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Renaci como el ultimo Emperador Azteca - Capítulo 13

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13: Nueva tropa 13: Nueva tropa La noche seguía fría.

El aire, denso.

Pero algo había cambiado.

Cuando Tlilatl entró al Tlacochcalco, no lo hizo solo.

Detrás de él, dieciséis figuras negras se deslizaron como sombras entre las columnas.

Vestían túnicas oscuras, lisas, sin ruido—pero bordadas en los hombros y pecho con hilos de obsidiana y jade: jaguares en movimiento.

No eran niños ya.

No eran liebres.

Eran Panteras.

Cada uno con una máscara ligera de barro cocido, con ojos tallados en mica que brillaban débilmente.

Cada uno con un silbato colgado del cuello.

Cada uno… en silencio total.

Ni un crujido.

Ni una respiración fuerte.

Tlilatl se arrodilló.

Pero esta vez, no bajó la cabeza del todo.

Lo miró a los ojos.

—Mi Tlatoani… terminó el Tonalpohualli.

Solo dieciséis sobrevivieron la prueba del río de espinas, la cacería ciega, la noche en el templo de los susurros.

Los demás… no estaban listos.

Balam se puso de pie.

Lentamente.

Caminó entre ellos.

Palmeó el hombro de uno—un chico de no más de quince años, con cicatrices nuevas y una calma que no pegaba con su edad.

Le tocó el silbato.

El chico ni parpadeó.

—No los entrenaste como guerreros —dijo Balam, sin dejar de mirarlos—.

Los forjaste como eco.

Tlilatl asintió.

—Pueden cruzar una plaza llena de vigías sin que ni siquiera una hoja se mueva.

Pueden seguir a un hombre tres días sin que note que le pisan la sombra.

Pueden hacer que un español crea que está solo… cuando ya lleva seis Panteras respirando a su espalda.

Se hizo un silencio.

Denso.

Sagrado.

Entonces—ding.

El sonido fue más fuerte esta vez.

Como una campana pequeña, pero clara.

[SISTEMA EL ÚLTIMO EMPERADOR — ACTUALIZACIÓN] [Nuevo rango concedido: Tlilatl — Mano Derecha del Trono] [Nueva misión: “La Sombra que Camina”] [Objetivo: Localizar al grupo perdido de españoles en la selva.

Infiltrarse.

Ganar su confianza.

Guiarlos—poco a poco—hacia Tenochtitlan… sin que sospechen jamás que es un plan.] [Recompensa: 800 lingotes de oro puro.

1 Corazón de Jaguar Negro (trofeo único).

Acceso al Códice de los Secretos (habilidad oculta: leer intenciones en el lenguaje corporal).] Balam sonrió.

No una sonrisa de triunfo.

De alivio.

—Bien —dijo, volviéndose a Tlilatl—.

Vas a ir tú mismo.

Al fondo de la selva.

Vas a encontrarlos antes de que los jaguares lo hagan… o antes de que ellos mismos se maten entre discusiones.

Hizo una pausa.

Bajó la voz.

—No los mates.

No los asustes.

Al principio, ni siquiera te dejes ver.

Que sientan que la selva los guía.

Que crean que tienen suerte… o que los dioses los favorecen.

Que confíen en los “guías tlaxcaltecas” que aparecerán… como por casualidad.

Miró a las Panteras.

—Ustedes irán con él.

Serán el viento, la rama que cruje, el agua que desaparece… pero nunca serán vistos.

Su trabajo no es pelear.

Es sugerir.

Es dejar una huella falsa aquí… un camino “seguro” allá… una cueva “vacía” con provisiones justo cuando se están muriendo de hambre.

Uno de los jóvenes asintió.

Solo con los ojos.

Tlilatl respiró hondo.

—Entonces… no seré su enemigo.

Seré su esperanza.

—Exacto —dijo Balam, y le puso una mano en el hombro—.

Y cuando entren por las calzadas de Tenochtitlan… creyendo que vienen como invitados… ya tendremos tiempo para decidir si son prisioneros… o algo peor.

Volvió al mapa.

Señaló la selva.

El camino invisible.

No todos los caminos se construyen con piedra.

Algunos se tejen con paciencia.

—Vayan —ordenó—.

Y recuerden: El miedo no grita.

El miedo susurra… y espera.

*(Y bajo la túnica de Tlilatl, una pequeña placa de obsidiana comenzó a brillar: [Rango: Mano Derecha — Activado.

Primera habilidad desbloqueada: “Mirada del Trono”.])

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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