Retiro del Villano - Capítulo 673
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Capítulo 673: Capítulo 673: Necesito tu ayuda
—¿Te… ha dicho qué quiere de mí?
Hera había estado pidiendo emoción, y ahora probablemente el individuo más emocionante de todo el universo estaba literalmente en la puerta de su casa; no, ya estaba dentro de su edificio.
—Dice… ¿que quiere un trabajo?
—¿…Un trabajo? —Hera no pudo evitar entrecerrar los ojos mientras miraba el teléfono—. ¿…Aquí?
—¿Sí? ¿Debo rechazarlo? Puedo llamar a segurid…
—¡Joder! —Hera corrió rápidamente a su escritorio para coger el teléfono—. ¡No hagas eso! ¡Tráelo a mi despacho!
—Pero…
—¡Súbelo y ya está!
Hera estrelló el teléfono contra el escritorio, haciéndolo añicos por completo. Bueno, quizás no tan hechos añicos como sus pensamientos en ese momento.
Lo último que supo de Riley Ross fue que desapareció por completo con Megamujer después de matar a toda la raza del responsable del genocidio del pueblo de Ella, así como al que llaman el Gran Anciano.
Diana llevaba los últimos cinco años buscándolo. ¿Podría ser que por fin lo hubiera encontrado? Pero ¿por qué no la había alertado la Emperatriz?
…Pero, lo más importante, ¿por qué está aquí? ¡¿Y por qué buscaba trabajo?!
¿Debería pedir refuerzos y decirle a la Emperatriz que él estaba aquí? Pero, por otro lado, su cuerpo no reaccionaba. Eso significaba que Riley no pretendía hacerle ningún daño… y llamar a la Emperatriz podría cambiar eso.
—¡…Joder! —Hera se agarró la cabeza con frustración. Acababa de levantar su agencia desde cero, fichando a todos los colegas con los que había tenido el placer de trabajar de las otras agencias…
…si este encuentro salía mal, entonces todo su duro trabajo seguramente se desvanecería en la nada.
—Srta. Hera.
—¡¿Pero qué coño?!
Y mientras Hera estaba perdida en sus pensamientos, casi dio un salto del susto al oír una voz que le susurraba justo detrás. Se dio la vuelta muy deprisa… solo para que sus ojos se posaran rápidamente en el largo, negro y sedoso pelo de alguien.
—¿…Quién? —no pudo evitar susurrar Hera para sí misma, pues esperaba ser cegada por la silueta increíblemente blanca de Riley, solo para sorprenderse al verlo con el pelo castaño. En… cierto modo, casi lo hacía parecerse a Alicia.
—Soy yo, Srta. Hera —susurró Riley entonces en voz muy baja mientras se acercaba sigilosamente a Hera—. Soy… Riley.
—Sí, yo… sé quién eres —tartamudeó Hera mientras miraba alrededor de su despacho—. ¿…Dónde está mi asistenta? No… la has matado, ¿verdad?
—No —Riley frunció el ceño—. ¿Por qué iba a hacer eso, Srta. Hera?
—Porque tú… no, olvídalo. ¿Cuándo has vuelto a la Tierra?
—Hace una hora más o menos, Srta. Hera —se encogió de hombros Riley mientras empezaba a caminar por el despacho de Hera, antes de sentarse en el sofá cercano a su escritorio—. ¿Es usted consciente de lo que me está pasando?
—¿A qué te refieres…? —Hera vaciló un poco, pero tras respirar un par de veces, se sentó en una silla junto a Riley.
—Resulta que podría tener la misma enfermedad que mi madre biológica; me estoy volviendo loco poco a poco, Srta. Hera —soltó Riley un pequeño pero muy profundo suspiro—. Durante unos cinco años, parece que estuve viviendo en una fantasía que creé en mi mente. Le… falté el respeto a Aerith arrastrándola a mis desvaríos.
—Si… has venido a pedirme consejo sobre todo eso, me temo que no puedo ayudarte —Hera empezó a relajarse lentamente mientras negaba con la cabeza y también soltaba su propio suspiro—.
—Estoy tan jodida como tú, Riley Ross. Deberías haber ido a ver a tu adorable noviecita pelirroja.
—… —Riley ladeó la cabeza.
—¿…Paige Pearson? Mierda, ¿no me digas que te has olvidado de ella?
—No —negó Riley rápidamente con la cabeza—. Paige solo me diría que me aceptara a mí mismo; no quiero eso, Srta. Hera. He venido a usted porque es una de las personas que han visto a través de mis disfraces.
—¿…Qué?
—Usted me dijo antes que he estado fingiendo toda mi vida —dijo Riley mientras miraba a Hera directamente a los ojos—. Requiero su pericia para ayudarme a fingir más…
…para fingir que mi mente no está siendo devorada lentamente, Srta. Hera.
—¿Quieres… que te ayude a fingir que no estás mal de la cabeza?
—Exacto, Srta. Hera.
—…Pero si siempre has estado mal de la cabeza —Hera no pudo evitar soltar otro suspiro al recordar una vez más su pequeña aventura espacial.
—No así, Srta. Hera —negó Riley con la cabeza—. Puedo sentirlo, mi mente pierde poco a poco su capacidad de discernir lo que es real de lo que no. Sé que usted es real, pero él no.
—¿Él…? —Hera miró entonces muy despacio hacia su escritorio, solo para ver que no había nadie. Sintió que se le erizaba el vello del cuerpo mientras un escalofrío le recorría la piel; no estaba en peligro, no, solo tenía miedo.
—Yo… ¿Qué estás viendo?
—A él.
—¡¡¡! —Hera se levantó de un salto cuando un hombre de piel roja apareció de repente sentado en su escritorio. No, la piel del hombre no era roja, solo estaba envuelto en sangre que goteaba muy lentamente hasta el suelo. Y si miraba más de cerca, el hombre se parecía a Riley; no confundiría esa sonrisa espeluznante con la de otra persona.
—Ese es… tu clon, Riley —Hera levantó ligeramente los pies mientras la sangre parecía empezar a inundar todo el suelo.
—No lo es —negó Riley con la cabeza—. Me ha estado mirando fijamente desde que llegué.
—Jesús, Riley… —Hera tragó saliva mientras otro escalofrío le recorría la espalda—. …No me gustan estas cosas de miedo. ¿A qué te refieres con que no es tu clon? ¡Está ahí mismo!
—Estoy usando las habilidades de Paige para que usted también pueda verlo —suspiró Riley mientras chasqueaba los dedos. Y al hacerlo, el hombre sentado en el escritorio y toda la sangre de la habitación desaparecieron—.
—También voy a buscar a Paige pronto; mis habilidades y su habilidad se mezclan tan bien que siento que ya estoy creando vida de la nada.
—…Vale. Mira, no sé muy bien cómo puedo ayudarte —suspiró Hera una vez más—. No es como si… espera. No… me digas que quieres que te mate para poder obtener mi habilidad de adaptarme a tu enfermedad.
—No, qué asco. No quiero convertirme en un árbol, Srta. Hera.
—Que te jodan. ¿Qué quieres de mí, Riley?
—Ya se lo he mencionado a su asistenta, Srta. Hera.
—¿…Qué?
—Estoy solicitando un trabajo.
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