Renací como Fantasma: ¡Hora de Crear mi Ejército de No Muertos! - Capítulo 283
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Capítulo 283: Conversación de Padre y Hija
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¡PUF!
De repente, frente a Hel, alguien apareció por fin, pero no era la persona que ella esperaba. Era una mujer hermosa de largo cabello violáceo, con algunas mezclas de negro y rojo, sus ojos brillaban con un rojo carmesí como los de ella, y su belleza era comparable a la suya, si no un poco superior. Incluso tenía un aura coqueta, como la de una demonio insinuante y lujuriosa.
—¿Quién er… Ah, padre —suspiró ella. Hel estaba sentada en su trono de huesos, mirando con aburrimiento a su propio padre mientras cruzaba sus esbeltas y hermosas piernas, blancas como la porcelana. En ese momento estaba descalza, mientras dos esqueletos le hacían la pedicura.
—¡Oh, cielos! ¡Mi pequeña niña de la muerte! ¿Cómo estás hoy? ¡Oh! ¿Interrumpí tu momento de belleza? —preguntó Loki con cariño, mientras su hija lo miraba… o más bien la miraba, inexpresivamente.
—Padre, ¿por qué tienes forma de mujer ahora? Ya tengo una madre… —suspiró Hel—. Angrboda es mi madre, ella está… ¿Dónde está madre ahora?
—Ah, tu madre está… Jaja, no tengo ni idea, está en algún lugar haciendo encantamientos o algo. Es una hechicera, después de todo —dijo Loki.
Angrboda era la Hechicera Titán de los Gigantes de Hielo. Era una poderosa hechicera de la Magia Oscura y las Artes Oscuras, una de las primeras Titanes que enseñó al mundo sobre la oscuridad y se dice que también es la madre de los Majin. Su relación con Loki era bastante laxa. Aunque ambos tuvieron hijos juntos, ella siempre había sido una mujer interesada en sus artes oscuras y, si bien disfrutaba del sexo, no era como si fuera a quedarse con él durante todas sus vidas eternas.
Loki era igual en ese sentido. Como dios del caos, no le gustaba estar en un lugar por mucho tiempo, y menos con una sola persona. Viajaba por el mundo entero y de vez en cuando le hacía una visita, donde ambos jugaban (en la cama), comían juntos, hacían algunos trucos de magia y se separaban por algunos años.
En el mundo de Yggdrasil, los Titanes eran similares a los Dioses. Sin embargo, después de la primera guerra entre Titanes y Dioses, Odín impidió que los titanes interfirieran tanto en el mundo exterior, y también se les prohibió unirse a las reuniones de los dioses en su mayor parte. A pesar de ello, seguían influyendo en los mortales y vagaban por el mundo en avatares mortales. Algunos incluso se convirtieron en parte de la tierra, como montañas, volcanes o gigantescos icebergs flotando sobre el océano, descansando hasta el día en que pudieran volver a luchar contra los Dioses una vez más.
Su Padre y Rey, Ymir, fue asesinado por Odín hace mucho tiempo, y su gigantesco cadáver dio forma al mundo. Debido a esto, vivían sobre el cuerpo de su propio padre y sentían resentimiento por ello, aunque muchos de ellos amaban a los mortales, especialmente a sus descendientes, los Gigantes de Hielo, los Gigantes de Montaña y los Gigantes de Fuego, a quienes observaban de cerca mientras se camuflaban como parte del paisaje o como mortales errantes.
—¡Yo también quiero ver a madre! —dijo Hel, enfadada—. ¡Deja de hacerte pasar por una!
—¡Y-yo también puedo ser una mami! —dijo Loki mientras hacía un puchero—. ¡M-mira qué mona soy! ¿No quieres acurrucarte en estos grandes melones?
—¡Puaj! ¡Deja de dar tanta grima o te mato! —dijo Hel, apuntando con el dedo a su propio padre, mientras una llama oscura emergía de la punta.
—¡Jajaja! ¡V-venga, relájate un poco! —rio Loki, caminando lentamente hacia su hija y apartando su dedo con suavidad, acariciándola.
—Sentémonos alrededor de una mesa y disfrutemos del día juntos. Dime de qué querías hablar —dijo él. Hel suspiró. Ver a su padre en forma de mujer era incómodo, pero tuvo que admitir que el encanto de su padre estaba funcionando.
—Está bien —suspiró Hel. Era más madura de lo que aparentaba, pero cada vez que se encontraba con su padre actuaba como una niña malcriada. Su opinión sobre su padre era la de un hombre más inmaduro que su propia hija, lo cual decía mucho.
Los dos se sentaron rápidamente en asientos hechos de carne podrida y huesos que Hel levantó en un instante con un mero pensamiento, sorprendiendo un poco a Loki. Hoy estaba bastante enérgica…
—E-estás bastante enérgica hoy, ¿no es así, querida? —preguntó él, nervioso, mientras Hel asentía.
—Padre, dime, ¿qué estás planeando? —preguntó ella.
—…Simplemente estoy haciendo algo divertido —dijo Loki.
—¿Divertido? —preguntó Hel—. ¿Estás intentando enfurecer a Odín de nuevo? Padre, ¿quieres que libremos otra guerra de dioses? Ymir fue destruido, ¿quieres que el abuelo nos mate ahora o algo así?
—¡Oh, no, no, no, nunca querría una guerra contra mi amado padre! Es la figura que más respeto, ¿sabes? Simplemente estoy muy aburrido —dijo Loki—. Y los mortales… Especialmente sus humanos, están haciendo cosas malas. Están jugando con los Fragmentos del Mal que quedaron atrás… Eso es muy malo, ¿sabes?
—Ah… Sí, he visto lo que están haciendo, y Maria está investigando por su cuenta… —dijo Hel—. ¿Así que quieres castigar a los mortales?
—Pues sí, también es una forma de… Bueno, ¿proteger el mundo? Si alguno de esos monstruos aparece, será porque algo requerirá su intervención —dijo Loki.
—¿Así que las Bestias Primordiales son todas guardianas? ¿Crees que me voy a creer eso? Estás criando claramente entidades de nivel divino para matar a Odín —suspiró Hel.
—¡Jajaja! ¿Quéeeee? ¡Ni hablar! ¡No, en absoluto! ¡Jamás lo haría! ¡Jajajajaja! —rio Loki. Aunque Hel sabía muy bien que detrás de su fachada había una gran oscuridad y resentimiento contra Odín. Sabía que Odín había asesinado a su verdadero padre, Fárbauti, en la guerra contra los Titanes, y que había aprisionado a su madre, Laufey, dentro del Árbol del Mundo. Loki había estado fingiendo todo este tiempo, y Hel ya había visto a través de su farsa.
—Hija mía, estás diciendo tonterías —dijo Loki—. Arachne y los otros dos no tienen nada que ver con esto. —Loki la miró a los ojos, cautivado por su belleza, y le besó la nariz—. ¡Eres tan mona!
—¡Déjate de cursilerías! —dijo Hel—. Uf… Padre, ¿estás… seguro de esto?
…
Loki miró profundamente a los ojos de Hel.
—Sí.
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