Renacida: Segunda Oportunidad con el Calculador Magnate - Capítulo 313
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Capítulo 313: Capítulo 313
Jardín Meteoro.
Cuando Amelia llegó, vio que Vivian ya estaba sentada, así que se acercó con paso ligero. —Vivian, este lugar se ve muy bien.
—Sí, está cerca de donde vivo —respondió Vivian con naturalidad.
Amelia asintió y luego se dio cuenta de que justo al otro lado de la calle había un hotel.
—Vivian, ¿cómo me fue en el examen de ayer? No estuvo tan mal, ¿verdad?
Vivian asintió con satisfacción. Siempre había pensado que Amelia era avispada y que aprendía las cosas más rápido que la mayoría de la gente.
Oír eso hizo que Amelia soltara un suspiro de alivio; en serio le había preocupado suspender.
Las dos no tardaron en enfrascarse en una conversación amena, charlando animadamente con grandes sonrisas.
Al otro lado de la sala, una figura alta miró en su dirección y se detuvo, con los ojos fijos en Amelia. No volvió a apartar la mirada.
El cliente que estaba frente a él pareció confundido y preguntó con cautela: —¿Sr. Taylor, ocurre algo?
—No, eso es todo por hoy. Mi asistente se encargará del resto de los detalles —dijo Damien, mientras ya se levantaba y caminaba directo hacia Amelia. No había podido encontrarla antes, pero ahora… qué sorpresa encontrársela aquí.
Y la mujer con la que estaba cenando… ¿quién era?
—Sí, fue bastante complicado, y… —Amelia estaba a media frase cuando notó que Vivian parecía completamente atónita, con la mirada congelada en algún punto detrás de ella. Confundida, Amelia se dio la vuelta y se sorprendió—. ¿Damien? ¿Qué haces aquí?
—Acabo de tener una reunión con un cliente cerca de aquí —explicó Damien, aunque su atención ahora estaba en Vivian. Había algo extraño en la forma en que ella lo miraba. Como si lo conociera.
Pero estaba seguro de que nunca se habían visto.
Aun así… había una extraña sensación de familiaridad que no podía quitarse de encima.
—¡Oh, qué oportuno! Déjame presentártelos… ella es la Vivian de la que te he hablado. Por una cosa u otra, nunca coincidíamos —dijo Amelia con alegría, acercando a Damien. Pero cuando se giró para mirar a Vivian, vio que tenía los ojos rojos, como si estuviera a punto de llorar.
—¿Vivian? ¿Te encuentras bien?
El sonido de la voz de Amelia finalmente sacó a Vivian de su ensimismamiento. Sacudió la cabeza rápidamente, claramente nerviosa. —Eh… solo necesito ir al baño.
Y con eso, agarró su bolso y se fue a toda prisa.
Era la primera vez que Amelia veía a Vivian tan rara. Se frotó la nariz, preguntándose qué podría haber pasado.
Se giró para mirar a Damien, que tenía su habitual cara de seriedad. No pudo evitar darle un codazo. —¿Qué pasa con esa cara? Seguramente la has asustado.
Damien se sintió acusado injustamente, pero no discutió. Esbozó una sonrisa de impotencia y cedió rápidamente. —Está bien, está bien. Cuando vuelva, me disculparé, ¿vale?
—Hum. De acuerdo. Siéntate primero —dijo Amelia, sacando una silla para él—. Pero en serio, nunca antes había visto a Vivian así.
—Sinceramente, no creo que sea por tu cara de mal humor —bromeó.
Luego imitó la expresión impasible de Damien, lo que hizo que él quisiera de inmediato «darle una lección».
—Para ya. Tengo que causarle una buena impresión, ¿entiendes? O no te dejará casarte conmigo. ¿Te fugarás conmigo entonces?
—Bah, ni en sueños. Si dice que no, supongo que simplemente… —Amelia dejó la frase en el aire, incapaz de terminar la broma, aunque estaba claro que lo decía en tono de broma.
De todos modos, Amelia estaba segura de que a Vivian le encantaría Damien. No tenía ninguna duda.
En el baño… Vivian no podía calmarse por mucho que lo intentara. Las lágrimas no dejaban de caer. En el momento en que vio a Damien, lo reconoció al instante: era su hijo, al que no había visto en tantos años.
Se parecía tanto a su padre.
Jamás se le habría ocurrido pensar que el novio de Amelia fuera su pequeño Damien; el hijo al que más amaba, pero al que más le había fallado.
Apenas lo había podido abrazar en condiciones después de que naciera.
Ahora, después de todos estos años, ¿qué derecho tenía a enfrentarse a él?
No había sido una buena madre. Aparecer de nuevo en su vida solo le complicaría las cosas.
Sobre todo ahora, que su actual figura materna lo trataba tan bien.
Probablemente ya no la necesitaba…
Tras debatir consigo misma durante un buen rato, Vivian finalmente inventó una excusa y le pidió a un camarero que le diera el recado de que no se sentía bien y que había vuelto al hotel.
El camarero se acercó y le transmitió el mensaje: —Esa clienta ha dicho que la llamará mañana, Srta. Johnson.
Al oír que Vivian de verdad no se encontraba bien, Amelia se preocupó sinceramente. Pero como no tenía el móvil y no recordaba el número de Vivian, pensó que ya la llamaría al volver a casa.
—Estaba bien hace un minuto, entonces apareciste tú y de repente no se encontraba bien.
Damien asintió. —Sí, eso parecía.
—¡Solo estaba bromeando! —aclaró Amelia rápidamente.
Damien se rio entre dientes. —Sé que estabas bromeando…
Pero, sinceramente, sí que parecía que ese era el caso.
Luego, los dos pasaron a hablar de la novela para Isla Shaw y disfrutaron de la cena juntos antes de regresar a Rosemont Heights.
Sin embargo, durante todo ese tiempo, Damien no podía dejar de pensar en Vivian.
Su reacción al verlo… no había sido normal.
Y cuanto más lo pensaba, más familiar le resultaba…
—¿Qué te pasa por la cabeza? Has estado totalmente distraído desde que salimos de la cafetería —preguntó Amelia, dándole un suave golpecito—. De verdad creo que Vivian no estaba enfadada contigo. Probablemente solo no se sentía bien. Es una persona estupenda, ¿sabes? Me ha enseñado muchísimo.
Damien dejó el móvil. —Entonces, cuéntame más sobre ella. Parece que sabe mucho de todo.
A Amelia se le iluminó la cara. —Claro, mira, te cuento…
Estuvo hablando sin parar durante más de una hora, sobre todo lo que Vivian la había ayudado y las muchas cosas que le había enseñado. Pero cuando se trataba de la propia Vivian, en realidad Amelia no dijo mucho.
—¿Está escondida en el campo o algo así? —preguntó Damien.
—Eh… sí, supongo que sí. La verdad es que nunca le he preguntado por qué —dijo Amelia—. Bueno, se está haciendo tarde. Deberíamos ir a dormir.
Más tarde, ya en la cama, añadió: —Mañana la novela estará completamente terminada. Después de eso, todo depende de ti.
Damien asintió, volviendo a concentrarse por fin. —Sí. Déjamelo a mí.
Amelia, totalmente agotada por la locura de la semana, se acurrucó en los brazos de Damien y no tardó en quedarse dormida.
Él la abrazó, aspirando su aroma, y no se durmió hasta bien pasada la medianoche.
Al día siguiente.
Amelia subió su novela a internet y luego lanzó la edición impresa, e incluso organizó un evento de lanzamiento, aunque no asistió en persona.
Gracias a la popularidad de su libro anterior, *Niebla*, y aunque el estilo de la nueva novela era diferente, los fans acudieron en masa, y algunos incluso compraron varios ejemplares para apoyarla.
Además de eso, Damien había estado moviendo hilos discretamente, por lo que el libro explotó en popularidad tan pronto como se publicó y se hizo viral rápidamente.
Amelia abrió el móvil para comprobar las tendencias y, en primer lugar, estaba su novela. Entró para ver lo que decía la gente.
Casi todos los comentarios eran sobre lo desgarradora que era la protagonista femenina y lo mucho que la gente odiaba a la hermanastra.
Exactamente el tipo de respuesta que Amelia y Damien habían esperado.
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