Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Renaci como el ultimo Emperador Azteca - Capítulo 11

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Renaci como el ultimo Emperador Azteca
  4. Capítulo 11 - 11 Nuevos guerreros
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

11: Nuevos guerreros 11: Nuevos guerreros La noche había caído sobre Tenochtitlan, fría más de lo que se acostumbra.

El aire del Palacio de Moctezuma olía a sudor viejo, hierbas quemadas y ese olor raro del algodón hervido—como si la ciudad misma estuviera curándose de una fiebre.

Balam—no Moctezuma “Capitulo 1” —estaba en el Tlacochcalco, convertido en su centro de operaciones.

No estaba en su trono como la mayoría de reyes europeas.

Estaba agachado sobre un mapa de arcilla, la espalda arqueada, los dedos marcando líneas como si tallara destino en barro húmedo pensando “necesito aprender a crear el papel ya pero como”.

En su mano, una concha.

Pequeña, lisa, con un brillo casi húmedo.

Xochitl se la había mandado desde Acapulco.

Su mensaje no estaba escrito.

pero daba entender mediante señas antigua que había enemigos cerca y había que defender la zona.

—Los españoles son personas no Dioses, Tlilatl —murmuró sin mirar al general.

Tlilatl estaba de rodillas.

Bañado, sí, pero con los ojos de quien no ha dormido en tres lunas.

A su lado, Citlalli.

No con vestido de princesa, sino con una túnica sencilla, los hombros hundidos, el alma más pesada que su título.

Balam se levantó.

No caminó.

Deslizó.

Como si el suelo le conociera.

Se acercó a Citlalli.

No con lástima.

Con respeto.

—Princesa.

Has traído la verdad.

Y has pagado más de lo que nadie debía.

No voy a mandarte a morir necesitas descansar.

Ve., Limpia tu cuerpo.

La guerra nueva no necesita princesas cansadas.

Citlalli levantó la vista.

Sorprendida.

Asintió, apenas.

Y se fue, silenciosa como el humo.

Cuando estuvieron solos, Balam suspiró—un sonido seco, como hoja quebrada.

—Tlilatl… tú tienes el corazón del guerrero.

Yo, el peso del que decide cuántos mueren.

Miró al general directo a los ojos.

—¿Qué es más honroso?

¿Morir como héroe… o vivir sin respeto?

Tlilatl no respondió.

No podía hablar ene se momento por su poca inquietud de las reglas del nuevo emperador.

Entonces Balam se giró.

Y señaló.

Allí, en un rincón del arsenal, no había armaduras.

Ni macuahuitls.

Solo una docena de chamacos.

Flacos.

Ágiles.

Ojos vivos, piernas como resortes.

Algunos ni siquiera le llegaban al pecho.

—Estos no son Jaguares —dijo Balam, con una sonrisa torcida—.

Son jóvenes que saben correr esconderse y maniobrar ya que conocen la selva como la palma de su mano como una pantera mmmm.

se tocaba la cabeza.

—¿Panteras?

—Tlilatl arqueó una ceja—.

Mi Tlatoani… ¿va a defender el corazón del Imperio… con niños?

—como una pantera, Tlilatl.

Con miedo.

Con lo que ellos menos esperan.

Justo entonces—ding.

Un sonido suave, como campanilla de jade.

Balam no se inmutó.

Solo cerró los ojos un segundo.

[Sistema El Último emperador encendió] [Nueva misión recibida: “La Roca y el Mar”] [Objetivo: Desmoralizar al enemigo sin combate frontal.

Romper su ritmo.

Sembrar caos.

Sobrevivir.] [Recompensa: 500 lingotes de oro.

12 esmeraldas Quetzalcoatl.

+1 “Corazón de Obsidiana” (trofeo de estrategia).] Balam abrió los ojos.

Una chispa.

No de alegría.

De confianza.

—Vean —dijo, tomando un bastón—.

Ellos son lentos.

Pesados.

Creen que la guerra es fuerza (Señalando aun guerrero jaguar y un guerrero águila fuerte y robusto) Hizo un movimiento rápido—como serpiente—y lanzó una piedra diminuta contra un tambor vacío.

¡Toc!

los guerreros pantera corrieron y se escondieron ágilmente entre las cosas de la armería.

—Ustedes… son el error en su cálculo van a destruir sus esperezas de esos corruptos españoles.

Uno de los chicos sacó un silbato de barro.

Sopló.

Y el sonido… madres.

Un aullido agudo, como alma en pena.

Tlilatl dio un paso atrás, la mano ya en macuahuitl esperando atacar.

—Ese es el Silbato de la Muerte.

No mata.

Rompe.

Rompe el sueño.

Rompe la disciplina.

Rompe la mente de esas personas.

—Su misión no es matar —siguió Balam—.

Es cansar.

Lanzar chile en los ojos de los caballos.

Flechas ligeras, rápidas, molestas.

Silbar de noche.

Desaparecer.

Y repetir después repetir hasta cansarlos.

Se volvió a Tlilatl.

—No es gloria.

y lo entiendo mi fiel general pero es guerra y pienso ganarla, enséñales espionaje y enséñales a caminar como panteras tienes 1 Tonalpohualli para entrenarlos.

Tlilatl lo miró largo rato.

Respiró y Asintió.

—Entonces… yo mismo los entrenaré.

Que su retirada sea tan limpia como el primer golpe de un Jaguar, pero la agilidad de una pantera para esconderse.

Balam volvió al mapa.

Tocó el lago.

Las chinampas.

El camino a Texcoco.

Si no podemos ser la roca… Seremos el mar.

Y el mar… siempre gana.

—Además —murmuró, casi para sí—, el oro ese viene bien pa’ los hospitales.

*(Y bajo su túnica, el Sistema titiló, apenas: [Corazón de Obsidiana concedido.

Nivel de Estratega: +1.])

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo