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Renaci como el ultimo Emperador Azteca - Capítulo 24

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24: La orden 24: La orden Los dos guerreros águila que habían acompañado a Cortés desde que lo encontraron en la costa entraron primero cruzando el umbral del gran portón con paso firme en cuanto estuvieron dentro se detuvieron y con movimientos precisos se quitaron las prendas que llevaban encima dejando al descubierto sus cuerpos marcados por antiguas batallas de inmediato un chamán y una enfermera se acercaron a examinarlos tocando sus brazos observando sus ojos palpando sus costillas y revisando cada herida para asegurarse de que no cargaban enfermedad alguna o mal espiritual Después de ellos surgieron más chamanes y más curanderas desde detrás de la puerta como si el templo mismo los expulsara para cumplir su función sus túnicas teñidas en tonos ocres y verdes se movían con suavidad y sus rostros estaban cubiertos con líneas de pintura que representaban serpientes colibríes y flores sagradas fue entonces cuando Tlilatl el comandante supremo apareció entre ellos con una presencia que imponía silencio él era alto de mirada dura y llevaba un manto azul oscuro que solo los jefes podían portar levantó la mano y su voz resonó en el patio como un trueno Todos deben quitarse la ropa para ser revisados aquel que desobedezca será entregado como ofrenda a nuestros dioses Nadie dudó la autoridad de su voz cayó sobre los recién llegados como un peso imposible de ignorar Cortés miró a sus hombres intentando mostrar seguridad aunque sabía que aquella exigencia era tan inesperada como imprescindible para sobrevivir en ese territorio donde cada norma tenía el peso de un decreto divino uno por uno los hombres comenzaron a despojarse de sus prendas dejando caer sobre el suelo la tela húmeda por el sudor y por la humedad del viaje los soldados de Velázquez se miraron entre sí apretando los dientes pero ninguno se atrevió a protestar más allá de un murmullo apagado que un guerrero pantera silenció con un solo movimiento de la mirada Pronto todos quedaron desnudos bajo el sol y solo quedaban de pie las cinco mujeres rodeadas por una muralla de miradas masculinas los rechazados por el miedo los curiosos por lo desconocido los derrotados por el cansancio Balam avanzó entonces entre las filas y su presencia abrió paso como si él fuera la lanza que partía el mar en dos habló con autoridad con una voz que no necesitaba gritar porque ya comandaba el respeto de todos Traigan a Citlali Al ser llamada Citlali surgió de entre las mujeres del templo con su manto blanco y un collar de obsidiana que brillaba con la luz del mediodía caminó hasta Balam inclinó ligeramente la cabeza y esperó su palabra Balam entonces le dictó la orden con la solemnidad de un decreto imperial Las cinco mujeres irán al aposento más sagrado dos recámaras dentro de la recámara imperial serán desvestidas revisadas y si muestran señal alguna serán enviadas a los cuartos de purificación de damas dentro del Templo Mayor donde las aguas y los espíritus habrán de decidir si están libres o no de enfermedad Citlali asintió sin cuestionar y de inmediato varias guerreras jaguar se formaron a su alrededor sus armaduras negras con marcas doradas parecían respirar junto con ellas fuertes disciplinadas entrenadas para custodiar aquello que era más preciado que el oro mismo las mujeres españolas avanzaron inseguras siguiendo a Citlali entre los muros blanquecinos mientras los hombres observaban en silencio porque sabían que preguntar sería inútil y oponerse sería suicida Los murmullos crecieron entre los recién llegados pues muchos no comprendían por qué tanta separación por qué los hombres eran llevados a los baños exteriores y las mujeres al templo Balam escuchó las quejas a lo lejos pero no perdió la calma sabía que aún no había logrado eliminar por completo la viruela que había traído la primera incursión ni la bronquitis que había afectado a los niños ni la neumonía que se había extendido entre los ancianos su pueblo había sobrevivido gracias a la vigilancia extrema y a años de trabajo silencioso y tenaz mientras investigaba sustancias nuevas como la penicilina fermentos y hongos que parecían abrir un camino hacia medicinas que ningún curandero conocía antes Por eso nadie sería admitido dentro de la ciudad sin ser purificado porque Tenochtitlan no volvería a caer ante enfermedades de otros mundos Cortés respiró profundo mientras su cuerpo desnudo era revisado por un chamán de cabello largo y ojos atentos si sentía vergüenza no la mostró porque sabía que aquel ritual no era un insulto sino una advertencia un recordatorio de que él ya no era dueño de la situación que alguna vez creyó controlar y que esta ciudad había crecido más en tres años que sus sueños más ambiciosos Balam se detuvo frente a él sus sombras casi se tocaban y sus ojos chocaron con la fuerza de dos mundos destinados a enfrentarse y aun así condenados a entenderse Bienvenido de nuevo Hernán dijo Balam con una calma peligrosa esta vez entrarás como invitado no como conquistador Y mientras los chamanes seguían revisando a cada hombre el eco de esas palabras quedó suspendido entre los muros del templo como una advertencia y como una promesa

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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