Renacimiento: Médica Divina, Dulce Esposa - Capítulo 329
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Capítulo 329: El traslado de Mo Beihan: Voy a ver a Yao Yao (2)
Justo en ese momento, un colega se acercó. —¡Mo Beihan, tu carta!
Emocionado, Mo Beihan se levantó de un salto.
Los compañeros que estaban a su lado se sorprendieron y se rieron de la reacción de Mo Beihan.
—¡No puede ser, hermano! ¡Qué ansioso estás por recibir una carta de tu prometida!
—¡Jajaja! ¡Esto sí que es inesperado! Hay una chica dispuesta a casarse con un demonio cara de palo como tú. ¿Qué chica puede ser tan ciega?
—¡Jajaja!
—Normalmente tiene un genio de los mil demonios con nosotros. ¿No será que es un zorro astuto que sabe actuar y por eso la chica no se ha dado cuenta?
—Claro, debe ser eso. ¡Si no, a quién le iba a gustar!
…
Mientras todos se burlaban de él, Mo Beihan ya había recibido la carta y, en efecto, la enviaba Yao Yao.
Mo Beihan los miró con una sonrisa. —Hoy estoy de buen humor, así que no voy a discutir con ustedes. Pero si vuelven a ser tan groseros la próxima vez, ya verán cómo los arreglo.
—¡Jajaja!
El grupo se partió de risa.
Tras leer la carta, Mo Beihan se enteró de que Gu Qingyao ya estaba en la capital provincial y que se quedaría allí un tiempo. No cabía en sí de alegría.
¿La capital provincial?
¿Y se iba a quedar allí un tiempo?
En otras palabras, si él y Ji Mingzhe se daban prisa en ir, ¿podría ver a su Yao Yao?
¡Eso era fantástico!
Sin perder un instante, Mo Beihan corrió a buscar a Ji Mingzhe. —Date prisa. Empaca y haz el relevo. Nos vamos de inmediato.
Ji Mingzhe se quedó pasmado. —¿Qué? ¿Irnos de inmediato? ¿Cómo va a ser posible? ¿Crees que puedes irte cuando te da la gana? Aún tenemos que esperar de tres a cinco días.
Mo Beihan frunció el ceño. ¡Estaba muy molesto!
A Ji Mingzhe se le crispó la comisura de los labios. Le entraron ganas de darle un puñetazo a Mo Beihan por sus aires de mandamás.
—Vale, vale. Tú eres el jefe, tú mandas. No te preocupes, ¿de acuerdo? Lo haré lo más rápido posible. Date prisa tú también con lo tuyo. Dos días. En dos días nos vamos.
—No. Nos vamos mañana por la noche.
Ji Mingzhe: …
Mo Beihan se movió con extrema rapidez. Para reunirse con su mujercita lo antes posible, estaba muy motivado para completar sus tareas. Sin embargo, para Ji Mingzhe fue diferente. Con las constantes insistencias de Mo Beihan, Ji Mingzhe se apresuró y finalmente los dos subieron a un tren la segunda noche.
Aquella tortura hizo que Ji Mingzhe se replanteara su existencia.
Antes de partir, Mo Beihan le dejó una carta a Lin Dongxu, quien casi gritó de la impresión e inmediatamente empacó sus pertenencias para irse con Mo Beihan.
Sin embargo, Mo Beihan detuvo a Lin Dongxu y le dijo que por ahora se quedara en Nancheng. Aunque él se marchaba, sus contactos seguían allí y debía mantenerlos. Una vez que llegara a la capital provincial y encontrara un trabajo, avisaría a Lin Dongxu para que fuera a reunirse con él.
Lin Dongxu suspiró aliviado al instante. Con tal de que su hermano mayor no lo abandonara.
Mo Beihan y Ji Mingzhe tardaron nueve días enteros en llegar en tren hasta donde estaba Gu Qingyao.
Durante esos días, Gu Qingyao y Ji Mingyue no se habían encontrado por diversas razones.
Sin embargo, ya tenía mucha confianza con la Abuela Ji.
A la Abuela Ji de verdad le caía bien Gu Qingyao. Cuanto más la trataba, más sentía que era una buena chica y más se reafirmaba en su idea de llevársela a casa.
El Abuelo Ji era médico. Cuando la Abuela Ji oyó que el abuelo y el padre de Gu Qingyao eran médicos, y que Gu Qingyao también había estudiado medicina, se puso eufórica y se apresuró a llevar a Gu Qingyao para presentársela a su viejo.
Al ver que una señorita tan hermosa estaba realmente interesada en la medicina, el Abuelo Ji quedó encantado.
Le sacaba de quicio el hecho de tener tantos hijos y nietos y que a ninguno le interesara la medicina.
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