Renací como Fantasma: ¡Hora de Crear mi Ejército de No Muertos! - Capítulo 223
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- Capítulo 223 - 223 La humildad de un dragón
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223: La humildad de un dragón 223: La humildad de un dragón —–
Después de que Compañero achicharrara a Catarina, Esmeraldina empezó a reírse de lo que este le había dicho.
Los dos fantasmas de fuego también parecieron reírse un poco ante lo absurdo de la situación.
—¡Jajaja!
Catarina, no puedo creer que te hayas convertido en el hazmerreír —dijo Silvio.
—Vaya, vaya, no seas tan grosero, o la matona se pondrá a llorar…
—dijo Francesco.
—¡V-Vosotros dos…!
¿Os atrevéis a sumaros a sus comentarios arrogantes?
¡Ella también se bebió vuestra sangre, idiotas!
—dijo Catarina.
Los dos fantasmas de fuego se encogieron de hombros, indiferentes.
No parecía que les hubieran drenado toda la sangre.
A Compañero le hizo mucha gracia.
—La verdad es que no nos importa —dijo Silvio.
—Sí, es cosa del pasado.
¡Eres la única que está tan anclada en él, Catarina!
Simplemente, acepta esta nueva vida.
Ya hemos llegado a nuestro nuevo hogar —dijo Francesco.
Empecé a infundir lentamente Maná en los dos fantasmas de fuego mientras hablaban, por lo que ganaron consistencia y comenzaron a brillar con más intensidad y un calor más fuerte.
Gracias al Maná, pueden luchar contra el frío del ambiente y probablemente volverse un poco más…
saludables.
Bueno, todo lo saludable que puede estar un espíritu muerto.
—¡Ugh, no me importa!
¿Y qué son esos rumores de que soy una llorona?
—preguntó Catarina.
—Vale, Catarina, parece que te encanta montar dramas, pero cálmate por ahora, ¿de acuerdo?
—suspire.
—*Suspiro*…
—Catarina negó con la cabeza mientras me ignoraba y guardaba silencio.
Supongo que es obediente.
Syllis y Bellerine también se habían mantenido al margen, pero como Catarina estaba armando un escándalo, no encontraron el momento de unirse a la conversación.
Aun así, ahora por fin podían saludarnos.
Ambas eran muy delgadas.
Los hombres-conejo carecían de grasa corporal, sus músculos también eran finos y lo único que podían usar para calentarse era su pelaje, pero ni siquiera este era muy abundante.
No tenían tanto pelaje como los conejos normales, y se concentraba sobre todo en los pies, los brazos, el pecho y un poco en la espalda y el cuello.
Por eso, llevaban ropa muy ancha para mantenerse calientes, y tenían un aspecto muy gracioso, como si estuvieran gordas…
Jajaja, ya entiendo por qué la gente desarrolla ese complejo de parecer gorda cuando lleva ropa ancha en invierno.
Son unos retrasados por pensar eso, pero aun así, ahora puedo entenderlos.
—Parece que por fin habéis dejado de gritar…
—dijo Syllis.
—Sí, culpa mía.
Catarina es un caso a veces.
Tiene problemas de temperamento —dije.
—¡¡¡Lo he oído!!!
—rugió Catarina desde atrás.
Sentí como si un escalofrío me recorriera la espalda al oír sus gritos.
Es una mujer de armas tomar.
—¡Hala!
¿A-Así que estas son las ruinas…?
¡Son muy decepcionantes!
—dijo Bellerine, mirando el lugar a lo lejos.
Lucifer miró a la pequeña y engreída chica conejo, pareciendo ligeramente enfadado.
—Puede que lo parezca, pero este lugar fue una vez un gran Reino donde muchos Majin y bestia-kin vivían juntos en armonía, reunidos de todo el continente.
El Rey Demonio solo quería vivir en paz, pero a los humanos les disgustaban los que eran diferentes a ellos y siempre tildaban a las otras razas no humanas de invasoras de otros continentes…
¡Esos bastardos no podían soportar ver un lugar donde los semi-humanos pudieran vivir en armonía!
—dijo Lucifer con rabia.
—¿Eh?
¿Ah?
¿De acuerdo?
—dijo Bellerine, un poco confundida por toda la perorata que Lucifer acababa de soltar de la nada…
—Lucifer, acabas de soltar una perorata bastante grande.
Cálmate.
Bellerine no sabe nada de eso —dije.
—…*Suspiro*.
Lo siento, culpa mía…
A veces pierdo los estribos por tonterías —suspiró él.
—N-No pasa nada…
Puedo entender tu dolor.
Maria nos contó un poco sobre quién eras.
Es un honor estar con un Dragón tan antiguo —dijo Syllis.
—…Olvida mi pasado.
Ahora no soy más que un cadáver reanimado —suspiró Lucifer.
A veces era sorprendentemente humilde, hasta el punto de ofender sin querer a otros que lo veían como alguien especial, lo cual es bastante molesto.
Si he de ser sincero, siempre he odiado a la gente así.
Lo odiaría si no fuera mi Luci, al que le gusta que lo mimen cuando estamos a solas.
Por supuesto, en su forma de Dragón, realmente desprende un aire diferente y más intimidante, por lo que sus palabras sonaron aún más serias e intimidaron un poco a las dos hombres-conejo, como si a ellas también les recorriera un escalofrío la espalda…
En serio, este tipo debería calmarse a veces.
—L-Lamento haberlo ofendido, señor Dragón…
—dijo Syllis.
Lucifer miró a las hombres-conejo y suspiró.
—N-No…
Está bien.
Solo intentaba parecer genial, no os sintáis intimidadas por mí —se disculpó al final.
—¿Puedo escalarte?
—preguntó Bellerine, deambulando alrededor del gran cuerpo dracónico de Lucifer.
—B-Bueno, supongo que puedes…
—dijo Lucifer.
La chica conejo empezó a trepar por Lucifer mientras los dos gemelos también empezaban a preguntarse si ellos podían.
También había una pantera grande y hermosa a mi lado, mi querido Kuro, que había estado durmiendo la siesta en mis sombras durante un rato, pero lo llamé para que saliera.
A diferencia de las panteras vivas, él, por desgracia, no produce calor, así que habría sido inútil sacarlo mientras dormíamos.
¡Mraoo!
El adorable Kuro maulló como un gato de verdad, pero con una voz más grave, ya que era más bien una pantera…
Bueno, en realidad es una quimera No Muerto hecha de muchas partes de monstruos que creé como nuestro tercer compañero en la mazmorra.
Estuvo tirando del carruaje hace un rato, pero decidió volver a mis sombras cuando empezó a hacer demasiado frío.
—¡Oho, mi pequeño Kuro!
¿Has salido a ver el lugar?
¡Ah, Cuervo, ven aquí también!
—dije.
¡GRAAA!
Un cuervo No Muerto gigante bajó volando a mi lado.
Ya medía alrededor de un metro.
Era mi cuervo No Muerto, al que había llamado Cuervo; es sobre todo un explorador, pero con el tiempo va practicando sus habilidades de combate.
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