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Renacida: Mímame esta vez - Capítulo 67

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  3. Capítulo 67 - 67 Capítulo 67 La reunión de la clase
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67: Capítulo 67 La reunión de la clase 67: Capítulo 67 La reunión de la clase Después de salir de la cafetería, Elizabeth se dirigió de vuelta a su residencia.

Justo al doblar la esquina de las escaleras, se topó con Victoria.

Sus miradas se cruzaron y Elizabeth pudo sentir con claridad el resentimiento en sus ojos.

No le dio la más mínima importancia; se limitó a pasar a su lado y subir las escaleras.

—Elizabeth, de verdad que eres de armas tomar.

Te subestimé por completo.

Elizabeth se detuvo y la miró desde arriba con una expresión tranquila.

—Lo mismo digo.

Viniste buscando problemas, no puedes culpar a nadie más que a ti misma.

—No te creas tanto.

Un día, me las pagarás con creces por lo que me hiciste.

—Claro, aquí te espero.

¿Pero con esa cara hinchada?

En serio, quienquiera que te haya pegado me ha hecho un gran favor.

Si yo tuviera ese aspecto, no tendría el valor de mostrarme en público.

En realidad, a Victoria apenas le quedaban unas tenues marcas en la cara, casi invisibles, pero Elizabeth lo exageró, hiriéndola directamente en su orgullo.

—Todo esto es culpa tuya, Elizabeth.

—Ah.

Fue todo lo que dijo antes de darse la vuelta para seguir subiendo, sin darle la oportunidad de replicar.

Incluso después de haber subido un tramo de escaleras, aún podía oír a Victoria patalear de rabia.

Elizabeth soltó una risita y se dirigió a su residencia.

La clase de esa tarde era Apreciación Cinematográfica.

En cuanto entró en el aula, oyó a sus compañeros de clase cuchichear.

—Ala, ¿así que Elizabeth es en realidad July Breeze?

Sus canciones suenan por todas partes.

—Somos compañeros de clase, ¡tenemos que conseguir su autógrafo!

…

Elizabeth guardó silencio y se sentó en un sitio libre.

Un compañero se le acercó.

—¡Elizabeth!

¡No me puedo creer que de verdad seas July Breeze!

Eres superpopular en internet.

La gente decía que seguro que escondías la cara porque eras fea, pero ahora que todo el mundo sabe que eres tú, ¡están aún más obsesionados!

Soy uno de tus mayores fans.

Elizabeth sonrió levemente.

—Gracias.

—¿Para cuándo una canción nueva?

Ya ha pasado un tiempo.

—He estado muy ocupada con los estudios, aún no lo sé.

—¿Me firmas un autógrafo?

Al ver lo emocionado que estaba su compañero, Elizabeth asintió y le firmó el autógrafo.

Una vez que uno empezó, los demás lo siguieron.

—Elizabeth, eres la primera de la clase en triunfar a lo grande.

No te olvides de los que no somos nadie más adelante, ¿de acuerdo?

—El mes que viene empezamos las prácticas.

¡Organicemos una cena esta noche y celebremos el éxito de Elizabeth!

—sugirió alguien.

La idea recibió el apoyo inmediato de los demás.

Elizabeth había pensado en negarse, pero antes de que pudiera decir nada, sus compañeros ya estaban discutiendo los detalles y organizándolo todo, sin dejarle margen para objetar.

En su vida anterior, después de que Alexander se la llevara de la fiesta de cumpleaños de su abuelo, la obligó a abandonar la universidad sin mediar palabra.

Nunca tuvo la oportunidad de estrechar lazos con sus compañeros de clase.

Ahora, poder disfrutar del ambiente universitario antes de la graduación le parecía bastante agradable.

Después de clase, todos se dirigieron al Hotel Royal Court.

Dentro del reservado, se reunieron alrededor de la mesa, charlando mientras esperaban la comida.

—Elizabeth, ¿ya tienes resuelto lo de las prácticas?

—Todavía no.

—¿Es verdad que te has casado?

¿Y con un viejo?

Esa simple frase provocó un silencio sepulcral en la sala.

Elizabeth levantó la vista hacia la chica que había preguntado: Jessica Brooks, hija de la familia Brooks, rivales comerciales de los Harpers.

No recordaba mucho de Jessica, probablemente porque su aspecto era bastante común y pasaba desapercibida en clase.

¿Pero esa noche?

Estaba claro que intentaba hacerse notar.

Elizabeth esbozó una leve sonrisa.

—¿Y quién te ha dicho eso, exactamente?

—¿Acaso importa quién lo dijo?

Solo dinos, ¿es verdad o no?

—También se dice por ahí que tienes una relación especial con el Director Kyle.

Las palabras de Jessica Brooks tensaron el ambiente en la sala.

Las expresiones en los rostros de los demás lo decían todo: estaban desconcertados.

A Elizabeth no pudo evitar que le hiciera gracia.

Los cotilleos de verdad que se extendían como la pólvora.

Bastaban unas pocas palabras para que la gente se lo creyera a pies juntillas.

—Sí, estoy casada.

¿Pero qué tiene que ver eso contigo?

Su voz sonó más fría de lo habitual, pillando por sorpresa a varios de sus compañeros.

Uno de ellos no pudo contenerse.

—Jessica, estamos aquí para celebrar el éxito de Elizabeth.

¿A qué viene montar este numerito ahora?

Jessica soltó una risa sarcástica.

—¿Por qué?

¿Tienes miedo de admitir lo que has hecho?

Si hasta le hiciste la puñeta a tu propia hermana adoptiva.

No me extrañaría que te vendieras al mejor postor.

Tu hermana se arrodilló literalmente en público para suplicarte perdón y tú te quedaste ahí, impasible, e incluso hiciste que tu familia la echara.

Eres la definición perfecta de una «mosquita muerta» vestida de blanco.

Elizabeth se recostó perezosamente en su silla, manteniendo una sonrisa ambigua en el rostro en todo momento.

—Entonces…

¿esta noche estás sacando la cara por Victoria?

Jessica se quedó callada, pillada por sorpresa.

—Es que no soporto a la gente como tú, que va de falsa.

Todo el mundo merece ver cómo eres en realidad.

Elizabeth levantó las manos y aplaudió lentamente.

—Adelante, soy todo oídos.

—Entonces, enséñanos a todos a ese marido tan increíble que tienes.

Seguro que no se parece en nada a lo que presumes.

—¿Ah, sí?

¿Y entonces qué?

—la voz de Elizabeth era tranquila.

Jessica parpadeó un par de veces, claramente nerviosa.

—Si no puedes hacer que venga, significa que te estás tirando un farol.

Elizabeth resopló con desdén.

Era la primera vez que alguien se atrevía a desafiarla de esa manera.

—Y dime, ¿qué te ha dado Victoria para que te tomes tantas molestias, eh?

—su tono se volvió agudo y gélido, dejando a Jessica paralizada en su sitio.

La frialdad en la mirada de Elizabeth hizo que los presentes contuvieran la respiración.

—No sé de qué hablas.

—¿De verdad que no lo sabes o solo te haces la tonta?

La familia Brooks nunca ha podido superar a los Harpers en los negocios y tú siempre has estado un paso por detrás de mí.

¿De verdad crees que ponerme en evidencia delante de todo el mundo va a servir de algo?

Dicho esto, sacó el móvil e hizo una llamada.

—Hola, cariño, ¿puedes venir al reservado 2 del Royal Court?

La sala entera se quedó paralizada en un instante.

Unos veinte minutos más tarde, la puerta se abrió y Alexander entró, sereno y elegante.

Su mirada recorrió la sala antes de posarse con delicadeza en Elizabeth.

—¿Qué ocurre?

Los compañeros se quedaron helados.

A algunos, literalmente, se les desencajó la mandíbula.

Su rostro era deslumbrante y su porte, si cabe, aún más.

Y cuando le habló a Elizabeth, lo hizo con tanta dulzura y afecto que no daban crédito.

Elizabeth se acercó a él.

—No quería molestarte, pero alguien ha dicho que eres viejo y feo.

Y me ha fastidiado un poco el humor.

La voz de Alexander era suave, pero con un matiz de calidez protectora.

—¿Quién ha dicho eso?

Recorrió la sala con una mirada gélida.

—Ha sido Jessica Brooks —soltó alguien.

La fría mirada de Alexander se clavó en Jessica.

Tras una breve pausa, un destello de reconocimiento brilló en sus ojos.

—¿No es usted la que se presentó con el señor Mitchell la última vez?

—Si no recuerdo mal, ese hombre era bajo, gordito y calvo.

Algo difícil de olvidar.

He de decir…, Srta.

Brooks, que su gusto es, ejem, cuestionable.

La sala estalló en risas contenidas; alguien incluso soltó una carcajada.

El rostro de Jessica se puso pálido y luego se tiñó de rojo.

—Tú…

—La envidia no te llevará a ninguna parte.

Elizabeth juega en otra liga.

Luego se dirigió a los demás.

—Ya que todos sois compañeros de clase, esta noche invito yo a cenar.

Y no os preocupéis, también tengo regalos para todos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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