Renacida como la falsa heredera que en realidad es multimillonaria - Capítulo 206
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206: Capítulo 206 206: Capítulo 206 Clara: —…
—Vamos, jefa, no me mires así.
Solo me contuve por ti y porque ella me ayudó antes.
No te preocupes, nunca le haría daño.
Clara le dio una palmadita en el hombro.
—Con que sepas cuáles son tus límites.
Después de unas últimas palabras, Clara se fue con Jessica.
Al notar que Jessica permanecía en silencio, Clara preguntó: —¿En qué piensas?
—No es nada, en serio.
Es solo que…
Alexander actúa de forma totalmente distinta cuando está contigo.
—Ah, así que es por eso, ¿eh?
Es prácticamente como un niño que crie, muy dependiente de mí.
Pero tú…
¿de verdad te gusta?
Jessica asintió.
—Sí.
Pero siento que es algo frío conmigo.
—Jessica, tengo que ser sincera contigo: Alexander no vale la pena.
Vive al límite, es peligroso.
Nunca serás feliz con alguien así y no es alguien que pueda ofrecerte nada estable.
—¡No le estoy pidiendo nada!
¡No estoy con él por dinero ni por estatus!
¡Incluso si vive al límite, no tengo miedo de estar a su lado!
Clara suspiró.
Sí, estaba claro que seguía perdidamente enamorada.
De vuelta en casa, Clara vio a todos reunidos, excepto a su hermano mayor.
—¿Eh?
¿Dónde está mi hermano mayor?
¿Aún no ha vuelto del trabajo?
—preguntó.
—Salió con Simón —respondió Emily.
Clara no le dio mayor importancia.
Se giró hacia Emily.
—¿Cómo lo llevas, hermana?
—Estoy bien, Clara.
¡No tienes que preocuparte!
Nancy dejó escapar un suspiro.
—Ese Jeffery estuvo esperando fuera otra vez todo el día.
¡Tuve que decirle que se fuera!
—Emily, si de verdad te gusta Jeffery —intervino Sean—, puedo hablar con tu abuela para fijar el compromiso para finales del mes que viene.
—No es necesario.
He decidido dejarlo ir.
Ahora lo entiendo: sus padres solo cambiaron de actitud por la familia Evans.
Y, sinceramente, no quiero unos suegros así.
Nancy se quedó callada y luego miró a Clara.
—Clara, ¿tú qué piensas?
Tu tercera hermana tiene el corazón roto, pero Jeffery sigue viniendo.
El chico parece sincero.
Son solo sus padres los que causan problemas.
—Mamá, creo que esto depende del propio Jeffery.
Si no puede volver a ganarse su corazón, entonces quizá no están destinados a estar juntos.
Pero si se reconcilian, considerando nuestra posición ahora, sus padres no se atreverían a meterse con ella de nuevo.
Así que dejémoslo en manos del destino.
…
En el reservado.
Esa noche era la cena de empresa del departamento de seguridad, y Michael estaba allí, junto con Simón.
Simón antes trabajaba en la construcción, pero gracias a Michael, también había conseguido un trabajo en StarSpark Electronics.
Eran mejores amigos desde niños y seguían tan unidos como siempre.
—¡Michael, cántanos una canción!
—le dijo Simón, pasándole el micrófono.
Todos los presentes ya sabían que Michael era el hijo de Sean, el director general de la empresa.
Así que la gente empezó a animarlo de inmediato.
—¡Canta una canción!
Michael sonrió con timidez y tomó el micrófono.
—Está bien, supongo que cantaré una.
Hace siglos que no lo hago.
Sostuvo el micrófono y se lanzó a cantar.
En cuanto terminó, la multitud estalló en aplausos.
—¡Gracias a todos!
—agradeció Michael, haciendo una rápida reverencia.
—Tío, relájate —le susurró Simón, inclinándose—.
¡Solo te están haciendo la pelota!
—¿Haciéndome la pelota?
¿Por qué?
—¡Tu padre dirige toda la empresa!
Por supuesto que intentan quedar bien contigo.
—¿En serio?
—preguntó Michael, rascándose la cabeza, con aire algo perdido.
Normalmente, a este grupo le gustaba aprovecharse del carácter afable de Michael y mangonearlo.
Pero cuando apareció Simón, todos se echaron para atrás.
Puede que Michael fuera un poco lento a veces, pero Simón, desde luego, no lo era.
Por eso los dos se llevaban genial en el departamento de seguridad y eran bastante populares.
—Oye, Simón, voy al baño.
—¡Adelante!
Pero vuelve rápido, ¡luego nos cantas otra, que tienes buena voz, tío!
—rió Simón a carcajadas antes de tomarse otra copa de un trago.
Michael salió del baño y de repente vio una figura familiar.
Espera…
¿no era esa Charlotte?
Parpadeó un par de veces y se frotó los ojos para asegurarse.
Sí, era ella.
Estaba en otro reservado, vestida con su uniforme de trabajo, pero…
¿estaba entreteniendo a unos clientes?
Un hombre le ofrecía una copa de vino.
—Señor Smith, ya he bebido mucho —dijo Charlotte, claramente incómoda.
—¿Mucho?
Venga ya, chica.
Quieres hacer contactos, ¿verdad?
¡No se pueden hacer negocios sin beber!
Pensando en su trabajo, Charlotte apretó la mandíbula y se bebió otra copa a la fuerza.
—Señor Smith, sobre lo que le mencioné antes…
—Ahora no.
Olvídate de los negocios —dijo el señor Smith con una sonrisa de suficiencia, pasándole un brazo por el hombro.
—Señor Smith, por favor, suélteme, ¡tenga un poco de respeto!
—¿Respeto?
¿Me estás tomando el pelo?
¿Quién te crees que eres para pedirme eso?
Si de verdad quieres conseguir contratos, entonces hazme feliz esta noche.
¡Hazlo y las oportunidades serán infinitas!
¡Puede que hasta te dé una bonificación!
Mientras hablaba, se inclinó, intentando besarla.
—Suélteme…
déjeme…
—empezó a forcejear Charlotte.
—¿Rechazando la invitación del señor Smith?
Venga, empieza a desnudarte.
¡Tenemos contratos esperándote si lo haces!
Los otros hombres empezaron a rodearla, alargando las manos hacia Charlotte.
—Basta…
ya no quiero el contrato.
Déjenme ir…
—¿Qué, crees que puedes echarte atrás sin más?
¿Ahora te haces la pura?
Por favor, pronto te enseñaremos lo que es la verdadera diversión.
El grupo de hombres la rodeó.
Charlotte estaba aterrorizada.
—¡Aléjense de Charlotte!
Justo entonces, Michael irrumpió como una tormenta.
Ver cómo acosaban a Charlotte hizo que algo estallara dentro de él.
—¿Quién demonios eres?
¡Te sugiero que te metas en tus asuntos!
—gritó uno de los hombres.
—Suéltenla y me iré.
—Michael…
—A Charlotte se le llenaron los ojos de lágrimas al mirarlo.
Nunca pensó que aparecería, después de que ya hubieran roto.
—No te preocupes, Charlotte.
Estoy aquí.
Conmigo presente, no te pondrán un dedo encima —dijo Michael, golpeándose el pecho.
—¿Quieres morir, niñato?
Uno de los hombres le lanzó un puñetazo, pero Michael lo detuvo en el aire.
El tipo se quedó atónito; el brazo de Michael parecía de roca maciza.
¡No podía ni moverlo!
—¡Acaben con él!
—ordenó el señor Smith, agarrando a Charlotte para que no pudiera escapar.
Cinco tipos se abalanzaron sobre Michael, pero su fuerza era de otro mundo.
Los derribó uno a uno de un solo puñetazo.
No tuvieron ninguna oportunidad.
Al ver a todos sus hombres en el suelo, el señor Smith entró en pánico.
—¡E-es demasiado fuerte!
¡No podemos con él!
Presa del pánico, el señor Smith agarró un cuchillo de fruta de la mesa y apuntó a Charlotte.
—¡No te acerques más o juro que la mato!
¡No volverás a verla con vida!
—¡Charlotte!
—La voz de Michael se quebró por la preocupación.
—¡Arrodíllate!
¡Ponte de rodillas o morirá!
¡Su sangre manchará tus manos!
—gritó el señor Smith, frenético.
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