Renacida en los años 80 como una Esposa con un Espacio - Capítulo 436
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Capítulo 436: Capítulo 430: Cocinando fideos
Chu Molin miró a Qin Xue, incapaz de comprender por qué se mostraba tan reticente con los hombres.
En los días normales no parecía haber señales notables, pero en cuanto se trataba de cuestiones sentimentales, su resistencia era más que evidente. Diera igual lo que él dijera o hiciera, Qin Xue siempre parecía tener una excusa para autoconvencerse, como si se dijera a sí misma: «Sí, es justo así».
Usaba todo tipo de excusas para reforzar esa convicción, como si la realidad fuera exactamente como ella la pintaba.
A Chu Molin le consolaba pensar que sus esfuerzos no eran en vano; podía percibir el amor que Qin Xue sentía por él.
De lo contrario, conociendo el carácter de Qin Xue, probablemente lo habría despachado hacía mucho tiempo.
Chu Molin no discutió con Qin Xue sobre si se podía confiar en la palabra de un hombre. Se lo demostraría con sus actos.
Quizás era cierto que algunos hombres no eran de fiar, pero él creía que la mayoría sí que eran muy responsables. Y se consideraba a sí mismo un excelente ejemplo de un buen hombre.
—Xue’er, ve a sentarte al salón. Los fideos ya están listos —le dijo Chu Molin a su esposa, mientras salía de la cocina con un cuenco de fideos.
—Vale. A Qin Xue, seducida por la fragancia de la comida, le rugió el estómago de hambre.
—¡Vaya, este plato está perfecto! No solo tiene una pinta estupenda, sino que además está delicioso —halagó Qin Xue a Molin mientras se llevaba unos fideos a la boca.
—Si te gusta, come más —sonrió Chu Molin con dulzura, disfrutando de su propio cuenco de fideos.
Mientras a su esposa le gustaran, se los prepararía siempre que tuviera tiempo libre.
La pareja disfrutaba de los fideos, sin saber que a la cena que habían planeado se sumarían dos invitados inesperados más.
—Xue’er, ¿quieres que vayamos a dar un paseo? Hacía tiempo que Chu Molin y su esposa no salían a pasear juntos.
—No, ¿puedes darme un masaje en los pies? Los pies de Qin Xue estaban terriblemente hinchados y no tenía ganas de caminar.
—¿Qué pasa? ¿Te duelen los pies? Chu Molin se quedó desconcertado de que su querida esposa rechazara su sugerencia.
—No me duelen, solo que me molestan. Qin Xue se frotó la pierna.
—¿Por qué los tienes tan hinchados? —preguntó Chu Molin con preocupación mientras se sentaba y colocaba la pierna de ella sobre su regazo.
—Puede que sea porque el bebé es demasiado grande. El útero dilatado me presiona la vena cava inferior y obstruye el flujo sanguíneo a las extremidades inferiores. Eso hace que se me hinchen las piernas. No afecta al crecimiento del bebé ni a mi salud, así que no te preocupes. A Qin Xue no le preocupaba demasiado su estado, solo le fastidiaba la molestia de las piernas.
—Mmm… —fue lo único que dijo Chu Molin, y se puso a masajearle las piernas con cuidado.
—Chu Molin —lo llamó Qin Xue mientras lo observaba.
—¿Mmm? —respondió Chu Molin.
—Chu Molin… —repitió Qin Xue el nombre de Chu Molin una y otra vez, sin añadir nada más.
—Mmm. Por más que Qin Xue lo llamara, Chu Molin se limitaba a responder afirmativamente cada vez.
—¿Eres tonto? ¿Respondes sin más, sin preguntar por qué te llamo? —le dijo Qin Xue, inclinándose para tocarle con suavidad el apuesto rostro.
—Mientras a ti te guste, llámame como quieras y cuantas veces quieras. Chu Molin no mostró el menor signo de impaciencia.
—Chu Molin, eres el mejor esposo del mundo —dijo Qin Xue, halagándolo sin reparos.
—¿Te gusta tener un esposo como yo? —preguntó Chu Molin, soltándole el pie para enderezarse y mirarla.
Lo que Chu Molin en realidad quería saber era por qué se mostraba tan reticente con los hombres, pero no sabía cómo abordar el tema.
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