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Renacida como la Novia Sustituta del Magnate Discapacitado - Capítulo 41

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  3. Capítulo 41 - 41 Capítulo 41 El aguacero
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41: Capítulo 41 El aguacero 41: Capítulo 41 El aguacero Verano se quedó paralizada, mirando fijamente al hombre cuya fría presencia se sentía como una tormenta inminente.

Alejandro la miró a los ojos, silencioso pero incisivo, con una mirada tan penetrante que parecía atravesarla.

Tras respirar de forma entrecortada, Verano se obligó a hablar de nuevo.

—Oye…, ¿hice algo mal?

¿Estás enfadado conmigo?

Su voz era suave, casi suplicante.

Intentó tirar con suavidad del borde de la manga de él, pero antes de que pudiera hacerlo, Alejandro la agarró bruscamente de la muñeca.

—Deja de fingir.

Su voz era mordaz y sus ojos estaban llenos de desdén.

Parecía casi divertirle la expresión de sorpresa de ella.

—Aunque tú no te canses de mentir, yo ya me harté de ser tu público.

Su tono tenía un matiz áspero, de esos que hieren profundamente.

Tenía los ojos enrojecidos y la ira hervía tras una fachada de hielo.

Mantenía el control por un hilo.

Todas las palabras de James Carter resonaban en su mente en un bucle infinito: el abrazo, la cercanía entre ellos…

El mero pensamiento hacía que le hirviera la sangre.

Su furia era como un incendio forestal: incontrolable y destructivo.

En su mundo, ella era el único halo de luz, como una luna creciente que brillaba en medio de toda su oscuridad.

Jamás imaginó que ella se rebajaría a intimar con él solo para poder estar cerca de ese tipo.

Fingiendo.

Mintiendo.

¿Para qué?

Si le hubiera pedido cualquier cosa —con una sola palabra habría bastado—, él le habría dado todo: su corazón, su vida.

Entonces, ¿por qué eligió hacer esto?

—No lo entiendo —susurró Verano con sus ojos inocentes y desmesuradamente abiertos—.

¿Por qué me dices estas cosas?

Parecía perdida y frágil, como una flor delicada, demasiado endeble para sobrevivir a una tormenta.

Estar a su lado era como caminar sobre cristales.

Sus ojos de color ámbar comenzaron a anegarse en lágrimas mientras lo miraba, confundida y herida.

Volvió a intentarlo, vacilante.

—Oye…, hermano mayor…
—Basta.

No soy tu «hermano mayor» —la cortó Alejandro en seco.

Luego se dio la vuelta y se subió al coche sin dedicarle una segunda mirada.

Pero alejarse no alivió el peso que sentía en el pecho.

Cada bocanada de aire se sentía pesada.

Estaba furioso, sí, pero por muy dolido que estuviera, seguía sin ser capaz de herirla de verdad.

Así que se castigó a sí mismo: alejándose, fingiendo que no le importaba.

Ethan, al notar lo alterado que parecía Alejandro, se apresuró a ayudar a Verano a subir también al coche.

Incluso sin conocer la historia completa, una cosa estaba clara: ambos estaban profundamente afectados.

Por supuesto, no era asunto suyo interferir.

—
Mientras tanto, Isabella Knight y James Carter observaban desde el balcón del segundo piso de la Villa Knight cómo se desarrollaba toda la escena, como si fuera un drama en horario de máxima audiencia.

Siguieron con la mirada el coche de Alejandro hasta que desapareció, ambos con sonrisas de suficiencia y malicia.

Isabella estaba satisfecha.

Su plan había funcionado: había logrado abrir una brecha entre Verano y Alejandro, justo como esperaba.

Convertirse en la futura señora Barron ya no parecía un sueño.

En cuanto a James, hacía tiempo que había dejado de ser razonable.

Se decía a sí mismo que no le importaba Verano, esa chica ingenua.

Solo estaba en esto por el beneficio económico que obtendría una vez que ella y Alejandro rompieran, ya fuera por divorcio o por la anulación de su compromiso.

Pero, ¿en el fondo?

Estaba consumido por los celos.

Ese arrogante Barron de alguna manera se había ganado el corazón y la sonrisa que una vez le pertenecieron solo a él.

Y por mucho que lo negara, no soportaba ver a Verano mirar a nadie más de esa manera.

Aunque su inocencia rayara en la estupidez…, él quería recuperar esa devoción.

Porque nadie más lo amaría jamás como lo hacía Verano: sin juicios, sin condiciones.

Ella lo amaba simplemente por ser James.

Y eso, para él, lo era todo.

—
Cuarenta minutos después, el coche finalmente se detuvo en la isla.

—Sal —dijo Alejandro con frialdad.

—Hermano mayor…

¡No quiero!

Quiero quedarme contigo —murmuró Verano, con los labios temblando ligeramente.

Esperaba que actuar de forma adorable lo ablandara, pero Alejandro ya le había dado suficientes oportunidades.

La dulzura había perdido su efecto; era hora de poner un límite.

—No me obligues a sacarte a la fuerza —advirtió con voz gélida.

La expresión de Verano se endureció, pero se mantuvo firme, negándose a moverse.

Alejandro apretó la mandíbula.

—¡Ethan!

Al ver la tormenta en los ojos de Alejandro, Ethan no vaciló.

Salió del coche y abrió la puerta con respeto.

—Señorita Verano, por favor.

—¡No!

¡No me iré!

Escuchar a Alejandro hablarle de esa manera fue como una puñalada en el corazón.

El pecho de Verano se contrajo de dolor.

Se aferró a la puerta del coche, agarrándola con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron blancos.

Pero Alejandro le fue desprendiendo los dedos, uno por uno y sin piedad.

Ethan la «ayudó» a salir del vehículo.

En ese instante, Verano sintió cómo su corazón se hacía añicos en las manos de él, roto sin posibilidad de arreglo.

—De ahora en adelante, mantente al menos a tres metros de mí.

Y ni se te ocurra huir.

Si lo intentas, los Knight y James Carter desaparecerán de Ciudad Q para siempre.

Cuando dijo esas palabras, el dolor en los ojos de Alejandro fue inconfundible para Verano.

¿Era asco?

¿O…

odio?

¿De verdad la odiaba ahora?

—Hermano mayor, no huiré, lo prometo.

Me portaré bien.

No te pediré que me protejas de nuevo.

Por favor…

no me odies…

Verano todavía se aferraba a un atisbo de esperanza: quizás la humildad lo calmaría.

Pero para Alejandro, solo era otra actuación para James.

No quería oír ni una palabra más.

De un portazo brusco, cerró la puerta del coche, excluyéndola por completo.

No fue capaz de mirarla.

Tenía miedo…

Miedo de que, si lo hacía, perdería el control…

Miedo de derrumbarse.

—Ethan, conduce.

Al Nocturne Royale.

Su voz sonó ronca, quebrada por el dolor, y la orden fue fría y definitiva.

Ethan no se demoró.

Pisó el acelerador a fondo y el coche salió disparado como una flecha.

—¡Hermano mayor, no te vayas!

Verano entró en pánico y corrió tras el coche, con los ojos nublados por las lágrimas y la voz temblando al borde de los sollozos.

Pero el coche no se detuvo.

Solo aceleró, alejándose hasta desaparecer de su vista.

—
En el coche que aceleraba, Alejandro observó por el espejo retrovisor cómo la pequeña figura de Verano se hacía cada vez más pequeña.

Se le hizo un nudo en la garganta y sintió un dolor agudo en el corazón.

Pero tenía que irse.

Si se quedaba, no podía garantizar que no acabaría haciéndole daño.

Y eso era lo último que deseaba.

Solo cuando el coche ya se había perdido de vista, Verano finalmente dejó de perseguirlo.

Con la cabeza gacha, deambuló por la playa como un fantasma, paso a paso.

Ni siquiera se dio cuenta de que el cielo se había vuelto gris.

Pronto, la lluvia empezó a caer a cántaros, sumiendo el crepúsculo en una oscuridad espeluznante.

Cuando Verano por fin volvió en sí, estaba empapada de pies a cabeza.

Y fue entonces cuando se dio cuenta de que se había adentrado en las profundidades del bosque que había en la isla, un lugar al que nunca antes se había aventurado.

La isla era inmensa; más allá de la villa de Alejandro y las colinas por donde campaba a sus anchas Pequeño Blanco, se extendía aquel denso e interminable bosque.

Ahora, se encontraba en lo más profundo de él.

El cielo se oscureció aún más, la lluvia arreciaba y el viento la cortaba como cuchillas de hielo.

Verano no se atrevió a quedarse.

Se dio la vuelta e intentó desandar sus pasos.

Pero cuanto más oscurecía, más desorientada se sentía.

Por mucho que caminara, la playa no aparecía por ninguna parte.

¿No acababa de venir por aquí?

¿Por qué sentía que estaba caminando en círculos?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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