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Resiliencia - Capítulo 47

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  4. Capítulo 47 - 47 Cápitulo 47 Trato con Dusty
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47: Cápitulo 47: Trato con Dusty 47: Cápitulo 47: Trato con Dusty Me desperté por la luz que entraba por la ventana.

Era un ambiente agradable el que se transmitía.

El despertador no alcanzó a sonar, al parecer el celular se descargó antes.

Por suerte alcancé a llamar a Esmeralda anoche, para que supiera que me iba a quedar en otra casa.

Pensaba irme temprano, para alcanzar a cambiarme.

Aunque supongo ya es tarde.

Llevaré lo mismo de ayer si es que está listo.

Thomas entró con ropa en la mano.

—Este es mi uniforme de años anteriores.

Espero te quede bien.

—Gracias.

Pero, ¿y el mío?

—Se me olvidó dejarlo en la secadora.

Se llevó la mano a la nuca y sonrió como si hubiera hecho una maldad bienintencionada.

—No te preocupes te lo llevaré mañana o lo puedes venir a buscar en la tarde —ofreció Thomas.

Me dejó las cosas sobre un asiento acolchonado cerca de la entrada.

—El desayuno está listo, para que no te tardes.

Apenas me vestí, llegué a la mesa.

Olía de maravilla.

Lo primero era un plato con hartas frutas picadas.

Luego Thomas me sirvió algo de té, acompañado de unos Wafles.

Tenía buena mano para la cocina, o eso me demostró con sus comidas, de ahora y anoche.

—Te limpié el vehículo, espero no te moleste.

—¿De verdad?

—El piso y la funda estaban con sangre; saqué la funda del asiento y la puse a lavar, también traté de limpiar el suelo lo mejor que pude.

—¡Wow!

Te pasaste, de verdad.

—No tuve inconvenientes.

Fue entretenido limpiar un auto así.

Esta genial.

—Gracias.

Me lo prestó mi tío para que lo luciera un rato.

Era mejor que decirle que era mío.

¿Qué hacia un chico de mi edad con un vehículo así?

Aunque fuera Thomas, tenía que evadir algunos temas.

—¿Me puedo ir con Absalon?

Amandine sobrepuso sus manos sobre la mesa, llevándose toda nuestra atención.

—No sé, no es mi vehículo.

Thomas me desvió la pregunta.

—Si no hay impedimento, supongo que sí —dije al ver que a Thomas no le generaba conflicto.

—¡Yei!

—se levantó de un salto—.

Bien, me iré a alistar.

Amandine salió apresurada al segundo piso —Me imagino tendré que irme solo —se lamentó Thomas.

—Si tuviera más asientos también te llevaría.

—No te preocupes, mi camioneta de abuelita elegante también es vistosa.

—¿De abuelita elegante?

—Es una Ford F150.

Mis amigos le dicen así porque una vez vieron a una abuelita en la misma camioneta, apenas se veía cuando conducía.

Y cuando se mostró, iba vestida de blanco entero con joyas doradas por todos lados, bien elegante.

—¿Es tuya?

—Es de mi padre.

A él le acomodaba algo económico, por lo que se compró un auto y la camioneta me la entregó a mí.

Eso sí, a pesar de tener la edad, aun no saco la licencia.

Jaja.

—¿Conduces sin licencia?

“Enserio preguntas eso” —me incriminó con su mirada.

Tras irme, pasé cerca del estacionamiento, no pude evitar sentir algo de miedo.

¿Quiénes eran y por qué me asaltaron?

Tenía muchas suposiciones, ninguna me atrevía a darla por verdadera.

Por cualquiera que fuera la razón, de momento prefería estacionarme en el colegio.

No había en casi ningún lugar, tuve que apresurarme para ganar un espacio que estaba cerca de la entrada; dentro del mismo colegio.

Esperé que ningún profesor o inspector me notara.

Sin embargo, todos los estudiantes que iban pasando se quedaron observando el lujoso superdeportivo.

No es el vehículo más caro que se ha mostrado en el colegio, pero el Lotus que conducía, sin duda llamaba demasiado la atención.

—Tiene el auto y la chica, joven Absalon.

¿Para cuándo los hijos?

—se acercó Lie al verme cerrar el vehículo.

—¿Cuándo él quiera?

—respondió Amandine sujetándome del brazo, por el otro lado del que llegaba.

Ya no tenía conocimiento de si lo decía en serio, o solo bromeaba.

—¡Uis!

Chica peligrosa.

—Ni me lo menciones.

—No crees que llamas mucho la atención —advirtió Lie.

Miré a mi alrededor.

Era verdad, las chicas hablaban; los chicos también.

Dentro de sus grupos, cuando lo hacían me miraban, o a Amandine.

—Tienes razón.

No me importa mucho si te soy sincero.

—Últimamente eres el rumor más hablado del colegio.

—¿Qué dicen los rumores?

—Ya sabes.

Sobre lo que te sucedió, pero también de donde sacaste el vehículo, de que te han visto en distintas fiestas comiéndote con todo tipo de chicas.

Amandine me presionó el brazo.

—Yo no diría que eso sea verdad.

—Mm… No lo sé.

Yo diría que es verdad —sostuvo Lie al notar la reacción de Amandine.

Lie omitió la verdad de los rumores.

Si sabía de qué trataban, solo dijo los menos dolorosos.

La realidad de los rumores, es que eran mucho más crueles y negativos.

¿Como murió su familia?

¿Tan rápido se recuperó?

¿Será mentira lo del accidente?

¿Por qué terminó con su novia?

¿De dónde saco el dinero para conseguir el carro, la ropa, la moto, el jeep?

¿Acaso no le importa que su familia haya muerto?

No solo eso, también sabía los comentarios que hacían.

De odio; de envidia, algunos de lastimas y de rencor, al menos de eso trataban la mayoría.

No obstante, la importancia que se merecían era la misma que llevaba entregándoles hasta el momento, ninguna.

Antes de cruzar la entrada principal que daba con el estacionamiento, vi el pelo celeste que tanto anhelaba encontrar, comencé a caminar rápido.

Estaba en la entrada principal.

Supongo espera a sus amigos de cuarto año.

—¿Qué sucede?

Lie se alertó, al ver que me alejé de ellos con un cambio de actitud súbito.

Presioné mi mano.

No sabía que diría, ni como actuaria cuando llegara, pero no podía perderme la oportunidad otra vez.

Esta vez quería respuestas de verdad.

No me importa que estemos en el colegio.

—¡Espera!

¡Espera!

¡Quiero hablar!

—exclamó Dusty antes de que me terminara de acercar.

La gente alrededor se dio vuelta para vernos.

Me dio igual, lo iba a tomar del veston del colegio.

—¡Espera!

Es sobre, tu familia —dijo en decrescendo.

¿¡Ah!?

¿¡De mi familia!?

¿Se ha enterado?

¿Lo menciona ahora?

¿Me quiere provocar?

No creo.

Es imbécil y cobarde, no tonto, creo.

—¿De mi familia?

—Sí.

Ósea, creo entender el por qué el otro día me atacaste sin razón alguna.

—Razones hay.

—Eso, es lo que quería preguntarte.

Puedes soltarme por favor —dijo un poco ahogado.

Me di cuenta de que lo tenía sujeto para que no escapara.

Considerando lo que acaba de mencionar opte por dejarlo—.

Gracias.

—¿Entonces?

—No sé si sea bueno hablarlo acá.

Justo ante lo mencionado Amandine y Lie me alcanzaron y se pusieron a mi lado.

Dusty tenía razón.

No podía, ni quería que ellos se enteraran.

—Sígueme —le llamé, adentrándome al colegio.

Por un momento dudó.

Una vez tomada la distancia, me siguió.

Lie y Amandine se quedaron ahí intentando comprender mi actuar.

—¿A dónde vamos a ir?

—preguntó Dusty algo preocupado.

—Tu sígueme.

Entramos al salón, sigue vacío.

—¿El salón de los electivos?

Al parecer era de Arte o algo similar, arquitectura creo.

No lo usaban hasta el segundo semestre.

Así que se la pasaba vacío.

Lo supe luego de que Amandine se me declarara en este.

—Cierra —le pedí con amabilidad.

Obedeció de inmediato.

—¿Entonces?

—le consulté.

—Tu familia… Tuvo un accidente, ¿verdad?

—Sí.

Todos lo saben.

—No todos saben que tipo de accidente fue.

—Los asesinaron.

—Eso significa que alguien los mató.

—Es obvio.

—De casualidad… ¿Viste o conoces a la persona que lo hizo?

Veo que no era tan ingenuo como pensé.

—Es como imaginas.

Fue el sujeto con el que andabas el día que los salí persiguiendo.

Decidí ver a donde se dirigía.

Si estaba apoyándolo, o en cambio, de verdad no sabía.

Por alguna razón su cuerpo se tensó y se movió en varias direcciones.

¿Un escalofrió?

—Eso significa que estuve al lado del posible asesino de tu familia —dijo para sí mismo, su miedo se manifestó con desmesura.

—¿Posible?

Le vi la cara al maldito.

Esa cicatriz que tiene es más reconocible que tu jodido pelo —señalé su pelo teñido de celeste claro, llegando casi al blanco, con las raíces oscuras— ¡No es una posibilidad!

¡Era él!

—Que mi pelo…

Pero, ¿Estas totalmente seguro de que era él?

Me arrepiento de haber pensado que no era tan ingenuo.

No iba a sacar nada enojándome, tenía que calmarme, aunque era algo imposible con Dusty cerca.

—Cien por ciento seguro.

Mis ojos decían la verdad, lo comprendió.

—Estuve, al lado de un asesino —se tomó del pelo—.

Me pudo haber matado.

Mierda.

¡Mierda!

Se comenzó a descontrolar.

Se tapó la cara, daba vueltas de un lado para otro.

Su reacción, también me comenzaba a desesperar.

—Claro, es un jodido psicópata.

—Mierda.

Pensar que me apuntó con un arma —se volvió a agarrar su pelo alisado.

—¿No era de juguete?

—Lo dije para tranquilizarte.

No tengo ni puta idea de si lo era o no.

Ahora comprendía sus exagerados reflejos.

—Esto… Esto no es lo mío.

Solo quería algo de dinero —habló consigo mismo.

—¿Dinero, para qué?

—Soy un jodido pobre.

Mis amigos visten de marca y yo era el único que desteñía.

Me cambié el pelo, pero no era suficiente.

No tengo dinero y uno de ellos se dio cuenta.

Así que me ofreció el trabajo.

—No necesito toda tu vida.

—Perdón.

Es solo que, estoy un poco nervioso —como si cayera en lo que sucedió se quedó quieto—.

Pude haber muerto.

Sabía que estaba ocultando información.

Podía inferir, que si bien no le disparó para comprobar si era real o no, conociendo a ese psicópata, probablemente le apuntó con el arma con intenciones de intimidarlo para su gracia.

—Yo puedo darte dinero —le ofrecí.

—¿Qué?

—Tú quieres dinero, ¿No?

Si me ayudas a matar a ese imbécil te puedo ofrecer más dinero del que piensas.

—Jaja.

No soy tonto.

No sé si siquiera tienes el dinero.

Y si lo tuvieras, ni loco me voy a meter contra ese sujeto —dijo con nerviosismo.

—¿Siempre eres así de cobarde?

—No es ser cobarde.

Es querer sobrevivir.

—Es ser cobarde.

—¿Nunca has pensado en lo de la ley del más fuerte y esas cosas?

—El más fuerte sobrevive, el débil no.

Es algo que todos conocen.

—Bueno, lamentablemente estamos en la ley de la sociedad, esto no es una selva.

Aquí, el débil, puede controlar al fuerte si tiene el medio.

¿Crees que me interesa ser amigo de todos?

Solo son personas que poseen habilidades.

En el caso del tipo de cuarto que me metió en este tema.

Solo lo apoyo porque nadie se mete con él.

No es ser cobarde, es ser inteligente.

Los tontos se matan solos y si no, van directo a alguien que lo haga por ellos.

—¿Me dices tonto?

Crees que la vida es tan fácil como controlar y ser controlado.

Esto no es un maldito documental sociopolítico en donde te lees las leyes del poder y estás listo para controlar el mundo.

—Es más sencillo de lo que crees.

No es controlar, es saber usar el mundo.

Piensa en los amigos.

Las personas son amigos hasta que se dan cuenta de que solo lo son por conveniencia o por obligación.

Por conveniencia o por control.

Una vez los separas lo suficiente para que lo vean, la tal amistad se desvanece.

—¿Dices que todos piensan así?

—Exacto, solo que a veces se engañan sin saber lo que realmente está pasando, prefieren encerrarse en un mundo más romántico, en donde existe la amistad y la lealtad.

—Suena a que nunca has tenido amigos.

—Si los he tenido, y sorpresa, siempre se han ido.

Una vez se dan cuenta de que estar cerca mío era significado de seguir recibiendo bullying, se dieron cuenta de que por conveniencia era mejor alejarse de mí y juntarse con los agresores.

—Que tu vida sea así de triste no significa que la de todos sea así.

Si romantizar las cosas es lo que le llamas una ilusión, las personas van a preferir vivir en una ilusión, antes que quedarse podridas mentalmente.

—Lo sé, me encantaría hacer lo mismo, pero una vez tienes el rencor de saberlo, no se va.

—Si crees que te voy a tener compasión por todo lo que cuentas, eres mas ingenuo de lo que pensé.

—No lo hago por ti.

—Ya veo…

—comprendí a lo que se refería—.

Lo haces por ti.

Significa que vas a cooperar, siempre y cuando te sea conveniente.

Escuchar, ser escuchado; usar, ser usado; dos polos, mismo mundo.

Lo que decía no era algo muy alejado de la realidad, pero el llevarle la contraria le hacía saber que no pensábamos igual, de que somos contrarios, de que él me puede utilizar y yo a él.

Lo suficiente para no caer en el ilusionismo.

Lo suficiente para entender como pensaba.

Para Dusty, el mundo funciona de tal manera que la persona que no tiene enemigos, tampoco suele tener amigos.

—Tal vez.

No sé si quiero meterme en ese tipo de problemas.

—¿Cuánto te pagaban por vender drogas?

—Algo así como $700.000 pesos al mes.

Si es que vendía todo, si vendía menos me iban quitando.

—No te creo nada.

—$600.000.

Es un negocio caro.

Por qué crees que todos se emocionan al escuchar de este.

Imagínate.

Un chico de nuestra edad, que no puede trabajar.

Ganando más de lo que un adulto con el salario mínimo puede.

Mucha gente aceptaría sin pensarlo.

—Qué tal si te pago $2.000.000 de pesos ahora y luego los $600.000 cada semana.

Tragó saliva.

No se supo contener, así que se atoró; comenzó a toser.

—¿Es lo máximo que me puedes dar?

Mi vida estaría en peligro —intentó decir.

—No te pongas negociante.

No es un show de casa de empeño.

Además, no sé qué tan útil me puedas ser.

Fácilmente podría ofrecerles lo mismo a tus amigos a ver qué piensan.

—¡Está bien!

—me interrumpió—.

¿Como sé que tienes ese dinero?

Tenemos la misma edad.

—La herencia.

—Ya veo —asemejó que recibiría dinero de la muerte.

—¿No te da lástima?

—le consulté.

—Ni un poco.

Es dinero.

—Entonces, que me puedes ofrecer.

—Primero transfiéreme.

No me tardé.

Con el celular, ingresé los datos que me dio.

Y enseguida en su cuenta salía la transferencia realizada.

—Mierda.

Esto, es mucho dinero.

—Si no me ayudas.

Te mataré yo mismo.

—Está bien.

Entiendo.

Si quieres saber cómo entrar, puedes ir a la farmacia.

—¿Qué farmacia?

—La que está en el centro, no esta tan lejos, así que puedes ir en cualquier momento.

—Puedo ir hoy.

—Sí.

—Bien.

Tú también vendrás.

—No puedo, se supone que tenemos que ir una vez al mes, no más.

Hay cámaras y todo ese tipo de cosas.

Los que trabajan ahí solo son los intermediarios para decirnos donde encontrar al que las vende.

Ya que cambian de lugar cada cierto tiempo.

—Vendrás igual, me esperarás afuera y me dirás que hacer.

—Es sencillo tienes que preguntar por digoxina.

El tipo te va a preguntar tu edad y va a pedir tu credencial.

Tú tienes que dársela con algún papel con un numero 6.

Y él te… —¿Un numero 6?

—pegunté con cautela.

—Sí, no sé, es solo para que sepan que vas a comprar, un numero 6 puede significar muchas cosas, es lo que más simple para darle el mensaje de quién eres al farmacéutico.

Era tal como mencionó Esmeralda.

—Está bien, un numero 6.

—Entonces él te dará la caja con la dirección adentro, tú le pagas y te vas.

—¿Nada más?

—¿Nada más?

Luego, tienes que ir a la dirección, una casa cualquiera.

En caso de no tener auto estas jodido.

De ahí te dan un celular desechable, cajas llenas de pastillas encelladas y otras cosas, como tiras brillantes.

—¿Tiras brillantes?

—Ya sabes, esas que son como los tubos de gomitas.

—Creo que las he visto.

—Se supone que eso es lo que se está poniendo de moda.

—Okey.

Primero entonces tenemos que ir a la farmacia.

—Ya te dije que no puedo.

—Vendrás igual.

—¿Y si sospechan de mí?

No sé cómo le hacen para descubrir a los bocones, así que no quiero crear ninguna acción que les haga pensar que soy uno.

—Ahora lo serás.

—Si me matan.

Prometo penarte de por vida.

—Lo que digas.

Volvimos a clase luego de eso, nos tocaba en la misma sala, así que conversamos hasta que comenzó la clase.

No podía negar que era cobarde, pero una vez entendía por qué lo hacía, la cobardía se volvía capacidad; para no hacer cosas que otros pueden hacer por él.

Aun así, al ver saber sus notas, mi percepción sobre él volvió a bajar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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