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Renaci como el ultimo Emperador Azteca - Capítulo 1

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  4. Capítulo 1 - 1 El tesoro perdido el ultimo eslabon
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1: El tesoro perdido el ultimo eslabon 1: El tesoro perdido el ultimo eslabon La humedad espesa le lamía la piel a través del traje de exploración.

El Dr Balam Hau respiraba el aire denso y antiguo de una tumba, sus ojos negros brillaban con una intensidad febril.

Él era un hombre de historia pura de fechas precisas de hechos documentados y esa noche él estaba a punto de romper la historia misma.

Balam sintió el peso de siglos cayendo sobre sus hombros.

La linterna de cabeza enfocaba un muro de roca basalto.

Su mano temblaba ligeramente no por el esfuerzo físico sino por la trascendencia.

Él había dedicado tres décadas a esta búsqueda a rastrear los susurros de los cronistas de desmentir a los arqueólogos pesimistas.

Los últimos días del sitio de Tenochtitlan fueron un borrón convenientemente confuso para los conquistadores.

Pero Balam había encontrado el hilo el único eslabón.

Había algo más que la masacre y la huida.

Se arrodilló sobre la tierra húmeda sintiendo el pulso de la caverna.

Un escalofrío le recorrió la espalda.

Este no era el miedo a la oscuridad era la certeza de la grandeza.

Dr Hau asintió a sus dos colegas de pie justo detrás.

Joaquín Castro y Sofía Bernal parecían dos sombras nerviosas y expectantes.

El tesoro de Moctezuma no era una leyenda era una carga.

Balam movió una palanca oculta y una sección de la roca se deslizó con un sonido sordo revelando una cámara pequeña e intacta.

Ahí estaba.

No era una montaña de oro brillante y burdo como contaban los mitos.

Era algo mucho más valioso mucho más peligroso.

Códices polícromos intactos y apilados en estantes de piedra.

Piezas de jade ceremonial con inscripciones que nadie había visto en quinientos años.

El tesoro era la verdad el testamento final del Tlatoani.

Una estela de basalto pulido en el centro de la sala mostraba una figura majestuosa con plumas de quetzal.

Balam sintió que sus pulmones se llenaban con el aire sagrado de la revelación.

Había reescrito la narrativa.

Había salvado el honor de una civilización entera.

Se giró hacia Joaquín Castro su amigo su compañero de batallas académicas.

Dr Castro.

La voz de Balam era un susurro ronco cargado de triunfo.

Míralo.

Lo hicimos.

El chasquido del cerrojo de un arma rompió la santidad del silencio.

Balam se congeló.

Su sonrisa se desvaneció como ceniza.

Se giró lentamente.

Dos de los guardias de seguridad armados con pistolas apuntaban directamente a él.

Joaquín sostenía una pistola de mano con una calma aterradora que nunca había mostrado.

Sofía se encogió contra la pared la cara pálida.

Uno de ellos le cerró el paso a la única salida.

El sudor frío de la traición le quemó los ojos.

¿Qué hacen?

La voz de Balam era un hilo delgado de incredulidad.

Dr Castro sonrió con un gesto seco y vacío, No te lo tomes personal Balam.

Negocios son negocios ya tengo comprador en el extrangero.

El tesoro es demasiado grande para un solo hombre para un solo país.

Balam sintió el golpe el shock más doloroso ya qu ele habia fallado a sus principios como descubridor, La verdad era que el descubrimiento no importaba el poder que generaría y las ganacias sí.

Sus rodillas temblaron no por debilidad sino por el peso de la injusticia.

El impacto le sacudió el pecho.

No fue un disparo ruidoso sino un silenciador sordo.

Un dolor repentino y abrasador se extendió como tinta negra.

Balam solo toco donde le habia disparado tratando de tapar por donde se le ecapaba la vida.

Se desplomó sobre los códices invaluables su sangre manchando el papiro ancestral.

El aire le abandonó los pulmones en un ultimo respiro.

Alcanzó a ver el rostro de Joaquín la expresión dura y carente de remordimiento.

La voz de Castro burlona resonó sobre él fría y definitiva.

“El comprador se enteró Balam.

Sabías demasiado no podiamos dejarte vivo.” Esa fue la últimas palabra que reconoció en el mundo, La oscuridad lo devoró.,El frío de la caverna se hizo absoluto.

Pero antes de que la nada pudiera reclamarlo el frío se rompió, Una punzada de calor lo atravesó un fuego feroz que olía a incienso copal y sacrificio, El hedor a muerte con sangre se transformó en el aroma de miles de flores.

El sonido de un estallido de balas fue reemplazado por el rugido atronador de un águila,Abrió los ojos.

El sol lo cegó.

Estaba de pie.

No en una tumba húmeda sino sobre piedra volcánica caliente.

Una armadura de guerrero adornaba su cuerpo.

Miró sus manos y se encontró con la piel morena y fuerte de un joven con brazaletes de oro pulido.

Ya no era Balam Hau.

Era el último Tlatoani.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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