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Renacida como la falsa heredera que en realidad es multimillonaria - Capítulo 161

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  3. Capítulo 161 - 161 Capítulo 161 No puede tolerarlo más
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161: Capítulo 161: No puede tolerarlo más 161: Capítulo 161: No puede tolerarlo más —¡Estas verduras se están pudriendo, y nadie se ha molestado en limpiarlas!

—notó también Aaron Hill.

Una oleada de hedor la golpeó y Sophia Taylor sintió arcadas.

Era como si la hubieran arrojado a una alcantarilla; el olor era asqueroso a más no poder.

—¡Puaj!

¡Una cucaracha!

—gritó al ver algo escabullirse de repente junto a sus pies.

¡Dio un salto, completamente horrorizada!

Retrocedió tropezando y casi perdió el equilibrio.

Aaron extendió el brazo justo a tiempo y logró sujetarla antes de que cayera.

Con el resultado de que todo su cuerpo terminó recostado en sus brazos.

—Tranquila, las cucarachas no es que muerdan.

Sophia nunca se había enfrentado a un desastre así.

Rápidamente sacó el móvil para hacer algunas fotos y grabar vídeos.

El cubo de la basura cercano apestaba todavía más.

¡Quién sabe cuánto tiempo llevaba sin que nadie lo vaciara!

Pensar que toda la comida que comían salía de ese lugar le revolvió el estómago.

Estuvo a punto de vomitar.

Aaron se acercó y abrió el frigorífico.

—Esta carne está podrida, completamente en mal estado.

¿Y la dejan aquí sin más?

Sophia recordó lo que algunos compañeros habían dicho antes.

—Con razón la gente se quejaba de que la carne a veces sabía rara…

¡La higiene de este sitio es espantosa!

—Está claro que a esta gente no le importa un bledo la salud de nadie.

¡Este desastre es una bomba de relojería!

Si alguien se pone gravemente enfermo por esto, la empresa sufrirá las consecuencias.

¡No voy a dejarlo pasar!

Decidida, capturó cada detalle con el móvil y luego fue a revisar los condimentos.

—Mira esto…

¡La mitad de estos paquetes están caducados!

—dijo, frunciendo el ceño.

Aaron señaló otro grupo.

—¿Y estos?

Son completamente ilegales, no deberían ni estar en una cocina.

—¿Ilegales?

—preguntó Sophia, confundida.

El mundo de la cocina no era su punto fuerte.

—Sí —dijo Aaron, sosteniendo un paquete—.

¿Ves esto?

Se supone que es una base para sopa de hueso de cerdo, ¿no?

Pero apuesto a que no usan ni un solo hueso de verdad.

Solo agua caliente y una cucharada de esto, y quizá le echan algunos potenciadores del sabor.

Sabe mejor que el caldo auténtico por todos los químicos que lleva, pero créeme, es malísimo para la salud.

—Ah, genial —dijo Sophia con sorna—.

¿Así que hemos estado comiendo mentiras con sabor a química todo este tiempo?

¡De ninguna manera voy a dejar esto así, pienso desmantelar este chiringuito tóxico, lo juro!

La sed de justicia ardía en sus ojos, más aún tratándose de la empresa de su familia.

—Yo digo que cojamos algunas de estas cosas ahora para usarlas como prueba —Aaron encontró una bolsa de plástico y empezó a guardar algunas muestras.

Justo cuando estaban a punto de irse, unas voces resonaron en el pasillo.

—Oye, creo que he oído algo en la cocina.

—¿De verdad?

Vamos a echar un vistazo.

Leonardo dijo que no podemos permitirnos tener problemas ahora mismo.

Se oyeron pasos que se acercaban, pero la puerta estaba cerrada con llave.

—Qué raro.

Está cerrado con llave…

No debería haber nadie dentro.

—Aun así, más vale que miremos.

Por si acaso se ha colado alguien, nos meteríamos en un buen lío.

—A lo mejor solo era una rata haciendo ruido.

Sacaron las llaves, abrieron la cerradura y entraron.

Aaron tiró de Sophia y la ocultó detrás de una de las estanterías.

Ninguno de los dos se atrevía a respirar fuerte.

Los dos guardias entraron, echaron un vistazo rápido, pero no notaron nada fuera de lo normal.

El espacio detrás de la estantería era muy reducido, y el brazo de Aaron rodeaba a Sophia con fuerza.

Estaban tan pegados que ella podía oír literalmente los latidos de su corazón.

Le lanzó una mirada fulminante de reojo.

¡Si no fuera porque la situación la obligaba, de ninguna manera estaría tan cerca de él!

¡Esto era ridículo!

Sophia Taylor sintió que Aaron Hill se estaba aprovechando de ella por completo.

De repente, bajó la vista y, de la nada, una rata salió disparada.

Estuvo a punto de gritar, pero Aaron le tapó la boca con la mano.

Abrió los ojos como platos mientras veía a la rata pasarle justo por encima del pie.

Estaba temblando de pies a cabeza.

¡Era la rata más grande que había visto en su vida y acababa de usar su pie como si fuera una maldita acera!

¡Puaj, qué asco, qué asco, qué asco!

Cuando la rata desapareció, los dos hombres volvieron a echar un vistazo rápido y por fin se relajaron.

—Te dije que solo era una rata, pero no, tenías que dudar de mí.

—Bah, da igual, volvamos.

Todavía nos queda una hora de descanso, podemos echarnos una siesta.

Terminaron de hablar, cerraron la puerta con llave y se marcharon.

En cuanto el sonido de los pasos se desvaneció, Sophia apartó a Aaron de un empujón y salió de su escondite.

—¡Te pasas de la raya!

—siseó, furiosa.

Aaron esbozó una sonrisa despreocupada, claramente impertérrito.

—Oye, acabo de salvarte el pellejo.

¿Y así es como me lo agradeces?

Vaya.

—¿Acaso te pedí ayuda?

Aunque me hubieran visto, ¿y qué?

Soy la futura heredera del Grupo Taylor.

¿Qué pueden hacerme a mí?

Él enarcó una ceja.

—Puede que no te hicieran nada, pero tu identidad quedaría al descubierto.

El Tío Taylor lo dejó bien claro: se supone que no deben descubrirte.

—¡Hmpf!

—resopló Sophia.

Genial, se había llevado un susto de muerte, ¡y encima ahora tenía que aguantar a este imbécil!

Intentó salir, pero la puerta estaba cerrada con llave…

por fuera.

Supuso que tendría que salir por la ventana.

¿Pero hacerlo sola?

Imposible.

Aaron actuó como si no se diera cuenta de nada.

Sabía que lo estaba haciendo a propósito.

—¡Ayúdame a salir de aquí!

—¿Mmm?

¿Me hablas a mí?

—preguntó Aaron, mirando a su alrededor con inocencia.

—¿Ves a alguien más por aquí?

¡Deja de hacerte el tonto!

—Bueno…, hay cucarachas y ratas, ¿no?

¡Oh, mira!

¡Hay otra rata enorme justo detrás de ti!

—¡AHHH!

—gritó Sophia, saltando instintivamente hacia Aaron.

Se aferró a él, dando saltitos sin parar, completamente aterrorizada.

Después de unos segundos, se dio cuenta de lo que acababa de hacer.

Había perdido por completo los estribos.

—Bueno, señorita, eres tú la que se ha lanzado a mis brazos.

Yo no he hecho nada —dijo Aaron, con una sonrisa divertida asomando en sus labios.

—¡Tú…

me has mentido!

—lo fulminó con la mirada y echó un vistazo hacia atrás: ni rastro de la rata.

—No he mentido.

Había una rata.

Pero con tu grito, probablemente ha salido corriendo.

Sophia se le quedó mirando, sin palabras.

Aquel lugar olía fatal, los bichos no paraban de moverse por todas partes y era un completo desastre.

No podía soportar estar allí ni un segundo más.

—Quiero irme.

Sácame de aquí —susurró, agarrándose a la manga de su camisa.

Al ver lo asustada que estaba, a Aaron se le quitaron las ganas de bromear.

—De acuerdo, vámonos —dijo, tomándola de la mano y dirigiéndose a la puerta.

—¿No has oído?

La puerta está cerrada.

¿Cómo vamos a salir?

—Que esté cerrada no significa que no podamos abrirla.

Aaron sacó una pequeña herramienta del bolsillo y manipuló la cerradura durante unos segundos.

Clic.

La puerta se abrió.

Viejos trucos de sus días de entrenamiento.

En aquella época, sus misiones requerían que entraran en toda clase de lugares; ninguna cerradura podía detenerlos.

Salió con ella a rastras.

—¡Tú…

podías abrirla todo este tiempo!

¡¿Y me has hecho creer que tenía que salir por la ventana?!

—exclamó furiosa.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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