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Renacida: Mímame esta vez - Capítulo 18

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  3. Capítulo 18 - 18 Capítulo 18 Marcando su territorio
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18: Capítulo 18 Marcando su territorio 18: Capítulo 18 Marcando su territorio A los ojos de Elizabeth se les apagó el brillo rápidamente y un destello afilado fulguró bajo sus pestañas.

—Michael, ¿eres un perro o qué?

¿Por qué muerdes primero y preguntas después?

—Es tu hermana, Victoria es tu hermana, ¿y le tiendes una trampa así?

No intentes negarlo, esa publicación del foro es obviamente tuya.

¿Acaso te das cuenta de lo que le has hecho?

Ahora ni siquiera puede dar la cara.

Erais uña y carne, ¿cómo has podido hacer algo así?

Elizabeth apretó el móvil con más fuerza, su voz fría y firme.

—Michael, no finjas que no sabes la verdad.

Victoria vivió bajo el techo de mi familia, comió de nuestra comida.

Esa publicación se hizo desde la IP del ordenador de su residencia y tenía fotos nuestras.

Ella empezó.

Todo lo que pasó después, se lo buscó ella sola.

—Así que, aunque lo hubiera publicado yo, que no lo hice, solo le estaba dando de su propia medicina.

¿Qué tiene de malo?

Hubo un silencio al otro lado de la línea.

Tras unos segundos, Michael volvió a hablar, esta vez en voz más baja.

—Victoria dijo que alguien le hackeó la cuenta del foro.

Es tu hermana.

¿No podías habértelo pensado dos veces antes de hacer todo esto?

Realmente te he juzgado mal.

Elizabeth soltó una risa fría.

No se molestó en seguir discutiendo y colgó directamente.

Atender esa llamada la había cabreado seriamente.

Justo entonces, un camarero le trajo su té de limón.

Levantó el vaso y se bebió la mitad de un trago.

Cuando Emily regresó con una caja en las manos, notó inmediatamente que Elizabeth no parecía muy contenta.

—Liz, ¿qué ha pasado?

Elizabeth dejó el vaso y le contó que Michael acababa de llamar para acusarla de la nada.

—¿Qué demonios?

¿Acaso Michael es imbécil?

¿Y Victoria tiene el descaro de decir que alguien le hackeó la cuenta?

¿Quién coño se tomaría la molestia de entrar en el estúpido foro de su universidad?

—En fin, no gastes energías en idiotas como esos.

No vale la pena.

Pero en serio, ¿por qué has tardado tanto en el baño?

Emily le acercó la caja, sonriendo con picardía.

—Este es mi regalo de bodas para ti.

Pero no mires, ¿vale?

Tienes que esperar a llegar a casa esta noche.

Elizabeth la miró con recelo, pero dejó la caja a un lado.

—Vale, vale.

Se terminaron el té y se fueron de compras.

Para cuando terminaron, ya eran las cinco de la tarde.

Emily le entregó una bolsa de la compra.

—Esto es para ti.

—Pero ¿no acabas de decir que te gustaba mucho esta prenda?

Emily se encogió de hombros.

—Era para ti desde el principio.

Tienes una belleza natural; si no te arreglas como es debido, estás desperdiciando esa cara que tienes.

Elizabeth quiso negarse, pero Emily no aceptaba un no por respuesta.

—Vamos a comer algo primero.

Tenemos tiempo hasta las siete.

Elizabeth lo pensó un segundo y luego le envió un mensaje a Alexander para recordarle que comiera algo antes.

Terminaron de cenar y llegaron al Salón del Crepúsculo justo a las siete.

Como todavía era temprano, el local aún no se había llenado.

Poco después de que Elizabeth y Emily entraran en un reservado, aparecieron el resto de los amigos de Emily.

Elizabeth había conocido a la mayoría en su vida anterior; eran amigos que Emily había hecho en sus trabajos como modelo.

Emily se levantó para presentarla.

—Chicos, esta es mi mejor amiga, Elizabeth.

Elizabeth se puso en pie cortésmente y dedicó una sutil sonrisa al grupo.

—Hola, encantada de conoceros.

Estaba deslumbrante, así que, por supuesto, los demás le devolvieron el saludo.

—Hola, encantados de conocerte también.

—Luego, empezaron a presentarse uno a uno.

Elizabeth se sentó en silencio junto a Emily, manteniendo una actitud educada pero distante.

Solo respondía cuando le hablaban y no iniciaba conversaciones triviales.

Elizabeth estaba mirando el móvil, a punto de llamar a Alexander, cuando una voz nítida se abrió paso entre el ruido.

—Señorita Harper, ¿tiene novio?

Sus dedos se paralizaron a medio gesto.

Levantó la vista hacia quien había hablado y sus labios esbozaron una sonrisa educada.

—No tengo novio…

Antes de que pudiera terminar, el chico se adelantó.

—¿Entonces puedo probar suerte?

¿Te importa si intercambiamos números?

Ella negó ligeramente con la cabeza, manteniendo la sonrisa.

—Lo siento, no tengo novio, pero sí marido.

Emily se estiró y le dio una palmada en el hombro al chico.

—Dejadla en paz, chicos.

Mi mejor amiga ya no está disponible.

—Espera, ¿de verdad está casada?

Parece tan joven…

¿Estás segura de que no es solo una excusa para rechazar a Ethan?

—intervino otro amigo.

—No se lo está inventando.

Su marido está de camino.

Ya veréis —dijo Emily, como si sus palabras fueran una señal.

Como si obedeciera una orden, la puerta se abrió con un crujido desde fuera.

Todos se giraron para mirar.

En la entrada había un hombre alto, de rasgos afilados y un aura tan fría que parecía que el aire acondicionado estaba a tope.

El ambiente cambió al instante.

—Siento llegar tarde —dijo Alexander con frialdad.

Elizabeth fue la primera en reaccionar.

Se levantó, con la voz tranquila y animada.

—Has llegado, cariño.

Alexander asintió levemente.

—Sí.

—Caminó hacia ella sin prisa.

El chico que estaba sentado junto a Elizabeth se levantó rápidamente y le hizo sitio.

Alexander se sentó a su lado sin decir gran cosa, con una expresión indescifrable.

—Hola, soy Alexander —dijo en voz baja, girándose ligeramente hacia Emily.

Su voz era grave y suave, casi hipnótica.

Emily sonrió cálidamente.

—Un placer.

Soy Emily, la mejor amiga de tu encantadora esposa.

Luego se inclinó para susurrarle a Elizabeth.

—Vale, tenía razón, te has conseguido a todo un jefazo.

Elizabeth esbozó una leve sonrisa.

—Ajá.

—Es Alexander, ¿verdad?

Ese empresario en ascenso.

¿Recuerdas el anuncio en el que trabajé la última vez?

Era de su empresa.

Estudio comunicación, así que estoy al tanto.

Pero vaya, no se parece en nada a lo que me imaginaba.

Los labios de Elizabeth se curvaron.

—Sí.

Es…

diferente.

Ethan, el chico que había probado suerte antes, miró de reojo a Alexander antes de soltar: —¿Y bien, señor Blake, cuántos años tiene?

Su tono tenía una mezcla de sarcasmo y desafío.

Todas las miradas se posaron en él.

Alexander apenas reaccionó, tan impasible como siempre.

—Más que tú, apostaría.

—Mientras hablaba, pasó un brazo con naturalidad por encima de los hombros de Elizabeth.

Imposible que su mensaje fuera más claro.

Emily le lanzó una mirada a Elizabeth, con una sonrisa pícara asomando en sus labios.

—Ya que el ambiente se está poniendo incómodo, ¿qué tal si jugamos a algo?

Los demás se animaron.

—Sí, suena divertido.

¿A qué jugamos?

Un atisbo de inquietud cruzó el rostro de Elizabeth.

Nunca le ganaba a Emily en los juegos.

Alexander notó el cambio en su expresión y se inclinó hacia ella.

—¿Qué pasa, no te apetece jugar?

Su aliento le rozó la oreja, haciendo que sus mejillas se tiñeran de rosa.

—No es eso, es que…

siento que es una batalla perdida.

Su pequeño intercambio privado desprendía un evidente aire de pareja.

Emily puso los ojos en blanco de forma exagerada.

—Venga, vosotros dos.

Tened un poco de piedad de nosotros, los solteros.

—¿A qué vais a jugar?

—preguntó Alexander con calma.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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