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Renacida como la falsa heredera que en realidad es multimillonaria - Capítulo 152

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152: Capítulo 152 Presentación de una demanda por negligencia 152: Capítulo 152 Presentación de una demanda por negligencia Leonardo se acercó a echar un vistazo rápido, luego hizo un gesto con la mano y dijo: —Solo es un cuello de pato, no hay por qué exagerar.

Debe de haberse colado por error del lote de mañana.

En serio, no hay nada que ver, ¡vuelvan a almorzar!

—¿Cuello de pato?

¿Estás ciego o qué?

¡Eso es claramente la cabeza de una rata!

¿Cómo puedes no ver la diferencia?

—Sophia Taylor lo miró, atónita.

¡Sinceramente, había pensado que ese hombre intervendría y manejaría la situación como es debido!

—Cuida tu tono.

¿De qué departamento eres?

—le lanzó Leonardo una mirada fría.

—De Ventas.

—Nueva, ¿eh?

Con razón.

No tienes ni idea de cómo funcionan las cosas aquí.

Ve a aprenderte las reglas en lugar de armar un drama.

Y todos ustedes, ¡a moverse!

Mientras hablaba, hizo un gesto a la gente para que se fuera.

El empleado de la cafetería se llevó rápidamente la bandeja de Sophia, con el «cuello de pato» y todo.

Sophia estaba que echaba humo.

—Espera, Leonardo, ¿de verdad vas a fingir que esto no ha pasado?

¿Aparece algo así en la cafetería y le restas importancia?

¿Ni siquiera vas a investigar o a dar una explicación?

¡Básicamente nos estás diciendo a los empleados que no importamos en absoluto!

Leonardo no se esperaba que alguien le plantara cara de esa manera.

—Señorita, quizá es usted la que está tergiversando la verdad.

Eso es un cuello de pato.

Si no le gusta comer aquí, no lo haga.

Nadie la obliga a quedarse.

—Tú…

¡Voy a denunciarte por negligencia!

—alzó la voz Sophia.

—Hum —resopló Leonardo y se marchó.

De vuelta en su escritorio, Sophia seguía furiosa.

—Sophia, qué mala suerte.

¡Te ha tocado una cabeza de rata en la comida!

¿Estás bien?

—le preguntó una compañera con preocupación.

—Sí, si me pasara a mí, quedaría traumatizada por semanas.

Sophia no esperaba que nadie se preocupara por ella.

—Leonardo se ha pasado de la raya.

Definitivamente voy a presentar una queja.

¡Alguien tiene que poner orden en ese desastre de cafetería!

Sharon Smith rio con sarcasmo desde un lado.

Pero varios compañeros intervinieron: —¡Sí, Sophia, te apoyamos!

Llévalo hasta las últimas consecuencias.

¡Quéjate directamente al presidente si es necesario!

—La verdad, una vez encontré una cucaracha en mi comida.

—Yo también encontré insectos en la mía una vez.

—Eso no es nada.

¿La carne que nos pusieron el otro día?

Totalmente en mal estado.

No se podía ni comer.

Al oír a todo el mundo desahogarse por las mismas cosas, Sophia preguntó: —¿Si todos saben que está tan mal, por qué siguen comiendo allí?

—¡Porque es barato!

Solo veinte dólares por una comida.

Los restaurantes de por aquí son carísimos, ¡no podemos permitírnoslos!

—Incluso pedir comida a domicilio cuesta más, y seamos sinceros, no es que sea mucho mejor que la comida de la cafetería.

—Vas a cualquier restaurante pequeño de por aquí, pides un par de platos y, para cuando te das cuenta, se te ha ido el sueldo de todo un día.

A medida que las quejas continuaban, Sophia por fin lo entendió: con razón la gente seguía comiendo en ese lugar a pesar de lo asqueroso que era.

No es que tuvieran muchas otras opciones.

—¡Por eso tienes que enfrentarte a Leonardo hasta el final!

—¡Sí, todos te apoyamos!

Con su apoyo, Sophia se sintió de repente mucho más animada.

—¡De acuerdo!

Voy directa al despacho del gerente de logística.

¡Hoy mismo denunciaré a Leonardo!

—declaró, mientras ya se ponía en marcha.

El gerente se limitó a darle una respuesta superficial: —Sí, ya me he enterado.

Leonardo ya ha informado de ello…

dijo que era solo un cuello de pato.

No agites las aguas.

Vuelve al trabajo, no te hará ningún bien seguir insistiendo con esto.

Sophia Taylor no podía creerlo.

Desde el empleado del comedor, pasando por el supervisor, hasta el gerente, ¿todos pensaban que aquello era solo un cuello de pato?

¿A nadie le pareció raro?

¡Y así sin más, el gerente lo despachó!

Sophia salió, completamente desinflada.

¡Esta empresa no se parecía en nada a la que se había imaginado!

Rebecca Smith le echó un vistazo a Sophia, que arrastraba los pies, y lo entendió al instante.

Una novata de manual.

Seguramente había entrado por enchufe.

¿Intentar sobrevivir en una oficina como esta?

Sí, claro.

Rebecca estaba segura de que no duraría mucho.

Era solo cuestión de tiempo.

—Oye, Sofía, ¿qué te ha dicho el gerente?

—le preguntó un compañero.

—Uf, ni me lo preguntes.

¡Ni siquiera el gerente quiere reconocer el problema!

—¡No te rindas!

—intervino alguien—.

Sinceramente, lía una buena si es necesario.

¡Estamos todos contigo!

Esas palabras animaron a Sophia al instante.

—¡De acuerdo!

Juro que llegaré al fondo de este desastre de la cafetería.

¡Todo el mundo merece un lugar limpio donde comer!

Sus compañeros sonrieron y asintieron, y luego volvieron a lo suyo.

…

Esa tarde, Clara se preparó para ir a recoger a Sophia.

El primer día de trabajo…

¡sin duda merecía una buena celebración!

Justo en ese momento, llamó Nicolás.

—Clara, cenemos juntos esta noche.

¡Te estaré esperando!

—Pero ya he quedado con Sophia.

—¡Entonces voy yo también!

—dijo Nicolás sin dudar.

Como a él no le importaba, a ella tampoco.

—Está bien, entonces.

Elige tú el restaurante.

Yo recojo a Sophia y vamos para allá.

—Te esperaré —dijo Nicolás felizmente.

Hacía una eternidad que no cenaba con Clara; el trabajo lo había mantenido ocupadísimo.

Incluso si Sophia también estaba, no le importaba.

Con tal de poder ver a Clara, era suficiente.

Clara llegó al Grupo Windford justo cuando Sophia salía del trabajo.

—¿Qué tal tu primer día?

No ha sido lo que esperabas, ¿eh?

—preguntó Clara.

—Pues sí, ha sido duro.

Haciendo recados sin parar, y encima un montón de dramas molestos…

tía, ¡estaba cabreadísima!

—se quejó Sophia.

Clara pudo oír cómo le rugía el estómago en respuesta.

—Venga, ¡vamos a comer antes de seguir hablando!

Llegaba en el momento perfecto.

Sophia no había comido desde el mediodía por culpa de la tontería de la cabeza de rata.

Casi había vomitado hasta el desayuno.

Se dirigieron a un restaurante cercano.

Nicolás ya estaba allí, esperando.

—Vaya, vaya, te traes a tu prometido a cenar…

¿supongo que ahora hago de sujetavelas?

—bromeó Sophia.

—No digas tonterías.

Cuantos más, mejor —respondió Clara con una sonrisa.

—Toma asiento.

He pedido algunos platos que le gustan a Clara.

No estoy seguro de sus gustos, Srta.

Taylor —dijo Nicolás mientras miraba a Clara con calidez en los ojos.

Mientras Sophia observaba, sintió como si le hubieran restregado por la cara el puro y empalagoso amor de la pareja.

—A mí me da igual, no tengo preferencias —dijo ella.

—¿En serio?

¿Desde cuándo?

—enarcó una ceja Clara.

Sabía que Sophia era muy especialita para la comida.

Pero Sophia simplemente agarró el tenedor y se puso a comer.

—Tía, ¡ahora mismo no tengo ni energía para ponerme exquisita!

No tienes ni idea de lo que vi en la cafetería de la empresa…

¡Comparado con eso, esta cena es alta cocina!

Mientras comía sin la menor vacilación, Clara la miró como si estuviera viendo a una persona nueva.

¿Estaba su pequeña princesita mimada madurando por fin?

Justo entonces, los ojos de Clara se toparon con una figura familiar: Aaron Hill, sentado hacia el fondo del local.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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