Renacida como la falsa heredera que en realidad es multimillonaria - Capítulo 196
- Inicio
- Renacida como la falsa heredera que en realidad es multimillonaria
- Capítulo 196 - 196 Capítulo 196 Un beso profundo e inesperado
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
196: Capítulo 196: Un beso profundo e inesperado 196: Capítulo 196: Un beso profundo e inesperado Clara tomó la mano de Nicolás y la examinó de cerca: las cicatrices eran recientes.
Debía de haber estado muy preocupado por ella, tanto que se había vuelto loco y se había golpeado su propia mano, dejándosela cubierta de heridas.
Tenía los nudillos destrozados.
Podía entender por qué lo había hecho.
Crecer sin ningún apoyo, sin el amor de sus padres…
era lógico que acabara apegándose a alguien solo para sentirse un poco menos solo.
—¿Por qué me miras así?
—dijo Nicolás con voz suave—.
Lo digo en serio, Clara.
No hay nada romántico entre Serena y yo, nunca lo hubo.
Era solo…
dependencia, como mucho.
Ni siquiera nos hemos besado.
¿Mi primer beso?
Te lo di a ti.
Clara no pudo evitarlo y se echó a reír.
—¿Y qué, ahora eres un chico inocente?
—Pues claro.
¿Quieres comprobarlo tú misma?
Nicolás sonrió con picardía, la atrajo hacia sus brazos y la besó profundamente.
…
En la casa de los Evans.
Eleanor Rivera preparaba té en silencio, con Serena Parker ayudándola diligentemente a su lado.
—Tía Eleanor, tus habilidades para preparar el té son cada vez mejores —comentó Serena con dulzura.
Cuando el té estuvo listo, Eleanor le entregó una taza.
—¿Qué ha estado haciendo Nicolás últimamente?
—Ha estado hasta arriba de trabajo en la empresa.
Pero oí que Clara ha desaparecido…
la ha estado buscando por todas partes.
—¿Desaparecida?
¿Qué le ha pasado?
—Aún no se sabe nada.
Los labios de Eleanor se curvaron en una sonrisa de suficiencia.
—Bueno, eso no es necesariamente malo.
Probablemente ahora mismo se encuentre en un estado vulnerable.
Es el momento perfecto para que entres en su corazón, ¿sabes?
Siempre has sido la nuera que de verdad apruebo.
Serena sonrió con modestia.
—Gracias, tía.
—¿Y Henry…
otra vez en el extranjero?
—Sí.
Todavía está terminando sus estudios en el extranjero.
Ocupado también con cosas sociales, supongo.
Reuniéndose con amigos y todo eso.
—¡Este chico!
Es que no escucha.
Quería que estuviera en la empresa, ayudando con el negocio familiar, pero nada.
—Eleanor suspiró, claramente frustrada.
A sus ojos, Henry tenía un verdadero potencial.
Si se tomara las cosas en serio, podría estar fácilmente a la altura de Nicolás.
Justo en ese momento, entró Stella Hughes.
—Señora, el señor Nicolás ha vuelto.
—Bueno, hazlo pasar.
De todas formas, Serena está aquí.
—En seguida.
Poco después, entró Nicolás, de la mano de Clara.
Ambos parecían una pareja muy enamorada.
—¡Nicolás!
¡Has vuelto!
—Serena se levantó rápidamente para recibirlo.
Pero en el instante en que sus ojos se posaron en Clara, su expresión se congeló.
—Tú…
¿por qué la has traído?
¿Quién es ella?
—preguntó, haciéndose la desentendida.
Nicolás no dudó.
—Permíteme presentarla como es debido: mi prometida, Clara.
…
El rostro de Eleanor se ensombreció al instante en cuanto vio a Clara.
—¿La has traído a esta casa sin preguntarme?
—dijo con frialdad.
—No era necesario.
Clara ya es prácticamente de la familia.
Además, la he traído hoy para hablar con Papá sobre nuestro compromiso.
Había una pequeña sonrisa en el rostro de Nicolás, pero el ambiente a su alrededor era tenso.
Entre él y Eleanor, la tensión parecía a punto de estallar en cualquier momento.
—¡Vaya, qué valiente te has vuelto!
Ya eres todo un hombre, ¿eh?
¡Para hablarle así a tu madre!
—Eleanor golpeó la taza de té contra la mesa.
Clara dio un paso al frente, recogió suavemente la taza y la volvió a colocar delante de ella.
—Señora Rivera, no se enfade.
El té se está enfriando, es mejor que se lo beba.
Al ver a Clara actuar con tanto desafío, el rostro de Eleanor Rivera palideció de ira.
—Nicolás, tu tía no ha estado bien últimamente, sobre todo después de su enfermedad.
Quizá no deberías disgustarla más —dijo Serena Parker en un tono suave a Nicolás.
—De acuerdo.
Clara, vámonos.
Sin pensárselo dos veces, se dio la vuelta y se fue con Clara.
Eleanor se quedó allí, furiosa mientras los veía marcharse, rechinando los dientes de rabia.
—Tía, ¿qué le pasa a Nicolás?
Recuerdo que antes hacía todo lo que le decías.
Incluso si lo regañabas o castigabas, nunca se quejaba —dijo Serena con el ceño fruncido.
—Desde que volvió de Northvale, ha cambiado por completo.
Te lo digo yo, es esa chica, Clara, la que le está sorbiendo el seso.
Ninguno de los dos me muestra ningún respeto ahora.
Serena, tienes que luchar por él.
Todavía recuerdo…
que tú eras su favorita.
—Pero…
ahora está prometido —murmuró Serena, con la mirada gacha.
—Bah, ¿y qué?
Si de verdad lo quieres, ve a por él.
¡Yo te cubro la espalda!
—dijo Eleanor con convicción.
—Gracias, tía —respondió Serena con una sonrisa, aunque algo se apagó en su mirada.
…
—Nicolás, ¿qué le pasa a tu madre?
¿Por qué os trata a ti y a Henry de forma tan diferente?
—preguntó Clara, claramente confundida.
—Los dos sois sus hijos, ¿no?
Pero la forma en que mira a Henry es completamente distinta a cómo te mira a ti.
—Ojalá lo supiera —dijo Nicolás, con voz tranquila pero pesada—.
Desde que tengo memoria, siempre fue distante y dura conmigo.
Solía pensar que quizá solo era estricta; al fin y al cabo, yo era el hermano mayor, así que por supuesto tenía que asumir la responsabilidad.
Pero después de que me hirieran, simplemente…
me dejó solo, no le importó si vivía o moría.
Fue entonces cuando me di cuenta: no era mano dura.
Simplemente, me odiaba de verdad.
Clara parpadeó, asaltada de repente por una idea descabellada.
—Espera…
¿y si no eres su hijo biológico?
Giros argumentales como ese eran un clásico en los libros que leía.
Nicolás esbozó una sonrisa amarga.
—Créeme, yo también lo esperé.
Habría hecho que las cosas fueran más fáciles de aceptar.
Pero no…
me hice una prueba de ADN en secreto.
Resulta que sí soy su hijo biológico.
Por desgracia.
—Cuando éramos niños, Henry se cayó a un estanque mientras jugábamos, y ella se puso como una fiera.
Dijo que no había protegido a mi hermano pequeño y me golpeó con un palo.
Pensé que iba a morirme ese día.
Estaba cubierto de sangre.
Fue la señora Evans mayor quien me sacó de allí y me salvó.
Clara frunció el ceño.
—¿La señora Evans mayor?
—Sí.
Es amable y religiosa, probablemente la única en la casa que se mantiene al margen de todos los dramas.
Trata a todo el mundo con amabilidad.
Curioso, ¿verdad?
Una pariente lejana me mostró más calidez que mi propia madre.
Clara recordó haberla visto brevemente la primera vez que fue a la mansión Evans.
La anciana parecía afable, aunque era evidente que no gozaba de la mejor salud.
Muy diferente de las arrogantes segunda y tercera señora Evans.
—Pero ¿y sus propios hijos?
—preguntó Clara—.
No vi a nadie por allí cuando estuve de visita.
—Tuvo tres hijos.
El mayor, Patrick Evans, falleció joven.
El segundo, Benjamin Evans, tuvo un grave accidente y desde entonces tiene problemas de salud.
Se mudó y rara vez vuelve.
Ni siquiera nosotros lo vemos casi nunca.
Y la menor, Victoria Evans, lleva años trabajando en el extranjero; casi nunca regresa.
La primera rama de la familia se había desvanecido, así que ahora todas las luchas de poder reales eran entre la segunda y la tercera rama.
Eleanor y la segunda señora Evans eran enemigas acérrimas.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com