Resiliencia - Capítulo 48
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- Capítulo 48 - 48 Capitulo 48 Los problemas de Amandine
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48: Capitulo 48: Los problemas de Amandine 48: Capitulo 48: Los problemas de Amandine Una chica vino corriendo a mi puesto.
Era de otro curso, un año mayor, la reconocí enseguida.
Era una de las supuestas amigas de Amandine que luego sostuvo una relación superficial con Niel.
¿Qué hacía acá y por qué estaba frente a mí?
—Absalón.
Tienes que venir, rápido.
¿Por qué se sabe mi nombre?
Nunca antes he hablado con ella.
Me daba lo mismo como me llamaran, sin embargo, su despreocupación en la forma con la que me hablaba, como si tuviera su plena confianza, me mantenía con cuidado.
—¿Quién eres?
—Eso no importa.
Rápido ven.
—Estás llamando la atención —le dije serio.
Que una chica de otro curso entrara como si nada a la de otro no era tan extraño, pero que sea de un curso superior, ya es algo llamativo.
Lo desesperada que hablaba no ayudaba.
Se dio cuenta de que todas las miradas estaban sobre ella.
Se recompuso.
—Es Amandine —terminó susurrándome.
—¿Qué sucede con ella?
—pregunté sin darle importancia.
—Tu eres cercano a ella, ¿no?
Tienes que ayudarme.
—No.
—Como que no, últimamente siempre están juntos y… Y Thomas está en el complejo deportivo.
Tienes que ayudarla, por favor.
¿Sabe que Thomas es su hermano?
—¿Ayudarla?
¿No era a ti?
—Te lo explico enseguida, solo ven —pedía agobiada.
Me tiró del brazo.
Las miradas seguían en nosotros.
Linna entró al salón, apenas cruzamos miradas agaché la cabeza, me sentí tonto, sin tomarme importancia continuó hablando con sus amigas.
Fue el detonante, quería evadirla inconscientemente, terminé yendo de igual manera.
—Bien.
¿Qué sucede entonces?
—pregunté una vez fuera.
—Date prisa.
Unas niñas… —se trabó, no lograba conectar sus palabras—.
De mi curso, van a quemarle el pelo a Amandine.
—¿Ah?
—Van a cortarle el pelo, trajeron una máquina y de esas cosas para teñir, con corrosivos.
Las escuché cuando estábamos en clase.
—¿Por qué debería creerte?
Probablemente esté exagerando para generarme el impulso de urgencia.
—Vamos —continuó insistiendo llevándome del antebrazo—.
Antes era de su grupo, me terminaron haciendo lo mismo que Amandine por haber hablado con el novio de una de las chicas.
Me siento cerca de ellas, así que oí todo.
Van a esperar a que entre al baño, para… Por alguna razón se quedó callada.
Vi a donde se quedó estancada su mirada, los baños.
Amandine acababa de entrar.
Y detrás de ella, un grupo de chicas reían.
—Son ellas.
Mi cuerpo se movió solo.
No sabía si era verdad, o no.
Descendí las escaleras lo antes que pude.
Aun si fuera verdad, solo era pelo; podía crecer.
Además, ella debería defenderse o eso seguiría así para siempre.
Le dije a Thomas que en algunos casos a cuidaría a su hermana, pero ¿qué sacaría al ayudarle en este momento?
No me gustarían que me hicieran lo mismo no es suficiente como excusa.
¿Estoy frente al baño?
¿De mujeres?
Escuché risas.
Me mantuve quieto.
Deje de avanzar a centímetros de la entrada.
Si cruzaba el umbral, cambiarían muchas cosas.
Si no lo hacía, también.
Tenía que decidir.
—¿Por qué?
—se escuchó la voz de Amandine.
—Buena pregunta.
—Disculpa si las hago sentir mal.
—¿¡Ah!?
—Perdón si se sienten menos —ofreció Amandine con su tono de niña extraviada.
Pude escuchar como una risotada explotó.
—¿De quién, de ti?
Veremos si pienso lo mismo luego de que te quedes calva.
—¿Qué?
El ruido de la maquina se escuchó.
—¿Te vas a defender?
—preguntó una de las voces.
Al ver que no hubo respuesta de parte de Amandine continuo—.
Eso imaginaba.
Si ella no se podía defender, aunque yo interfiera la situación no cambiaría, puede que incluso todo se vuelva peor.
Estaba por irme cuando escuché un fuerte sonido.
—¡Hija de perra!
Una cachetada resonó dentro del baño.
—Sujétenla.
La voy a matar.
Vigila que no venga nadie.
Terminé entrando.
No me apresuré.
Mis pasos eran increíblemente calmos.
La chica me vio al girar en la esquina del mini pasillo.
—Eh… Chicas.
—¿Qué?
Nadie respondió.
—¿¡Qué!?
Silencio de nuevo.
—¡Mierda Fiore!
¿¡Qué quieres!?
—gritó a su amiga.
Mi mano sujeto su muñeca con fuerza.
La chica encargada de vigilar solo observó.
Amandine estaba en el suelo, una de las chicas la tenía tomada del pelo, la otra a sus espaladas le colocó una prenda para que no pudiera hablar.
La mano sujetada por mi trató de soltarse.
No lo logró.
A la vez que seguía intentando, se dio vuelta.
—¿¡Ah!?
Me encontraba calmo.
Ni siquiera tenía que hacer mucho esfuerzo para contenerla.
—¿Tu novio?
—observó a Amandine para luego volver voltearse— ¿Sabes que este es el baño de chicas verdad?
No dije nada.
—¡Quítate!
—dijo la chica con pelo burdeo hasta la mitad.
Era la misma que le insultó hace unos días.
Me empujó.
Como supuse, tenía la marca de una cachetada en la mejilla.
—¿Eres sordo?
¡Vete de acá o llamaremos a un inspector!
Le presioné la muñeca ante su amenaza.
—¡Me duele imbécil!
La chica me golpeó en la cara.
Me atacó con las aristas de la falange media.
No dolió, pero fue lo suficiente para desviar mi vista a un lado.
Apenas volví mi cara me volvió a golpear.
Me iba a golpear de nuevo.
Se detuvo cuando sintió el estruendo.
Mi mano llegó a su mejilla.
La golpeé al otro lado de donde lo hizo Amandine.
En la mejilla derecha, mi mano creó la suficiente fuerza para girarle la cabeza a otro lado.
El pelo teñido la acompañó, así que no pude verle la cara.
—¡Maldito psicópata!
—sollozó.
—Suéltenla —demandé.
Apenas solicité el favor, la soltaron.
Amandine se escondió detrás mía.
—Vete —le pedí.
No obedeció —Absalon —habló la chica que me llamó, por fin llegaba.
—Llévatela —le exigí.
No le tomó mucho tiempo entender la situación.
—Vamos —tiró de Amandine.
Apenas se marchó.
Me agaché a ver a la chica que fue golpeada.
Ya no había vuelta atrás, así que al menos decidí recordar la sensación.
—¡Estás muerto!
—¿Sí?
La sujeté de ambas mejillas para revisar si me sobrepasé.
La moví de izquierda a derecha.
—Puede que me haya pasado —concluí.
Su cabeza que seguía el transcurso que le mandaba, forcejeó para que la dejara tranquila.
La volví a sujetar con mayor fuerza.
Sus mejillas se enrojecieron de inmediato.
La obligué a que me observar.
No le dije nada.
Seguía calmo, demasiado quizás.
Sus ojos me desafiaban.
Me acerqué lo suficiente como para que alguien que lo viera de afuera lo malinterpretara.
Ella desvió su mirada y trató de hacer lo mismo con su cuerpo.
La devolví a donde estaba.
—Corta todo el asunto —le pedí a su oído derecho.
Me levanté de sorpresa y me fui sin reparo.
No me sentía frustrado, ni satisfecho.
Me sentía como si acabara de salir del baño.
Cuando salí dos chicas de primer año entraron.
Quedaron demasiado extrañadas por la presencia de un chico.
Yo continué mi paso.
—¡Hey!
—me gritó derrotada una vez me alejé del baño—.
¡Te vas a arrepentir!
Subí las escaleras.
Amandine y su compañera subieron conmigo.
—¿Qué sucedió?
—preguntó la chica.
—Lo que viste.
—¿La golpeaste?
—Algo así.
—No debiste.
—¿Por qué no?
—Es malditamente rencorosa.
Hará lo que sea para devolvértela.
—No me importa.
—Debería.
—¿Para qué mierda me llamaste entonces?
Me volteé para verla a la cara.
Me encontraba dos escalones arriba.
Ella debía medir un metro sesenta.
Su pelo morado tuvo que hacerse hacia atrás para poder verme a los ojos.
Aun intimidada por la diferencia, no desvió la mirada.
—Dime, ¿Para qué me llamaste si ni siquiera nos conocemos?
—volví a exigir una respuesta Bajé un escalón para encontrármela, retrocedió lo mismo.
—Pareces de confianza —dijo sin conmoverse.
—¿No tenías a nadie más que pedirle su confianza?
—Thomas no está.
Le rogué a Niel, no le importó.
No conozco a nadie que se enfrentaría a ellas en mi generación.
Son todos unos cobardes.
—¿Y por qué no las detuviste tú?
—¿No te dije?
Mi generación es cobarde.
Me sorprendió la tranquilidad de su respuesta.
—¿Te incluyes?
—Si lo hubiera hecho yo, sería obvio que tornarían su enojo conmigo y me harían lo mismo.
—Entonces era mejor dejarlo así.
—¿Por qué corriste entonces?
De la nada cambió su punto de vista.
Tenía razón, ¿Por qué lo hice?
—Si te soy sincero, ni yo lo sé.
Me di la vuelta para seguir caminando.
—Haces parecer que todo ha cambiado, pero eres igual a como decían; el chico famoso por ayudar a todos, el que con su simple presencia da confianza.
—Te confundes.
—¿Dime entonces, porque no dudaste en ayudarla?
—Ya te dije que no sé.
—¿La hubieras ayudado si fuera otra persona?
¿Si hubiera sido yo o alguien que no conoces?
—rebuscó por una coherencia.
—No —respondí.
—Mientes.
—Mira, si la ayudé o no, ya está hecho.
Hice lo que pediste, así que ahora piérdete.
—Increíble, incluso cuando te enojas sigues pareciendo confiable, das miedo.
Me di la vuelta para seguir subiendo, pronto tocarían el timbre, pronto se esparcirían los rumores, tenía que prepararme.
Por suerte, ahora encuentro que es algo sin importancia, mi interés iba dirigido a otra cosa como para que me comience a preocupar por tal.
—Gracias —dijo Amandine, quien se quedó en las escaleras.
—Si no te hubieras defendido, no hubiera entrado, así que no me agradezcas.
—¡Uy…!
Con que así derrites corazones.
Me sentí avergonzado, la chica era increíblemente habladora.
—Gracias a ti también, Samira —mencionó a su compañera.
—No hay de que.
Supongo ahora estamos juntas en esto.
Patético.
La chica fue quien la traicionó tiempo antes, era ella la que le había estado haciendo bullying a Amandine desde que rompió con Niel.
No solo eso, también aprovechó las circunstancias para tener algo con él.
Ahora que la alejaron del grupo, cree que tiene total perdón.
Al final, las palabras de Dusty repercutían.
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