martirio Se levantó, enfrentándose no a Kiritsugu, sino a la luna que se alzaba alta en el cielo, bañando el mundo— y la figura pequeña, pero inusualmente heroica de Shirou— con su luz tenue y cargada de secretos esperando en las sombras — Yo… quiero un camino donde no tenga que romperme.

Donde pueda… elegir la alegría.

Una alegría tonta, una que sea un acto de desafío.

Quiero salvar a la gente, si, pero… a la gente que pueda tocar, la que se acerque a mi vida.

Quiero que mi corazón sea lo suficientemente grande para esos, pero no tan grande que se convierta en un agujero que todo se trague Finalmente, se volvió hacia Kiritsugu.

En sus ojos ámbar ya no había la niebla perdida, ni el pánico de las visiones.

Había una determinación, frágil, juvenil, pero incuestionable.

Y, bajo ella, la pregunta no dicha de un niño perdido en un mar de dudas buscando un barco al que aferrarse — ¿Es… es una idea estúpida?— Preguntó, y por un instante, el Shirou de 8 años que había perdido todo asomó en su voz— ¿Intentar hacer las cosas de otra manera?

¿Crear un camino que no esté en ninguno de esos cuadros tristes?

Kiritsugu lo miró por un largo momento.

El aire pareció contener la respiración.

Luego, el hombre exhaló suavemente, y algo en sus hombros, una tensión perpetua, cedió un milímetro — La estupidez,— Comenzó a decir, con su tono grave habitual.— es seguir un camino conocido hacia un abismo previsible.

Lo que describes…— Hizo una pausa, buscando la palabra precisa, algo que no hacía a menudo— No es estúpido.

Es arriesgado.

Casi temerario.

Y es… nuevo Una sonrisa feliz floreció en el rostro de Shirou.

Ese fue el mayor elogio que podía esperar de él.

No una aprobación efusiva, sino un reconocimiento táctico de la validez de su estrategia — Pero una decisión no es un camino.— Añadió Kiritsugu, su voz recuperando algo de su pragmatismo, pero ahora con un dejo que podía interpretarse como guía— Un camino se construye con acciones.

Pequeñas.

Consistentes Shirou asintió, absorbiendo cada palabra.

La sonrisa aún sin desvanecerse de su rostro en lo mas mínimo— ¿Por dónde empiezo?

Kiritsugu miró hacia el patio, su mirada cayendo en el pequeño muro de piedra baja, parcialmente derrumbado, que separaba un macizo de flores silvestres — Ese muro,— Dijo— está mal hecho.

Se cae a pedazos.

No sirve para nada— Miró a Shirou— Mañana, cuando amanezca, no lo repares.

Tienes que decidir qué hacer con él.

¿Lo derribas por completo y usas las piedras para otra cosa?

¿Lo reparas hasta quedar como nuevo, incluso mejor que antes?

¿O lo dejas ahí, como recordatorio de que algunas cosas se caen solas?

Era más que una tarea manual.

Era una metáfora en acción.

Le estaba dando el primer ladrillo de su nuevo camino: el poder de elegir y construir — Las herramientas están en el cobertizo— Finalizó Kiritsugu.

Y antes de darse la vuelta para entrar, añadió, con una neutralidad que no lograba ocultar por completo un atisbo de algo más cálido: — Taiga se quedó aquí esta noche.

Despiértala cuando sea la hora.

Le gustan los tamagoyaki bien dulces.

Si los quemas, te hará limpiar el dojo de la escuela Fue su manera de decir: “Tu camino incluye a los que ya están en él.

Cuida de ellos.

Y prepárate para las consecuencias de tus actos, incluso en la cocina” Shirou permaneció un momento más, mirando el muro roto.

Una sonrisa torcida y preocupada reemplazo la anterior, pero no apago la llama que en su interior que ardía con una fuerza nunca antes vista ni sentida — No sé cocinar…— Susurró mientras una gota de sudor frío resbalaba por su frente — Lo se— Se escucho la voz lejana de Kiritsugu.

Shirou juraría que, por un momento, escucho un ligero bufido de risa en la voz de su estoico padre * * * A la mañana siguiente, antes de que el sol saliera por el este e iluminara al mundo con su luz y calor… Kiritsugu, cuya relación con el sueño era más una tregua esporádica que un descanse, sintió un cambio en los sonidos de la casa.

No era un ruido que lo alertara, sino su ausencia: la respiración agitada y los murmullos febriles que usualmente emanaban de la habitación de Shirou durante la noche habían cesado En su lugar, un nuevo sonido, extraño y ligero, flotaba desde el patio.

Ronquidos.

Pero no los de un adulto, sino los suaves y espaciados de un niño profundamente dormido, intercalados con… ¿risitas?

Breves exhalaciones de alegría onírica Intrigado, se levantó.

Atravesó la casa en silencio, sus pies descalzos sin hacer ruido sobre le tatami.

Al deslizar la puerta del engawa, el aire fresco de la madrugada lo recibió, cargado con un aroma que no esperaba: tierra húmeda recién removida, el dulzor de flores silvestres y un toque de agua fresca.

No era el olor seco y polvoriento de un muro derribado o en proceso de hacerlo Y entonces lo vio Su mente, entrenada para evaluar escenarios en milisegundos, se detuvo.

Por un instante, el “Magus Killer” se vio sobrepasado por una escena que no cuadraba en ninguno de sus parámetros lógicos Shirou yacía dormido en un rincón del ahora transformado espacio, recostado contra el tronco del viejo cerezo.

Estaba cubierto de tierra y polvo de piedra, con manchas verdes de clorofila en sus manos y mejillas.

En su rostro, bajo la suciedad, se dibujaba una expresión de paz profunda y satisfacción agotada.

Una leve sonrisa se curvaba en sus labios, y de ellos escapó otro de esos suspiros-risa, como si en sus sueños estuviera viendo florecer su obra Pero era la obra en sí lo que hacía que Kiritsugu contuviera la respiración El muro bajo, feo y derruido, había desaparecido.

En su lugar, Kiritsugu no encontraba un espacio vacío, ni un montón de escombros.

Encontraba un jardín No un simple arreglo, sino una composición miniaturizada, casi un diorama vivo que parecía haber brotado de la tierra en una sola noche frenética de creación El estanque: Una depresión perfectamente ovalada, forrada con las piedras más lisas y planas del muro, formando un mosaico irregular que atrapaba el agua de una manguera reparada con ingenio— Kiritsugu reconoció un trozo de goma de una cámara de bicicleta vieja usada como sellante—.

El agua era cristalina, reflejando las primeras luces del cielo El drenaje y los caminos: Los cascotes y piedras más pequeñas habían sido astutamente dispuestos formando canales invisibles bajo la tierra y senderos de gravilla que serpenteaban entre los macizos Las plantas: Esto era lo imposible.

El macizo de flores silvestres que el muro aislaba ahora se integraba, pero multiplicado.

Había trasplantado matas de nomeolvides, campanillas y pequeños helechos, colocándoles con una sensibilidad paisajística que era antinatural en un niño.

Pero lo que clavó a Kiritsugu en el sitio fueron las flores Algunas, las silvestres, parecían vibrar con una salud exuberante, como si llevaran semanas establecidas y bien regadas.

Otras… otras eran flores que Kiritsugu reconocía vagamente de paseos por el monte: un par de orquídeas salvajes, unos lirios de día.

Flores que no estaban en temporada.

Y sin embargo, ahí estaban, erguidas, con pétalos turgentes y colores vivos, sin un rastro de marchitez por el trasplante.

Parecían haberse aclimatado instantáneamente, como si la tierra misma bajo las manos de Shirou hubiera suspirado de placer y les hubiera dado la bienvenida El centro: En el corazón del pequeño jardín, sobre una losa especialmente plana, Shirou había colocado un jarrón de barro sencillo.

‘¿De donde lo habrá sacado?’.

En él, un ramo de flores de cerezo, cuyas delicadas ramas aún no deberían tener flores, se arqueaban con elegancia.

Unas pocas gotas de rocío, o tal vez agua del estanque, brillaban en sus pétalos como diamantes bajo el creciente amanecer Todo el conjunto respiraba armonía.

Una armonía lograda no con la fuerza bruta de la demolición, sino con la comprensión delicada y tozuda de un niño que había decidido que su primer acto de creación sería un acto de belleza ‘Desobedeció’ Fue el primer pensamiento nítido de Kiritsugu ‘Le dije que lo hiciera hoy.

Que decidiera qué hacer.

Y él… tomó la decisión en la noche, y la ejecutó de inmediato.

Con una urgencia que no podía esperar’ Pero la desobediencia se le antojaba irrelevante ante la magnitud de lo logrado.

Se acercó, agachándose.

Pasó los dedos por el borde del estanque: la unión de las piedras era firme, estable.

Olisqueó una de las flores fuera de temporada: su fragancia era intensa y natural.

Observó la tierra alrededor de los trasplantes: húmeda, mullida, sin signos de shock vegetal ‘Esto no es jardinería.

Esto es… una negación’ La mente analítica del asesino trabajaba a toda velocidad ‘Niega la estacionalidad.

Niega el tiempo necesario para el arraigo.

Niega la lógica del cansancio físico.

Un niño, en una noche, ha hecho el trabajo de un jardinero experto en una semana, con resultados que un experto no podría garantizar’ Miró al niño dormido.

La suciedad en su rostro, sus manos pequeñas y moradas por el esfuerzo con las piedras.

La sonrisa pacífica Y entonces, una conexión se formó en su mente, fría como el acero.

Las visiones del futuro.

El cabello blanco que emanaba energía mágica de vez en cuando.

Y ahora esto: una capacidad para alterar sutilmente la realidad su alrededor, para inclinar la balanza de lo probable hacia lo hermoso y lo armonioso.

No con trucos mágicos visibles, sino con una influencia tan profunda que convencía a las mismas plantas de florecer y a las piedras de acomodarse ‘Su Origen… no es solo “Clarividencia”.

Es algo más profundo.

Algo vinculado a la creación, a la preservación, a la excepción a la regla.

Un milagro, en el sentido más literal y peligroso del término’ Una oleada de protección feroz, mezclada con un respeto humilde, lo inundó.

Este niño no había elegido un camino fácil.

Había elegido uno que requería hacer posible lo imposible, una y otra vez.

Un camino donde la alegría no era un estado pasivo, sino un acto de creación constante contra la entropía del mundo Con movimientos cuidadosos, Kiritsugu se quitó la chaqueta que llevaba sobre los hombros y la colocó suavemente sobre el cuerpo dormido de Shirou.

El niño se arropó en el calor, murmurando algo ininteligible, su sonrisa no se desvaneció Kiritsugu se quedó de pie, contemplando el jardín imposible bajo la luz cada vez más dorada del amanecer.

El aire olía a vida, a futuro — Bien— Murmuró para sí, y la palabra sonó a juramento renovado, a una promesa hecha no solo a un hijo, sino a las posibilidades que ese hijo encarnaba— Así que así será El muro que separaba ya no existía.

En su lugar, había un puente hacia algo nuevo.

Y Kiritsugu, el hombre que había demolido tantas cosas en su vida, se encontró deseando, por primera vez en años, ver qué crecería a continuación * * * Glosario de términos del capítulo “Engawa”: En japonés, engawa es una palabra que podría traducirse como “espacio intermedio”.

Para los arquitectos, es el lugar que conecta una casa con la naturaleza  “Dojo”: es el término empleado en Japón para designar un espacio destinado a la práctica y enseñanza de la meditación o las artes marciales tradicionales modernas o gendai budo.

En japonés, dōjō (道場) significa literalmente: «lugar del camino» —donde la palabra dō viene del chino dao o tao) “Tatami”: Tapiz acolchado sobre el que se ejecutan algunos deportes, como el yudo o el kárate.

“Diorama”: Panorama en el que lienzos transparentes pintados por ambas caras permiten, por efectos de iluminación, ver en un mismo sitio dos cosas distintas “Tamagoyaki”: Un Tamagoyaki (卵焼き literalmente “huevo asado”), o también denominado dashimaki (だし巻き), es una especie de tortilla de huevo que se puede encontrar en la cocina japonesa.

​ Se suele servir como parte del desayuno en Japón o en platos de sushi “Tozuda”: Obstinado, testarudo “Magus Killer”: Es el título que le puso la sociedad mágica a Kiritsugu.

Se la gano gracias a su infamia como un renombrado cazador de magus.

Muchas veces en el canon los magus retratan al “Magus Killer” como un loco extremadamente peligroso y especializado en matar a los suyos, alguien del cual era casi imposible escapar con vida, y, en caso de hacerlo, era a costa de perder tu capacidad de ejercer la hechicería por culpa de sus métodos especiales de asesinato, las “balas de origen” 

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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