Resiliencia - Capítulo 43
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- Capítulo 43 - 43 Capítulo 43 Los amigos de Melaine
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43: Capítulo 43: Los amigos de Melaine 43: Capítulo 43: Los amigos de Melaine El día sábado 26 de marzo llegó, ya estaba oscureciendo, estuve buen rato arreglándome para ir a la fiesta.
A cada rato revisaba si llevaba encima la navaja, no era mucho contra un arma de fuego, pero era mejor ir indefenso.
No sabía si los nervios eran por ver a Melaine o si era la probabilidad de volver a encontrarme al sujeto; Tachi, si es que Dusty no me mintió.
¿Qué voy a hacer en caso de encontrármelo?
probablemente matarlo, asesinarlo, hacerlo sufrir.
Desearía que tuviera familia, para hacerle lo mismo.
Lo quiero torturar, aunque sea dispararle en las manos, luego en las piernas, en las rodillas, en los hombros, hacer que pida perdón, que suplique por su vida.
Estoy seguro de que la gente del bus en el que voy, piensa cosas similares o peores con personas que ni siquiera existen o que conocen, pero no se atreven a buscar más allá, por temor a que pueda suceder.
Puede que esos pensamientos sea una herramienta para saber si uno sigue cuerdo.
Para mí, ya no importa si lo estoy o no.
—Hola.
—¿Hola?
Volví a la realidad una vez enfrente de Melaine.
—¿Todo bien?
—me preguntó preocupada por mi viaje astral.
—Sí ¿Y tú?
—Sí… ¿Estás seguro de que estas bien?
¿Y tú?
¿Por qué le pregunté eso?
Me quiero matar.
—Sí, sí, es solo que estaba un poco nervioso, no sabía si venir o no.
—Mm… Nervioso, ¿por qué?
—preguntó ya relajada por mi supuesta respuesta.
—Si lo dijera perdería la gracia.
—Entiendo.
Entonces, pasa.
¿Quieres algo para tomar o pastillas?
—¿Pastillas?
—Verdad que eres menor de edad.
¿No las has probado?
—Nunca.
—¿No te gustaría?
Me mostro una bosa con pastillas rosadas.
No sabía de qué eran, o que eran, solo sabía que eran drogas.
—¿Dónde las obtuviste?
—pregunté un poco desesperado.
—¿Ah?
—Las pastillas.
—Me las trajo un amigo.
¿Por qué?
—¿Dónde está tu amigo?
—¿Para qué quieres saber eso?
—Quiero preguntarle si me puede vender algunas.
—Pero, si aquí tengo —volvió a mostrar la bolsita.
—Sí, pero no quiero, solo es para ver de qué son.
—Es éxtasis, creo que sabor fresa —mencionó al ver los pequeños detalles de las pastillas.
—Aun así, quiero preguntarle.
Por favor, solo dime donde esta.
—Está bien… Creo que esta en el segundo piso, en la habitación de al lado de mi pieza, jugando Play con unos amigos.
—¡Gracias!
Le lancé eso y la dejé lo antes posible.
Era seguro que tenía varias dudas sobre mi comportamiento.
Podría imaginarse lo que mejor le acomode antes que recibir mi respuesta.
Subí al segundo piso.
Un montón de gente se acumuló en las escaleras, sin nadie atreviéndose a pasarlas.
Pedí permiso entre uno chicos que hablaban mientras estaban sentados en los primeros escalones.
Me dejaron pasar sin mencionar nada, para ellos su conversación era prioridad.
Solo se movieron un poco, traté de no atropellarlos con las piernas.
Abrí la puerta, era la única habitación cercana a la de Melaine.
¿Cómo me presentaría?
¿Amable?
¿Enojado?
¿Buena persona?
¿Como un terrorista?
Lo ideal sería hacerme sus amigos y pedir información de dónde sacan las drogas, pero ¿y si estaba él?
Quizá tenía que entrar con todo, listo para pelear.
Tanteé la navaja.
No, era estúpido.
Aun así, existía la posibilidad.
Cuando pasé, todo se encontraba oscuro.
La habitación era iluminada por un único televisor gigante incrustado en la pared, al otro lado un sillón en forma de C rodeaba una mesa central de madera oscura.
Encontré seis personas, dos de ellos estaban usando los mandos en el centro del sillón, uno esperaba su turno para jugar mientras les hablaba y aconsejaba sobre el mismo juego, el otro veía su celular acomodado en la reposera, con los pies en el sillón.
Sentadas en la última zona del sillón, dos chicas hablaban; una era rubia, se parecía tanto a Linna que me asuste; la otra era de complexión física gruesa, sus ojos absurdamente claros, su piel blanca la hacían ver como si viniera de la Antártida, con la nieve aun encima.
Si bien se tardaron en darse cuenta, llamé la atención de todos cuando entré.
—¿Eh?
—Hola.
Disculpen… —opté por la opción de preguntar e irme apenas obtenga lo necesario.
—¿Quién eres?
—fui interrumpido por uno de los que estaba usando el mando.
—Soy Absalon, amigo de Melaine.
Quería preguntar… —¿Eres el que se cayó de la moto?
—Eh… Sí… —Jujuju.
¿Estas bien?
Cuando te vi pensé que te ibas a morir.
Al parecer el chico que animaba a los demás mientras jugaban me vio la semana pasada, supongo que son amigos cercanos de Melaine.
—Yo igual —sonreí complicado por el reconocimiento—.
Pero no fue nada, solo unos cortes y grandes moretones.
—¿Enserio?
¡Wow!
Menos mal, te veías muy mal ese día.
—Lo sé, incluso manché el piso del baño con sangre.
—Jaja.
Lo recuerdo bien.
Tuvieron que cerrarlo con llave para que nadie entrara.
—Les quería preguntar… —Ven, siéntate.
¿Quieres jugar?
—volvió a interrumpirme.
—No es necesario.
—¿Cómo qué no?
Siéntate, a tomar algo, ¿Qué tal unas patillas?
—No me gustan, perdón.
Pero si… —¿No?
Está bien, no importa.
Igual hay cosas para beber y comer.
—Hay mucho, así que puedes sacar de lo que quieras —dijo sin mirarme uno de los chicos que jugaba.
Estaba pendiente al juego.
—¿Esta bien?
—Sí, sí, sírvete.
Eres amigo de Melaine, así que también eres nuestro compañero.
—Gracias.
Decidir cambiar la idea y tomé asiento, aproveché de sacar algo de los recipientes con comida.
El chico hablador pasó por enfrente de los que jugaban.
Estos lo abuchearon y le gritaron, el pidió disculpas sin verdadera intención, ambos rieron.
Al que murió no le hizo mucha gracia.
Terminó sentado, más bien tirado, al lado mío.
—Mucho gusto Absalon.
Me llamo Benjamín, pero dime Benja.
El de allá —refirió al que rio cuando rebasó por encima de ellos—.
Se llama Antonio, pero le decimos Antoni.
Y cuando nos queremos burlar es Toño.
Jaja.
—No me digas así por favor —reclamó Toño de manera amistosa.
—Está bien —acepté a su petición—.
Antoni suena bien.
—Gracias.
—El de al lado se llama Jonathan, pero le decimos Johnny.
—También me puedes decir John.
—John —fingí de memorizar.
—Johnny.
El que está usando el celular es Valentino, a él… Dile Valentino.
Por unos instantes despegó su mirada del celular y me proyectó una mirada amenazante.
—Las chicas… —Soy Emilia —dijo de ojos claros.
—Yo Isadora La chica que se parecía a Linna, tenía una voz muy tranquila.
Era parecida en muchos aspectos, si un fuera por el piercing que tiene en la nariz y que sus ojos son cafés oscuros diría que son parientes.
—Emilia, Isadora.
Me confirmaron que esos eran sus nombres.
De igual manera, no creo que vuelva a recordarlos, tenía una pésima memoria para los nombres.
—¿Te sirvo algo?
—preguntó el chico al lado mío.
—No, no.
Tomaré más tarde.
Escuchar a alguien negarse a lo que uno le ofrece tantas veces es opacante para la otra persona.
Ya lo rechacé muchas veces sin dar explicaciones.
Si decía que no tomaba; aunque me aceptaran igual, no me mirarían de la misma manera.
Sería como si fuera alguien aparte a ellos, es algo menos que tendríamos en común, algo que para ellos es normal.
Prefería mencionar que bebería en un futuro.
—¿Pastillas tampoco entonces?
—Cuando avance la fiesta quizá, eso sí tengo una duda.
Son… —¿Si son legales?
—Eso.
—No lo sé, las trajo Valentino.
Deja le pregunto.
Se giro para gritarle.
Al otro lado las chicas murmuraban y sonreían.
Cruzamos miradas, que no duraron ni un segundo.
Podía suponer lo que se preguntaban.
—Oye Val.
Ni siquiera respondió, solo giró la cabeza.
—¿De dónde sacaste las pastillas?
—Las traje de mi casa.
¿Por qué?
—Es que aquí el compañero quería saber si las podía consumir o no.
—No lo sé.
Se las compré a un chico de mi campus.
Su padre es dueño de una farmacia o algo así.
Pero… —Hey, Absalon.
Las chicas decidieron hablar.
Era el peor momento para que lo hicieran.
Quería saber lo que iba a decir.
Al menos sabía que no era uno de los que repartía.
Solo era un consumidor.
Un 7.
—¿Sí?
—respondí intentando ser amable.
—Mi amiga acá quería saber si tienes novia —sonrieron entre ellas.
Los chicos no se extrañaron, así que debía ser algo natural.
—Algo así —contesté.
—Pero, ¿es seguro?
—preguntaron si era una relación seria.
—Diría que no.
—Mm… Ya veo.
¿Y no te gustaría tener una?
—comenzaron a reír.
Era obvio que se refería a su amiga, su parecido me atemorizaba, así que, aunque me dieran otras oportunidades, volvería a negarme.
Me lastimaba pensar en ella, en como la alejé.
Y la chica me lo recordaba.
Aparte de que estoy conociendo mejor a Melaine.
—Con que coqueteando con mis amigas.
Hablando del diablo.
—¿Cómo?
—intenté hacer el que no entendí sus preguntas.
—Lo lamento, el chico tiene dieciséis —les cortó sus fantasías.
—¿¡Qué!?
Todos gritaron al mismo tiempo.
¿Tan sorprendente era mi edad?
—¿Quieres decir que casi me voy presa?
—dijo una de las chicas.
—¿De verdad tienes dieciséis?
—pregunto el que me habló todo el rato.
John creo que se llamaba.
—Sí.
Ahora que lo pienso, si era una diferencia abismal de edad.
Al parecer, Melaine lo tenía claro.
Creo que no le importaba; no sé si es por madurez, por pena, por experiencias, o por gusto, pero ni siquiera había mencionado nuestra edad.
Si fuera mayor, me seguiría provocando con gran probabilidad.
Y si ella fuera menor o de mi edad, también lo haría.
—Ven, ayúdame con algo.
Melaine me cogió del brazo y me llevó afuera.
—Adiós —me dijeron algunos.
Alcancé a estirar la mano en señal de despedida.
—¿Intentando conquistar a mis amigas?
—me interrogó.
—No.
—Tienen novio.
¿Como que tienen novio?
—¿Es enserio?
—No.
Reí.
—¿Cómo los encontraste?
—Eran muy amigables.
—Lo sé.
Son un poco disparejos y peleadores, pero son simpáticos.
—No sé, yo solo los encontré simpáticos.
—Qué bueno.
Por cierto, ¿Ahora si estas relajado?
Cuando llegaste parecías un sociópata.
—Lo lamento.
Estaba pensando muchas cosas.
—Entiendo.
Quizá debas descansar un rato antes de ir a la fiesta.
—No es necesario, estoy bien.
—No lo estás.
Ven.
Te acompañaré.
—Enserio, estoy… —Solo sígueme.
—Creo que entiendo.
Me llevó a su habitación.
Antes de entrar, se fijó en mí.
Me dejó pasar.
Cerró la puerta detrás mía.
—Dime algo.
—¿Qué cosa?
—pregunté ante su próxima duda.
—¿Te gusto?
—No lo sé —respondí sin analizarlo mucho.
—Lo agradezco.
—¿Por qué?
—No mentiste.
Cualquier otra persona hubiera dicho que sí, solo por lo que viene.
—No pensaba en lo que venía.
—Me gustas.
—¿Qué?
—hice como que no escuché bien.
No lo repitió.
Me sujetó de la ropa para acercarnos y me besó.
¿A qué se refería con eso?
¿Lo decía de verdad, o solo era un juego para ella?
Quedé descolocado.
Sin dejarme pensarlo sus manos pasaron de mi ropa al cuello.
Las mías rodearon su cintura.
Me alejé unos centímetros para verla, su altura casi alcanza a la mía, así que no tuve que inclinarme demasiado para reconocer sus labios.
—¿Lo quieres hacer?
—le pregunté —¿Tú quieres?
—Sí.
—Si quieres podemos ir a la ducha, para no hacer tanto ruido.
—La música esta fuerte.
—Mm… No sé si sea suficiente —me observó con cuidado.
—Jaja.
No importa que nos escuchen.
Me llevó de la mano a la zona baja de la habitación, me arrojó en el sillón en el que me quede dormido la última vez y se subió encima mío.
La música y los gritos de la fiesta opacaron lo nuestro.
Cuando se escuchaba la motivación de los demás, nos sonreíamos sin despegarnos del momento.
Al terminar lo nuestro la fiesta continuaba.
Revise el ambiente luego de que Melaine fuera a charlar con sus amigos.
La mayor parte de las personas estaba drogada o bebiendo.
Yo también quería beber, así que tomé un par de vasos.
Intenté buscar al vendedor, pero nadie apareció.
Igual no creía que obtendría mucho de parte de él.
Con quien tenía que hablar era con Dusty, pero como hacerlo, al parecer no sabe ni qué tipo de persona es ese sujeto.
Ese imbécil.
Bebí otro vaso.
Quería deshacerme de los pensamientos.
Tomé otro.
El dolor y la incomodidad comenzaron a desaparecer.
Ingerí otro para ver si se iba por completo.
No funcionó, quizás otro ayude al anterior.
Tampoco funcionó.
Ahora me cuesta pensar.
—¡No creo!
—¿Qué cosa dices?
—¡No creo que lo nuestro funcione!
—No me importa.
Solo baila conmigo.
No tengo idea de quien es.
Al parecer estoy gritando.
Una chica de pelo teñido de rojo oscuro estaba frente mío.
Por alguna razón me sentía culpable.
—¡Lo lamento!
—¿Por qué?
Me fui, creo que me encuentro ebrio.
Nunca antes lo he estado, me preocupa.
Se siente extraño, ver todo ligero.
Incluso yo mismo lo estoy, ligero.
Todo pasa como un arroyo, como si solo fluyera, el mundo fluye y se mueve en ondas, no es necesario que yo interfiera.
Ya no duele nada.
Un poco la cabeza, pero está bien.
Lo demás se ha ido.
Aun así, me siento culpable.
¿Por qué?
Por alguna razón estoy llorando.
No quiero que nadie me vea, así que estaré en la habitación de Melaine.
Alguien más esta acá, no debería, tendré que echarla.
Al parecer no se asustó con mi físico.
¿Qué me sucede?
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