Renacida como la falsa heredera que en realidad es multimillonaria - Capítulo 44
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44: Capítulo 44 Construyendo su carrera 44: Capítulo 44 Construyendo su carrera Nicolás apareció en un club con Clara.
La gente de la entrada no pudo evitar lanzar miradas furtivas cuando vieron a Nicolás llegar en un patinete eléctrico; desde luego, no era la entrada habitual.
Entraron en una sala privada.
Dentro había un hombre que se levantó de inmediato al verlos.
—Señor Evans.
—Mark, ya no soy el CEO.
Llámame por mi nombre.
—¡De acuerdo, Nicolás!
¡Sinceramente, me alegro mucho de verte recuperado!
Llevaba siglos esperando este día —dijo Mark Anderson con una sonrisa.
Mark se volvió hacia Clara.
—¿Y ella es…?
—Es mi prometida, Clara —respondió Nicolás, y luego miró a Clara—.
Este es un amigo mío, Mark.
—Así que es verdad que tu padre te eligió una prometida.
Vaya, no me esperaba que fuera tan despampanante.
¡Hola, Srta.
Howard!
He oído hablar mucho de usted.
Nicolás no estaría donde está hoy sin su ayuda.
—No hay de qué —respondió Clara con ligereza.
Mark percibió que Clara parecía un poco distante.
En cierto modo, le recordaba a cómo era Nicolás antes.
Se sentaron a hablar de negocios, sin molestarse en excluir a Clara.
—Nicolás, me he estado preguntando…
¿por qué metiste cien millones en Juegos Astramark?
Esa empresa no es que tenga un futuro brillante ni grandes beneficios —preguntó Mark.
Clara parpadeó, sorprendida.
¿Nicolás invirtió cien millones?
¿Y ella hizo que Alexander metiera otros doscientos millones?
Con razón Raymond Walters cambió de actitud al instante y se volvió tan respetuoso.
Dos inversores de primer nivel apareciendo uno detrás de otro…
por supuesto que el tipo estaba loco de contento.
—No vale la pena entrar en eso ahora.
De todas formas, no ando mal de dinero.
Limitémonos a traer el mercado de vuelta a nuestro terreno.
Siguieron charlando, y Clara fue atando cabos.
Nicolás estaba construyendo algo propio.
Y no tenía nada que ver con la familia Evans; era algo totalmente suyo.
¿Tener esa clase de poder oculto en el extranjero, y todo por su cuenta?
Desde luego, no era una persona corriente.
—Clara, es hora de irse —dijo Nicolás.
Clara asintió y salió con él.
—Si tienes alguna pregunta, no dudes en hacérmela —dijo Nicolás, sabiendo ya que ella tenía un montón de cosas en la cabeza.
—Entonces…
¿eres rico en secreto?
Nicolás sonrió con aire de suficiencia.
—Todo mi dinero es básicamente tuyo.
Mi vida también, así que el dinero es lo de menos.
—Si tenías todo esto montado, ¿por qué estabas encerrado en ese lugar ruinoso dejándote mangonear por una enfermera?
—Por aquel entonces estaba hecho un desastre, no podía mover ni un músculo.
Tener dinero no significaba nada.
Los médicos iban y venían, decían que quedaría paralítico de por vida.
Mi cuerpo estaba acabado.
Y, para colmo, pasaron muchas cosas que me destrozaron mentalmente.
Me rendí.
Le di instrucciones a Mark para que se fuera al extranjero y no volviera nunca.
Es más que un empleado, es mi hermano.
No quería que nadie me viera así.
Supuse que me dejarían aquí para pudrirme.
Sinceramente, ya no me importaba…
hasta que apareciste tú…
Nicolás se giró para mirar a Clara.
Fue esta chica la que trajo luz a su mundo de completa oscuridad.
Lo sacó del abismo.
Le dio otra oportunidad en la vida.
¿Cómo podría no estar agradecido?
—Después de todo eso, he entendido muchas cosas.
Algunas relaciones no son reales; perseguirlas solo consigue que te hagan daño.
—Así que ahora, tengo un solo objetivo: vivir para mí.
Y para ti.
Si me hago lo suficientemente fuerte, nadie podrá tocar a la gente que me importa.
—Tú, tus padres, tus hermanos…
sois todos a los que quiero proteger.
Había una rara sinceridad en los ojos de Nicolás, como si, a partir de ese momento, por fin hubiera encontrado una razón para vivir.
Esa razón estaba justo delante de él: Clara y la gente que a ella le importaba.
—Realmente no tienes que hacer todo esto.
Te ayudé en su momento porque…
—empezó Clara.
Pero Nicolás la interrumpió.
—No me importa por qué me ayudaste.
El caso es que lo hiciste.
¡Te debo la vida, y ya te prometí que es tuya!
Clara: …
Olvídalo.
En cuanto volviera, hablaría con su maestro.
Le haría saber que Nicolás ya estaba fuera de peligro; su tarea había concluido.
—Ah, por cierto, Clara, ¿no preguntaste por qué acabé tullido?
Te lo contaré ahora.
—Hace unos años, caí en una trampa.
A mi hermano pequeño y a mí nos secuestraron juntos.
Mi madre podía salvar a uno de nosotros.
Y lo eligió a él —hizo una pausa—.
Siempre supe que no le gustaba, nunca supe por qué.
—Pero sigue siendo mi madre, ¿sabes?
Me esforcé muchísimo para ganármela, incluso me convertí en el CEO de la Corporación Evans solo para que estuviera orgullosa.
Pero a ella nunca le importó.
Después de que me abandonaran en esta estúpida aldea, ni siquiera vino a verme.
Fue entonces cuando me di cuenta: mi familia había renunciado a mí por completo.
—Así que tomé una decisión.
Al diablo con la familia.
He terminado de perseguir ese amor retorcido, sea lo que sea.
A partir de ahora, protegeré a los que me importan.
Lo dijo sin dudar, con los ojos fijos en Clara.
Y en ese momento, Clara comprendió por fin por lo que él había pasado: todo el dolor que lo había llevado a ese estado.
Al fin y al cabo, no eran tan diferentes.
Ella también había intentado desesperadamente complacer a Vivian y a Robert…, pero por mucho que se esforzara, lo único que obtuvo fue decepción.
¿Ese tipo de desamor?
Demasiado familiar.
Por un segundo, su corazón se ablandó por Nicolás.
Porque sabía exactamente lo que se sentía al mendigar un amor que nunca llegaba.
Nicolás le cogió la mano con delicadeza, con la mirada tierna.
—Clara, de ahora en adelante, déjame protegerte.
Me gustas.
Clara: …
«Espera, ¿cómo es que la conversación se ha convertido de repente en una confesión?».
—¿Qué haces?
—Instintivamente, intentó retirar la mano.
Era la primera vez que un hombre le cogía la mano de esa manera.
Tan seriamente.
Tan…
íntimamente.
—Lo digo en serio.
Creo que esto tiene que ser el destino.
Tú me curaste, y resulta que soy tu prometido.
—Pero tú no me gustas —declaró Clara con rotundidad.
Nicolás se sintió claramente un poco dolido, pero solo por un segundo antes de volver a sonreír.
—No pasa nada.
No importa si te gusto o no.
Lo que importa es que tú me gustas a mí.
Con eso es suficiente.
¡Ahora, vamos a casa!
Clara: …
Lo único que hizo fue salvar a alguien por orden de su maestro.
Y ahora este hombre no la dejaba en paz.
Nicolás parecía loco de contento, como un chico de instituto que acaba de conseguir el número de la chica que le gusta.
—¡Vamos, te llevaré a comprar un coche!
—dijo, sonriendo de oreja a oreja.
—¿Para qué?
—No puedo dejar que sigas sufriendo en ese patinete eléctrico.
Vamos a un concesionario y te compramos algo bueno.
—No es necesario.
El patinete está bien.
—De acuerdo, como tú digas.
Nicolás acercó el patinete y le hizo un gesto para que se subiera.
—¡Agárrate fuerte!
—¿Qué?
—parpadeó Clara.
—¡He dicho que te agarres fuerte!
A mi cintura.
—Eres ridículo…
—murmuró ella.
¿Por qué iba a abrazarlo?
No eran pareja.
Ni siquiera había aceptado salir con él.
—Puede que antes estuviera loco, pero tú me curaste.
Ahora estoy totalmente cuerdo.
Clara, solo abrázame un segundo, ¿vale?
—incluso añadió en un tono extrañamente suave, casi como el de un cachorrito.
—Mi vida y mi cuerpo te pertenecen ahora, así que abrazarme es básicamente abrazarte a ti misma.
Clara: …
«¡¿Qué clase de lógica retorcida era esa?!»
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